diciembre 10, 2014

La construcción de uno mismo

En “Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea”, (Caja Negra) el teórico de arte y medios Boris Groys reflexiona sobre el papel del diseño en el arte y en la conformación de identidad pública. ¿Cuánto de la construcción de uno mismo como sujeto social se inserta en el arte contemporáneo? Anabella Schoenle, miembro de la comunidad anfibia, reseña esta serie de ensayos que atraviesan con lucidez la vida cotidiana, internet, la figura del artista y del curador como trabajadores, y el diseño de la política en nuestros días.

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Por: Anabella Schoenle*

 

En el marco de la colección de ensayos Futuros próximos, Caja Negra Editora lanzó una nueva producción del curador, filósofo, crítico de arte y de los medios Boris Groys, Volverse público. Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea, una holística reflexión sobre el arte y sus espacios de realización en lo que el autor define como, precisamente, ágora contemporánea.

 

Este nuevo escenario es transitado teniendo en cuenta que los elementos de lo artístico implican disputas por la creación de modos de vida, que emergen constantemente en contextos históricos. En la actualidad, el espacio de participación constituido por los medios visuales, es habitado por los sujetos como en el ágora de la antigua Grecia, asumiendo la exigencia de su carácter: presencial y visible. En este tiempo, adoptar la reflexión sobre el arte permite pensar en la emergencia de aquella ágora como espacio creativo que permite dar cauce a las disputas públicas.

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En la vereda opuesta del tratado filosófico Volverse Público reajusta de manera eficaz a la reflexión sobre el mundo contemporáneo del arte conceptos tradicionales de las teorías de la estética, la política, la arquitectura y el lenguaje. ¿Cuánto de la construcción de uno mismo como sujeto social se inserta en el arte contemporáneo? ¿De qué modo se puede comprender la producción de arte en la actualidad? ¿Cómo las teorías ético-políticas nos ofrecen herramientas eficaces para comprender el funcionamiento de la producción de subjetividad contemporánea como diseño? Las preguntas se plantean  mediante reflexiones sobre el arte y los artistas en la sociedad contemporánea. En cada uno de los 13 ensayos del libro, el autor asume, desde distintas perspectivas, el problema de la creación artística en relación con los espacios de sociabilidad humana con el advenimiento de los medios visuales.

 

Contraponiendo poética a estética, Groys nos invita a pensar un cambio de mirada sobre el arte como fenómeno porque, desde la separación entre estética y arte, se puede poner énfasis en la importancia de la perspectiva del productor, no ya del consumidor o contemplador de arte. Esta primera distinción es fundamental para adoptar la perspectiva desde la que Groys nos propone reflexionar. Resulta enriquecedor situarnos frente a estos textos, como si estuviéramos frente al desarrollo de un tratamiento efectivo de comprensión de los vínculos entre todos y cada uno de los elementos de la creación en el universo virtual y el real. Pues, por momentos no puede diferenciarse si se trata de reflexiones sobre política, sobre la condición humana, sobre el arte, o sobre la ética. Lo cual nos lleva a pensar a los lectores de Groys como una amplia variedad de curiosos, porque sus propuestas constituyen una amable invitación a pensar –y, como no, a disentir- sobre el arte, la vida cotidiana y la producción política de subjetividad. Las reflexiones sobre el arte contemporáneo no dejan de ser reveladas como parte de una cotidianidad que, elegida o no, tiene un fuerte anclaje en cuestiones como el diseño, la producción, el trabajo y el lenguaje. Allí surgen diversos conflictos:  desde qué es un artista hasta qué es arte -problemas tradicionales de la reflexión estética- que se repiten transformados. El desafío aquí es pensar qué no es arte.

 

Redes sociales

 

La relevancia de las redes sociales son consideradas como espacio de expresión del modo de vincularse de los individuos en la sociedad, lo que las convierte en el espacio de circulación de información por antonomasia y, a su vez, exige una supremacía de la imagen como aquello que permite la producción del individuo en su carácter público. Este último rasgo se debe a las condiciones que asume una actividad expositiva que tiene en cuenta la mirada del otro sobre eso que se muestra de uno mismo. De este modo, Groys, introduce un tema fundamental, vinculado al sentido de la existencia: la identidad. Y asoma como carácter supremo la producción del yo público en los medios visuales entendidos como nueva ágora. Nos preguntamos, entonces, desde qué tipo de sujeto se manifiestan las personas en la época contemporánea. De esta forma, podremos asumir en términos políticos la responsabilidad de la producción y reproducción del arte en los espacios virtuales. Apenas avanzamos en el planteo nos interiorizamos en una dimensión asombrosa y terrorífica de dicha producción: la autoproducción del yo, de carácter obligatorio para relacionarnos. Lo que lleva a pensar en la inserción del aprendizaje del diseño.

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Afuera del museo

 

Los espacios donde puede encontrarse lo artístico son amplios. Porque dada la interrelación entre poiesis-ética-política, las delimitaciones se difuminan. Se percibe, entonces, que el acercamiento entre arte y política es mutuo. No sólo el arte intenta politizarse, el modo en que la esfera política se manifiesta es estetizado. Desde allí la intencionalidad del arte de volverse a la política para transformar el mundo se vuelve compleja, sino imposible. Por momentos, parece que ya ha sucedido y no del mejor modo, dado que no ha transformado, sino que forma parte del sistema de producción y consumo  establecido. Entonces, comienza a pensarse en un grado cero del diseño dado que aquello que permitiría ver las cosas como son –no como se pretende que sean- es la ausencia de diseño, ya que éste oculta lo natural para embellecerlo.

 

Del mismo modo, se modifica la idea de autor: puesto que todos producen y bajo la mirada de todos se halla la posibilidad del juicio estético, el antiguo espectador se corre de su espacio y comienza a formar parte de la producción. Uno de los factores más relevantes en esta identidad productiva entre autor y receptor ocurre porque uno de los principales elementos que se han modificado con las tecnologías son los espacios de exhibición. El museo no es el lugar privilegiado del arte. Esto implica la emergencia de nuevas comunidades que se conforman alrededor de la cultura de masas.  

 

A medida que avanza el libro, se incrementa la inserción de la perspectiva desde la producción, en cada espacio de realización humana. Así, el recorrido permite comprender el carácter de la masividad de las producciones artísticas en nuestra sociedad. Y nos invita a pensar permanentemente el vínculo entre los acontecimientos históricos, las condiciones situadas y la producción de arte.

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Con respecto a la figura del curador de arte -otro tema de estos ensayos- Groys propone que imagen sola no puede exhibirse. El curador, entonces, realiza aquello que la imagen no puede hacer y que es, sin embargo, para lo que fue hecha: ser expuesta, estar al acceso del público. Puesto que en nuestra sociedad encontramos en todo espacio una intencionalidad que se constituye como proyecto y se expresa en el diseño. Esta proyección inherente a la producción artística genera documentación y archivo. Desde la construcción de archivo como soporte se desarrollan diversos movimientos: la posibilidad de acceder al pasado, la posibilidad de comprender los futuros imaginados y, en términos tecnológicos, la posibilidad de acceder y reproducir el original en distintos tiempos de modo que no es posible delimitar frente a una misma imagen si responde a un original, una copia, una producción o una reproducción. Esto sucede principalmente en Internet, donde el flujo permanente de información y su carácter aparentemente infinito permite pensar en una democratización del acceso a todo tipo de novedades y antigüedades. Sin embargo, esa democratización es dudosa, porque el modo de búsqueda está prefigurado dentro de los límites del lenguaje y la gramática o no-gramática de la búsqueda en Google.

 

El debate sobre el diseño y su relación con la ética en la vanguardia del siglo XX proponía pensar el modo de efectuar la síntesis entre arte y vida. Se planteaba así que ética y estética se relacionaban de modo intrínseco. La pregunta por la mejor estética se hacía urgente y se discutía por el mejor modo de permitir que la esencia del objeto se muestre. El diseño aparecía como aquel elemento que permitiría o no esa expresión. Hubo quienes propusieron que la mejor producción de diseño es la que, paradójicamente, escapa al diseño, puesto que éste presenta obstáculos al acceso de lo que verdaderamente son las cosas y las personas.

 

“Volverse público” propone, entonces, instalarse en el espacio de duda que no permite afirmar si los dualismos entre lo público y lo privado siguen imperando nuestras subjetividades o uno de los dos ha muerto; si el arte ha expandido sus potencialidades o sigue conservando en algunos espacios su exclusividad; si es necesario correrse del espacio de duda para poder afirmar que esto que somos es, definitivamente, aquello en lo que -como eternos artistas de nuestra vida cotidiana- hemos querido convertirnos. 

 

*Estudiante de Filosofía por la Universidad de Buenos Aires

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