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Lunes 18 de Junio de 2012

Micaela volvió a Perú

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-¿No serás adicta a las mudanzas, Mica? Se me ocurre que ya no puedes vivir sin la adrenalina de reorganizar una y otra vez tu vida.
-Me pasa que no me conformo. Me fui de Perú porque estaba cansada de mi vida en Perú; me fui de Valencia por que estaba cansada de mi vida en Valencia; por eso me voy de Barcelona, porque estoy cansada de mi vida en Barcelona. Soy una soñadora y aquí sólo lucho, no vivo mis sueños.
-¿No tienes miedo? ¿No tienes miedo de que las cosas no salgan como tú te imaginas?
-Claro que sí.
-Quiero decirte algo: Creo que no te arriesgaste lo suficiente a echar raíces porque en tu cabeza siempre estaba la inquietud de volver. Era una manera de no vivir en serio, de vivir de manera provisional, porque piensas que tu verdadera vida todavía te espera más allá, en esa cosa que no existe, que es el futuro.
-Es muy posible, pero no quiero darle más vueltas. Ya quiero estar ahí y empezar otra vez. O nos asentamos en Lima o nos asentamos en alguna provincia, de repente en Cuzco o Ayacucho, donde creo que podré dedicarme a lo que me gusta.
Micaela aún no llega a Lima y ya está pensando en mudarse de la ciudad.

***

La despedida es en el bar en el que Sergi trabajaba de camarero. Aquí los amigos de Sergi nunca hemos pagado una cerveza y, otra mala noticia, a partir de ahora tendremos que pagar. Maiku y mi hija Lena juegan a perseguirse. Han venido una decena de personas. Micaela explica sus planes, tal como me los ha explicado a mí, con el mismo entusiasmo. Yo he traído mi cámara de fotos y soy la retratista de la tarde. Les hago muchísimas fotos a nuestras hijas, que posan apoyadas en una pared, abrazándose.
A Lena le hemos contado que Mica se va a Perú, lo hemos hecho con delicadeza, aunque tal vez no hacía falta. Mi hija está llena de amor pero es práctica, nunca dramatiza, sabe pasar página. No sé si todos los niños son así. Ella es una niña entre dos mundos. Desprendimiento, desapego, son un par de palabras que se me ocurren para hablar de ella. “Yo soy de Perú y de Cataluña”, suele decir. En uno de ellos habla en catalán. Su padre y yo pertenecemos al otro. Aunque ha ido casi cada año de su vida a Lima, ese lugar donde hay tanta gente que la quiere gratuitamente, sabe que su casa está aquí. Nosotros, en cambio, aún lo dudamos.
El día en que Lena nació Mica estaba ahí. Le hizo su primer vídeo y le tomó sus primeras fotos. Micaela es una de las personas que más quiere a Lena en el mundo. Y mi hija lo sabe. En las fotos de la corta vida de Lena, en las que puede verse cómo va cambiando de pequeño mono extraterrestre a esa preciosa niña que es ahora, en cada capítulo de esa metamorfosis lenta y fascinante –nada como verse todos los días para no notar el paso del tiempo–, está Mica. Cuando Micaela se vaya, esa secuencia se detendrá y no sé hasta cuando. Algún día, volveremos a ver estos retratos y sabremos que fue justo en este momento que empezamos a envejecer.
-Hola Maiku, tú ¿que opinas? ¿Te vas de viaje?, le digo a la hermosa niña de Mica, sin que nadie se de cuenta.
- …
-Adiós Maiku, adiós.
El último día de Micaela en Barcelona discutimos porque no me avisó que invitaría a casa a más amigos suyos para despedirse. Empiezo a sentirme harta de ver mi casa invadida. Se lo aclaro. Es un poco odioso de mi parte, podría habérmelo ahorrado, es su ultimo día, qué más me da, pero así somos las amigas, brutalmente sinceras incluso cuando nadie nos lo ha pedido. Es un desencuentro de último minuto, como si quisiera recordarle que yo tengo mis propias reglas y que funcionan. Un gesto antipático.

***

Nos conocemos desde los seis años, estudiamos en los mismos colegios en la primaria y en la secundaria, fuimos casi toda la vida inseparables. Mica y yo nos escribíamos cartas cuando teníamos sarampión, jugábamos a las Barbies y a Pequeño Pony. Ella tenía un abuelo que hacía negocios, yo un abuelo que hacía muebles, ella usaba zapatillas Reebook, yo las horribles zapatillas Legend, yo vivía con mi mamá y mi papá, ella solo con su mamá, ella tenía un bebé Repollito made in USA y yo tenía un Pimpollito made in Perú. Ella siempre levantaba la mano en clase y decía un montón de tonterías. Yo nunca hablaba y me ruborizaba al oírla, me ruborizaba por todo. Ella no tiene miedo al ridículo, yo sí. Ella no tiene miedo a equivocarse, yo sí. Por eso ella ha vuelto a Perú y yo no.

Cinco meses después de la partida de Micaela, llego a Lima a pasar un mes de vacaciones. Cinco meses no son suficientes para hacer un balance, son escasos para ensayar un veredicto. Además, qué vida soporta un veredicto de ese tipo. El éxito o el fracaso son tan relativos. Todo este tiempo nos hemos comunicado por chat. Y ahora estoy aquí, frente a la casa de la madre de Micaela, la casa de la infancia de Mica y también de mi infancia, donde jugábamos a las escondidas. El departamento, que está en Corpac, en el límite en que San Isidro, uno de los barrios más burgueses de Lima, se convierte en otra cosa, ha sufrido reformas drásticas. La madre de Mica lo dividió hace ya unos años en dos partes independientes para alquilarlo.
Mica y su familia viven en la zona exterior que da al parque; su madre y su hermana, en el interior. Maiku juega feliz sobre la moqueta, mientras la empleada limpia la habitación y Sergi prepara un arroz chaufa, un plato típico de Perú. Hablamos por primera vez cara a cara de la madrugada en que dejó Barcelona.
-La oscuridad, el taxi, ustedes medio soñolientos, Lena durmiendo en su camita… Todo eso para mí fue tristísimo, todavía lo recuerdo y no dejo de conmoverme. Siempre he odiado las despedidas, supongo que es porque siempre tenía que despedirme de mi viejo. En el taxi no podía dejar de llorar. …Los primeros tres meses lloraba todos los días.
Puedo visualizar a Mica en el taxi camino al aeropuerto, mirando la ventana y despidiéndose de su vieja vida. Y en aquél momento en que les dijeron que tenían exceso de equipaje y tuvieron que rearmar las maletas, y Maiku muerta de sueño, sin entender nada, lloraba hasta la desesperación.
-Pensé: ¿estaremos haciendo lo correcto?

Continúa en la página 4

Páginas
  • Ana Fran Alcázar Alvarez, Perú
  • De lo mejor que he leido en mucho tiempo. Me he sentido presenteausente en las 2 historias entrelazadas (y yo en paralelo), como me siento en Lima, como me siento en Barcelona. Lindo, lindas.
  • Isaac Armando Lau, Perú
  • Rodolfo Hinostroza hizo también una vez una larga lista de razones para no volver al Perú (muchos mencionarían en la actualidad la inclusión de Lima en el ránking de las diez ciudades más odiadas del planeta). Pero retornó al final y anda feliz disfrutando de nuestra gastronomía por allá. Por otro lado, esas encrucijadas nómades proveen abundante material para contar...
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