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Lunes 18 de Junio de 2012

Micaela volvió a Perú

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Maiku ha vuelto dormida del parque. Sergi nos encuentra discutiendo sobre el lapsus de Mica en aquella fiesta y me dice burlón: “realmente no somos de tu onda, Gabi”. Touché.
Micaela aprovecha para preguntarme por qué nunca la llevo a mis fiestas de “intelectuales”, como si la pregunta no se contestara sola. Esto se me está yendo de las manos. Micaela se arregla el pelo mirándose al espejo y reflexiona esperando zanjar este asunto de una vez y pasar a otra cosa.
-Gabi, tu vida profesional va por un lado, y tu vida familiar,  por el otro. Yo pertenezco al ámbito de tu vida familiar.  Yo hago estupideces cuando estoy fuera de mi elemento. Nosotras la pasamos lindo cuando estamos entre nosotras, pero cuando vienen tus amigos, tus “contactos laborales”, yo desaparezco del mapa.
Le digo que lo último que soy es una intelectual y que yo me he sentido toda la vida igual de descolocada con sus amigos. Tenemos un grupo muy distinto de amigos: los de ella fuman marihuana y los míos inhalan cocaína.
Hace unos días nos reencontramos con nuestra verdadera pandilla de la infancia y la adolescencia. Las tres amigas del cole: Natalia, Mica y yo, en esa época nos llamaban “las comadrejas”. Nos odiaban porque éramos las más cool de la clase. En casa de Nata nos disfrazamos con ropa y peinados de los 80 e imitamos a las Flans cantando ‘No controles mi forma de vestir porque es total y a todo el mundo gusto’, para delirio de nuestras hijas.

***

Mica me dice que la acompañe a comprar al supermercado. Necesita aceite de oliva. No consumen otro tipo de aceite en casa, ella se acostumbró en España, y Sergi sin aceite para el pan se muere. Vamos andando, solas, ligeras, sin nuestras bebés, sin maridos, deslizándonos sobre la superficie de las grandes avenidas de Córpac, esquivando coches asesinos. Mica va hablando. Yo mirándolo todo. Siento que es la primera vez que camino en Lima. En esta ciudad no se camina. Pero Micaela camina, como si estuviera en Europa.
-Me dio por ver las fotos de nosotros en Barcelona el otro día, y me dio pena, me dio pena la soledad en la que vivíamos Sergi y yo, con nuestra bebita, de aquí para allá, felizmente teníamos amigos con los que compartíamos la vida, pero estábamos solos. Aquí no es lo mismo. Hay gente buena e hijos de puta que son capaces de atropellarte en el paso de cebra porque tienen sus carrazos.
Una manifestación se interpone en nuestro camino. Los trabajadores de un camal piden su reposición a las puertas de un edificio, entre gritos y ruidos de ollas vacías. Hay cosas que no cambian nunca.
-Otra vez nos vamos a separar
-Lo primero que puse en el Facebook es que este iba a ser el mes mas feliz de mi vida… y se está acabando…
-Yo aspiro a pasar temporadas más largas en Lima. Conseguir ser completamente libre para poder moverme cuando me da la gana. Lo que sí tengo claro es que por ahora mis proyectos están allá, aunque cada vez sea más difícil para todos…
Veo un puesto ambulante de golosinas y pido un chocolate Alibabá.
-Uy, mamita, ese chocolate ya no existe hace tiempo— me dice la vendedora­—, ahora hay uno que se llama Mustafá, pero ya no me queda.
-¿Ves Mica?Lo que echo de menos ya no existe.
Mica ríe. Seguimos nuestra ruta. Ya estamos cerca. Hay que cruzar un par de enormes avenidas sin semáforos. En esta ciudad es imposible cruzar una calle sin miedo a morir. No me extraña que Micaela esté histérica con este tema.
-Hay que cruzar, aquí hay que imponerse, hagámoslo-, dice mi lado impulsivo.
-Pasan encima de ti, cómo te vas a imponer. ¿Quieres morir?­-, dice el lado sensato de Micaela.
Dos filosofías de vida. En el supermercado hablamos del precio del aceite, aunque en realidad hablemos de algo más profundo. Somos dos comadres, dos comadrejas. Quizá Micaela tenga razón: Somos como hermanas, algo que no elegimos ser, que nos tocó en suerte, nos une y nos separa todo lo bueno y lo malo de ser hermanas. A una hermana quieres que le vaya bien en la vida, harías lo que sea para que eso ocurra.
-Micaela, has demostrado que eres capaz de hacer cualquier cosa para que yo me quede en el Perú.
Nos reímos.
-¡A ver si se cumple!
-¿Te acuerdas que yo te quería convencer para que te quedaras en Barcelona?
-Ahora yo te quiero convencer a ti, también soy egoísta. Y joder, te extrañaré como mierda, pero sé que tienes que hacer tu vida. Somos muy distintas pero seguimos adelante, la vida es generosa con nosotras.
No sé si algún día vuelva para quedarme. Una vez escribí una lista de las cosas que me hacían bien y las cosas que me hacían mal, en las dos incluí a Lima, no vivir ahí me hace mal, vivir ahí también me hace mal: mi ciudad como lastre, mi ciudad como vacío. Entre las cosas que me hacen mal una de las peores es no estar cerca de mi mejor amiga. Es cierto lo que dicen que para ver algo con más nitidez hay que alejarse un poco. Sólo ahora lo veo con total claridad. Como dice en una canción Charly García, un músico que Mica y yo solíamos escuchar cuando éramos adolescentes, “por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá”. Maiku y mi hija Lena ya saben besar la pantalla de la computadora sin enfriarse los labios.

Páginas
  • Ana Fran Alcázar Alvarez, Perú
  • De lo mejor que he leido en mucho tiempo. Me he sentido presenteausente en las 2 historias entrelazadas (y yo en paralelo), como me siento en Lima, como me siento en Barcelona. Lindo, lindas.
  • Isaac Armando Lau, Perú
  • Rodolfo Hinostroza hizo también una vez una larga lista de razones para no volver al Perú (muchos mencionarían en la actualidad la inclusión de Lima en el ránking de las diez ciudades más odiadas del planeta). Pero retornó al final y anda feliz disfrutando de nuestra gastronomía por allá. Por otro lado, esas encrucijadas nómades proveen abundante material para contar...
Anfibia
Universidad Nacional de San Martín
Kells