Las bicicletas blancas enganchadas en señales de tránsito y esquinas guardan un mensaje urgente. Piden justicia por las personas que fueron atropelladas mientras pedaleaban. Los más libres y frágiles del asfalto exigen un nuevo paradigma en políticas viales para que moverse en bici sea seguro.



Fotos, drone y video: Guillermo Movia y Tomás Pérez Vizzón.

 

 

-Si ella no está, ya nadie la va a usar- dijo la madre de Isabel “la Japo” Arce Vera (46) cuando donó la bicicleta de su hija para que la pintaran de blanco.

 

El 10 de enero, un colectivo de la línea 26 atropelló y mató a “la Japo” mientras pedaleaba por una ciclovía. Marcelo Calderón, de Masa Crítica, se acercó hasta la esquina de Valle y Del Barco Centenera, donde fue el accidente. Los vecinos le contaron que el colectivo que chocó a Isabel venía a 60 km/h, y que el chofer peleaba con un motociclista. Marcelo visitó a la familia de la víctima, incluso lo invitaron a una reunión de despedida para recordarla. Aunque no la había conocido en persona, la mamá de Isabel lo recibió como un amigo.

 

La idea de la bicicleta blanca surgió en Amsterdam en los ‘60 como un proyecto anarquista de liberar a las bicis de sus dueños: las pintaban y las dejaban en algún lugar de la ciudad para que cualquiera pudiera usarlas, y así abolir por un rato la costumbre de la propiedad privada. Ahora la bicicleta blanca funciona a modo de homenaje de las víctimas de estos accidentes de tránsito, y les recuerda a los automovilistas que el espacio público se comparte.

 

En Buenos Aires la bici blanca es igual a luto: empezaron a verse con más intensidad este verano, como una alarma. Conviven en el cordón de la vereda con las estrellas amarillas que señalan dónde murió atropellada una persona.

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En lo que va del 2018, en la Argentina murieron 40 ciclistas. A Franco Sánchez (19) lo chocó un colectivo en Pompeya. A Sofía Osswald (26), el 126 en San Telmo: como no aparecieron testigos, la familia y los amigos empapelaron el barrio y las redes sociales con su foto. A estos nombres se les suman los de Cirilo, Gustavo, Andrés, Julio y María.

 

La cantidad de muertes en tan poco tiempo y en situaciones parecidas provocó que grupos de ciclistas convocaran a pedaleadas masivas para pedir políticas de prevención de accidentes viales.

 

-No queremos llevar estadísticas para contar muertes sino para trabajar en cómo evitarlas-, explica Jimena Pérez Marchetta, de Argentina en bici, desde Salta.

 

En nuestro país no hay estadísticas actualizadas sobre esta materia. Por eso a las consignas #EnLaBiciVaUnaVida y #BastaDeViolenciaVial se le agrega “¡Basta de ausencia del Estado!”, propuesta por Argentina en Bici. Esta red federal armó un gráfico con datos colectados de manera autogestiva: durante 2017, el 56% de los accidentes sucedió en una zona urbana y en el 77% de las veces el segundo actor involucrado fue un vehículo con motor.

 

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- No contaminás, no hacés ruido, hacés ejercicio, es un medio de transporte que genera felicidad y placer. Las únicas cadenas que te dan libertad son las de la bicicleta.

 

Matías vive en Chacarita y es músico. Su declaración de amor podría ser un estribillo hitero. Hay que estar convencido, en una ciudad como Buenos Aires, para pedalear por el asfalto, incluso por las bicisendas.

 

En “Elogio de la bicicleta” (2008), el antropólogo Marc Augé escribió: “La bicicleta llega a ser, así, el símbolo de un futuro ecológico para la ciudad del mañana y de una utopía urbana que terminará reconciliando a la ciudad consigo misma. Pero la utopía necesita un poco de fe”.

 

Es la misma fe que tuvieron Sofía, Franco, Isabel, y tantos otros.

 

“Andar en bici implica lograr un equilibrio corporal y desplazarte con tu propia fuerza. Quizás eso explique por qué muchas veces los ciclistas no frenemos en determinadas situaciones. Esto no justifica las malas maniobras, pero a la hora de diseñar infraestructura en ciudades hay que tener en cuenta estas cosas. Yo salgo muy seguro porque no somos una molestia, somos tránsito también”, analiza Leo Spinetto, de Bicivilizados.org.

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La Masa Crítica es un movimiento global de ciclistas urbanos, devotos, que transforman el dolce far niente del paseo, el derecho a la movilidad y el autocuidado en una cuestión política. Los “maseros” se juntan el primer domingo del mes y también las noches de luna llena. Las salidas se organizan a través de las redes sociales. El circuito se decide sobre la marcha. Llegan a ser cientos.

 

Mientras la ciudad duerme, la masa pedalea.

 

“Con el aumento de las ciclovías empezó a visibilizarse la cantidad de ciclistas que nos movemos por la ciudad para dar una vuelta o como medio de transporte. El primer paso está dado”, dice Eugenio, guía de turistas en bicicleta. “Pero la calle está controlada por los autos, por eso es difícil andar. La experiencia de la Masa Crítica cambia el punto de vista y las bicis pasan a ser mayoría aunque sea por una noche.

 

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“Antes de sacar la bici quizás dudo, por fiaca. Es la opción más rápida y efectiva, pero el bajón es que no hay tanto registro del ciclista por parte del peatón ni de los autos. Es como si no tuvieras el mismo derecho de andar por la calle”, reconoce Micaela, periodista que vive en Balvanera. Mientras pedalea, Micaela elabora hipótesis: una, que los que van en auto envidian su osadía y su libertad; dos, que los que pedalean no deben estar sometidos a las mismas normas de tránsito que los que van en auto. Sueña que la cultura del pavimento cambie.

 

Un auto mediano pesa una tonelada. Un colectivo, quince. Si avanza a más de 40 km/h, la mecánica de choque indica que el ciclista – que amortigua el golpe con su cuerpo- tiene pocas posibilidades de sobrevivir, aún si lleva puesto un casco.

 

“Al ciclista le metieron temor para que piense que el casco debe ser obligatorio. Algunos no se pueden comprar uno; además no sabemos si sirve, no están homologados. Si te salvara la vida vendría con la bicicleta cuando la comprás”, dice Marcelo de Masa Crítica.

 

Mikael Colville-Andersen, de la Copenhagenize Design Company, viaja por el mundo dando charlas

sobre planeamiento urbano y la promoción del uso de la bicicleta. Viene de Copenhague, una ciudad con una cultura ciclista tan antigua como ese medio de transporte creado en 1817. Colville-Andersen sostiene que es el discurso del miedo lo que genera la proliferación de objetos de seguridad que sólo benefician a quienes lucran con ello. “Hay estudios científicos que demuestran que el riesgo de lesión cerebral es mayor cuando tenés casco, y que hay un 14% más de probabilidades de sufrir un accidente cuando lo usamos”, agrega.

 

Cuando ocurre una tragedia se tiende a buscar el culpable en vez de pensar quién es el más débil. Por eso, en lugar de plantearles a los peatones y ciclistas que tengan cuidado y presten más atención, se los acusa y cuestiona.

 

“La movilidad es un derecho, y tenemos el derecho a conocer los riesgos para poder hablar de prioridades y responsabilidades. Somos una sociedad acostumbrada a una movilidad violenta”, aclara Néstor Sebastián, licenciado en Accidentología Vial y presidente de la Asociación de Ciclistas Urbanos (ACU).

 

Argentina en Bici tiene un plan: aplicar los códigos de prevención de accidentes laborales. En ese ámbito se sabe que lo más efectivo es eliminar el riesgo y lo menos, aplicar protecciones personales. “Sería interesante trabajar en seguridad vial con este paradigma, además de cuestionar la visión del ciclista como quebrantador serial de reglas. Mucha gente – incluso algunas industrias o grupos de poder- ve a la bicicleta como una amenaza para el vehículo particular. No se dan cuenta que el principal enemigo del coche es el coche. Porque el auto es eficiente y cómodo cuando pocos lo usan, pero cuando se masifica resulta insostenible. De esto se están dando cuenta las principales ciudades del mundo.”

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El ecosistema de la bicisenda tiene su carril sororo. Ahí están muchas de las que agitan la marea feminista reunidas en agrupaciones como Mujeres Sin Freno. Y como Pedaleá como una piba, que tiene su sede en las redes sociales e invita a “mujeres/trans/travas/lesbianas que andan/anduvieron/quieren andar en bici”.

 

Organizan salidas recreativas -como la de “Semana Shanta”- y también de denuncia para pedir justicia por las muertes. 

 

Sobre el día que acompañaron a colgar la bici blanca por Sofía en San Telmo, recuerdan que un Renault que salía de una playa de estacionamiento protestó por el atasco e intervino con la bocina y el pie en el acelerador.

 

-Es el colmo. Estás en el lugar en el que atropellaron a una chica en bici y el tipo nos tira el auto encima a las que estamos en bici. ¡Más respeto, murió una piba!


Daiana de Mujeres Sin Freno e Isma de Pedaleá como una Piba comparan la apropiación del espacio público como una forma más de empoderarse. Y también ahí defienden una convivencia libre y segura. “Todxs los ciclistas sufren violencia en las calles, pero las mujeres la padecemos doblemente”, agrega Daiana, de Mujeres Sin Freno. Reivindican la idea de ir por su cuenta adonde quieran, y llegar. 


 

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La bicicleta es la forma más rápida, fácil y ecológica de transporte en cualquier urbe. A estos atributos, la propaganda del gobierno de CABA agrega: “legítima”, “privilegiada”, “saludable”, “económico” y “amigable”.

 

En 1997 se inauguró el primer tramo de bicisendas en Buenos Aires, pensadas para las pedaleadas recreativas. En 2009, la primera red de ciclovías protegidas, pensada en el uso de la bicicleta como medio de transporte. Hoy, la Subsecretaría de Movilidad Sustentable y Segura tiene como meta para este año extender 23 kilómetros más de ciclovía y en 2019 cubrir 250 kilómetros en total.

 

El área, creada en 2015, funciona en la exfábrica de galletitas Canale, frente al Parque Lezama, y en su planta baja tiene un estacionamiento con lugar para más de cien bicicletas. También cuenta con inflador, dispenser de agua y murales coloridos.

 

“Como estamos incentivando su uso, metimos la bici por todos lados”, cuenta Paula Bisiau, al frente del sector que promueve la educación vial en escuelas, dicta talleres y promueve juegos de roles con choferes de colectivos. También cuentan con un programa que involucra a empresas y ONGs que se comprometen a trabajar e incentivar el tema desde la comunicación interna. “Con Disney, por ejemplo, trabajamos la inclusión de separadores con preguntas sobre la bicicleta y la seguridad vial. No se busca sólo educar en las reglas de tránsito sino en la idea de convivencia, de ponerse en el lugar del otro. Nuestro objetivo es que más gente ande en bicicleta pero, por supuesto, sin correr riesgos.”

 

El gobierno porteño fomenta el uso de la bicicleta como una vía para mejorar la calidad de vida. ¿Pero insiste y educa, con la misma intensidad, en prevenir los riesgos? El Plan de Seguridad Vial 2018-2019 declama como objetivos reducir en un 30% las muertes en accidentes viales, aumentar al 5% los viajes realizados en dos ruedas y alcanzar una aceptación de más del 65% en EcoBici, el primer sistema de transporte público y gratuito de bicicletas amarillas a nivel país.

 

Mientras tanto, Marcelo de Masa Crítica, sigue recibiendo donaciones de cuadros para armar las piezas blancas.

 

- Porque si esto no cambia, va a haber más muertes.

 


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