La decisión de Gabriela Michetti de no acompañar a Macri en la fórmula de las elecciones nacionales marcó un quiebre en el carácter consensualista de la identidad política del PRO. La interna -de la que nadie sale indemne- va a contramano de los mecanismos informales y verticalistas de selección de candidatos que tenía el macrismo. La politóloga Gabriela Mattina y la cronista Julia Dominzain se metieron en la campaña para encontrar las similitudes y diferencias entre los candidatos de la derecha. ¿Da lo mismo, para el futuro del PRO, un triunfo de Larreta que de Michetti?



 

Fotos: Prensa Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires

 

 

En una de las once salas de reuniones del hotel Four Seasons de Recoleta, el 16 de enero de este año, la llamada mesa ultra chica del PRO discutió más de cinco horas. A las 2 de la mañana Gabriela Michetti confirmó que no sería la compañera de fórmula de Mauricio Macri en las elecciones nacionales. Prefería competir en las PASO de la Ciudad. Se hizo un silencio: hasta ese momento, varios tenían esperanzas de que se bajara. Macri aceptó la jugada y se hizo el neutral: les pidió a ella y a Horacio Rodríguez Larreta que fuera una “interna constructiva”; que no se atacasen entre sí. Pero el 27 de marzo a las 8 de la mañana publicó en su Facebook que apoyaba a su histórico jefe de Gabinete. “Horacio fue la persona más cercana a las decisiones de nuestro gobierno. Muchos de los proyectos que transformaron la Ciudad, surgieron del trabajo que hicimos juntos”. El texto iba acompañado de una foto de ellos dos sonriendo mientras miraban a un caniche blanco. “A María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Carolina Stanley y 9251 personas más les gusta esto”.

 

Gabriela todavía dormía. La hermana, que vive al lado, corrió a despertarla.

 

- ¡Despertate, te vengo a decir algo!- le dijo, alterada.

 

- ¿Qué pasó?

 

- ¡No sabés! ¡Mauricio lo apoyó, lo apoyó!

 

Al día siguiente Larreta y Macri fueron a comer a lo de Mirtha Legrand.  Michetti, sola, estuvo en Intratables y dijo:

 

-Yo sé que la decisión que tomé tiene costos pero no pensé que iba a tener este tenor de costos.

Calificó la decisión de Mauricio como una “equivocación” pero dijo que charlarían en algún momento, “café mediante”. Sin romper nada. Pero se la veía alterada, emocional.

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Las declaraciones televisivas, melodramáticas, amplificaron el efecto de la posible ruptura que supone la interna del 26 de abril en la historia del PRO.  Larreta y Michetti se esfuerzan por maximizar sus diferencias pero ¿son tan distintos?

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La decisión de la senadora de presentarse en las PASO quiebra, en primer lugar, con el carácter consensualista de la construcción pública de la identidad PRO, que supone posible (y deseable) trascender el conflicto político mediante el diálogo. El PRO no le habla al ‘pueblo’ -en tanto sujeto político-: le habla a los ‘vecinos’. ‘La Ciudad nos une’, rezaban los afiches de 2011. Lejos de concebir las internas como un saludable progreso hacia el procesamiento institucional de los conflictos, la plana mayor del PRO las interpreta como innecesarias; como “un desgaste de energía”. Estaban más cómodos cuando las diferencias se resolvían puertas adentro. En segundo lugar, la interna contraviene los mecanismos informales y verticalistas de selección de candidatos que imperaban en el partido.

 

Lo cierto es que, pasado el pico de tensión mediática, el desacuerdo entre Macri y Michetti adoptó un cariz más moderado. Aunque no se retractó de su apoyo a Larreta, el jefe de Gobierno tomó distancia. Puede que haya querido resguardar su reputación o que ya hubiera logrado el objetivo de apuntalar a su delfín en las encuestas. Primero prohibió que los candidatos utilizaran su imagen en las piezas de comunicación electoral. Después se dio cuenta de que era imposible y dijo que podían usarla los dos.

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Desde 2008, Larreta organiza “reuniones con vecinos” en las comunas. El 7 de abril tocó reunión en la Sala Siranush, un teatro en Palermo, y hubo catering. No cualquier porteño va a los encuentros: en términos generales, va el estereotipo del “vecino indignado”. Que podría votar o no al PRO, pero que se indigna fuerte. Laura -una mujer de cincuenta años que se opone a los boliches en Palermo Hollywood- esperaba al precandidato enardecida: “¡Es la quinta vez que mando la carta! Acá traje todos los papeles”, les decía a los asesores. En cambio Juana -que tiene 83 años y una cana larga que le sale de la pera- no sabe bien de qué se trata: “Me dijeron por teléfono que iba a venir un fulano y vine”, contó. Ángela, en cambio, ya había ido a otros encuentros y quería retomar algunos tópicos.

 

Horacio llegó cuando estaba todo listo (vecinos sentados, quejas relevadas, lista de oradores completa). Atravesó el teatro como quien no tiene tiempo que perder y quiere poner manos a la obra, rodeado de cinco asesores que le hablaban.

 

- De todo corazón, les agradezco que hayan venido. Usemos este tiempo para hablar de reclamos, quiero saber qué hay que mejorar en el barrio. Y tratemos de evitar los temas políticos, por favor. Después cada uno va y vota en secreto al que quiere.

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El precandidato escuchó a más de 40 personas hablar de contenedores, árboles, veredas, semáforos, mamposterías, bicipolo, rejas, plazas, canaletas, la presencia de “chicos que no son del barrio”, banquitos, palomas, perros sin bozales, “pendorchos” en estructuras metálicas. Larreta acotó en cada caso: “Dejame tus datos; Muy bueno; Mirá qué bien;  Gracias por venir; Hola Ángela; Eso es en Bulnes y Las Heras, ¿no? Está bueno eso que decís; Sí, claro. Ajá”. Algunas veces tomó nota y, cuando una señora mencionó la palabra “educación”, se puso los lentes. Al momento de la despedida, retomó algunos puntos y dio algunas respuestas concretas, pragmáticas, lógicas: “La única forma de que no haya cartoneros, es que no haya cartones”, dijo por ejemplo. Es simple, es claro.

 

Tres días después a Larreta le tocó visitar Belgrano. Juntaron a los vecinos en la Plaza Félix Luna, en Cuba y Ramallo. Esta vez lo acompañaron Diego Santilli (senador y compañero de fórmula) y Esteban Bullrich (ministro de Educación de la Ciudad). Cuando terminó la reunión caminó hasta el auto mientras algunos vecinos le revoloteaban con quejas y él les respondía que le enviaran un mail a su asesora.

 

- ¿Cómo decidiste candidatearte?

 

- No fue una decisión: después de trabajar 8 años en el lugar que tengo, es natural que el próximo paso sea ser el jefe de Gobierno- dice Larreta a Revista Anfibia.

 

Larreta se presenta como el candidato natural y el discurso de Macri -con quien expone un vínculo aparentemente simbiótico-, lo avala como continuador lógico de su gestión. El mensaje de ambos va en línea con la fantasía PRO de que lo mejor es superar las obsoletas divisiones políticas, para “¡por fin!” enfocarse en “lo que importa”: resolver los problemas de la gente.

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Michetti llegó en un Citroën C4 al Hotel Savoy. El 14 de abril, fue invitada para disertar sobre “transparencia en la gestión”. Sus colaboradores bajaron del vehículo. Ella no. Un hombre de traje gris -esbelto y prolijo- sacó la plegada silla de ruedas del baúl, encastró las ruedas y se la acercó a la puerta derecha, trasera y cerrada. Gabriela se quedó adentro del auto durante algunos minutos más: nadie la molestó, nadie la apuró ni le preguntó. Esperaron su señal. Cuando quiso, Gabriela abrió la puerta.

 

Ese gesto fue suficiente para que todos supieran qué hacer: el hombre de gris la ayudó con la silla y sus colaboradores les avisaron a los botones que entraba. Ella se acomodó el pelo, alisó con las manos la camisa naranja brillante, se puso la cartera negra sobre el regazo y, mientras avanzaba, saludó a todo el que se cruzaba: “Hola, buen día, hola amor, buen día, qué tal, hola, hola”. 

 

La conferencia ya había empezado cuando Michetti entró al salón y, minutos después, hubo un exclusivo coffee break. Los invitados comieron sandwichitos de copetín en pan brioche, tomaron café, eligieron entre variedades de té y charlaron en grupitos. Ella se guardó en una sala aparte y Federico Pinedo -su jefe de campaña- la perdió de vista:

 

- ¿La viste a Gabi? – pregunta.

 

Después se sienta y piensa unos segundos cómo definirla.

 

-A mí me impresiona ella como candidata. No es común su carácter y su fuerza de voluntad. Propone una ciudad de convivencia entre la basura, los graffitis, los manteros, los piquetes, el cuidado del espacio público, la educación de calidad y la urbanización de villas.

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Pinedo es el D’Artagnan de Michetti. Daniel Chain (ministro de Desarrollo Urbano), Guillermo Montenegro (ministro de Justicia y Seguridad) y Hernán Lombardi (ministro de Cultura y compañero de fórmula), sus tres mosqueteros. Así los define ella, que intenta convertir su debilidad en virtud: los ministros que la apoyan serán pocos, pero son “los más simbólicos de la gestión”. A Larreta, en cambio, lo apoya casi todo el gabinete: los ministros aparecen en los afiches y se mostraron con él en el debate del 15 de abril en “A dos voces”, el programa de TN.

 

No es la primera vez que los integrantes del PRO deben tomar partido. En 2009 hubo una reunión en la que -frente a la propia Michetti- tuvieron que opinar sobre su potencial candidatura legislativa. Dos años más tarde, en el Buenos Aires Design, Gabriela y Horacio tuvieron que presentar sus propuestas frente a los integrantes más preeminentes del PRO. Después cada uno votó anónimamente por uno o por otro. La novedad es cómo, ahora, el apoyo de parte o la totalidad del partido es una herramienta de competencia mediática. Más de una década después de su nacimiento, el sello PRO comienza a cristalizarse como una identidad partidaria.

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Tras el colapso partidario de 2001 los think tanks Creer y Crecer y Grupo Sophia fueron los que hicieron verosímil la candidatura del entonces presidente de Boca a la jefatura de Gobierno. Después se sumaron fragmentos de fuerzas políticas “en disponibilidad” -radicales, peronistas, liberal-conservadores- y dirigentes de Recrear. En las elecciones de 2003 se dispersaron en cuatro listas tan heterogéneas, que el bloque legislativo nació dividido en dos grupos: “Festilindo” –figuras jóvenes y sin experiencia política- y “Nogaró” –políticos experimentados que se reunían en el hotel homónimo. A raíz de estas pugnas, diarios de todas las orientaciones señalaban las escasas aptitudes de Macri como conductor político; La Nación hizo esa crítica específica mientras en el Página12 del 19 de agosto de 2004 calificaron al bloque como una “bolsa de gatos”.

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Con el tiempo, Macri logró construirse mediáticamente como líder: su imagen es el capital más importante con el que cuenta el PRO. El partido pasó a destacarse por su férrea disciplina y él fue ganando poder en la definición de los candidatos. Aunque su influencia sobre Michetti siguió el camino inverso. En abril de 2009, la entonces vicejefa de Gobierno atravesó el momento más dramático de su vida política: renunció a su cargo para candidatearse como diputada porque “el PRO la necesitaba”. Desde entonces, empezó a decir algunos “no”: se negó a ser precandidata a diputada en la Provincia de Buenos Aires en 2013 y a competir por la gobernación bonaerense este año. Negarse a ir por la vicepresidencia y disputar las PASO el 26 de abril es la mayor muestra de autonomía en su carrera política. Sabe -todos saben- que el Jefe de Gobierno nunca quiso que Gabriela sea su sucesora en la Ciudad.“El que elige sos vos”, “tu voto vale”, frases del material de campaña de Michetti, resumen el  cuestionamiento más potente a la figura del Macri como gran elector del partido no tradicional más consolidado en la historia reciente de la Ciudad.

 

El desarrollo del ciclo electoral de este año indicará cuán altas son las apuestas que Macri y el PRO depositan en esta interna. Mientras el triunfo de Larreta posicionaría a Macri como un líder político fuerte, el resultado opuesto podría resignificarse como prueba del carácter plural, abierto y democrático de su liderazgo: Macri y su equipo de comunicación ya mostraron una considerable eficacia en redefinir sentidos luego de traspiés peores, tales como el escándalo de las escuchas telefónicas de 2009-2010. La figura de Macri siempre ha sido el principal factor aglutinante de los heterogéneos retazos que componen el PRO y este sería el momento menos propicio para una cruzada secesionista en el partido, atendiendo a los favorables guarismos que las encuestas atribuyen a su precandidatura presidencial.

 

 

Una eventual derrota en las elecciones de octubre abriría el escenario más incierto para el PRO: ¿mantendrá Macri su liderazgo partidario “desde el llano” o las PASO porteñas habrán definido al nuevo jefe del partido? ¿se encaminará hacia un proceso de mayor institucionalización y formalización de sus prácticas?  Pensando en voz alta, Nicolás Pechersky, el actual secretario de política universitaria de PRO Capital, imagina que “gane el que gane, el PRO va a mutar de alguna manera. Nos puede salir para el ojete y ser la UCeDé pero con un poco más de resultados o puede terminar en algo super piola, que sea democrático internamente, que crezca con el tiempo y que tenga su oportunidad nacional”.

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“¿A cuántos ciudadanos afecta? ¿Cuánto cuesta por vecino? ¿En cuánto tiempo podría estar funcionando?”. Larreta hace esas tres preguntas cada vez que recibe una propuesta de sus funcionarios. Ellos saben que a las reuniones deben llevarle un PowerPoint claro. “Es un tipo muy pragmático, ordenado: palo y a la bolsa, quiere que le muestres resultados”, cuenta Maximiliano Sahonero, dirigente de la agrupación joven La 24. Lo mismo dicen vecinos, ministros y funcionarios. Durante la campaña, Larreta se concentró en actividades de gestión y no precisó intercalarlas demasiado con otras de carácter partidario. Siente que puede permitirse no compensar tanto su falta de empatía porque el perfil de gestor encaja perfecto en el corazón de la identidad PRO, que entiende la política como la mera ‘administración de las cosas’. Se muestra como el ‘primer trabajador’, obsesionado por resolver.

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La presentación que Michetti y Larreta hacen de sí mismos en el espacio de la comunicación política tiene un carácter especular. Ella busca encarnar la humanización pero le cuestionan su habilidad como gestora y él se construye como paladín de la gestión pero se le atribuye una personalidad apática. La estrategia seguida por ambos se centró en reforzar los atributos y, en menor medida, compensar o minimizar las carencias.

 

Los larretistas no problematizan la relación entre liderazgo y gestión: entienden que lo segundo está implicado en lo primero. El compromiso con el hacer sería prueba suficiente de su condición de líder-gestor.

 

- Muchos te describen como una persona que evalúa todo en función de “debe y haber”, ¿te incomoda?

 

- No. Es así: las decisiones hay que analizarlas según los beneficios para la gente, los pros y contras- responde Larreta, apurado por irse. Después sonríe levemente y mira fijo: es su forma de avisar que terminó de hablar.

 

El entorno del jefe de Gabinete desestima las cualidades de liderazgo de Michetti porque dicen que su pretensión de poder se apoya sobre una personalidad carismática, ajena a la racionalidad de la gestión. Y la acusan de sostener valores inflexibles sin atender a las consecuencias políticas. Nicolás Pechersky, cuenta desde su flamante estudio jurídico de Retiro:

 

-Un día que filmábamos un spot y ella pedía hacerlo rápido para ayudar a su hijo Lautaro con la tarea de francés.

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En un primer momento, Michetti se esforzó por compensar la “falta de gestión” que se le imputaba subrayando su rol protagónico en el armado del gabinete (el “equipo”). En el tramo final de la campaña cambió la estrategia. Minimizó las críticas y empezó a impugnar la concepción gestionaria de la política fogoneada por el PRO.

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Era casi imposible encontrar una butaca libre en el Teatro Ópera el martes 14 a las seis de la tarde: más de 2000 personas esperaban, ya sentadas, la llegada de Michetti. La precandidata iba a presentar la conferencia “Mujer y Política”, a cargo del gurú español Toni Puig. Ella se demoraba respondiendo preguntas de la prensa en una minúscula sala del subsuelo.

-No es lo mismo gobernar que gestionar-dice a Revista Anfibia- El gestor es el que toma la idea del gobernante y la pone en práctica todos los santos días. El riesgo de mezclar las dos cosas es quedarte en el detalle y no avanzar. Es lo mismo que pensar en el dueño de una empresa. ¿para qué tiene gerentes? Para que en el día a día le implementen las ideas que van a llevar a esa empresa al lugar adonde ese dueño quiere.

 

Cuando entró al teatro fue ovacionada: “¡Ooolelé, ooolalá, Mauricio presidente, Gabriela en la Ciudad!”, gritaban las mujeres al compás del revoleo de chalinas amarillas.

 

Gabriela se afirma como poseedora de una capacidad ontológicamente superior a la de su contrincante. Sus dotes de conducción la acercan a la idea weberiana de liderazgo, mientras que Horacio sería un burócrata -el más alto, pero burócrata al fin- que coordina acciones pensadas por otros.

 

El segundo punto de la estrategia de Michetti es la de mostrarse como una figura sensible que quiere “humanizar” el tercer mandato del PRO en la ciudad.

-Con la política nosotros buscamos la felicidad de las personas y para eso hacen falta valores- dice.

 

Los colaboradores más cercanos resaltan sus carcajadas, su histrionismo y su relax: si la reunión en la que están no es del todo formal, puede que Gabriela hasta cante Sui Generis. “Es muy amena y poco protocolar, es difícil que te haga sentir a propósito que es la jefa”, cuenta el legislador porteño Alejandro García. Su casa sobre la calle Pasco, un PH remodelado con adoquines, flores y muebles de madera, “es un ámbito por donde pasa la política”. A veces, atiende en pijama a los colaboradores. “Gabriela es Gabriela, es siempre igual”, cuenta la legisladora Alejandra Caballero, que la conoce desde 2008, cuando se incorporó al directorio de Banco Ciudad.

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Larreta se despierta 5:30 de la mañana y sale a correr. Cuando vuelve se baña “en tres minutos” y a las 7 de la mañana empieza a tener reuniones en su departamento sobre la avenida Libertador.

 

-Yo he ido con los ojos pegados con lagañas, semidormida. Él te atiende impecable, de traje. Las reuniones duran entre 5 y 15 minutos- cuenta Veby Martínez, dirigente joven del espacio de Larreta, quien dirigió, apasionadamente, el programa “Mejor en Bici”.

 

Después Larreta se traslada a su oficina, equipada con pantallas que le muestran lo que pasa en la ciudad: recibe imágenes de cámaras, estadísticas, e información sobre semáforos y ambulancias del SAME.

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El sábado 11 de abril los referentes del PRO se reunieron, de sport, en una carpa VIP al lado del escenario que montaron en Figueroa Alcorta y Pampa para que tocara Illya Kuryaki. Fue un evento de “Chau Tabú”, el programa sobre salud sexual y reproductiva y adicciones del Gobierno de la Ciudad. Estaban Peter Robledo, Carolina Stanley (Ministra de Desarrollo Social), Chano (el cantante de Tan Biónica), Rubén Rada y Emanuel Horvilleur. Larreta fue con su mujer, Bárbara Diez, la wedding planner número uno del país. Entraron juntos, ella lo acompañó a sacarse las fotos de rutina con famosos y después se sentó en un puff blanco. Cruzó las piernas, enderezó la espalda y sonrió. Horacio no tardó en volver a buscarla: “Amor, ¿querés algo para tomar?”.

 

Bárbara habla suavecito y las pocas veces que gesticula lo hace lento. Es extremadamente prolija. Y ni por un segundo se le borra la sonrisa de la cara.

 

-Él se ocupa de estar muy presente, me manda cuatro mensajes por día, no sé cómo hace- dice. Pero admite que es incapaz de registrar si ella cambió los muebles de lugar o se cortó el pelo. Tampoco repara en si la ropa que se puso le queda bien.

 

-Esas zapatillas que tiene puestas ahora no le combinan, pero a él le quedan cómodas y se las puso- dice y señala las Nike azules con verde fluorescente. Horacio está a pocos metros y cada tanto vuelve a buscarla y le da un beso.

 

A fines de marzo -ya en plena campaña- en Wikipedia aparecieron listadas, de golpe y porrazo, todas las causas judiciales de la historia política del jefe de Gabinete: tráfico de influencias, malversación de fondos públicos, irregularidades en la construcción del Metrobús norte, adjudicaciones de obras sin licitación y defraudación en perjuicio de la administración pública.  Además, se hizo público un escándalo de corrupción de alguien muy cercano. Su cuñada, Julieta Spina, esposa de Augusto Rodríguez Larreta, ganó una licitación de 4 millones de pesos para organizar  la Ciudad de la Moda 2015. Siendo ella misma quien organiza dichas licitaciones, como “directora de Contenidos” del evento. El pedido de informes presentado en la Legislatura dice que “Spina se presenta como encargada o directora de Contenidos de la Ciudad de la Moda, un espacio gestado en el Centro Metropolitano de Diseño del gobierno porteño, lo que torna incompatible desde todo punto de vista legal y ético para cualquier funcionario público toda contratación con firmas privadas a su cargo, como es el caso de Diada SA”.

 

El Jefe de Gabinete estudió Economía en la Universidad de Buenos Aires e hizo un posgrado en Administración de Empresas en Harvard. Es fanático de Racing y del dulce de leche -se lo pone a la pera, a la manzana, se lo agrega a los alfajores de maicena. Nació en Capital, viene de una familia “patricia” y con historia política: su papá era parte del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), asociado a Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio. Le gusta leer sobre historia universal y economía, y releer una y otra vez “Los cuatro acuerdos”, un ensayo del mexicano Miguel Ruiz sobre espiritualidad. “Es un libro muy chiquitito, que se lee en media hora, muy concreto: al grano”, aclara Bárbara.

 

Larreta tiene dos hijas adolescentes. Pechersky, ex Director General de Políticas de Juventud, cuenta en su estudio jurídico, que al precandidato le preocupa mucho la educación sexual en las escuelas y la seguridad nocturna. “Es humano pero no lo demuestra porque no le da el tiempo”, dice.

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En las pocas ocasiones en las que Larreta se muestra empático en público, lo hace escenificando su cercanía con los vecinos sin exponer su historia familiar.

 

En cambio, Michetti siempre cuenta que nació en Laprida, que su papá es médico, que su familia es “más antiperonista que radical”, y que de joven se caracterizó por un comprometido activismo católico. También habla mucho de “Lauti”, su hijo de 21 años al que define como “la fuente de toda su energía”. En la entrevista en el programa “Animales Sueltos” contó que -años después del accidente que la dejó en silla de ruedas- el niño la seguía dibujando parada. En la edición del 7 de abril del programa “Los Leuco”, lo presentó oficialmente. Fue una entrevista tierna, familiar, cálida. Ella se emocionó. Él le acarició la espalda y la contuvo. En las últimas apariciones públicas, además, Gabriela se mostró con su nueva pareja: el empresario Juan Tonelli. “Mirá, es un bombón”, lo señaló en la televisión. “Me gusta porque es muy profundo”.

 

En 2013 Michetti entraba a los actos de campaña con la canción de Tan Biónica que reza “ella tiene swing”.

 

El legislador demoprogresista Oscar Moscariello conoció a Michetti cuando ambos estudiaban las primeras materias de Ciencia Política en la Universidad del Salvador a mediados de los ´80 y ella todavía no había tenido el accidente automovilístico de 1994. “Siempre fue una más, nunca permitió que esa dificultad que le había generado la vida entorpeciera su manera de ser, no solo en el ámbito profesional sino en su propio hogar”, cuenta el legislador, vicepresidente de Boca, en su amplio despacho de Perú 130.

 

El 18 de febrero (#18F) algunos fiscales convocaron a una marcha para “pedir justicia por Nisman” que  se convirtió en una multitudinaria movilización. Ahí estaba Gabriela engripada y con fiebre, entre los paraguas, abrigadísima. Pero “la gente la identificó igual y se le tiraban encima”, dice el comunero Walter Klix, en la sala de reuniones de la refaccionada sede comunal 7.

 

-Se acercaban y la tocaban: yo sentía que caminaba con el Papa Francisco, genera algo que va más allá de la política.

 

Pinedo cuenta lo mismo: “La gente la toca, es como un apoyo personal que les transmite”.

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Aunque Michetti y Larreta se esfuerzan por desmarcar sus perfiles es más lo que los une que lo que los diferencia. No sólo contrastan con otras opciones políticas que se presentan en la Ciudad (el Frente para la Victoria, por ejemplo, funcionó como agente exterior contra el cual construir la identidad del PRO) sino que, dentro del partido, no difieren tanto en sus posicionamientos ideológicos y trayectorias profesionales ni en sus estrategias comunicacionales.

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Si bien Michetti tuvo posturas más conservadoras que Larreta en aspectos culturales –como los derechos de las minorías sexuales-, los contrincantes no presentan mayores diferencias en cuestiones de otra índole. Por ejemplo, piensan que la intervención estatal debe ser moderada y  sueñan modelos de ciudad parecidos.

 

Como explican Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti en Mundo PRO, Larreta es un claro representante de una de las facciones que componen el partido: aquella de las ONGs. Fue él quien, a mediados de los noventa fundó Grupo Sophia. Allí reclutó a jóvenes como María Eugenia Vidal y Carolina Stanley. En un rincón del VIP del recital de  Illya Kuryaki, la Ministra cuenta cómo vivió esos años de ONG:

 

-Me encantó el concepto de pensar políticas públicas para la gestión, el compromiso con transformarle la vida a la gente.

 

Algunos de los miembros del think tank acompañaron al “peronista Larreta” -como lo definían periodistas y políticos en 2000 y 2001- en su recorrido por cargos jerárquicos en la administración estatal de los gobiernos de Carlos Menem, Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde. Larreta fue gerente general de la ANSES, interventor del PAMI, presidente del Instituto de Previsión Social bonaerense y director de la DGI. 

 

Aunque Michetti no se inscribe nítidamente en ninguna facción, coincide con la de las ONGs por el perfil técnico y más bien apartidario con el que se incorporó a Creer y Crecer. Llegó de la mano de Marcos Peña, hijo de quien dirigía la maestría que Michetti había hecho en la UCES. Ella también fue funcionaria estatal entre 1989 y 2001; ocupó cargos de menor jerarquía en las áreas de industria y comercio exterior de la gobernación bonaerense y el Ministerio de Economía nacional.

 

“Somos compañeros de equipo”, dijo Michetti en la mesa de Mirtha Legrand el 18 de abril. “Hay equipo” es el lema de su boleta y alude a los funcionarios que integrarían su gabinete. Los afiches y spots de Larreta definen a los habitantes de la Ciudad como “un equipo de 3 millones de vecinos” y piden por favor “que votes a Alberto, que votes a Ariel, que votes a Eliana”.

 

La pertenencia al PRO hermana a Michetti y Larreta en lo comunicacional: comparten una estética, tópicos y consignas comunes, aunque los exploten en distinta medida. Han combinado el clásico amarillo con las formas multicolores predominantes en el material partidario de las últimas elecciones y se rodean de una atmósfera festiva condensada en los emblemáticos globos PRO. Se construyen como figuras de proximidad al mostrarse en contacto atento con los vecinos, presentarse por su nombre de pila y tutear al elector hasta el hartazgo.

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Pese a que la existencia de una interna demuestre lo contrario, se empeñan en diluir las alusiones a su adversario, embarcándose así en la empresa imposible de borrar la dimensión polémica de todo discurso político.

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El 26 de abril será la quinta elección a la que Michetti se presente. Ganó en todas las anteriores. Y la segunda de Larreta, después de ser candidato a vicejefe de Gobierno de la Ciudad en 2003. La mayoría de los sondeos de opinión pronostican un empate técnico o una leve ventaja a favor del jefe de Gabinete.

 

Once días antes de enfrentarse en las urnas, ambos debatieron en “A dos voces”, por TN. Michetti y Larreta entraron al estudio juntos, se dieron la mano, se sacaron fotos. Salvo Macri, toda la plana mayor del PRO los acompañaba desde la tribuna. Los productores tuvieron que agregar más gradas que de costumbre por la cantidad de invitados. “¿Vamos todos mezclados?”, preguntó una distraída que llegó tarde. “Sí, claro”, le respondió Federico Pinedo. Y entonces rieron. También lo cargaron a Montenegro porque se puso una corbata fucsia. Y agitaron al grito de “¡quém-pie-ce quém-pie-ce!”. El clima era el de pre-casamiento. Antes de ubicarse en sus posiciones, Horacio le acomodó a Gabriela el flequillo; se le había corrido cuando le pusieron el micrófono. Durante los minutos de réplica, la réplica brillaba por su ausencia. Los conductores presentaron el debate como una “interna caliente” y sobreactuaron una tensión que, en el estudio, no había. 

 

“Estoy de acuerdo”, “Coincido con vos, Gabi”, “Está bien lo que dice Horacio”: así empezaban las frases de Michetti y Larreta. Cada uno usó su tiempo para hacer propuestas, subrayar lo hecho y avalar la gestión actual. Los contrastes fueron mínimos y sutiles. No se pegaron, no se atacaron: tal como pidió Mauricio, aquel 16 de enero en el Four Seasons, las broncas y la feroz competencia entre ambos tuvieron que disimularse. La determinación de Michetti de competir en las PASO ya había roto, de forma irreversible, la estrategia del consenso como sello distintivo de la identidad PRO. El conflicto y las diferencias quedaron expuestos; los procesos clásicos de selección de candidatos del partido fueron cuestionados, atacados, por primera vez.


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