La media sanción de Diputados llegó al Senado con el destino escrito: no hubo glitter, sororidad ni conductores estrellas que rompieran el bloqueo de los sectores antiderechos. Esta vez los celestes se organizaron desde el comienzo gracias al rol clave de Gabriela Michetti.



Fotos: HSN – Anita Pouchard Serra

 

 

—Luis ahora te toca a vos —escribió una concejal formoseña por WhatsApp.

 

—No te preocupes flaca, yo voy a bancar y voy a juntar votos— respondió el senador Naidenoff.

 

Acababa de terminar la sesión en Diputados y el proyecto de Interrupción voluntaria del embarazo tenía media sanción. La concejal le pedía al radical que ocupara el rol de sororo, aquel que emprendió Daniel Lipovetsky durante la primera etapa del debate.

 

Cuatro días después, cuando el Senado iba a iniciar el proceso de tratamiento parlamentario, la esposa y un hijo del senador de Cambiemos murieron intoxicados por monóxido de carbono en su casa de la capital de Formosa. La tragedia puso en pausa la recolección de votos en las filas radicales y la Juventud del partido lo marcó: la mesa nacional rechazó la decisión de los nueve senadores radicales que anunciaron su postura contra la ley con una toma del comité central de la UCR. “No tomamos nada porque es nuestro”, dijeron las jóvenes verdes y radicales. La tragedia familiar provocó una pequeña tragedia política para este proyecto: el radicalismo fue el bloque que más votos sumó al rechazo, un total de 9 sobre 12. Naidenoff, que lleva casi una década en la banca, recién se incorporó a la vida parlamentaria la última semana de las reuniones de comisiones. Su discurso de cierre recibió aplausos en las redes sociales.

 

La falta de un conductor o conductora de corbata verde no fue la única diferencia con el proceso en la Cámara de Diputados y Diputadas. Esta vez no hubo presencia de referentes feministas, ni de actores sociales, protagonistas en las negociaciones de la madrugada del 14 de junio. “Es que Diputados es una estudiantina. El Senado no”, dijo un asesor de muchos años en el palacio. Tampoco hubo glitter, ni pañuelos verdes, ni diputadas sororas, ni todas las periodistas feministas, ni la historia de la lucha por los derechos humanos, ni el derecho a decidir. Gabriela Michetti puso en práctica un bloqueo compacto tan eficiente como implacable. Sin resistencia organizada para sortear cada dificultad que la vicepresidenta convirtió en cruzada; sin Naidenoff al frente de los que apostaban a la ley; con Cristina Fernández de Kirchner a favor pero en su silencio de campaña y sitiada por la última causa del juez Bonadío en su contra, el debate se sabía opaco, el escenario seguro de una derrota.   

 

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Tenés que votar por el aborto legal para todas las mujeresle imploró Nora Cortiñas a la presidenta del Senado cuando se cruzaron en las rampas de acceso.

 

Norita vos sabés lo mucho que te respeto pese a las diferencias, yo no voto hoy. Dejame que te dé un beso—le contestó.

 

Tenía razón: no iba a ser necesario que la vicepresidenta interviniera. El resultado fue el pronosticado, como si el guión de las más de 15 horas de sesión ya hubiese estado escrito y los y las senadores fueran intérpretes de una historia con final anticipado.  

 

Luego del encuentro, a las cinco de la tarde, el personal de seguridad le informó a la madre de Plaza de Mayo que no podía pasar al recinto. Tuvo que interceder el senador Pino Solanas, que la invitó a su despacho en el tercer piso. Más tarde pudo entrar al sector de prensa en el Salón de las Provincias: las periodistas recibieron su visita como un remanso verde, una de las pocas situaciones emotivas en el medio de un operativo de seguridad desmedido.

 

El artículo 219 del reglamento del Senado regula los “desórdenes” y señala que “No están permitidas las demostraciones ni manifestaciones a favor o en contra. Este es un espacio de intercambio respetuoso de todas las posiciones”. Con ese argumento los empleados de seguridad evitaron que periodistas y activistas circularan con el pañuelo verde dentro del recinto: durante los plenarios de comisiones, conferencias de prensa y en la sesión se los tuvieron que sacar para poder entrar.

 

¡Sigan a las diputadas! gritó un hombre de seguridad del Senado por el Handy.

 

A las 10 cuando aún sonaba el timbre que convocaba a los y las senadores llegaban al Senado las diputadas sororas Victoria Donda, Carla Carrizo, Karina Banfi, Malena Galmarini, Lucila De Ponti y Araceli Ferreyra, entre otras. Todas llevaban su pañuelo verde y, cuando quisieron entrar, un guardia de seguridad las detuvo. La discusión fue cuerpo a cuerpo.

 

Ni se te ocurra tocarme se plantó Galmarini.

 

Vieron la sesión en la oficina de Lospennato que les dio refugio, luego en un bar y más tarde en la calle. Se mojaron con la lluvia y varias veces se mezclaron en la multitud, al igual que lo habían hecho el 13 y 14 de junio cuando les tocó votar a ellas. Solo que esta vez se fueron sin ley.

 

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La escena se repitió a la madrugada. Estaban por empezar los discursos de cierre; era el turno de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando a la diputada del Frente para la Victoria (FpV) Mayra Mendoza la sacaron escoltada por dos mujeres de seguridad. Le dijeron que era orden de Michetti. El periodista Mariano Obarrio, uno de los referentes de los grupos anti-derechos, observaba la situación y se reía.

 

El mismo festejo cercano a la burla fue imposible de disimular en boca de la presidenta de la Cámara. Gabriela Michetti confirmó que su plan se cumplía y a las 2.44 de la madrugada sin esperar que apagaran el micrófono celebró como una hincha de fútbol:

 

—¡Vamos todavía, vamos!

 

Los 38 votos de rechazo que ya circulaban como número final desde la mañana se volvieron la cifra que clausuró, por ahora, un proceso parlamentario con un ejercicio pedagógico y de democracia inédito en la historia. Hasta ese momento, el aborto nunca había estado tan cerca de convertirse en ley.

 

“Como me gustaría que no hubiera vallas para que escucháramos sus voces sus cantos, su alegría, que lamentablemente hoy vamos a hacer caer una ley que reconoce el derecho”, dijo 15 minutos después de la medianoche la senadora María Magdalena Odarda, del partido RIO, con el pañuelo verde rodeando su muñeca. Fue uno de los pocos que se vio en el recinto. En las calles la marea verde crecía y le hacía frente a la lluvia. Los cantos y el ruido que entraban al Senado eran, en su mayoría, de los grupos antiderechos y celestes que estaban sobre la calle Hipólito Yrigoyen con un equipo sonoro potente y una convocatoria más amplia que la de Diputados.

 

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Durante casi 17 horas el clima puertas adentro se mantuvo en la misma monotonía, como una estampa de la situación que viven mujeres y personas gestantes desde 1921 y que el Congreso decidió bloquear.

***

La sesión tuvo un ritmo de trámite burocrático. Todo fue previsible: un debate encarnado en la anacronía del edificio del Senado que al estar en remodelación parece un museo en obra. Sin demasiadas emociones ni momentos descollantes, algunos discursos que defendieron con vehemencia el derecho a decidir y otros aportaron la cuota de indignación. Como la del senador Rodolfo Urtubey, que dijo: “hay algunos casos en los que la violación no tiene esa configuración clásica de la violencia sobre la mujer”. Pinedo fue el único que se animó a defenderlo para dar cuenta de la corporatividad del patriarcado.

 

Aún cuando el voto era cantado el momento más esperado desde que se armó la lista de oradores fueron los discursos de cierre. Cristina Fernández de Kirchner trazó un recorrido desde Ni Una Menos hasta los paros internacionales de mujeres. Habló de la necesidad de incorporar el feminismo al movimiento democrático, nacional y popular. Y confesó que no fue su hija quien la hizo feminista, sino las pibas que salieron a las calles y pusieron el cuerpo para militar la ley.

 

Después fue el turno de Miguel Ángel Pichetto, el senador verde que se puso al hombro la postura pro aborto legal sin corbata verde ni cuenta de Twitter con real politik. “Los grandes cambios cuando se producen es porque hay un fuerte decisionismo”, dijo. Su pelea estuvo acompañada de otra demanda que se hizo pañuelo: la separación iglesia del Estado. No consiguió la mayoría.

 

En Diputados existió el grupo de WhatsApp de [email protected] [email protected] En la Cámara Alta se armó “Aborto legal en Senado”, un nombre que mantuvo la solemnidad del lugar. Las senadoras que lo armaron no agregaron a varones, solo a sus asesoras mujeres.

 

Fernando Pino Solanas dio uno de los discursos más celebrados. “¿Cómo es posible que acá exista una mayoría que cree que le puede imponer a la mitad o más de la mitad de las mujeres argentinas su mirada y su concepción del mundo?”, preguntó.

 

Beatriz Mirkin, la única senadora tucumana que votó a favor, dio un discurso efusivo. Fue del grupo de senadoras que intervino en los plenarios de comisiones con preguntas concretas y puso frenos cuando los y las expositores anti derechos hacían comparaciones desmedidas o que insultaban a las mujeres. “Me votaron para legislar y la ley puede mejorar las condiciones de vida. En la Argentina se aborta. Acá todo es ‘no’ al proyecto, ‘no’ a las modificaciones, ‘entreguemos los hijos a los nueve meses’. ¿Qué somos la mujeres? ¿vientres? ¿O somos seres humanos con derechos?”, dijo.

 

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No hubo puntos de giro durante la jornada y el escenario de rechazo se sostuvo como una meseta. Solo en algunos tramos se habló en los pasillos de la “alternativa Perotti o Crexell” como la única salida para el destino final: discutir modificaciones que terminen en la despenalización y no la legalización. Finalmente la senadora Lucila Crexell del Movimiento Popular Neuquino se abstuvo, igual que el santafesino Omar Perotti del PJ, que después de estar más de un mes de vacaciones volvió a la arena parlamentaria para obstaculizar con una propuesta que era una especie de fallo F.A.L. convertido en ley.

 

“La situación es el rechazo. Quieren forzar el tratamiento del proyecto Perotti. Necesitan 16 votos celestes. Imposible hasta el momento”, contó una asesora de la oposición desde adentro a las 21 hs. Y confió que hasta el momento solo se habían alcanzado sólo 4 votos para esa opción. “La orden de la Iglesia fue no dejar pasar ni siquiera la despenalización”, agregó.

 

La opción de la despenalización también fue un intento desesperado de voluntades de Cambiemos por alcanzar la sanción del Senado. Durante la semana hubo gestiones que encontraron la negativa rotunda de Michetti y Elías de Pérez, una de las senadoras celestes que estuvo al frente del rechazo. Aunque el rumor de que se trataría luego del rechazo circuló por WhatsApp varias veces durante el día, los verdes nunca lograron juntar los votos.

 

Hubo senadores que no hablaron durante las exposiciones. Otros que dieron el presente casi por única vez durante su mandato. Hubo algunos que votaron en contra aún reconociendo que la ley tarde o temprano saldrá. Quizás sean quienes especularon en relación a las elecciones 2019. En los pasillos se rumoreó que hubo un discurso escrito que no fue leído: el de José Alperovich, que estaba entre los y las indecisos. El texto era a favor de la IVE pero el senador votó en contra sin dar a conocer sus razones.

 

Lo predecible del resultado hizo que Michetti intentara acelerar el proceso. Primero apuró a la senadora de la UCR Pamela Verasay, que pedía unos minutos para terminar su exposición. Como no se los concedió, Naidenoff intervino para que sea más flexible con los tiempos, como suele ser en el Senado. Michetti terminó diciéndole “pelotudo” sin saber que estaba el micrófono prendido.

 

Cerca de las 20.30 la vicepresidenta llamó a terminar la sesión antes de las 22. Decía que se lo habían pedido del Ministerio de Seguridad. A las 21.30 la senadora María de los Ángeles Marilin Sacnun le consultó a Michetti sobre esa sugerencia. La presidenta del Senado contestó con las manos negando toda vinculación y aclarando que fue una sugerencia externa.

 

En los días previos la votación todas las miradas estaban puestas en el poroteo. “Los números no cierran”, se escuchaba una y otra vez desde adentro. La votación de una ley no se trata de ciencias exactas. Además de la voluntad política también entran en juego los imponderables y tragedias personales. Además de la muerte de los familiares de Naidenoff, la senadora puntana Eugenia Catalfamo (Unidad Justicialista) no pudo viaja a votar a favor porque está embarazada y con reposo.

 

Durante los plenarios de comisiones Esteban Bullrich bajó con su termo Stanley en la mano  a cebar mates al resto de los y las senadores en contra de la ley. No hizo intervenciones que se volvieron memes ni levantó demasiado la voz. Sin embargo, fue uno de los hombres clave para articular el rechazo al proyecto.

 

Bullrich tejió la oposición al proyecto de a poco y construyó transversalidad. “Todos Senado Vida” fue el grupo de WhatsApp en el que se comunicaban quienes iban por el rechazo. Durante estas semanas se reunieron periódicamente en el entrepiso de la oficina de Bullrich. Las acciones y estrategias fueron casi una réplica de las que se dieron [email protected] [email protected] en la Cámara Baja.

 

Ya había encarado la misión Mariano Obarrio: cuando terminó la sesión en Diputados organizó a sus aliados por WhatsApp, llevó tranquilidad y se puso al frente de la campaña. El escenario más amable para los celestes en el Senado lo aprovechó también la Iglesia: uno de los asistentes a los plenarios de comisiones fue un cura que formó parte del público el 25 de julio. Y durante la noche del 8A frente a la Catedral metropolitana y en iglesias del país hubo misas para rechazar la IVE.

 

Federico Pinedo también tomó la voz cantante en la última reunión de comisiones. Y Silvia Elías de Pérez y Cristina Fiore Viñuales fueron las voceras de los grupos anti derechos durante el debate. La dupla de villanas llevó sus roles hasta el final.

 

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Antes de viajar a Buenos Aires para votar Cristina Fiore Viñuales pidió que grupos evangélicos, cristianos y católicos la bendijeran en Salta, para cumplir “la voluntad del señor”. En diversas oportunidades la senadora confesó que para ella esta era una lucha personal debido a sus creencias. Cuando se presenta, dice de sí misma “Cristina, la buena” en alusión a Cristina Fernández de Kirchner.

 

A diferencia de Fiore, que no pertenece a Cambiemos, el tandem Pinedo-Elías de Pérez  desarrolló estrategias para consolidar la mayoría de los votos y rechazó hasta las propuestas de negociación que venían de pares del oficialismo. Incluso amenazaron con romper el bloque. El 8 de agosto Elías de Pérez estuvo acompañada por su esposo, Luis Pérez Azcárate, que viajó de Tucumán exclusivamente. La comitiva también incluyó legisladores tucumanos que responden a su línea política y miembros de la campaña “Salvemos las dos vidas” de esa provincia.

 

Desde temprano la senadora habló con los militantes en contra del proyecto del aborto, siempre vestida de celeste. Tras sus intervenciones en las audiencias se convirtió en dos íconos al mismo tiempo: una suerte de rockstar para los y las jóvenes del pañuelo celeste pero también una enemiga perfecta para quienes pretenden la legalización del aborto. Entre selfies y saludos, arengó a que se sigan manifestando en la plaza durante todo el día.

 

En el recinto y los pasillos faltó el glitter pero en las oficinas de los y las senadores estuvo presente. Las heroínas silenciosas que trabajan en los rincones del Congreso pusieron en juego todo lo que tenían a mano. Muchas mujeres que pasan sus días en despachos de senadores que votaron contra las mujeres y personas gestantes armaron grupos de WhatsApp para articular a las senadoras a favor, pasearon por los despachos para hablar con indecisos, se comunicaron con activistas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, gestionaron reuniones para torcer voluntades. Nada alcanzó.

 

Del lado celeste defienden la glorificación de la maternidad como la experiencia femenina más importante, el control sobre el cuerpo y la reproducción de la familia heterosexual. Del lado de la Campaña la disputa es por la autonomía. “El derecho a la felicidad, a elegir, me parece un tema central en una sociedad moderna, plural y abierta”, dijo Pichetto en su intervención. Se trata de que el deseo no coloque a las personas que quieran abortar en una zona de riesgo. Habrá que esperar un año para los tiempos parlamentarios, pero el camino de despenalización ya está en marcha, la conciencia sobre el derecho al aborto como tal es irreversible y a esa zona de riesgo no se vuelve nunca más.

 


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