Los colegios universitarios, aún con gabinetes psicopedagógicos de primer nivel no viven alejados de los conflictos educativos. Cada adolescente expresa un mundo repleto de sensibilidades propias y de mensajes secretos que pasan de la rebeldía al desencanto. Después de que una chica de 15 años intentara suicidarse ante sus compañeros de curso en La Plata, el síntoma del shock tomó la forma del silencio y la repetición de la pregunta, ¿qué hicimos para causar este profundo desamparo?



Como si estuvieran viviendo una película.

 

Seis chicos de entre 16 y 17 años, que cursan el quinto año del Colegio Nacional, están reunidos en la casa de uno de ellos. Siguen impactados. Hablan poco: se distraen con los celulares y la televisión, mientras permanecen sentados en el living.

 

Repiten, casi a coro: “esto parece una película”.

 

—Es loco que pase en tu propio colegio. Estamos mal. Vimos muchos amigos que estaban llorando –dice A., y se asombra porque nadie escuchó la detonación del arma de fuego.

 

—Ni siquiera en las aulas que estaban al lado. No sé, es raro –agrega F.

 

 Los chicos se paran y se sientan, están dispersos. El departamento, de piso negro y paredes blancas, es luminoso. Sobre la pared cuelga una réplica enmarcada de El Guernica, de Picasso. Debajo del televisor, una playstation; sentados en dos sillones negros de cuerina, suelen hacer campeonatos hasta altas horas de la noche. La costumbre es que cada uno ponga plata para comprar comidas y bebidas. Ahora de fondo se escucha un rap: en el grupo varios saben rapear y componer temas. Cuentan que ellos estaban en el aula y de pronto se escucharon gritos en el pasillo. La profesora de su curso salió y volvió con lágrimas en los ojos. Luego vieron preceptores que corrían, y la orden de la dirección de desalojar las aulas e ir hacia el salón principal.

 

A. dice que un compañero de la chica le dijo que pensaron en una posible masacre.

 

—Me contó que la chica intentó una primera vez y el disparo no salió, y ahí muchos salieron al pasillo, pensando que les podía llegar a disparar. Que la profe estaba de espaldas y cuando se dio vuelta, ya la chica había acertado con el disparo.

 

Y agrega:

 

—También dijo que la chica era tímida, reservada, que no tenía tantos amigos. Pero que nadie la molestaba. No es que le hacían bullyng, sino que no tenían relación con ella, en general.

***

 

 

—¿Cómo hacemos para seguir después de esto? –se pregunta A., desconcertada y con el tono de voz apagado.

 

 

Es una de las pocas docentes del Colegio Nacional de La Plata que soltó unas palabras después de que una alumna intentara suicidarse en el aula frente a sus compañeros. El colegio universitario creado en 1885, tres años después de la fundación de La Plata, es una de las instituciones más prestigiosas de la ciudad.  

 

 

—Porque mañana el periodismo se va a olvidar. Y nosotros, nunca—dice.

 

 

Cerca de las ocho de la mañana del jueves 3 de agosto, una estudiante de 15 años, que cursaba el cuarto año, se pegó un tiro en la cabeza en su aula del segundo piso del Nacional. Lo hizo con un revolver calibre 38, apenas comenzada la clase de geografía. De forma repentina, sin que su profesora Graciela Amaro, una de las más queridas de la institución, ni sus compañeros, pudieran reaccionar.

 

 

En el interior de su mochila se encontró una nota en un cuaderno, donde se leía: “Chau, mierdas. Uf, qué lástima que no lo voy a poder jugar. Dejo un juego en la mochila. El que lo encuentre, se lo queda”. El juego de la Playstation era de acción: el Metal Gear Solid V.

 

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Días antes había escrito en Voxed, una red social no muy conocida, el siguiente mensaje anónimo: “El jueves voy a suicidarme en la escuela y lo voy a transmitir por directo. Eso, quiero hacer un directo pero no se por dónde transmitirlo, ustedes díganme. Esto no es bait (una acción para llamar la atención). Estoy muy decidida a hacerlo. Bueno les cuento. Voy a robarle el revolver a mi papá antes de salir para el colegio y pienso pegarme el balazo en la primera hora, así que si no se quieren perder el directo, van a tener que estar atentos a las 7:50 de la mañana. Tengo 5 balas si en ese momento se da para matar a 3 o 4 compañeros, joya. Pero mi misión principal es el suicidio. Bueno no me quiero extender mucho más, díganme por donde puedo transmitir el directo ahora, así ya voy arreglando bien todo para el jueves”.

 

 

La pesquisa encontró el tambor del revolver lleno de balas. Ella sólo usó una.

 

La joven permanece internada con pronóstico reservado en el Hospital San Martín. La operaron dos veces. “Está con asistencia respiratoria, en terapia intensiva. Este cuadro requiere de cuidado minuto a minuto ya que es extremadamente grave “, dijo Alberto Urban, director del hospital, en el último parte oficial.

 

 

Le encanta la música: el grupo de black metal Mayhem es uno de sus favoritos; uno de cuyos miembros se quitó la vida y otro fue asesinado por su propio bajista. Sus padres, separados hace varios años, son artistas: él, baterista y técnico de sonido, ella, fotógrafa.

 

La mayoría los programas de televisión instaló el tema del “bullyng”. De un momento para otro, se ocuparon bloques enteros con el “bullying de los famosos”. La China Suárez, por ejemplo, en el programa “Infama” de América TV, contaba los acosos que sufrió de chica en la escuela.

 

H., un profesor con trayectoria en la escuela, se mostró irritado con esas coberturas.

 

 

—Era buena alumna y no había tenido conflictos en la escuela. Tampoco hay antecedente alguno de bullying. Sus compañeros están desorientados, porque no esperaban algo así –dice H. y se disculpa porque debe salir a las corridas para una casa donde se encontrará con los padres de unos alumnos.

 

—Por favor, no pongas mi nombre en la nota. Mirá si encima me sancionan. Acá están todos susceptibles después de los paros.

 

Después del hecho, el Colegio reunió a todos los alumnos de primero a sexto –hay diez divisiones por año- en un salón, suspendió las clases y emitió un comunicado. En el salón casi nadie hablaba. Llegaron psicólogos y empezaron a coordinar pequeñas charlas, mientras los pibes se abrazaban entre llantos, y llamaban a sus familiares. Nadie vio cómo salió la chica por el hall principal hasta la ambulancia, que esperaba en el estacionamiento.

 

“Se trata sin dudas de un hecho que nos llena de conmoción y golpea a toda la comunidad educativa y especialmente a sus compañeros. Por ello, desde el Colegio Nacional estamos trabajando para ofrecer la mayor contención a los alumnos frente a esta situación particularmente traumática. Toda la comunidad del Colegio brega por la pronta recuperación de nuestra joven alumna”, decía el comunicado de la escuela.

 

El hermetismo fue absoluto. Luego, el Colegio dio la orden a docentes y alumnos, en mails y mensajes de Whatts App de preceptores, de no atender ningún llamado de la prensa. Y en la tarde del mismo jueves, hizo circular un último mail interno.

 

“Mañana 4/8 hay clases con intención de charlas acerca de lo ocurrido. Se pasa falta como cualquier otro día. Ingreso: Turno Mañana, 9.15. Turno Tarde, 14.30. Actividades a contra turno, suspendidas. Horario de egreso habituales. Por favor, no hablar con los medios! Respeten a la familia”.

 

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En los grupos de Whatts App de los padres del colegio circularon fotos de la chica. Y una de la estela de sangre en un rincón del aula y otra del revólver. “Parecíamos  más preocupados por el morbo que por preguntarnos cómo es que se nos pasó algo así y no pudimos hacer nada”, dice C., una madre de un alumno del Nacional que también hizo circular imágenes de los mensajes suicidas que la joven dejó escritos en redes sociales. 

 

 

La tasa de suicidios entre la población adolescente se duplicó a lo largo de la última década hasta convertirse hoy en la segunda causa de muerte entre los argentinos que tiene entre 14 y 24 años de edad, según un estudio del Ministerio de Salud de la Nación.

***

M., uno de los chicos reunidos en la casa de un compañero, mira el celular y se entera que alumnos de otras divisiones pasan la tarde como ellos: reunidos en una casa, sin saber qué hacer, sin saber qué decir, mientras reciben mensajes de autoridades y preceptores para que no hablen con los medios. Y ellos mismos piden que la casa donde están reunidos no sea descripta en esta nota.

 

—Nosotros venimos de la escuela Anexa –que es la instancia primaria previa, de escuela universitaria, antes del Nacional-, y nunca vivimos algo así –continúa M.-. Pero en el último tiempo, con el cambio de autoridades, hay más prohibiciones.

 

F. cuenta que la vicedirectora acusó a un amigo por la desaparición de un celular. Luego se supo, sin embargo, que lo tenía otra chica. “Para mí, lo discriminó porque ya tiene varias sanciones previas y porque es morocho y se viste raro”, dice.

 

—La vicedirectora prohibió las mesas de ping pong, que había conseguido el Centro de Estudiantes. Y también que juguemos al fútbol en el patio –comenta I., otro joven presente en la casa.

 

El Colegio Nacional de La Plata se creó con un modelo único en el país en materia de enseñanza. Se anexó a un internado modelo, el U.L.P.I (Universidad La Plata Internado), donde los alumnos convivían con sus profesores, rodeados de un gran parque. Allí gozaban de un inmenso gimnasio cubierto, semejante a un templo griego, con una pileta de natación olímpica. El complejo educativo era comparable a un clásico colegio inglés, con canchas de deportes al aire libre.

 

El acceso era selecto y para una elite, pero con el tiempo, en 1985, se implementó el ingreso por sorteo. En la actualidad, cualquier familia puede inscribir a sus hijos. Si la suerte los acompaña pueden entrar por sorteo, salvo los que ya vienen cursando en la Anexa, cuyos lugares están asegurados; son, en mayoría, hijos de la clase media profesional y acomodada de la región. Cursar en un colegio universitario significa tener una preparación ideal para el ingreso a la universidad. De este modo, el Colegio Nacional “Rafael Hernández”, el Liceo “Víctor Mercante” y el Bachillerato de Bellas Artes figuran entre los secundarios más valorados en La Plata. A ellos se suma la Escuela Graduada “Joaquín V. González” (Anexa) en el nivel primario, y la lejana escuela agropecuaria Inchausti. En total, el nivel preuniversitario de la Universidad Nacional de La Plata tiene cerca de cinco mil alumnos.

 

—El ambiente es súper sano y social, siempre hay cosas que compartir en los recreos, está lleno de gente y de ruido. Y también participamos bastante de marchas. El año pasado fuimos a la que hizo por Lucía Ríos, la estudiante del Liceo que fue asesinada por su novio –dice F, que cursa en el Nacional.

 

—Pero a veces también tenemos peleas, y alguno se sacan en los boliches. Y a los chicos que viven en barrios alejados, a veces los cargan porque llegan con barro en las zapatillas los días de lluvia – concluye I.

 

Los chicos se despiden. Alguno vuelven a sus casas, otros salen a practicar deportes. Y el resto permanece allí, sin comer ni beber nada, haciéndose chistes para pasar el tiempo.

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***

Los colegios universitarios, que suelen tener gabinetes psicopedagógicos de primer nivel y un entorno profesional, no viven alejados de los conflictos educativos. Cada adolescente, sea de clase media, clase media-alta o clase baja, expresa un mundo repleto de códigos, de sensibilidades propias y de mensajes secretos que pasan de la rebeldía al desencanto con el mundo adulto. Y las escuelas parecen no poder descifrarlos.

 

—Los preceptores y docentes vamos a las casas de los pibes, hay muchas situaciones conflictivas donde nos necesitan, trabajamos ensayando estrategias y caminos. No es fácil, se incrementó la demanda de los pibes a los adultos, y tenemos que pensar en espacios de escucha y acompañamiento permanente para pensar en cómo tramitamos los malestares y las angustias– dice C., una preceptora del Líceo Víctor Mercante, el otro colegio secundario de la Universidad Nacional de La Plata.

 

Los tres colegios universitarios hacen Educación Física juntos, así que el Liceo está bastante afectado. Y en estos casos surge mucha identificación con el sufrimiento ajeno. Los alumnos se dicen por lo bajo: “¿cómo es qué pudo pasar esto?” o “si le pasó a ella, también le puede pasar a cualquiera”.

 

C. prefiere ser cautelosa y no arriesgar una interpretación apresurada del hecho. “No comparto la visión de que hubo adultos que no observaron –reflexiona-. Lo cierto es que no lo sabemos, no podemos buscar vanamente un culpable. El discurso dominante es el de la escuela que no puede. Pero la escuela siempre es un lugar de posibilidad, nos tenemos continuamente que evaluar porque somos co-responsables de garantizar los derechos de los jóvenes. La escuela y los docentes no somos quienes desamparamos. Somos los que estamos para escuchar, para abrazar, para abrir caminos. Es un trabajo que desborda. Y lo que desborda es el trabajo, la demanda, no la violencia, que en tal caso es un fenómeno social y no meramente escolar”.

 

Las causas del suicidio adolescente, dice Pablo Sánchez, licenciado en Psicología de la UNLP y especialista en Psicología Educacional, son una “cuestión compleja y difícil de determinar”. Dice que es imposible pensar en un solo factor porque “debemos comprender el universo individual de los jóvenes, donde pueden suceder depresiones, trastornos bipolares u otras patologías, y el universo social, donde hay un entramado de hechos culturales, etarios, económicos y discriminatorios”. De hecho, un docente que trabaja en una escuela de “primer nivel de la provincia de Buenos Aires” cuenta que una ex alumna suya, de gran conducta y desempeño, se suicidó el año pasado sin dejar un mensaje ni despertar ninguna sospecha previa. “Era muy buena estudiante y en el colegio estaba contenida, allí existen prácticas de inclusión y amparo para los pibes y las pibas. Ella se destacaba en los debates colectivos y demostraba afecto ante sus pares. Y eso no impidió que se suicidara”.

 

Agustina, ex estudiante del Nacional, dice que vivió los años del secundario como una segunda familia -“enorme, agradable y comprensiva”- y que sólo recuerda un episodio fuera de lo común. “En mi división entró una vez una chica que terminó siendo después la famosa ´viuda negra´, apareció en los medios como la ladrona que engañaba a los hombres para robarles. Recuerdo que eso desprestigió un poco el Colegio”. 

 

Hugo Simkin, Doctor en Psicología por la Universidad Nacional de La Plata, dice que crecieron las consultas por intentos de suicidio durante la adolescencia en los últimos tiempos.

 

—La percepción de rechazo que viven los adolescentes puede promover una mayor inclinación para este tipo de comportamientos. A su vez, los vínculos con los docentes y con otros referentes de las instituciones educativas también pueden afectar la toma de estas decisiones –opina el especialista.

Y dice que es importante evaluar la desesperanza en relación al futuro, que de acuerdo con numerosos estudios, suele asociarse fuertemente a la intencionalidad suicida.

 

El año pasado Lucía Ríos Muller, que cursaba el 3º D en el Liceo Víctor Mercante y tenía 16 años, fue asesinada en la puerta de su casa por su ex novio, en un barrio de las afueras de la ciudad. En La Plata hubo marchas multitudinarias encabezadas por sus compañeras de curso y en el colegio se implementaron, a partir de allí, talleres de género para los docentes.

 

Lucía era una chica de barrio pobre que tenía un seguimiento por parte de docentes y especialistas del Gabinete –faltaba mucho a clases porque debía cuidar a sus hermanas-, pero pocos sabían que tenía una relación conflictiva con quien luego fue su asesino.

 

—No alcanzan los gabinetes ni los docentes ni las charlas. Es un trabajo incesante, cotidiano y de muchas disciplinas, de preguntarse qué hicimos y que no hicimos desde la sociedad adulta para que pasen estos hechos- piensa Gustavo Oliva, ex director del Colegio Nacional durante ocho años.

 

A Oliva le agarró un mareo y debió acostarse cuando se enteró de la chica que se disparó en el aula. “No hay que subestimar las señales que nos dan los chicos –reflexiona-, tratar de entender su mundo complejo de redes sociales sin prejuzgarlos. Todos tenemos que estar actualizados con los pibes, desde los preceptores a los docentes, desde los padres a los medios”.

 

Al día siguiente, se realizó en el Colegio Nacional una jornada reflexiva en el salón principal; asistieron las autoridades universitarias pero faltaron muchos alumnos. No sacaron conclusiones: quedaron en abrir nuevos espacios de charla con los estudiantes, que se la pasaron en el patio por miedo a entrar en las aulas.

 

Mientras la investigación chequea si existió un mensaje suicida de la chica en Snapchat que su círculo íntimo no tomó en serio, muchos piensan, además, en la serie de Netflix “13 Reasons Why”.

 

Y Gustavo Oliva se pregunta, como se preguntan todos, ¿a quiénes se les escapó la mirada sobre esta chica? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades como adultos? ¿Qué hicimos mal para causar este profundo desamparo?

 

La escuela comunicó que el aula donde una chica de 15 años quiso morir permanecerá cerrada hasta nuevo aviso.

 

 


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