Ante el femicidio de Micaela el colectivo #NiUnaMenos convocó a una asamblea. Una movilización ecléctica que sumó a distintas agrupaciones, familias, novios, padres, docentes, y cientos de mujeres, una muestra de la diversidad del movimiento feminista. La periodista Cecilia González cuenta que, entre las críticas al juez, hubo propuestas para impulsar políticas de equidad, cambios en el Poder Judicial, reformas legislativas y un reclamo que se multiplicó contra el oportunismo de quienes quieren aprovechar el asesinato para proponer “mano dura”.



Al son de las percusiones, un canto nuevo recorre la Plaza de Mayo: “A Micaela la mató esa justicia machista y patriarcal / pero cuidate machista y femicida / que las mujeres no te quieren perdonar”.

 

Quienes entonan frases de lucha y baten tambores son las mujeres de Defensorías de Género que se suman al repudio por el asesinato de Micaela García, la joven de 21 años víctima de otro femicidio que desde el fin de semana generó nuevas y masivas protestas.

 

El repertorio sigue con un tema que ya es un clásico en las marchas feministas: “Que todo el mundo se entere / somos mujeres rebeldes y estamos contra el gobierno y contra toda opresión / por cada mujer golpeada, por cada chica violada, no hay olvido ni perdón / violadores a prisión, femicidas a prisión”.

 

A las cinco de la tarde la Plaza de Mayo es una romería ecléctica. Conviven cristianos de un templo de Temperley que, con su pastor al frente, vinieron a rezar en voz alta “por el futuro del país”; maestros y alumnos de la Universidad de Buenos Aires que realizan clases abiertas después de la represión policial contra los docentes; los ex combatientes de Malvinas que tienen su plantón permanente y mujeres que llegan con amigas, solas, en pareja, con su familia o con su organización. Más tarde, docentes y estudiantes se suman a la manifestación por el asesinato de Micaela. Las luchas sean unidas. 

 

El colectivo Ni una menos convocó a una “Asamblea a cielo abierto” por Micaela, por los femicidios y la lucha por la equidad de género, pero cada grupo que se acomoda en algún pedacito de la Plaza o en Avenida de Mayo realiza su propia actividad. Esa es la riqueza del movimiento de mujeres. Mientras muchas participan en la Asamblea, otras cantan, bailan, regalan abrazos, actúan, posan con sus mantas, recolectan firmas, montan exposiciones fotográficas, entonan cantos partidistas. La creatividad es infinita. Y lo que une: la necesidad de denunciar y combatir la violencia machista.

 

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Al micrófono que circula de mano en mano, se multiplican los reclamos contra el oportunismo de quienes quieren aprovechar el femicidio de Micaela para proponer “mano dura”, mayores penas. “No vamos a permitir que los cazadores de violencia hablen por nosotras”, dice una de las asambleístas espontáneas. Otra denuncia “la hipocresía de la derecha, pero nosotras vamos a construir por la positiva, más cárcel no es ninguna solución. No somos punitivistas, tenemos que demostrar la fuerza del movimiento de mujeres”. Vilma Ripoll, dirigente del Movimiento Socialista de los Trabajadores Nueva Izquierda, explica que, en lugar de pedir más penas, hay que exigir el cumplimiento de leyes como la educación sexual integral en las escuelas porque es la única manera de combatir “el patriarcado de este sistema capitalista”. Abundan las críticas a Fabiana Tuñez y su trabajo al frente del Consejo Nacional de las Mujeres. Feminismo y macrismo es un oximoron. Quieren la renuncia, juicio y castigo para el juez que liberó al presunto asesino de Micaela, pero que el caso no se centre en él sino en todo el sistema judicial, y en la cultura patriarcal que impera en la sociedad.

 

Al micrófono se suceden propuestas para impulsar políticas de equidad, talleres en el Poder Judicial con perspectiva de género, reformas legislativas que sean efectivas. Una joven reconoce que es “una noche difícil” porque por primera vez habla en público pero, siente, es importante canalizar las energías porque “nosotras tenemos que pelear por las que ya no están, es importante saber que no estamos solas”.


 

Priscila, una joven de 22 años, corpiño negro, jeans y cabello largo peinado en trenzas muestra con los brazos en alto el mensaje que escribió a mano en un cartón: “Tengo mucho miedo de ser la próxima”. Trabaja en un shopping de Avellaneda, sale a las once de la noche y sólo tarda quince minutos en regresar a su casa, en colectivo, pero son quince minutos en los que siempre tiene miedo. “Soy mujer, nos matan”, dice. Por eso decidió faltar al trabajo para venir a protestar.

 

Cuando oscurece, la Plaza de Mayo y sus alrededores ya están colmados. Hace un rato el Indio Solari cantó por teléfono la canción favorita de Micaela en su velorio multitudinario en Concepción del Uruguay.

 

A 300 kilómetros de distancia, en Buenos Aires, el rostro sonriente de Micaela sacándose una “selfie” en un espejo o vestida con su camiseta de “Ni una menos” asoma a cada paso en cartulinas, fotocopias o pancartas. Aquí también hay una multitud que la recuerda, la llora y la despide.

 

Hace frío, el viento otoñal sopla y anuncia una lluvia que nunca llegará.


El 1 de abril, Micaela García, militante del Movimiento Evita, fue a un boliche en Gualeguay, salió de madrugada y ya no se supo más de ella. Su cuerpo apareció ocho días después, en un descampado. Estaba desnuda y la autopsia reveló que había sido estrangulada el mismo día que desapareció. El presunto responsable es Sebastián Wagner, un hombre de 30 años condenado por dos violaciones. En julio del año pasado el juez Carlos Alfredo Rossi le otorgó la libertad condicional pese a que el Servicio Penitenciario recomendaba que lo mantuvieran preso. Hoy el juez está de licencia porque se deprimió ante el alud de críticas que recibió por el caso.

 

 

 

 

 

 

La placidez del fin de semana se evaporó el sábado por la mañana, cuando la policía confirmó el hallazgo del cuerpo. El machismo del poder Judicial volvió a quedar en evidencia y la conmoción sacudió a gran parte de la sociedad argentina.

 

En los días en que buscaban a Micaela, diferentes colectivos continuaban la campaña para exigir la liberación de Higui, una mujer de 42 años que está con prisión preventiva desde el año pasado por haberse defendido de una violación múltiple. La atacaron varios diez hombres que la hostigaban por ser lesbiana. Después de ser tirada y de que le desgarraran la ropa, mató con un cuchillo a uno de sus agresores. La acusan de asesinato. El resto de sus atacantes está libre, sin cargo.

 

El año pasado en Argentina había un femicidio cada 30 horas. En 2017 ya hay uno cada 18. El de Micaela es apenas uno más de los que se siguen acumulando. A principios de marzo, Florencia di Marco, una niña de 12 años, fue violada y asesinada en San Luis. Hallaron el cuerpo debajo de un puente. La autopsia reveló que fue violada “con una violencia y agresividad notables” y en reiteradas oportunidades. El autor, su padrastro. La cómplice, su madre. Ambos están detenidos. El 10 de abril, en Santa Fe, Silvia Castiniera, de 43 años, fue asesinada por su marido. La golpeó con un caño de gas. El mismo día, en Florencio Varela, Mauricio Canosa Fratti violó y mató a su hijastra de tres años. El 1 de abril Araceli Fulles, de 22 años, desapareció en Villa Ballester. La siguen buscando.

 

La violencia de género también es institucional. El 8 de marzo, policías uniformados o vestidos de civil reprimieron, golpearon y detuvieron a mujeres después de la marcha masiva que culminó en Plaza de Mayo. Fue una razzia acorde con el renovado espíritu de represión impuesto por el gobierno. Días más tarde, otros policías atacaron el comedor de Los Cartoneritos pese a que había niños y mujeres. Hubo gas pimienta y balas de goma. La cocinera Laura Zaracho perdió su embarazo de dos meses por los golpes que le dieron los policías. El caso ha pasado desapercibido en la mayoría de los medios.


 

A sus 12 años y con los ojos húmedos, Franco se anima a tomar el micrófono frente a una multitud, en su mayoría femenina, que lo escucha con atención en la Plaza de Mayo.

 

—Ya no quiero que nadie muera, ya no quiero ni una menos, loco, hay que luchar todos juntos por las mujeres-, dice el niño con la voz quebrada. Lo ovacionan.

 

Franco es uno de los primeros participantes de la “Asamblea a cielo abierto” del colectivo Ni una menos. Sobre el asfalto hacia la Avenida de Mayo hay una larga manta blanca estampada con los contornos de víctimas de femicidios. El acto se inaugura con una performance en la que decenas de mujeres se colocan en la nuca el rostro sonriente de Micaela convertido en antifaz y se acuestan sobre la tela. Todas son Micaela, pero todas son, también, Ángeles, Ayelén, Agustina, Miriam, Araceli, Elsa… nombres de mujeres asesinadas plasmados en las siluetas. La mención de cada víctima es seguida por un “presente” en un coro intenso. Terminan al grito de “vivas nos queremos” y cantando: “se va a acabar, se va a acabar, esa costumbre de matar”.

 

La periodista Marta Dillon invita con el micrófono, “a que circule la palabra” y recuerda que “venimos ocupando plazas y calles de todo el país y nos siguen tirando cuerpos. Nos siguen matando. ‘Ni una menos’ no es una frase vacía, es un compromiso de todas nosotras”.

 

Nina Brugo, icónica activista, abre la Asamblea. “A Micaela la vamos a vengar con organización”, advierte. La lucha sigue y se viene el 3 de junio, segundo aniversario de la primera marcha Ni una menos. Ya están planeando una marcha federal.


 

La mala costumbre de culpar a las víctimas no desaparece. Si en otros crímenes se cuestionaba la ropa o las relaciones amorosas de las mujeres asesinadas, en el caso de Micaela su militancia provoca resistencias a lamentar su femicidio. Incluso que se burlen o lo crean merecido.

 

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Uno de los casos más extremos es el de Maia Ferrua, funcionaria del Ministerio de Modernización que escribió en Facebook: “Ahora van a decir que a Micaela García la mandó a asesinar Macri porque era del Movimiento Evita jajaja. Parece que a todos les llega por juntarse con ese tipo de gente, hay que tener mucho cuidado con las amistades que se hacen en este tipo de… agrupaciones? si se le puede llamar así a esa manga de mafiosos y patoteros ignorantes”. Luego dirá que la “hackearon”. El periodista Chiche Gelblung criticó a Micaela por salir sola y de noche.

La contracara de las miserias la muestran los padres de Micaela. Confirmado el hallazgo del cuerpo, Néstor García muestra una estatura moral que descoloca a la prensa ávida de amarillismo y de gritos de venganza y pena de muerte: “Más allá de lo que uno sienta, se debe seguir el orden institucional, por lo que no se debe hacer justicia por mano propia. Vamos a vivir para tratar de lograr una sociedad más justa, como pretendía Micaela. Tengo una tranquilidad rara, porque sé que Micaela nos va a seguir guiando. El dolor no tiene que impedir que uno esté agradecido a la gente. El dolor nos tiene que servir para cambiar la sociedad. Yo le voy a cumplir los sueños a Micaela. Con Andrea vamos a laburar el doble para que sea realidad el país que ella soñaba; yo sé muy bien cuál era”. Andrea Lescano, la mamá, también promete que luchará por los ideales de su hija.

De manera inesperada, el Papa Francisco los llama desde el Vaticano. El mismo sábado, en medio de la conmoción y la tormenta que hay en varias ciudades, miles de personas salen por la noche a las calles para repudiar el nuevo femicidio. “La Negra no se murió, se transformó en bandera”, declaran sus amigos y compañeros de militancia.

 

La consigna se cumple también en Buenos Aires. Micaela ya es un nuevo y permanente emblema. En el centro de la Plaza de Mayo, el MST junta firmas para exigir la renuncia del juez Rossi. De la mesa cuelgan los mensajes. “No son enfermos, son hijos del patriarcado”, “Justicia machista” y “Micaela somos todxs”.

 

Karina Abregu, la mujer que fue quemada por su pareja en enero de 2013, también llega a exigir justicia por Micaela. “Por ella y por todas las víctimas, no sólo las que son asesinadas”, dice esta mujer que tiene la mitad de su cuerpo marcado por las cicatrices del fuego que pudo terminar con su vida. Recuerda que el 15 de marzo, junto con otras compañeras, tomó el Consejo Nacional de las Mujeres durante 29 horas. Exigía el pago de una ayuda económica que le habían prometido para mantenerse y comprar sus medicamentos. Necesita un derivado de morfina para que le alivie el dolor de las quemaduras y otro para aminorar la picazón permanente. Todavía no los tiene. Ni así deja de venir a la Plaza.

 

El compromiso social de Micaela es reivindicado en todos los contingentes sin importar filiación política. De La Cámpora, Nuevo Encuentro y Miles al Frente de Izquierda, el Plenario de Trabajadoras y el Partido Obrero. Entre las Mujeres de la Matria Latinoamericana, La dignidad, Defensorías de Género, la Agrupación Eva Perón, Pan y Rosas, Insurrectas, la Campaña Nacional por el Aborto, Patria Grande o colectivos artísticos como Mujeres de Artes Tomar y Tumbanda.

 

Las consignas se multiplican en gigantografías, mantas o pequeñas y solitarias pancartas: “El gobierno es responsable”, “Destitución de jueces y funcionarios que amparan a violadores y femicidas”, “Destitución del juez Rossi. Ya”, “Somos la voz de las que no tienen voz”, “No es un caso aislado, se llama patriarcado”. Toda superficie es útil para exigir Ni una menos: hojas de cuaderno, fotocopias, cartones, cartulinas, camisetas, gorros, lentes, bocinas, botones, en el cuerpo, en el rostro. Hay lemas que se repiten como un lamento: “Las paredes se pintan, las pibas no vuelven”. Un hombre muestra con orgullo su mensaje en el pecho: “Machismo, enemigo de la justicia social”. Julieta y Camila, dos amigas veinteañeras que vinieron desde San Miguel, denuncian en sus letreros: “A la sociedad le indigna más una mujer libre que una mujer muerta”.

 

En la Asamblea continúa el desfile de oradoras. Mandan abrazos a los padres, a los amigos y a los compañeros de militancia de Micaela que la velaron en Entre Ríos. En sus palabras hay desahogo, rabia, indignación, tristeza, dolor, luto. Pero también espíritu de lucha, propuestas y, sobre todo, esperanza. El espíritu que sobrevuela la Plaza de Mayo es que el dolor no las va a paralizar.


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