El debate en Diputados fue infartante. Detrás de las tensiones de las más de 24 horas de discursos y negociación hubo una construcción transversal que unió a diputadas de diferentes partidos, militantes históricas del feminismo, actrices y trabajadoras del Congreso. Esta es la crónica de cómo se construyó el consenso para aprobar la media sanción del aborto legal.



Fotos interior: gentileza Honorable Cámara de Diputados de la Nación

 

A las 8 de la mañana el empate asfixiaba de un lado y del otro. Ya no quedaban despachos que visitar, teléfonos a los que escribir o llamar, cuentas a las que arrobar. “[email protected] [email protected]”, el grupo de WhatsApp de legisladores de diferentes bloques parlamentarios que empujó la aprobación de la ley del aborto legal, esperaban un gesto político que comprendiera el mandato de representación de la calle desbordada: afuera del Congreso miles y miles esperaban la media sanción. El gesto que le exigían al gobierno nacional no llegó. Vino del lugar menos pensado. Un diputado bonaerense del Bloque Justicialista mandó un mensaje a una de las asesoras que empezó a calmar las ansiedades:

 

— Hay que mantener la fe. Estoy haciendo algo – avisó.

 

Hasta ese momento el poroteo era 128 a 126 a favor de quienes rechazaban la ley. A las 8.10, el clima en el salón Pasos Perdidos cambió aquello que parecía irreversible y que ya había empujado reuniones de emergencia en la medianoche convocadas por distintas fuerzas de la militancia en el caso que no saliera la ley. Las referentas políticas acordaban: si no sale, el sistema de representación está en jaque. Esta vez la distopía no se hizo realidad.  

 

Los tres mosqueteros pampeanos confirmaron su jugada a través de Twitter y se convirtieron en los héroes de una jornada épica. “Junto a Melina Delú y Ariel Rauschenberger, los 3 diputados nacionales peronistas por La Pampa votaremos a FAVOR de la despenalización del aborto”, escribió Sergio Ziliotto. Con el visto bueno del gobernador Carlos Verna, Ziliotto vio la oportunidad de aprovechar el capital político que otros, como el tucumano Facundo Garretón, habían sepultado unas horas antes. Después de ponerse en el centro con una encuesta pública, decidió votar en contra.

 

El mensaje del tridente hizo público el voto de Rauschenberger. El pampeano de apellido impronunciable, al que los diputados más activos en la recolección de votos apodaron “Schwarzenegger” para simplificar, hasta ese momento estaba en la lista de votos negativos a revertir.

 

El tuit de Ziliotto llegó a Pasos Perdidos a través del WhatsApp de una de las periodistas. En la mesa donde trabajaba con otras colegas se escucharon gritos:

 

—¡Estamos arriba!

 

El festejo fue como un desahogo de tantas horas de angustia por la desventaja o empates tensos. Se acercaba la hora de la votación y era urgente salir del lugar ajustado. En seguida apareció la diputada Lucila De Ponti de Peronismo para la Victoria y confirmó la noticia: un voto arriba.

 

—Cautela, cautela —pidió De Ponti a periodistas y asesores. Pero la sonrisa le desbordaba la cara.

 

Otra diputada de la oposición llegó preocupada: este cambio de último momento también podía agitar votos del lado más resistente a la ley. Pero no pasó.

 

Las cinco horas previas a la votación habían transcurrido entre la calma preocupante, el optimismo moderado y muchas corridas a cafés, a los despachos del anexo y a los gazebos de afuera: movidas desesperadas para conseguir más votos. Lipovetsky intentaba que algunos suyos se abstuvieran o se ausentaran; pero era complicado.

 

—¿Hoy se festeja?— le preguntaron al asesor de Lipovetsky que lo sigue a todos lados.

—Por ahora no —dijo tajante.

 

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La prenda de negociación fue la calle desbordada de personas, pero sobre todo de adolescentes que montaron una especie de Encuentro Nacional de Mujeres improvisado a la intemperie entre bolsas de dormir, frazadas, guisos y carpas. De las tomas de colegios a la esquina Callao y Rivadavia directo a seguir por pantalla gigante lo que pasaba en el recinto. “La plaza y las pibas cambiaron las voluntades de muchos diputados”, dijo un legislador opositor en Pasos Perdidos. El lobby, esta vez, estuvo más allá de los pasillos de la Cámara de Diputados. Jugó un papel clave la potencia feminista y joven de la concentración. Porque la forma de tramar política feminista desborda todas las formas tradicionales de la política. “Mantengan la calle”, fue otra de las bajadas que se dio desde organizaciones feministas.

“La revolución de las hijas” no solo jugó como lobby. La estética del feminismo sub-18, la de las hijas del Ni Una Menos, llegó al recinto en forma de glitter: Victoria Donda se movía con los brillitos verdes que tenía en su cartera negra y logró ponerle glitter a casi todas las diputadas mujeres y otras políticas que estaban ahí. Solo Vanina Biasi, del Partido Obrero, se resistió.

 

“Hay fuegos que pueden arder”, dijo alguien desde afuera cuando supo que adentro el clima era hostil.

 

—Hay que convencer a Paula Oliveto. ¿Cómo es el arroba en Twitter? —preguntó una asesora del bloque del Peronismo para la Victoria.

 

—Arroba Pau guión bajo Oliveto —contestó Dolores Fonzi.

 

Dolores, que desde su cuenta de twitter había agitado durante semanas y había hecho cabildeo, llegó a Pasos Perdidos a la medianoche. Se había sumado junto a otras actrices al trabajo cuerpo a cuerpo cerca de los palcos donde se ubican los asesores. Desde el palco saludó a los que estaban sentados en sus bancas. Fue imposible que las miradas no se centraran en ella.

 

Desde la asamblea de Actrices Argentinas elaboraron un dispositivo de cabildeo que funcionó a la perfección y les permitió conocer con exactitud y rigurosidad parlamentaria a quienes estaban indecisos, a favor y en contra. En las semanas previas a la histórica sesión la comisión de Enlace Parlamentario se instaló en el anexo de Diputados durante todo el día. Esperaban en la confitería de la planta baja y cuando le avisaban que el o la diputada estaba listo para recibirlas iban a verlos o verlas. En grupos de a tres las actrices visitaban a legisladores. Golpeaban las puertas, llamaban a quienes conseguían los teléfonos. Les llevaron carpetas con argumentos y hablaron con ellos y ellas todo lo que pudieron para convencerlos de dar su voto a favor de las mujeres y personas gestantes. Si un legislador no las quería recibir, se apoyaban en la complicidad y solidaridad de secretarías y otras trabajadoras de los despachos que les abrieron puertas que parecían cerradas. Se armó una alianza entre las diputadas, el activismo histórico, la comisión de Cabildeo de la Campaña, las actrices y las trabajadoras del Congreso. Una mezcla de política tradicional con visibilidad de famosas, feminismos de trayectoria y las heroínas silenciosas que trabajan en los rincones del Congreso.

 

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***

 

Cuando ya era 14 de junio la diputada cordobesa Alejandra Vigo que figuraba en algunos poroteos en contra anunció que se abstendría: eso modificó el conteo. Afuera Jimena Barón cantaba: “La tonta que se amolda a tu rutina, la que si aborta se hace clandestina”.  Adentro, el “a favor” de Vigo se sumaba al anuncio a través de Facebook de Mirta Pastorizza, del Frente Cívico por Santiago del Estero y el de Héctor Stefani (PRO). Esta seguidilla despejó el panorama.

 

A las 2.21 de la madrugada, después de más de 15 horas de sesión, apareció la primera certeza de un poroteo a favor del derecho a decidir: 127 contra 125. Pero no iba a ser el decisivo. De a poco se fue revirtiendo.

 

El margen estrecho dio respiro para los y las asesores que anotaban números en las planillas, tachaban indecisos e indecisas y avisaban a los legisladores con los que tenían que hablar. “Esto es marca personal, cuerpo a cuerpo, como en un partido de rugby”, se escuchaba decir de la boca de quienes juntaban votos. “El viernes era verde y hoy celeste”, ironizó alguien sobre el mendocino José Luis Ramón que cambió su voto de a favor a en contra. Hacía alusión al color del pañuelo de la Campaña y al que los grupos antiderechos adoptaron en la recta final de las exposiciones.

 

La tranquilidad duró poco: una hora después el empate se volvió irreversible y más tarde los dos votos de diferencia subieron para el otro bando. La jornada entera fue a todo o nada.

 

“Tenemos la responsabilidad por la gente que está afuera”, repetían un grupo de radicales de distintas edades que rodearon al diputado salteño Miguel Nanni en un momento de la madrugada. Un grupo de mujeres, entre las que estaba la diputada María Luisa Storani, lo frenó en el salón de Pasos Perdidos después de exponer en el recinto una posición ambigua. “Una cosa es despenalizar el aborto en casos puntuales y otra es abrirlo irrestrictamente”, había dicho.

 

—Se lo pedimos como correligionarias: que se abstenga o vote a favor, pero tiene una responsabilidad por la gente que está afuera – le dijeron.

 

El hombre evadió la respuesta y se fue a dar una nota para la televisión.

 

***

 

Después del 6 de marzo, cuando se presentó por séptima vez el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, un grupo de diputados y diputadas activaron reuniones para empujar la rosca a favor de la ley. Estaba encabezado por las co-firmantes del proyecto de la Campaña: Victoria Donda, del Movimiento Libres del Sur; Brenda Austin, de la Unión Cívica Radical-Córdoba; Mónica Macha de Unidad Ciudadana y Romina Del Pla, del Frente de Izquierda. También se sumaron a ese articulado Mayra Mendoza (FpV-PJ), Cecilia Moreau (Frente Renovador), Carla Carrizo (Evolución), Alejandra Martínez y Karina Banfi (UCR), Araceli Ferreyra y Lucila de Ponti (Movimiento Evita), la jujeña Carolina Moisés (Bloque Justicialista), Silvia Lospennato (PRO) y Daniel Lipovetsky (Cambiemos). Armaron un grupo de Whatsapp al que le pusieron “[email protected] [email protected]”.

 

También participó de algunas reuniones Malena Galmarini para traccionar al Frente Renovador. Y Eduardo Bali Bucca del Bloque Justicialista, Facundo Suárez Lastra (UCR) y Sergio Wisky (Cambiemos) fueron aliados en la jugada para recolectar votos.

 

A diferencia de otras leyes, aquí no hubo negociación de presupuesto, u obra pública, ni pasajes de por medio. Cuando se aprobó la paridad en noviembre de 2017, también por la tracción articulada y transversal de un grupo de diputadas entre las que estaban Austin y Donda; Graciela Camaño había llamado a repetir la gesta histórica de la ley de cupo femenino de 1991. La misma Camaño que en esta jornada histórica votó contra el aborto. En ese entonces, un grupo de diputadas trabó la discusión de presupuesto a cambio que se tratara la norma que buscaba aumentar la representación política de las mujeres.

 

Los votos se consiguieron con argumentos en el proceso de redacción del pre dictamen en la sala de reuniones del Bloque del PRO en el 5to piso del anexo.  Allí se juntaron mayoría de asesoras mujeres y unos pocos asesores varones a redactar la propuesta de dictamen. En el último tramo se juntaban tres veces en un mismo día. De ese proceso también participó como asesora María Rachid para trasladar la experiencia política de la ley de Matrimonio Igualitario.

 

Cada artículo, cada coma, cada tramo de la propuesta del dictamen se redactó con discusión jurídica y feminista por parte de las asesoras. Luego las y los diputados de la mesa chica tuvieron que negociar por votos.

 

—Si cambiamos esto sobre menores de edad son 10 votos más.

—Si sumamos esta modificación tenemos 8 votos.

—Si ponemos lo de Educación Sexual Integral tengo estos votos garantizados.

 

“No se ni lo que firmé”, dijo una diputada opositora que rubricó el dictamen a cambio de apoyo de una propuesta legislativa que ella lleva adelante. “Acá no hubo llamado de Francisco sino esto no avanzaba”, opinó un asesora opositora. Una legisladora peronista se cruzó con Julio Solanas de Entre Ríos en un ascensor. Como sabía que no iba a votar a favor le dijo:

 

—Vos no sos más mi compañero.

 

***

 

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La jornada del 13 de junio había amanecido verde en Pasos Perdidos. Asesores y asesoras, diputados y diputadas llegaron con atuendos de todas las tonalidades del color que simboliza la lucha por el derecho a decidir de las mujeres y personas gestantes en este país. Un verde que comenzó en un triángulo en el cuello pero hoy representa a una generación entera. A los asesores varones jóvenes de Cambiemos era fácil reconocerlos: muchos llevaban el pañuelo doblado dentro del bolsillo del saco con perfecta elegancia. La abogada Marisa Herrera fue una de las que siguió el mandato del dia a rajatabla: aros, collar, anteojos, zapatos y medias. Lipovetsky llevaba su clásica corbata rayada con verde. Usó una similar durante todo el proceso parlamentario de exposiciones. Tiene entre seis y siete, una se la regaló Donda.

 

Las diputadas y los diputados a favor también estaban con distintos atuendos verdes. “Ustedes son como el Grinch, pero de las maternidades forzadas”, dicen que bromeó Máximo Kirchner cuando vio a sus compañeras. El hijo de Néstor y Cristina fue uno de los que levantó el teléfono para conseguir votos. La decisión de Fernando Espinoza, que se publicó en un tuit, después del último plenario de comisiones fue una de las más celebradas.

 

El telón de fondo del salón de Pasos Perdidos en el Congreso es un cuadro de Julio Argentino Roca inaugurando el período legislativo de 1886. Está parado, rodeado de militares, gobernadores de provincias y ministros e invitados extranjeros. Todos varones. Ni una mujer que pasaba por ahí quedó pintada en el óleo del artista. El último 24 de mayo la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito encabezó una conferencia de prensa con ese cuadro detrás para anunciar que el 13 de junio iba a ser un día histórico para la política argentina y para el feminismo en particular: se trataría la ley de interrupción voluntaria del embarazo por primera vez en la Cámara de Diputados. Ese día, los pañuelos verdes antecedieron la imagen anacrónica de fondo. Algunas personas repararon en el contraste. Ese día ningún varón habló. Ni siquiera Daniel Lipovetsky, el presidente de Legislación General a cargo de bastonear dos meses de exposiciones.

 

El Congreso de 1921 que votó el Código Penal y así decidió sobre las trayectorias vitales de las mujeres y personas gestantes durante casi 100 años también era un cuerpo legislativo de 158 varones. Hoy, de los 257 diputados y diputadas que se sientan en una banca, cupo femenino mediante, 100 son mujeres. No todas estuvieron a favor del aborto pero un grupo de ellas hizo todo lo que pudo para conseguir la media sanción.

 

Abandonadas a su suerte, excluidas de la historia, omitidas en el relato las mujeres hicieron de ese hueco al que las empujaron un espacio propio donde tramar una forma de hacer política que desborda las formas y contenidos de la política tradicional. La transversalidad con la que encararon la tarea de organizar las exposiciones, negociar el dictamen y conseguir los votos es una experiencia inédita. Algunos varones decidieron poner su fuerza política subordinada a ellas. Esta construcción sólo puede entenderse si se pone bajo la lupa la construcción de los Paros Internacionales de Mujeres: el feminismo es orgánico al feminismo más allá de lo partidario.

 

Durante las intervenciones las mujeres fueron comparadas con perritas y canguras por parte de quienes se resistían a modificar una situación de derechos congelada desde 1921. Ellas respondieron con política adentro y afuera. Uno de los discursos más emocionantes aplaudidos por diputadas que si mañana se discutiría la reforma laboral estarían en las antípodas fue el de Silvia Lospennato del PRO. “Yo vine a la política para eso, para hacerme cargo de los problemas”, dijo.

 

-Ninguno de nosotros es el mismo, todos hemos atravesado un proceso de aprendizaje profundo y pase lo que pase en unos minutos, no hay vuelta atrás – dijo la diputada del PRO. Los legisladores oficialistas a favor del aborto asistieron y vieron esta vez el poder y el pulso de la calle.

  

En un momento de la noche Araceli Ferreyra, Victoria Donda, Romina Del Pla, Daniel Lipovetzky, Karina Banfi, Olga Rista, Mayra Mendoza, Silvia Lospennato, Cecilia Moreau, Lucila De Ponti, Mónica Macha bajaron las escaleras y salieron a la calle para arengar a la marea verde. Agarrados brazo con brazo se los veía exultantes y cantando “Aborto legal en el Hospital”. Para los funcionarios y funcionarios de Cambiemos mezclarse con la multitud habrá sido una experiencia única que no transitan en las formas más habituales de hacer política de su bloque entre timbreos e Instagram. Cuando quisieron volver al recinto el acceso de Riobamba y Mitre estaba vallado y no servían los fueros para convencer al personal de seguridad. Una de las asesoras de las diputadas del FIT le dijo a Lipovetsky en broma: “Si hay que tirar vallas las tiramos, somos especialistas”.

 

Después de 23 horas sostenidas de desborde de la calle y solemnidad parlamentaria en el recinto a las 9.51 Emilio Monzó anunció la victoria: 129 a 125, con la abstención de la cordobesa Alejandra Vigo, del Frente Renovador. A último momento el diputado Carlos Roma, del Pro-Tierra Fuego, otro que se contaba como voto negativo decidió pasar a la historia.

 

Antes del anuncio el silencio ocupó todo el espacio que luego estalló en aplauso cerrado. Las diputadas se abrazaron entre sí. Mayra Mendoza, Cecilia Moreau y Lucila De Ponti fueron a buscar a la pampeana Melina Delú. De Ponti se cambió la remera por una que anunciaba lo que estaba pasando: “Todas unidas triunfaremos”.

 

Daniel Lipovetsky y Daniel Filmus también se abrazaron. En la última plenaria de comisiones el hombre de Unidad Ciudadana había pedido un fuerte aplauso para su par de Cambiemos.

 

Este mundial feminista, que para la rutina parlamentaria fue la orden del día 155, no tiene una copa pero obtuvo como resultado la conquista intergeneracional de las pioneras en alianza con las hijas del Ni Una Menos. Esas pibas que enseñan todos los días a llevar con irreverencia el pañuelo verde como bandera son el saldo y salto legislativo de un feminismo que supo robustecer la forma de hacer política con más de tres décadas de Encuentros Nacionales pero que también abrió una conversación política el 3 de junio de 2015. Un pacto feminista con la época que es de cara al pasado, para subsanar siglos de desigualdades y sostener la memoria por la que no están. Y también con mirada hacia un futuro que promete destinos de libertad.

 

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