El diputado chileno del Partido de Renovación Nacional Rosauro Martínez Labbe fue detenido ayer acusado por el crimen de tres miristas ocurrido en Neltume en septiembre de 1981. En una Santiago nubosa y desconcertada por el sonido de las bombas, la cárcel para el militar llegó en un día simbólico. Hoy, hace un rato, luego de pagar una fianza de 300 mil dólares, fue puesto en libertad provisional mientras dure el proceso.



En medio del frío, del miedo por el bombazo anónimo del lunes en el barrio alto de Santiago que dejó una decena de heridos y una campaña de terror iniciada por los medios de comunicación para subir el rating, llegó un nuevo 11 de septiembre. Fecha simbólica para este país dividido. La portada de un diario de derecha, La segunda, tituló “El retorno del miedo”. Desde entonces, para algunos crédulos y no tanto, un viaje en metro se convirtió en lo impredecible.

 

Hoy sería el Chile del 11  con “desmanes” la postal de un bus del Transantiago ardiendo entre llamas, las barricadas en Avenida Grecia y el silbido de las balas en Villa Francia. Uno como tantos otros, algo a que los chilenos están acostumbrados, pero el tenor había subido por el miedo. ¿Y si me tocan a un ser querido? La frase con la que empieza la conversación el taxista, platica obligada en el negocio del barrio…

 

CNN repetía la noticia de la mujer herida en la comuna de  La Granja cuando la alcanzó una “bala loca” y se habló del “lumpen”, de los “encapuchados”, de la “manos dura”. Nota dos: el carabinero herido con esquirlas en el ojo. En medio de esas vueltas de un país incoherente, como pueblo chico, a las  11:30 de la mañana se confirmó la noticia. “El diputado Rosauro está detenido” y todo se detuvo. Parecía una broma, una noticia al boleo en twitter, hasta que el periodista del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior confirmó, lo que parecía que nunca iba llegar.

 

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Era la crónica del día y hoy, día de conmemoración nubosa, se hace un poco de Justicia para quienes conocen de cerca la historia de Patricio Calfuquir, el ‘Peyuco’, un obrero electricista originario de Pitrufquén acribillado sin piedad por Rosauro Martínez. Tenía  28 años y estaba enfermo.  Calfuquir había sido ingresado clandestinamente por el MIR al país como parte de la Operación Retorno y realizaba labores operativas en la cordillera hasta  que junto a dos compañeros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) fue asesinado por 192 militares del ejército.

 

El 20 de septiembre de 1981 el comandante Rosauro llegó hasta el hogar de Floridema Jaramillo y ordenó a sus conscriptos rodear la pequeña casa de madera. Adentro dormían Eugenio Monsalve Sandoval, Próspero Guzmán Soto y  Calfuquir . Su misión era exterminar y no le tembló la mano.

 

Los disparos de “El mosquetón”, apodo que recibía Martínez en esos años por su semblante duro tallado a punta de una carrera precoz. En todo eso,  hoy se encontró un poco de karma. Patricio no estaba en condiciones de defenderse, sin embargo recibió cinco balas a la altura del abdomen. Este 11 de septiembre en el aire se respiró un poco de justicia divina. Se insistió con lo del karma.

 

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Fue pasada las 10:30 de la mañana cuando la jueza Emma Díaz Yévenes, de la Corte de Apelaciones de Valdivia, notificó a Rosauro Martínez por el homicidio calificado de los tres miristas.  De pronto parece llegar el ocaso del ex diputado quién ya había sido  desaforado en junio.

 

En la otra vereda, en ese manto de silencio quedan prendidas las historias como el rostro de Patricio Calfuquir, que vive en su hermana María Elena, y la imagen de ella apretando un pañuelo de emoción. Fue un 13 de junio el frío calaba los huesos, ella llevaba la foto de Patricio colgada en la solapa.

 

A la misma hora de este 11, Carmen Hertz, (emblemática abogada por cruzada contra Pinochet) recibe la noticia. Está sentada en  almuerzo en Punta Arenas, mientras habla de la verdad a medias, verdad relativa, un país donde se conocen los procesos, las operaciones, pero al final verdades inciertas sin rostros, donde los muertos son sólo un número.

 

Será un 11 de septiembre triste para  “El Mosquetón”,  dentro de otros tanto 11 impunes, aunque la jueza Díaz optó por otorgarle el beneficio de la libertad previo pago de fianza. Pese a eso, Martínez deberá esperar encerrado en un recinto militar la respuesta de un Tribunal saboreando el olvido y la impotencia. El capitán está solo, su partido se divide, la mayoría se alegra. Todos creen que fue simbólico. “Justo un 11 de septiembre”, dice Carmen Hertz al teléfono, su  voz tiene tono de festejo.


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