La UCR, el único partido opositor con despliegue nacional, tiene intendencias propias, comparte gobernaciones y ostenta el bloque legislativo más importante por fuera del universo peronista. ¿Podrán reunir a todo el espacio opositor para salir de mitad de tabla y ganar? Tratando de descifrar qué es hoy el radicalismo, el cronista Andrés Fidanza y el sociólogo político de UNSAM, Carlos Varetto, mapearon las estructuras y nombres de un partido que buscará -por derecha o por izquierda- llegar a la presidencia.



Ernesto Ricardo Sanz achina los ojos y se entrega a la evocación que le piden: una del año maldito en la historia argentina: 1976. ¿Condenará los crímenes de la dictadura? ¿Denunciará el robo de bebes? ¿El descalabro económico? ¿Reivindicará la gestión de Raúl Alfonsín, ante el intento kirchnerista por monopolizar tanto la somatización como la condena al gobierno militar? Nada de eso. El senador Sanz, camisa blanca abierta, sonrisa televisiva, y ausencia plena de corbata, recitará de memoria ante el conductor Guido Kaczka, más los panelistas Ivan de Pineda y Fernando Niembro, la formación del Boca campeón nacional de 1976. “Ahh, Fernando recordará la de 1976, la del Toto Lorenzo: Gatti, Pernia, Sa, Mouzo y Tarantini; Veglio, Suñe y Ribolzi; Mastrangelo, Taverna y Felman. ¡Qué equipo, por favor!”.

 

Con su participación en un popular programa de preguntas y respuestas llamado 8 Escalones, el abogado, senador nacional por Mendoza y presidente de la UCR apunta a revertir el costado más flojo de su candidatura: su alto nivel de desconocimiento. Según encuestas propias (algo optimistas, como todas las encuestas propias), un 30% de los argentinos todavía no conecta su nombre con sus dos rayitas de ojos celestes, su cara redondeada y a la altura de la pelada algo pecosa.

 

A poco más de seis meses para las PASO, es una cifra demasiado negativa que puede convertir a Sanz en un candidato testimonial. O ni siquiera eso: sus adversarios en la interna radical –los diputados Julio Cobos y Ricardo Alfonsín- sospechan que su postulación es un mero bluff, una carta de negociación para terminar siendo el compañero de fórmula de Mauricio Macri.

 

“¿Me equivoqué en algo?”, se jacta frente a “Fernando”, o sea, Niembro. “Comentarista de Mariano Closs en la próxima transmisión”, le devuelve la pared Niembro, en su doble rol de periodista deportivo y activo operador de la campaña presidencial de Macri.  

ucr_e_carrera_1_dcha

Sanz está parado en el medio de los dos consejeros sub-30 que decidió llevar al Quiz show de Canal 13. Al igual que Sanz, usan saco sin corbata. Pero los de ambos consiglieri son oscuros, para hacer lucir el saco gris topo que se puso el jefe. Si un caudillo populista hubiera convocado a su esposa, hijos, hermanos, cuñados y suegros para que lo contuvieran en los momentos de duda, Sanz optó por mostrarse como un hombre de Estado: un líder moderno, ajeno a cierta solemnidad radical, y a su vez permeable a los saberes técnicos y juvenilistas.

 

Así, con la misión de sacar a la UCR del gueto yrigoyenista del homenaje permanente, Sanz se transforma en un tío canchero para la lente de la TV. Cuando la pregunta obliga a la interconsulta, como en la de “qué animal recibe el nombre de anas platyrhynchos domesticus”, Sanz los abraza en una especie de scrum. Incluso se permite un reto amable a sus dos asesores parlamentarios, el licenciado en relaciones internacionales Francisco Mondotte (29) y el politólogo Rodrigo De Casas (27): “Son licenciados, pero si se equivocan los licencio”. Y si bien la amenaza era sólo una salida cómica, el consejo de De Casas resultó acertado: el animal en cuestión era el pato.

 

Guido Kaczka, por su parte, insiste en la línea futbolera antes de pasar a la siguiente pregunta, porque en ese dato que le pasó la producción percibe la chance de que, detrás del Sanz político, exista un Sanz normal. “¿Es la única formación de Boca que conoces?”.

 

“Sánchez, Suñe, Meléndez, Rogel, Marzolini, Ovide, Madurga, Medina, Savoy, Novello, Ponce, Coch, Angel Clemente Rojas y Peña. El gran equipo del 69”, responde Sanz, pero se frena ante el riesgo de parecer demasiado sabiondo o antiguo: “No voy más para atrás porque estos van a tener razón, y yo me hago cargo de la historia y ellos del presente”.


 

Ante la acusación de que negocia a escondidas una candidatura con Macri, u otras que le achacan ofrecer a la UCR como estructura territorial del PRO o del Frente Renovador, Sanz jura que su candidatura va en serio. Y su primer cordón de asesores – ex militantes de la primavera alfonsinista, hoy un grupo de profesionales cuarentones instaladísimos en el ámbito privado- muestra con orgullo una encuesta que legitima la promesa del jefe: hace un año, el nivel de desconocimiento de Sanz era de un 65%, contra el 30% actual.

 

Bajo la misión del coming out social, Sanz ni dudó en aceptar el riesgo de perder con Iván de Pineda en los 8 escalones, algo que previsiblemente ocurrió: el senador opinó que la letra C de la BBC inglesa era de Comunication, y el modelo sabía que era de Corporation. Una derrota digna y que le reportó 7,8 puntos de rating a la micro-alianza entre precandidato y el Canal 13.

ucr_e_carrera_2_izqda

Sanz aceptó la invitación, aun cuando llegara en un momento de alerta roja dentro de la guerra fría del Frente Amplio UNEN. El programa se grabó un jueves y se emitió el sábado siguiente. Y en ese lapso, el sector de la UCR representado por Cobos y Alfonsín, contrario a una alianza con el PRO, había forzado a Sanz a convocar una reunión urgente para ese lunes en el municipio de San Fernando.

 

Pero más allá de esa mini-crisis, lo cierto es que desde la salida de Raúl Alfonsín del gobierno, la UCR nunca volvió a ser el partido protagonista o directamente dominante que fue durante muchos años. En los ochenta, con el primer triunfo frente al PJ, se instaló la posibilidad de un sistema bipartidista clásico. Sin embargo, en los noventa quedó claro que a la UCR le resultaba cada vez más difícil jugarle un mano a mano al peronismo. La Alianza, apuntalada por un FREPASO emergente, renovó la ilusión bipartidista, y hasta las expectativas de convertirse en un espacio que articulara al mundo no peronista. Pero la victoria fue pírrica.

 

El desastroso gobierno de De La Rúa condicionó al radicalismo hasta la fecha. El 2001 parió un partido que, incluso convocando a viejos socios e hijo pródigos, hoy no consigue liderar una fracción no peronista y no populista del electorado. Y esa realidad, a su vez, alimentó una serie de imágenes muy perjudiciales para la UCR: la de un partido regado de internas, con líderes grises y a lo sumo honestos, pero a los que de ninguna manera se les delegaría la conducción de un país.   

 

Ante esa caracterización tan difundida entre los humoristas radiales, Sanz aprovecha cada instancia pública para presentarse como un dirigente más técnico que ideológico, perfilado hacia lo techie y no por eso menos radical. Pero previo a ese objetivo, el presidente del primer partido de masas de la Argentina cree que necesita algo más básico para sostener su candidatura y cotizar mejor a la UCR: que lo reconozcan un poco más en la calle.


 

Ricardo Alfonsín dejó de fumar hace tres meses. Está ansioso y está enojado con las indefiniciones de Sanz sobre el posible acercamiento al PRO. Come un rollito de jamón crudo y después un cuadrado de queso Mar del Plata. Se desploma sobre el sillón marrón de su despacho en el Congreso, pero enseguida se arrima hacia adelante y sube a tope esa voz susurrada de fumador histórico.

 

“No es lo racional que las fuerzas que no piensan igual estén juntas. ¡Eso no es racional! Y los que lo plantean yo no sé si no se dan cuenta que no es racional. Porque cuando nos quieren sumar a nosotros al PRO, están diciendo eso: fúmense a los que piensan distinto”, protesta el último candidato a presidente de la UCR, y quien ahora hace campaña por Cobos.

 

-A veces pienso que, siendo tan fácil poner fin a ésta discusión que se está dando por los medios, no se le pone fin porque no se quiere.

 

-¿Qué representa ideológicamente UNEN?

 

-Están tan manoseadas las palabras, tan desgastadas, tan mal usadas, pero progresista, de centro izquierda, al mismo tiempo republicano y democrático, eso queremos seguir siendo y no solamente para esta elección.

 

-Pero dentro de la UCR y de UNEN hay distintos sectores y perfiles.

 

-Es cierto que hay diferentes alas. Hay una más de centro izquierda y un ala de centro que puede ser minoritaria. El problema es la relación de fuerzas que existe. Y el ala mayoritaria en la UCR es la corriente de pensamientos social demócratas y progresistas.

ucr_e_carrera_3_caja

De pantalón crema, mocasines negros y camisa apijamada con dos lapiceras en el bolsillo del pecho, Alfonsín piensa que el discurso de Sanz esconde una grieta profunda, y que conecta con las divisiones fundantes de la UCR: Alem contra Mitre, personalistas yrigoyenistas vs antipersonalistas, y la Unión Cívica Radical del Pueblo balbinista vs la Unión Cívica Radical Intransigente de Frondizi.

 

Ante esa acusación contra sus correligionarios, el sector de Sanz le recuerda su alianza poco principista con Francisco de Narváez, que fue candidato a gobernador bonaerense en la boleta de Alfonsín. Con Javier González Fraga como vice, Alfonsín quedó tercero detrás de Hermes Binner, con un 11,14% de votos.

 

Por fuera de esa puja personal y hasta existencial entre Alfonsín y Sanz, circula un viejo debate sobre la identidad radical, por más que hoy día que no se plantee cómo un debate real.  

 

En caso de que exista esa esencia ucerreista, sólo podría corresponder a una especie de linaje ideológico propio, y no a una base social radical. Porque sólo el peronismo, y no exento de problemas, sostuvo algo parecido a un núcleo de votantes fieles. El resto de las fuerzas fue víctima de una metamorfosis de representación, es decir, un electorado demasiado volátil y poco afectivo.

 

Para Ricardo Alfonsín, queda claro que UCR es sinónimo de centro-izquierda. También lo era para su papá Raúl. Pero la última gran voz partidaria en 1986 agregaba que “si el peronismo tuviera el mismo concepto de democracia que nosotros, sería casi el radicalismo”.

 

Dando por cierta esa caracterización de Raúl Alfonsín, la pregunta es qué queda de esa definición cuando el dilema que cruza a la sociedad ya no es autoritarismo versus democracia.


 

¿Qué se guardó para sí el radicalismo en tiempos de paz y democracia constituida? Esa frase antecede al menemismo, cuando Alfonsín asumía que los dos movimientos representaban ciertas ideas reformistas o progresistas, pero con formas diferentes de llevarlas a cabo. El elemento distintivo, entonces, era la ponderación de la democracia: para el radicalismo era el medio y el fin, tal como se desprende de la máxima alfonsinista sobre la democracia, con la que supuestamente “se come, cura y se educa”.  

ucr_e_carrera_4_izqda

Felizmente alejado de la entrega física que demanda una campaña, período que siempre padeció, ahora Ricardo hincha por el ex vice de Cristina Kirchner: “Cobos dice que nosotros no podemos ir con el PRO. A mí me tranquiliza cuando escucho cosas tan categóricas frente a ciertas indefiniciones”.

 

-Ante esa flexibilidad, tanto de la UCR como del peronismo, ¿no existe el riesgo de que sean sellos vacíos de contenido?

 

-Sin ninguna duda. Está pasando en el mundo. La política está en crisis: se manifiesta como una crisis de representación, pero es mucho más profunda, es de significado, de potencia, de relevancia.

 

-Si la UCR no llegara a ganar las elecciones en 2015, ¿se puede diluir como identidad partidaria?

 

-No, nosotros estuvimos sin gobierno desde el 30 al 63 y del 63 al 83. Además, ¿el que gane va a ganar todas las elecciones que hay entre los dos mandatos? Y por otro lado, los partidos no dependen sólo de ganar elecciones.


 

Emiliano Yacobitti, presidente de la UCR porteña e incombustible operador de Franja Morada, mira a 1500 universitarios reír en el Aula Magna de la Facultad de Medicina. En el pasillo central de ese enorme salón de la UBA, “Yaco” y los legisladores porteños Juan Nosiglia y Hernán Rossi arman una mini-ronda de análisis y felicitación mutua por el éxito del evento. De parados, contemplan orgullosamente cómo descolla en el escenario el candidato que apadrinan.

 

“Somos tan cortoplacistas, que una vez me preguntaron: ¿cómo hacemos para volvernos un país largoplacista ya?”, relata jocosamente el diputado Martín Lousteau, la esperanza blanca, tecnócrata y cool que cayó casi por sorpresa en el universo radical.

 

A mitad de camino entre la conferencia magistral, la charla TED y el stand up, Lousteau y el neurocientífico Facundo Manes, quien a su vez atendió como médico a Cristina Kirchner en el Instituto Favaloro, dan una charla sobre los vicios del corto plazo.

 

 ucr_e_carrera_5_col

 

Después de su breve pero intensa experiencia como ministro de Economía de Cristina Kirchner, Lousteau merodeó el PJ de la mano de Felipe Solá y hasta coqueteó con el massismo. Pero lo más importante para su carrera fue que se reinventó como un divulgador muy simpático y eficaz de temas económicos: fue best-seller y columnista del masivo programa de radio de Andy Kusnetzoff. Saltó el cerco del microclima e hizo de sí mismo su principal capital.

En ese viaje, consiguió desengancharse de los anquilosados partidos políticos, y ni siquiera quedó preso de una identidad política clara. Desde esa autonomía, que es otro síntoma de la crisis de los partidos, Lousteau ancló temporalmente en el Frente Amplio UNEN. Y aunque cuenta con el apoyo de la estructura del radicalismo, su respaldo específico es el de una tribu subterránea y algo oscura: la de los míticos Enrique “Coti” Nosiglia y Chrystian Colombo.

 

Así, por más alma libre que parezca o que efectivamente sea, para el slang radical Lousteau es del Coti. Y ahora mismo esa pertenencia se expresa en el goce interno que experimenta Yacobitti, mientras camina maradonianamente por los pasillos de Medicina y controla todo a golpe de vista. Y cuando la charla termine y la dupla Lousteau-Manes se entregue durante una hora más a la ceremonia del post-acto, regalando firmas, fotos y consejos exprés, Yacobitti ahí estará.

 

El nosiglismo, con Yaco como una especie de chaperón punteril, impulsa a Lousteau como candidato a jefe de gobierno porteño, pero a su vez alienta una PASO con los candidatos del PRO. Algo parecido a la idea de Sanz.

Con un perfil parecido al de Lousteau en cuanto a su condición de out-sider y divulgador best-seller, Manes tiene menos roce político. Pero en cada asado, en cada charla en persona o por celular, su amigo Sanz le insiste con que sea candidato a gobernador bonaerense, un puesto que sigue vacante ante la negativa cerrada de Stolbizer. Y si no es en la provincia, el sector de Sanz se conformaría con postularlo en Capital, o incluso para una banca en el Congreso.

 

“Estamos obsesivos con lo mediato y con el pasado. Los argentinos tenemos que obsesionarnos más con el futuro”, afirma Manes desde el escenario del Aula Magna, y alimenta la esperanza de que finalmente se postule para algo, cualquier cargo que traduzca en votos radicales su carisma y su fama.


 

Los deseos políticos de Sanz para el 2015 son los siguientes: ser presidente; que algún radical sea presidente; sumar la mayor cantidad posible de gobernadores, intendentes y legisladores. En base a esas mandamientos construye un discurso amplio y sin fronteras, salvo para todo lo que sea peronismo kirchnerista. Ahí el speech de Sanz se vuelve intransigente y por momentos políticamente incorrecto, lo que a su vez cumple el objetivo muy buscado de volverlo noticiable. Como cuando opinó que la Asignación Universal por Hijo se iba por la canaleta del paco y el bingo; una afirmación que lo consagró como el archi-enemigo radical de 6,7,8, en un enfrentamiento que es pura conveniencia mutua.

ucr_e_carrera_6_dcha

Lejos del PJ, en cualquiera de sus versiones, y con el PRO de Macri como referencia nítida hacia su derecha, Sanz consiguió seducir a un equipo de profesionales liberales de alrededor de 40 años, cotizados en el mercado de la empresa privada y no necesariamente criados en hogares radicales: Agustín Campero, Esteban Schmidt, Levy Yeyati, Nicolás Dujovne, Lucas Llach y Gonzalo Barra, entre otros.

 

Por si las dudas, su mesa chica guarda un lugar para dos veteranos de expertise probada, tanto para la rosca político-mediática como para volverlo más creíble ante el poder económico: Jesús Rodríguez y González Fraga. Porque si bien la UCR casi no tiene presencia en el mundo de los gremios y las organizaciones sociales, y tampoco cuenta con un candidato taquillero en la provincia de Buenos Aires, ni en distritos clave como La Matanza, Sanz logró ser el candidato más aplaudido por los grandes empresarios en el último coloquio de IDEA.

 

Sanz además incorporó sin resistencia los consejos modernizantes que le propusieron. Al asumir la presidencia de la UCR, alentó el desarrollo del sello “UCR innova”, y también el rediseño del cuarto piso del Comité.

 

En contraste absoluto con la estética general del edificio, el espacio en el que atiende Sanz es un intento de google político. Eso sí, uno más humilde que la réplica de google que consiguió el macrismo en la sede PRO de Balcarce y Belgrano, donde hay muchas más computadoras Macs y hasta una mesa de ping-pong. En la base sancista de Alsina y Entre Ríos, el empapelado es turquesa y las sillas son de diseño; hay un puf para relajarse o cranear relajadamente en un rincón, un juego de dardos sobre una plancha de corcho en la pared, un cuadro pop de Bill Murray, arengas conceptuales en inglés, y hasta un tender con fotos colgadas en ganchos de madera. Camuflado entre militantes sub-30, mitad hombres, mitad mujeres, todos vitales, creativos y guapos, aparece un Sanz inusual. Descontrolado y con la lengua afuera.

 

Los demás pisos preservan su aire museológico y solemne, cargado de plaquetas conmemorativas y bustos de los próceres propios. En varios sectores también hay pintura descascarada y humedad en las paredes.

 

La estrategia comunicacional de Sanz se compone de una política muy creativa en la jungla de las redes sociales, orientada a ganarse la simpatía de las clases medias politizadas, sumada a la lucha diaria por colar notas que lo mencionen en los grandes medios. Y si es posible, que no lo citen para reforzar burlonamente la impresión de que el Frente Amplio UNEN es un cabaret.

 

“El radicalismo sufre básicamente en los distritos más grandes del país, en donde la cuestión mediática tiene mucha influencia. Y los errores de los radicales aparecen siempre y esto construye conciencia. El modo en que se procesa y se da información… Errores propios más propagandización de los errores”, nos comenta presidenta de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR), que vendría ser el órgano legislativo de un partido que se jacta de su debate interno, Lilia Puig de Stubrin. Rubia y elegante, a la oficina de Puig en el Comité todavía no le llegó el tuneo vanguardista.

ucr_e_carrera_7_bis_izqda

La audaz apuesta de Sanz se ejemplificó en la convocatoria del radicalismo a la última marcha del 24 de marzo, a 38 años del golpe del 76. Lejos de la retórica más ritualizada sobre la dictadura, incluso lejos de la tradición más dialoguista del alfonsinismo, el afiche mostraba a Cristina Kirchner sobre la pregunta “¿Qué hiciste por los derechos humanos últimamente?”. Y esa misma convocatoria, que rápidamente se viralizó en las redes, a su vez se respondía: “51 muertos en Once. Persecución a los Qom. Apoyo a la represión venezolana. Milani. El Estado sigue golpeando. Por eso también marchamos el 24 de marzo”.


 

El subsecretario general de la Presidencia tiene una foto de Raúl Alfonsín sobre su escritorio. Alfonsín, él y un ex diputado radical que le retiró el saludo desde que se pasó al kirchnerismo. Gustavo López es uno de los pocos radicales K que sobrevivió a los intentos oficialistas de Transversalidad, en 2003, y de Concertación Plural en 2007.

En su oficina con vista a la Plaza de Mayo, ubicada a pocos metros del despacho de Cristina Kirchner, López también tiene un retrato de la presidenta y una foto autografiada de Raúl Bernao, un wing derecho de Independiente de la década del sesenta.

 

“El costo interno que pagué fue pelearme con la tradición, con mi propia simbología, la marcha, los colores rojo y blanco, el escudo. Eso yo lo tenía muy adentro, pero lo tenía adentro cuando los que conducían realmente me representaban”, opina López, actual candidato a jefe de gobierno porteño. Y cuando algún radical lo acusa de traidor en facebook o tuiter, algo que todavía ocurre, López le responde: “Yo no traicioné mis ideas en todo caso te quedaste en un partido conservador”.

 

En 1973, cuando estaba en cuarto año del Colegio Nacional Buenos Aires, fundó junto a otros compañeros la Juventud Radical Revolucionaria, una agrupación que estaba la izquierda de la Juventud Radical, antecedente de lo que se sería la Junta Coordinadora Nacional. Para 1983, ya todos eran alfonsinistas y estaban encuadrados en la Coordinadora. Después fue funcionario de la Alianza y del gobierno porteño de Aníbal Ibarra, hasta que 2007, antes de dejar la Presidencia, Néstor Kirchner lo nombró director del Sistema Nacional de Medios Públicos.

ucr_e_carrera_7_caja

López, entonces, llamó a Alfonsín para invitarlo a su asunción. “De muy buenos modos me dijo que prefería no venir para que no se confundiera con un aval al acuerdo entre un sector del radicalismo y el kirchnerismo. Pero Alfonsín hubiese querido un acuerdo de partido a partido. No se dio, pero su actitud tampoco era `te expulso´. Era de `seguí jugando y vemos después cuando nos juntamos´. Ahora la dirigencia rompió todo código”.

 

-¿Te seguís sintiendo radical?

 

-Yo no me puedo sentir radical de la UCR porque no me representa. Sí me puedo sentir alfonsinista, y me siento kirchnerista también, y no lo vivo como una contradicción. Digo: todo esto que en 1983 lo representaba éste tipo, ahora lo representa ésta mujer, con más cosas todavía.

 

El periplo de López revela que la UCR estaba más cómoda cuando el menemismo se llevó puesto al peronismo hacia la derecha. Pero cuando el kirchnerismo ocupó el casillero progresista, aunque a veces sea pura retórica, la UCR ya no pudo orientarse. Un gobierno peronista que se autoubica en la centro-izquierda, y encima gobierna en condiciones macro muy favorables, le deja muy poco espacio de maniobra. Frente a ese panorama, el menú de opciones para la UCR se volvió poco atractivo. La primera fue mantenerse en la centro izquierda de modo casi testimonial. Porque si bien hay un notorio espacio a la izquierda de Cristina Kirchner antes de chocar con la pared, quizás no sea lo suficientemente amplio, o tal vez no esté a la altura de las históricas ambiciones del partido. Otra posibilidad fue girar hacia la centro-derecha. Y la última fue recostarse sobre la democracia como medio y fin: el discurso de la institucionalidad, a veces demasiado abstracto para la ciudadanía.

 

En general, entonces, la estructura del partido eligió una combinación entre la segunda y la tercera. Lo que a su vez generó que la UCR se astillara varias veces.

 

El primer éxodo del radicalismo antecedió al kirchnerismo y estuvo vinculado al derrumbe de la Alianza. Por centro-izquierda, se fue Elisa Carrio hacia el ARI y sus sucesivas creaciones partidarias; y por derecha surgió la figura de Ricardo López Murphy y RECREAR.

 

Sin embargo, otra oleada surgió después de la consolidación del kirchnerismo. Ahí primó la salida por centro-izquierda: Margarita Stolbizer y la creación de GEN, y la CONCERTACION FORJA de Gustavo López, cercana al kirchnerismo.

ucr_e_carrera_8_dcha

Para Stolbizer, hija pródiga de la UCR bonaerense, el punto de quiebre con su ADN partidario también se dio en 2007. En particular, cuando el radicalismo presentó una fórmula presidencial compuesta por un técnico peronista como Roberto Lavagna, más Gerardo Morales como vice. “Muchos sentimos que no nos expresaba el acuerdo con Lavagna”, recuerda Stolbizer en un cruce picante por mail.  

 

“Lo hicieron los mismos que hoy arman el acuerdo con Massa. Todo demuestra que no han cambiado. Algunos llevan al partido a repetir errores. No se pueden definir estrategias nacionales con miradas locales buscando afirmar territorio a costa de la mirada general”.

 

-¿Por qué?

 

-Porque las ideas y vueltas, las contradicciones y los acuerdos en contra de la identidad partidaria impactan más en la provincia de Buenos Aires que en ningún otro lado. Y después eso tiene su costo, porque sin esta provincia no hay proyecto nacional.

 

Entre 1987 y hasta 1999, la UCR sólo conservó dos intendencias en el conurbano bonaerense. Se recuperó en 1999 con la Alianza, etapa en la que Stolbizer fue una diputada crítica de los volantazos internos, pero desde 2003 desapareció del mapa del conurbano. Y no sólo perdió las intendencias, también redujo su cantidad de votos para cualquier cargo. Aún así, la UCR conserva un alto poder territorial. Pero a su vez ese capital se redujo, y si bien le alcanza para sobrevivir, no parece ser suficiente para llegar a la presidencia.

 

Así como hubo radicales K, Stolbizer pronostica un futuro cercano con radicales M, ya sea por Macri, por Massa o por los dos. “Hay riesgo de una nueva dispersión, en la que algunos terminen acompañando candidatos de otros partidos, y el radicalismo no pueda participar con una identidad ni con candidatos propios”.


 

Sanz sonríe detrás de una Mac gris y nos responde vía Facebook. “El camino es largo, la Coalición Cívica sigue en el Frente Amplio UNEN”. En el colorido cuarto piso del Comité Nacional de la UCR, la mesa de análisis del partido concluyó que ni siquiera había que mencionar a Elisa Carrió y, entonces, Sanz elude teclear el apellido de las dos sílabas explosivas.

 

Unas 48 horas después de que la diputada anunciara su renuncia a FAUNEN, acusando de mediocres y narcos a sus ex aliados, Sanz contesta por FB preguntas de seguidores, militantes, provocadores y algunos periodistas. “No hay que perder de vista los verdaderos adversarios, que están en la Casa Rosada”, nos asegura, y cierra con un “saludos”.

 

Sin perder la calma ni salirse del libreto preestablecido, un Sanz de camisa blanca evita cerrarle definitivamente la puerta al PRO. “¿Puede afirmar que no vamos a ir con Macri?”, lo encierra un tal Mer Cuevas, y Sanz cinturea: “En San Fernando quedó bien claro el camino: fortalecer la UCR y el Frente Amplio UNEN”.

 

Más allá del futuro que imagine para sí mismo, Sanz entiende que el discurso de los límites ideológicos es decodificado como mezquino y demodé por parte del 70% de la sociedad. Y el 30% restante es clientela kirchnerista, ante la cual ni vale la pena el esfuerzo de la seducción socialdemócrata. Un esfuerzo que sí realizan Alfonsín, Cobos, Hermes Binner y Stolbizer.

 

“Esperamos que Cobos y Binner mejoren su campaña. Eso nos beneficiaría a todos”, nos comentará amablemente el vocero de la UCR, Agustín Campero, hijo del histórico funcionario de Raúl Alfonsín, mientras nos hace un tour por el Comité.

 

Con esa lógica, el jefe de la UCR permite o directamente alienta las foto-alianzas entre Sergio Massa y los dirigentes provinciales con chances de coronar una gobernación, como el jujeño Gerardo Morales, el tucumano José Cano y el neuquino Horacio “Pechi” Quiroga. Así, con un liderazgo interno de mano blanda, el senador consigue que el 90% de la estructura radical le responda, lo que de ninguna manera significa que los candidatos a gobernadores vayan a matar por Sanz. Y mucho menos que vayan a morir por él.

 

En favor de Sanz y de la UCR se puede decir que es el único partido opositor con despliegue nacional, que tiene intendencias propias, que comparte gobernaciones y posee el bloque legislativo más importante por fuera del universo peronista. Y hasta se puede asumir, con algo de optimismo, que 2015 el radicalismo irá por más.

 

En concreto, hoy cuenta con 584 intendencias, (aproximadamente el 30 % del total); apenas una gobernación (la de Corrientes), 40 diputados nacionales (15,5%) y 14 senadores nacionales (19,4%). Y si bien son porcentajes importantes, son claramente menores a los que ostentó en sus mejores momentos: un promedio de 36% de intendencias entre 1983 y 1999; un promedio de alrededor del 34% de legisladores nacionales entre 1983 y 2003; y en relación a las gobernaciones por lo general tuvo entre 5 y 7 – con la excepción de 1987, con sólo dos gobernadores.

 

Así, el radicalismo se convirtió en un partido mediano dentro de un sistema con predominio del PJ. Es capaz de mantenerse de pie y ser uno de los principales satélites del eje justicialista, pero es cada vez más dependiente de la posibilidad de reunir a todo el espacio no peronista para triunfar. Y ese tipo de gran coalición requiere circunstancias demasiado especiales.

ucr_e_carrera_10_izqda 

Además de presentarse como un club de socios anti-kirchneristas, FAUNEN se postula como un sector ideológico de centro-izquierda. Una auto descripción favorecida por el dato de que ahí, ante esa clientela a la que se le habla con el corazón y no tanto con el bolsillo, el kirchnerismo mermó su capacidad articuladora. Pero aún con ese handicap, la promesa Faunística de encarnar a la centro-izquierda, enunciada con distinto énfasis por parte de sus integrantes, no parece ser garantía de éxito electoral.

 

Por otro lado, y en contra de una percepción muy instalada, el festival de pujas, recelos y operaciones de FAUNEN no responde necesariamente a tensiones que surgen de la relación entre los territorios (las provincias y las intendencias) y la estructura “nacional” del partido.

 

Al contrario, dentro de la UCR existe un amplio consenso sobre la posibilidad de habilitar coaliciones sub-nacionales, tanto en link con Massa como con Macri.

 

Eso sí, esa libertad del juego provincial implica una confesión algo resignada: la ausencia de un liderazgo propio que pueda ordenar desde lo nacional. Pero al mismo tiempo, ese laissez faire territorial parece ser una estrategia acertada, desde una mirada pragmática.

 

Porque si hubo una práctica consolidada en los últimos años, esa fue el desdoblamiento electoral de las arenas provinciales y nacionales. Y en ese marco, el radicalismo tiene todo por ganar: recibe el apoyo de un líder nacional popular sin candidato propio en el territorio y entrega un pagaré difícil de cobrar. Esa es la apuesta de Morales, Cano y Martínez, avalada por Sanz.

 

Entonces, las fricciones respecto a las alianzas responden más a las distintas miradas que existen en la conducción nacional. El cobismo-alfonismo, por un lado, confía en que el ex vicepresidente bien podría garantizar un arrastre ascendente en los territorios con chances. Cobos reúne los requisitos básicos: es conocido, mide más que cualquier otro postulante propio; muy a su manera, es articulado y carismático.

 

Ese sector asegura que si la UCR se encolumnara detrás del ex gobernador de Mendoza, la UCR podría sostener su esquema de poder actual y hasta quizás ampliarlo. Y en caso de que no alcanzara para agarrar la sortija presidencial, una PASO de Cobos contra Binner dejaría a la UCR en una posición digna para esperar pacientemente por la próxima ronda.

 

La dupla Sanz-Morales, en cambio, no se conforma con esa hipótesis, ni termina de confiar en el ex vicepresidente de Cristina Kirchner, a quien expulsó “de por vida” en el 2007. Desde su genuina convicción radical, Sanz busca ayuda externa para  salir de una buena vez de este largo invierno. Pero de tanto que intenta sacar a la UCR de la mitad de tabla permanente, termina tensionando a todo FAUNEN. Lo que a su vez multiplica la impresión de que el radicalismo se dobla, se astilla, se divide y se rompe, ante la indiferencia de las mayorías.


¿Te gustó la nota?

Suscribite al boletín de Anfibia

AUTORES

LECTURAS RELACIONADAS