Miles de mujeres chilenas cruzan la frontera para ir en busca de un cirujano plástico en Perú. La mayoría regresa feliz con su rostro o cuerpo renovado, pero hay quienes fallecen en el intento ¿Cuál es el costo de la belleza? Una historia desde la ciudad de Tacna, donde el turismo de salud se ha convertido en una de sus principales actividades económicas.



Fotos: Delcy Callacondo Riva

 

De lejos, las tetas de Erika del Carmen Sánchez Tapia parecen reales. De cerca, también. Ella se siente orgullosa con su nueva anatomía. Hincha el pecho de orgullo. Además de la piel tirante, su escote, más que generoso, deja ver una parte del parche, color carne, que aún protege la cicatriz de la cirugía.

 

Hace cinco días, Erika llegó a Tacna, Perú, con un único propósito: volver a Chile con más tetas. El talle que ahora luce le hace sentir diferente. Los nuevos implantes le han devuelto la alegría.

 

–Es que hará unos cinco años, caí en manos de un carnicero.

 

Ocurrió en Tacna. Buscó un cirujano para que le colocara unos implantes en los senos y casi termina en tragedia.

 

–La cirugía fue muy mal hecha. Afectó seis centímetros de tejido y todo se complicó, además me afectó mucho psicológicamente. No era un médico, era un carnicero.

 

Se tuvo que retirar los implantes y pasar por un lento proceso de recuperación. Recién hace una semana decidió someterse a una nueva cirugía, esta vez, en la clínica de un médico especialista.

 

–Si le ocurrió esa desgracia en Tacna ¿por qué decidió volver?

 

–Tuve mala suerte aquella vez. Ahora me informé muy bien, pregunté, averigüé y llegué donde el doctor Carlos Márquez por recomendación de una amiga y es realmente otra cosa.

 

Además de quedar contenta con la cirugía, se ahorró bastante dinero. Si Erika hubiera decidido operarse en Chile, habría pagado 3.500 dólares. En Tacna no gastó más de 2 mil, incluido el viaje.

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Esa diferencia es la razón principal por la que las mujeres chilenas cruzan la frontera para operarse. Si una rinoplastía cuesta 3 mil dólares en Chile, en Tacna te puedes cambiar la nariz por 1.500.

 

Erika se ha sometido a cuatro cirugías en la clínica de Carlos Márquez: tres en el rostro y una en los senos. Su cuerpo no parece el de una mujer de cincuenta años. A primera vista, es una guapa señora de cuatro décadas. O menos. Delgada, cabello negro y largo como adolescente, maquillaje definido, músculos firmes y una mirada segura que aumenta su atractivo.

 

Márquez tiene como una de sus mejores cartas de presentación el no haber provocado la muerte de ninguna paciente. Es que las desgracias abundan en el campo de la cirugía estética peruana. Solo en el mes de mayo, dos mujeres murieron en Lima luego de someterse a una cirugía plástica.

 

También murió un cirujano: el ex cirujano plástico Max Álvarez cumplía condena por haber provocado la muerte, en su quirófano, de la argentina Carla Badaracco y por abusar sexualmente, también en su quirófano, de la vedette peruana Lucy Cabrera. Un paro cardíaco terminó con la vida del “Doctor Sexo” en su celda del Penal de Lurigancho en Lima. Fue a fines de mayo, cuando le faltaban tres semanas para salir en libertad.

 

-Ese tipo de casos nos afecta a todos los cirujanos, peor si ocurre en Tacna. El mercado se reciente, los pacientes dejan de venir- dice Márquez.

 

En Tacna, según el registro de especialistas del Colegio Médico, hay solo cuatro especialistas en cirugía plástica y reparadora. El único que ejerce actualmente es Carlos Márquez. Pero hay otros médicos generales (sin especialidad) que ofrecen servicios de cirugía plástica. Sobre ellos están puestos los ojos de las autoridades para acabar con la mala praxis.

 

Erika no tuvo reparos en operarse en Tacna. Tiene un hijo de 22 años al que no le molesta sus afanes por la cirugía y el cuidado de su figura.

 

-Es mi amigo, mi cómplice, me apoya en todas mis decisiones.

 

Vive con una nueva pareja que la acompaña los días del post operatorio. Esa tarde, a mediados de mayo, Erika me dice que en los próximos días se someterá a otra intervención.  Se pondrá botox para borrar algunas líneas de expresión en el rostro, donde ya se colocó hilos de suspensión facial, se levantó las cejas y se aumentó el mentón.

 

En Arica es instructora en el gimnasio que ha montado en su casa, además enseña baile. En su juventud también vino a Tacna, pero a participar de un concurso de Miss Tanga, en el que ocupó el segundo lugar.

 

–Me gusta sentirme bien, estar alegre todo el tiempo, hay que amarse y vivir con intensidad, hasta para hacer el amor es mejor sentirse bien con una misma.

 

***

 

Una mañana frente a su televisor, Carlos Márquez de la Torre, descubrió su vocación de la manera más inesperada. La nueva nariz de Michael Jackson, recién estrenada, decidió su futuro profesional. Eran los días en que el “Rey del Pop” vendía millones de copias de su álbum Thriller y el inicio de la cadena de cirugías a las que se sometería a lo largo de su vida.

 

-Me impresionó tanto verlo con esa nariz totalmente cambiada que me dije: yo quiero dedicarme a hacer eso.

 

Ahora, a sus 49 años de edad, es el cirujano plástico que más mujeres chilenas ha operado en su clínica Estética PlastEl arte está en tu cuerpo.

 

-Deben ser más de mil en los últimos cinco años, no llevo una cuenta exacta.

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Su clínica privada se ubica en el óvalo Cusco, al sur del centro de la ciudad de Tacna. No es un edificio lujoso ni tiene una gran extensión. Es apenas una casa de una planta ubicada al final de un intercambio vial (by pass) que construyó un exalcalde y que hoy no sirve de nada. La obra costó 3 millones de dólares, pero su diseño no funcionó. Fue como una intervención quirúrgica mal hecha.

Carlos Márquez nació en Lima, pero vive en Tacna hace casi una década. Estudió ocho años en Francia su especialización en cirugía estética. Al principio solo venía a Tacna a operar a los pacientes de la Clínica ProMedic. Con el tiempo vio una gran oportunidad de negocio en el turismo de salud y montó su propia clínica que va en franco crecimiento.

 

Por el control fronterizo de Santa Rosa en Perú, todos los días, ingresan un promedio de 5 mil ciudadanos chilenos rumbo a Tacna. Acuden a realizar compras en los centros comerciales, a comer en los restaurantes y, sobre todo, a atender su salud en los consultorios médicos de diferentes especialidades.

 

El nuevo rostro del país de los Incas empieza desde el sur, donde la comida, el comercio y la medicina, están conquistando a los chilenos.

 

La primera vez que Carlos Márquez me recibe en su clínica, lo primero que hace es ofrecerme un vaso de Inca Kola, esa bebida gaseosa que en el Perú le ganó en ventas a la Coca Cola y de la cual el médico se ha vuelto adicto. Siempre lo encuentro con una botella recién abierta de dos litros y medio. Minutos después me muestra, en la pantalla de su computadora, las fotografías del antes y después de sus pacientes, una especie de catálogo de la metamorfosis de los cuerpos. Veo narices imposibles convertidas en envidiables perfiles, tetas diminutas transformadas en bellas formas redondas, cuerpos abundantes en grasa succionados hasta recuperar la cintura.

 

Es inevitable conversar con Márquez sobre la mala praxis de algunos de sus colegas. Es que algunas clínicas de Tacna han desarrollado una modalidad de servicio que pone en riesgo la salud de los pacientes, de hecho, hasta puede causar su muerte. Contratan médicos que solo llegan a realizar las cirugías y de inmediato retornan a Lima sin hacer el seguimiento post operatorio.

 

El 27 de noviembre de 2011, Miriam Calderón, una ariqueña de 50 años de edad, se sometió a una liposucción en la Clínica Isabel de Tacna. El médico que la intervino fue Jean Pierre Michaud Haro, conocido como el “cirujano de las estrellas” por haber operado a varios artistas peruanos en Lima. Miriam fue dada de alta al día siguiente de la operación. Michaud ya no estaba en Tacna. Ella no volvió a reaccionar. Su esposo la trasladó a Arica donde agonizó 49 días en una cama del Hospital Juan Noé. Murió el 18 de enero. De acuerdo al certificado de  necropsia, Michaud le perforó el intestino.

 

Al día siguiente, el diario La Estrella de Arica tituló en portada: “Los que sacan pasajes para operarse en Tacna, van directo a la muerte”. La noticia provocó un gran escándalo y actualmente la denuncia penal contra Michaud sigue su curso en el Poder Judicial peruano, al igual que el proceso que le han abierto en el Comité de Ética del Colegio Médico del Perú.

 

-Ellos son los que perjudican la profesión, por eso hice una denuncia ante la Fiscalía, el Colegio Médico y el INDECOPI- dice Márquez.

 

El decano del Colegio Médico del Perú – filial Tacna-, Jorge López Claros, me confirma que efectivamente existen médicos que se aprovechan del “boom” de la cirugía estética y ofrecen servicios sin tener la especialidad.

 

–Hacemos operativos periódicamente para erradicar esa mala praxis y coordinamos con el consulado chileno para que recomiende a sus ciudadanos a que acudan a consultorios y clínicas confiables­– dice.

 

Las denuncias son canalizadas ante el Instituto Nacional de Defensa del Consumidor y Propiedad Intelectual (INDECOPI) por publicidad engañosa y ante la Fiscalía por el delito contra la salud pública.

 

–Tuvieron que pasar al menos tres meses, después del caso del doctor Michaud, para que las ciudadanas chilenas recuperen la confianza de venir a Tacna– dice Márquez.

 

Los médicos, dice el Decano Jorge López, se han convertido “en la principal imagen de Tacna y del Perú”. Lo malo es que algunos reflejan la vida, otros la muerte.

 

***

 

Solange del Rosario Carbajal Carbajal es otra ciudadana chilena que ha vuelto a confiar en los cirujanos peruanos. La encontré cumpliendo su segundo día post operatorio en la Clínica Estética Plast, luego de haberse sometido a una rinoplastía.

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Para llegar a Tacna, Solange viajó 2.120 kilómetros en bus desde Santiago de Chile. Todavía dolorida por la operación dice:

 

–Conocí al doctor Márquez en un reportaje colgado en Youtube y empecé a averiguar todo sobre él a través de algunos amigos que viven en Arica, fue así como decidí venir.

 

Márquez prefiere que sus pacientes, sobre todo chilenos, se queden entre dos a cuatro días en observación hasta que se recuperen y puedan regresar a su país sin ningún riesgo.

 

–Mi nariz era gruesa y con la punta caída, ahora ha quedado diferente, está bella. Estoy muy contenta con la operación, además se come muy rico en Perú y el pisco sour es delicioso­– dice Solange recostada en la camilla con un gran parche blanco que le cubre toda la nariz y parte de la frente.

 

Tiene dos hijos y es propietaria de un restaurante en Santiago. Ha cumplido 33 años y quiso regalarse una nariz “nueva”. No le importó viajar más de 30 horas para lograrlo.

 

–Aún con los gastos del viaje, he ahorrado un 50 por ciento de lo que me iba a costar la operación en Santiago.

 

Sobre esa gran diferencia de precios entre uno y otro país, Carlos Márquez ensaya una explicación:

 

-Los médicos chilenos han estandarizado sus precios y le han sabido dar un gran valor a su trabajo en el mercado, por eso cobran así. Lamentablemente en el Perú la labor del médico no es tan valorada, lo cual no quiere decir que no haya excelentes profesionales.

Solange me dice que lo recomendará a todas sus amigas.

 

–Para mí, el doctor, es un escultor.

 

–¿De la vanidad?

 

– Sí.

 

Márquez también es un recuperador de la autoestima de muchas personas. La última vez que conversé con él, me volvió a invitar un vaso de Inca Kola y, antes de despedirme, mientras entraba otra paciente –también chilena–, le pregunté:

 

– Y doctor ¿usted se haría alguna cirugía estética?

 

– Claro que sí, me sacaría esta panza que ha crecido demasiado, pero no tengo tiempo.


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