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Miércoles 18 de Julio de 2012

Cueveros: los ganadores de la fiebre del dólar

Operan en las sombras, en departamentos del centro de Buenos Aires o tras la fachada de un negocio legal. Desde que el gobierno argentino restringió la compra de dólares, las cuevas ofrecen la moneda norteamericana en un mercado sin reglas en el que los billetes viajan ocultos en chalecos, sobretodos y medias. Cómo viven y ganan los cueveros porteños que no sienten culpa y piensan día y noche en spreads, rúculas, corretas y pescados.

Una mañana helada de junio, C. L. recibió un pedido importante: un cliente necesitaba 240.000 dólares. En invierno es más fácil transportar dinero encima. Se puede esconder entre el sobretodo, el saco, el pantalón, las medias, además del chaleco especial que suele usarse para este tipo de trabajo. C. L. lo sabe bien, pero tiene miedo llevar tanta plata encima. Teme que lo asalten. “Estoy cagado”, le confiesa a su socio y entonces llama al cliente de vuelta.
-Todo junto, no. Es mucha rúcula junta. Te lo llevo en dos partes. La mitad hoy; la otra mitad mañana.
Cerraron trato.
Al día siguiente el propio C. L. cargó 120.000 dólares en billetes de 100 -unos 1.200 billetes distribuidos en 12 fajos de 10.000 dólares cada uno- en el baúl de su auto, estacionado en el microcentro porteño. Partió a la casa del cliente, en Villa Urquiza, un bonito barrio de clase media de Buenos Aires. A la vuelta regresó con 1.440.000 pesos en billetes de 100. Es decir, unos 14.400 billetes que hay que contar uno por uno. Y controlar que sean verdaderos. C. L. tiene práctica, pero se queja:
-Un problema es que no hay billetes de más de 100 pesos. Cuando llevás pesos, llevás muchos billetes por todos lados.
El delivery o envío a domicilio de dólares es uno de los servicios que sumaron las cuevas para sus clientes, que cada vez son más desde que en Argentina sólo se pueden comprar dólares para viajar al exterior o para importar mercaderías.
Las cuevas son los sitios clandestinos donde se vende y se compra el dólar paralelo, es decir, los refugios donde se opera esa moneda en negro, sin controles cambiarios, impositivos o contra el lavado de dinero del Banco Central o la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).
Los cueveros son los ganadores de la “fiebre del dólar” en Argentina.

PESCADOS Y RÚCULA
C.L. trabajaba en un banco desde el que fugaba al exterior dinero de empresarios, pero hace un año vio que podía hacerlo por cuenta propia. Entonces abrió una cuenta en las Islas Vírgenes Británicas para comenzar a operar. Para eso contrató a un gestor que cobra entre 3.000 y 6.000 dólares. Una persona de su confianza aportó el capital para llenar esa cuenta de dólares desde otra que también tenía en el extranjero. Cuando uno de sus clientes quiere fugar una cierta cantidad de dólares, le lleva los billetes a su oficina. Entonces C. L. ordena el giro de esa cifra desde su cuenta caribeña a alguna que su cliente tenga en el exterior. C. L. se queda con los billetes.
C.L. vivía pendiente de las horas o días en que una transferencia demoraba en confirmarse. Eso era antes. Ahora vive el minuto a minuto de la cotización del dólar blue o dólar paralelo. Está un poco subido de peso y ligeramente más robusto de dinero: su negocio engordó a partir de los controles cambiarios que el gobierno de Cristina Kirchner implementó desde el 28 de octubre. Hasta ese día el cambio de divisas suponía el 10% de la facturación de C.L.. El resto provenía del servicio de fuga de capitales. Ahora, el cambio le supone el 50% de sus ingresos.
-Yo soy un operador chico, pero me subió el volumen. También atiendo a muchos que quieren comprar o vender solo 2.000 dólares. Con ésos perdés mucho tiempo, pero si viene un pescado, le cortás la cabeza.

Lo dice con una media sonrisa permanente. A C.L. le va justo su suéter marrón con botones. No acompaña con nada para comer el cáfe con leche que se toma en el bar Simonetta, en el distinguido Barrio Norte, donde vive y donde me citó a las 19 horas para conversar. Es un clásico cheto –fresa- de los que no usan corbata.
Dice que sólo ha aprovechado la cascada de ingresos para comprarse un auto usado por 11.000 dólares. Ni siquiera ha veraneado en el exterior. C. L., de 37 años, abogado devenido cuevero, se fue a las playas de la costa atlántica bonaerense.
C. L. alimenta de rúcula –forma sofisticada de llamar al dólar- a los pescados –clientes apurados o desprevenidos- a un precio mayor o se las compra a uno menor que el pactado en un mercado opaco como el blue, donde nadie sabe bien las cotizaciones.
En los diarios se publica el valor del blue, pero siempre se observan centavos de diferencia entre uno y otro artículo porque las fuentes son diversas. Hay una página web, www.dolarblue.net, que da las cotizaciones del dólar en los variados mercados: el oficial, el mayorista (para empresas que comercian con el extranjero o remiten beneficios a sus casas matrices), el blue, el celeste (promedio del blanco y el blue que se toma de referencia para pagar en pesos algunos bienes que cotizan en dólares, como los inmuebles de clase media y alta), el green (el de los arbolitos, pero también el de que cobran cuevas chicas en caso de grandes operaciones, dado que les cuesta mucha logística conseguir tantos billetes), el gris o contado con liqui (es una operación legal para fugar capitales, llamada internacionalmente blue chip, y consiste en comprar con pesos bonos o acciones, venderlos a algún inversor del exterior y cobrar los dólares en una cuenta de afuera, aunque a un precio mucho mayor que el blue), está el dólar Moreno (es el apellido del secretario de Comercio Interior, que en mayo ordenó a las casas de cambio que lo bajaran de 6 a 5,10 pesos, pero a este precio no se consigue en ninguna parte) y el euro blue (la moneda europea mueve una de cada diez operaciones en negro; el resto está dominado por la de Estados Unidos).   

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