Muchos senadores y senadoras que votarán en contra del aborto legal reconocen que no los define su convicción personal sino una causa menos épica: la carrera política. Qué planean para contrarrestar el desprestigio de su imagen pública ante el anhelado voto joven. El esfuerzo de las radicales por convencer a sus pares en medio de nuevas definiciones contra la ley. Y la fiesta en la calle, la última esperanza para que los senadores no voten "como monarcas" sino como representantes de una ciudadanía que reclama la autonomía de los cuerpos.



Fotos: Comunicación HSN.

 

“Nosotros no votamos grises”. La frase de Miguel Pichetto retumbó en el Salón de las Provincias del Senado. Lo escuchaban las senadoras y senadores que votarán junto a él por la legalización del aborto, las organizaciones de mujeres y de salud que empujan la ley y las diputadas que hace apenas dos meses consiguieron algo que en la Argentina parecía impensado: que al menos una de las dos Cámaras del Congreso vote para legalizar y garantizar desde el sistema público de salud la interrupción voluntaria y temprana del embarazo.

 

No pasó ni una semana desde el martes 31 de julio pero la hostilidad que se respiró dentro del plenario de comisiones se acrecentó a 48 horas del 8A. Cuando Pichetto habló, el escenario de cara a la votación de este miércoles era todavía de paridad. Horas más tarde, las definiciones en cascada en contra de la ley -de parte de Ángel Rozas (UCR, Chaco), María Belén Tapia (Cambiemos, Santa Cruz), Julio Martínez (UCR, La Rioja), Inés Blas (PJ, Catamarca), Juan Carlos Romero (PJ, Salta) y Silvina García Larraburu (PJ-Frente para la Victoria, Río Negro)- parecen consolidar un resultado sin retorno.

 

Los cambios de posturas fueron tantos, tan seguidos y algunos tan sorpresivos que generaron un golpe de efecto poderoso. Ya se había sentido el miércoles por la noche cuando los celestes lograron bloquear el dictamen de comisión que tenía 26 firmas a favor de la legalización (con cambios a la media sanción de Diputados) y 24 firmas de rechazo.

 

Hoy la pregunta es: la ola celeste que arrasó en los últimos diez días, ¿mantendrá su fuerza hasta el momento de la votación? Si el encadenamiento de noticias en contra de la ley no fue una estrategia política y mediática diseñada e implementada con precisión, debería haberlo sido.

 

Pero antes de todo eso, casi como si supiera qué esperar, Miguel Pichetto avisó:

 

-Nosotros no votamos grises.

 

¿Por qué?

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Hay senadores que el miércoles no votarán a favor de la legalización y que admiten en privado que la decisión es un peso.

 

-Sería una muy mala señal que el Senado rechace sin más este proyecto. Muy mala señal – reflexionó uno de los votos “celestes”.

 

Sí, hay senadores que están en contra de la legalización y que creen que ganar la votación será una “muy mala señal” después de los meses de debate y movilizaciones. A ellos se refería Pichetto. A esos “grises”.

 

En ese grupo están el radical riojano Martínez y también el peronista salteño Rodolfo Urtubey. Con su decisión niegan el derecho al aborto seguro en la Argentina y al mismo tiempo declaman que “hay que hacer algo”. El debate les mostró una verdad: las mujeres que decidan no continuar con embarazos no deseados seguirán abortando, sea o no legal.

 

Por eso, algunos en privado y otros en público, exploran alternativas. No votan por la legalización, a la que consideran “una postura extrema”, pero no descartan la despenalización de quienes interrumpen un embarazo. Así podrán ofrecer “algo” a los movimientos de mujeres que reclaman en las calles, en las legislaturas y en las mesas familiares.

 

Lo hizo explícito este fin de semana el propio Martínez, en una entrevista en radio Cooperativa. “Estamos preparando cuatro o cinco proyectos. Uno es la despenalización del aborto y los otros para dar herramientas”, dijo tras reafirmar su voto negativo. Se refería, claro, al día después de rechazada la ley.

 

Esta estrategia de algunos senadores ya fracasó en Diputados. La cordobesa Alejandra Vigo presentó un dictamen ante el plenario de comisiones en el que proponía la solución Corea del Centro de la discusión: sacar a la mujer que aborta del Código Penal. Tuvo que retirar el proyecto. Resultó que su propuesta dividía a quienes rechazaban la media sanción porque hay quienes no quieren legalización ni despenalización. “¿Abortó? Que vaya presa”, dicen. No ven ahí un derecho, sino un delito. Tras el fracaso, no parecía estratégico ni posible que en el Senado la discusión volviera a limitarse al proyecto de legalización versus la nada. Pero así fue.

 

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En el camino ninguno de esos senadores intentó avanzar en un proyecto de despenalización. Y cuando llegó el momento de dictaminar en el plenario de comisiones, la única discusión que hubo en el sector celeste fue si firmar o no firmar un sólo texto: el de rechazo total a la propuesta de Diputados.

 

Siete días después, cuando parece que ese rechazo total se va a imponer en el recinto, aparece finalmente la insinuación:

 

-Estamos preparando cuatro o cinco proyectos.

 

¿Cuatro o cinco? ¿Cuántos son? ¿Quiénes los proponen? ¿Qué dicen en concreto? ¿Por qué no los propusieron durante el debate? ¿Acaso eso hubiera dividido a quienes se oponen a la ley, permitiendo con esa dispersión que el sector verde se imponga? No hay detalles. No hay precisiones. “Estamos preparando cuatro o cinco proyectos”.

 

Pero “nosotros no votamos grises”, avisó Pichetto.

 

Si el proyecto finalmente es rechazado en el Senado, ¿qué pasará con la imagen pública de quienes votaron “no”? ¿Tendrá costo político? Será difícil que los diputados y senadores que militaron y apoyaron la legalización les ayuden a blanquear su perfil.

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El radicalismo es el partido que más se sacudió ante las posturas de sus senadores. Nueve de los trece radicales anunciaron que votarán en contra. A los mencionados Rozas, Martínez y Tapia se suman el presidente de la comisión de Salud, Mario Fiad; el mendocino Julio Cobos; el pampeano Juan Carlos Marino; la jujeña Silvia Giacoppo y las muy activas en el plenario de comisiones Inés Brizuela y Doria y Silvia Elías de Pérez (quien preguntó insistentemente a los expositores sobre el financiamiento de la ONG internacional Planned Parenthood y le puso voz a una grabación telefónico que convocó a una marcha “provida” en Tucumán. ¿De dónde salieron los fondos para esa movida?).

 

“Muchos más radicales me pidieron votar en contra que a favor. La UCR no presentó una posición de partido y dio libertad de acción para votar. No creo que nadie tenga el radicalistómetro para decir quién tiene razón”, se defendió el riojano Martínez.

 

No es del todo cierto. La Convención Nacional de la UCR, con las firmas de su presidente Jorge Sappia y su vice Agustín Campero, apoyó desde el comienzo el proyecto original de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Fue el 12 de marzo, cuando difundió una resolución en la que se declaró a favor del proyecto para legalizar los abortos tempranos hasta la semana 14 y pidió favorecer políticas que ayuden a la mujer a ejercer sus derechos.

 

La Convención es la autoridad superior del partido. Su papel institucional es de relevancia suprema: dicta y modifica la carta orgánica y elabora el programa de gobierno. Su papel en la real politik no parece ni comparable.

 

A pesar de su pronunciamiento y del de otros órganos partidarios, el bloque radical en el Senado votará mayoritariamente en contra de la legalización. Desoirá así a los 24 diputados que votaron a favor (versus 16 en contra) hace dos meses; a las diputadas Karina Banfi y Brenda Austin y la ex diputada María Luisa Storani que junto a legisladoras de todos los otros bloques se pusieron la media sanción al hombro; y a la defensa largamente fundamentada que hicieron algunas figuras y referentes del partido como Ernesto Sanz, Ricardo Gil Lavedra, Ricardo Alfonsín (que incluso recordó palabras de su padre abogando para que el Estado intervenga en el tema) y Jesús Rodríguez.

 

En la UCR no faltan por estas horas los reclamos para que los radicales apoyen la ley o renuncien. “Los senadores, cuando llegan a su banca, actúan más como un monarca que como un representante de ideas y valores”, dijo el presidente de la UCR porteña, Guillermo De Maya, en FutuRock.

 

Y así como en Diputados la discusión dio lugar a “la revolución de las hijas” (copyright de Luciana Peker), en el Senado sería justo hacer honor a muchos equipos de asesores que intentaron, sin éxito, explicarles a sus senadores la importancia de votar a favor de la ley. Tanto intentaron algunos que una senadora de la UCR se hizo traer un equipo de reemplazo desde su provincia. Todos celestes.

 

La Juventud Radical difundió su malestar y lo hizo explícito en la discusión pública. Aunque llamarlo “malestar” tal vez sea utilizar un eufemismo demasiado suave. “No hay malestar, hay guerra”, dicen los radicales desilusionados con sus senadores. Los jóvenes les enviaron una carta a los nueve que votarán en contra. “Tienen en sus manos la posibilidad de que nuestro país cuente con una vergüenza menos, con una libertad más. No rechacen a los jóvenes de su partido, se lo pedimos en nombre de las miles de mujeres muertas en democracia”, escribieron. Y aunque María Luisa Storani mantiene sus esperanzas sobre Cobos y Rozas, lo cierto es que ellos no parecen conmovidos.

 

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También les habló Gil Lavedra: “La UCR forjó su identidad laica en la defensa de las libertades y los derechos. Somos el voto libre e igualitario, somos la reforma universitaria, somos la educación laica, somos la patria potestad compartida y el divorcio vincular, somos el nunca más y el juicio a las juntas, somos el matrimonio igualitario y hoy, hoy somos la legalización del aborto temprano para devolverles dignidad, autonomía y salud a las mujeres”.

 

Hay senadores radicales que hacen cálculos más terrenales y menos épicos. El pampeano Marino sueña con ser gobernador el año próximo. Para eso deberá competir en la pelea interna de Cambiemos con el joven estrella del PRO, Martín Maquieyra.

 

Maquieyra tiene 31 años, es diputado y votó en contra de la legalización el 14 de junio. Durante la discusión, le aportó al sector antilegalización la pátina de juventud que para los “verdes” es una marca identitaria (no es menor el dato de que el 30% del padrón tiene menos de 30 y el 50% menos de 40 años). Nació en General Pico en 1987 y durante la histórica sesión en la Cámara baja criticó con dureza a quienes apoyan la legalización pero van a “tirar de la sotana del Papa” en busca de “algún votito”.

 

Contra él irá Marino, de 54 años, en la interna de Cambiemos. Y por eso votará en contra, para no perder terreno frente a un Maquieyra que se convirtió en una suerte de ídolo de católicos y evangelistas. Aun así, al anunciar su voto negativo el senador radical advirtió: “Yo no especulo”.

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En la vereda de enfrente también hay especulación política. Miguel Pichetto encontró en la legalización una bandera que lo acerca a sectores jóvenes y progresistas del peronismo. Se puso al frente de la estrategia por convicción (pregona el Estado laico desde cuando la cuestión no estaba en agenda) pero también por pragmatismo. Tiene previsto un acto público el jueves, en el Teatro Metro de La Plata, horas después de la votación en el Senado. Asistirá sea cual sea el resultado.

 

Lo miran de reojo los kirchneristas, que no le perdonan la cercanía con el gobierno de Mauricio Macri y ya le facturan, por anticipado, el fracaso de la ley: “Al final, cuando tiene que juntar los votos difíciles, siempre pierde”. Hablan de la legalización del aborto pero también de la resolución 125.

 

La acusación podía ser válida antes del domingo, cuando el PJ-Frente para la Victoria todavía se podía jactar del voto positivo de todo su bloque. Pero la coterránea de Pichetto, Silvina García Larraburu, le puso fin a esa superioridad moral en un triple movimiento: con su giro de 180 grados, en el que pasó de votar a favor a votar en contra, afectó a la referente de su bloque, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que busca incorporar la agenda de género como mensaje; dañó las aspiraciones de su ex referente político Pichetto, que busca ser el adalid de la ley; e hirió de muerte las chances de la legalización.

 

García Larraburu explicó su cambio de postura con argumentos que, tras cinco meses de debate, no deberían ser admisibles. Las razones de su rechazo le valieron la respuesta inmediata de un grupo de científicas y científicos. Es que la senadora preside la comisión de Ciencia y Técnica. “La negativa al proyecto de ley contraría los sólidos y contundentes argumentos expresados durante el debate en ambas Cámaras sostenidos por diferentes investigadores que integran el sistema científico nacional”, le dijeron Dora Barrancos, Adrián Paenza, Alberto Kornblihtt y Luis Alberto Quevedo, entre otros. El domingo a la tarde la vereda de su casa de Bariloche quedó tapizada de pañuelos verdes.

 

La rionegrina tiene otros intereses. En la antesala de su pase a las filas del “no” había publicado en Instagram una foto de la Virgen con el epígrafe: “Contra todo siguió adelante. Tuvo fe. Confió. Tuvo coraje”. El factor Iglesia fue ineludible durante el debate en el Senado.

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Después de que en Diputados muchos legisladores “celestes” se quejaran de lo que consideraron una “inacción” del Vaticano frente al debate, la Santa Sede no escatimó recursos políticos ni económicos para frenar la legalización en el Senado. Los Tedeums del 25 de Mayo habían sido sólo un botón de muestra. Desde el 14 de junio a esta parte se multiplicaron las marchas en todo el país, los llamados telefónicos, las amenazas de excomunión y los mensajes de los obispos ante cada micrófono abierto.

 

Encontraron, además, una aliada insuperable en la vicepresidenta Gabriela Michetti, a quien muchos senadores que están a favor de la ley acusan de haber convertido al Senado en “zona liberada” para los pañuelos celestes, que circularon sin problemas por los pasillos del Congreso estas últimas semanas.

Los verdes no tuvieron tanta suerte. Este lunes, convocados a una conferencia de prensa de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito en el Senado, muchos periodistas se vieron sorprendidos cuando el personal de seguridad les confiscó el distintivo de la legalización que llevan desde hace meses atado en las mochilas y carteras.

 

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En los pasillos del Senado, los legisladores no tuvieron oportunidad de cruzarse aleatoriamente con pañuelos verdes. Pero cuando pasan la puerta la vista es muy distinta. Y será esa la fuerza en la que esperan respaldarse quienes apoyan la ley: la calle.

 

Esa calle que sorprendió a Federico Pinedo en medio del debate en el plenario de comisiones.

 

Esa calle que, igual que Pichetto, ya avisó que no quiere grises que ayuden a exculpar las conciencias y las imágenes públicas de quienes tras cinco meses de discusión legislativa eligieron como estrategia política no proponer siquiera una alternativa y decidieron votar el rechazo del proyecto.

 

Esa calle que muestra la potencia transformadora de un movimiento de mujeres que llegó para cambiar la política argentina, que no dudó en anudar articulaciones impensadas para intentar ampliar los derechos de la mitad de la población, que le reclama al Gobierno salir de la inacción frente al debate histórico de esta década, que promete instalar un nuevo y real clivaje para la campaña 2019, y que sabe que el aborto legal, seguro y gratuito tarde o temprano será ley.

 


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