¿Acaso no te encanta que te llame “Cosita”?, pregunta en esta carta a su mujer, un narrador irónico y machista, creado por María Moreno. “Quiero tus lágrimas cuando, partido el amor y el deseo, salgo en busca de otros cuerpos, para marcarlos uno por uno con una simiente que, no está de más decirlo, has aprendido a esterilizar con unos métodos antinaturales e incómodos”. Adelanto del libro “A tontas y a locas”, recién publicado por el sello 17 Grises.



Carta didáctica dirigida a una mujer y a todas las mujeres, a pesar de que se dice que ellas no aprenden nunca.

 

Querida mía:

 

Por lo que sé de ti últimamente quisieras ser la feliz poseedora de una conciencia. No lo consentiré ni por asomo.¿No te contentas con haber llegado, con tu enorme y variada energía animal, a tener un alma? ¿Un alma que ha perturbado profundamente el ánimo de los filósofos? ¿No te bastó la hoguera de las brujas ni la hornacina de las santas, ni la matriz natural con que reproduces seres con las ínfulas de una copiona de Dios?

 

Ahora ambicionas el trono y el altar, interrumpir la economía universal y la cincha de las grandes potencias con tu realismo propio del doctorado doméstico, con tu infantil sentido de la equidad que consiste en preservar del progreso y su necesaria ley de transformación los reinos que te son más familiares: el animal y el vegetal. (No digo el mineral porque a ti no te gustan las cosas que, como las piedras, no dejen sangre ni corazón, pero que en cambio tienen historia, una ciencia que según tu versión te ha jugado una mala pasada).

 

Bien, no voy a consentirte un solo paso más. ¡Atrás! O te encerraré en un zoológico modelo que funciona clandestinamente en Centroamérica, un zoológico donde la jaula de las feministas está al lado de la de los zorrinos.

 

Voy a recordarte qué es lo que quiero:

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Quiero tu mirada perdida por un placer que sea el resultado meritorio de mis trabajos forzados. Quiero tus ojos grandes y derramados como los de un animal de presa (un bambi o una gacela, nunca un zorro). Quiero tus lágrimas cuando, partido el amor y el deseo, salgo en busca de otros cuerpos, para marcarlos uno por uno con una simiente que, no está de más decirlo, has aprendido a esterilizar con unos métodos antinaturales e incómodos.

 

Quiero tu atención magnetizada por el Falo.

 

Quiero tu fe en mí, cubriéndome como una Caperucita. Sí,como una Caperucita. ¿Acaso no te conmovían los hombres que accedían a tener un rasgo femenino?

 

Quiero tu boca bien pintada, para que yo pueda saber si has besado o no a algún otro. Quiero que selles con ella mi cuerpo,que esas marcas sean mis medallas de honor en la guerra de los sexos.

 

Quiero tus pechos lo suficientemente grandes como para apenas desbordar mis manos, pero no tanto como para evocarme su índole nutricio que he olvidado.

 

Quiero que te muevas a mi compás como otro Yo Mismo y que tu desobediencia sea sólo para arrancarme un placer con el que no contaba.

 

Quiero tus dientes lo suficientemente duros para no hacerme cosquillas, pero no tan filosos como para castrarme o dejarme una cicatriz duradera.

Quiero que te vistas siempre así, como una prostituta, pero no cuando vas al médico, y que no te asomen negras puntillas o cintos de raso por los bordes de tu ropa de calle. Que esas tramas abiertas que escriben sobre tu piel blanquísima sean el argumento del amor, resistentes y elásticos para mi barbarie en tono menor (dudo que mi dentadura pueda arrancarlos como mi antepasado, el lobo).

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Quiero ver tu sexo sólo en el momento de poder taparlo con el mío, nada es tan desagradable como la animalidad de una mujer. Y nada hay de más animal que un sexo de mujer, un animal que engulle sin crecer ni morir. No quiero ver tu sangre, me bastó la de tu himen que necesité como prueba de que tu padre no me había engañado. Detesto los ciclos cuando no son los de las mareas o cuando no duran nueve meses.

 

Quiero tu instinto ágil y aleccionador para orientarme allí donde el conocimiento no llega. Pero si exageras, te llamaré bruja y te quemaré.

 

Quiero que me aceptes en tu cuerpo cuantas veces yo quiera, pero no tantas. Porque entonces te haré responsable de matar mi deseo en rutina o te acusaré de desear más allá de mí y te llamaré ninfómana.

 

Quiero que seas como una madre, no como la que tuve ni como la que deseé, sino como la que podría tolerar, aunque no tan semejante como para que tu contacto me repugne.

 

Quiero tu mente en blanco, no tus maquinaciones de loca.

 

Te quiero muerta o dormida o, mejor, una mujer robot sino tuviera que escuchar en tu pecho dos corazones.

 

Quiero tu sangre para mi apellido (te dije que no me gusta verla), tu sexo como un guante, tu goce como una orden al mérito.

 

También te quiero como si fueras un hombre, que me recuerdes a los hombres sin que yo tenga necesidad de ellos. Quiero tu vida interior para saber quién vive ahí y tu pasado para saber a quién hay que matar.

 

Quiero un contrato que lleve solamente tu firma.

 

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Quiero tu laboriosidad, no tus creaciones. Quiero tus manos para que me toquen o me curen y tus pies para que vengas a mí, constantemente, constantemente.

 

Quiero todo y a cambio de eso tú me quieres a mí, ¿no es cierto?

 

Entonces prométeme que tampoco vas a tener conciencia.

 

¿Acaso no te encanta que te llame “Cosita”?

 

Un beso de él.


 

La náusea

 

Querida Asqueada:

 

Ojo por ojo, diente por diente, cutícula por cutícula. No le deje pasar una. Pero devuelva con altoparlante, con la magnificencia y la exageración de los obispos vaticanos. ¿Que él deja El Gráfico sobre el sofá? Usted, a sacarse la tierrita de entre los dedos de los pies. ¿Que él dijo “se acabó la yerba”? Grítele desde el baño, sentada en el inodoro, “¡Cómo! ¿no hay papel?” ¿Que él moja el pan en el plato mientras lee el diario? Aféitese las piernas sobre la mesa y deje la taza con la cera perlada de pelitos junto a la jarra de vino. ¿Que el diario que él lee se llama Diario de Poesía?Sugiérale que es impotente. ¿Que él le dijo que la vida de ambos es mediocre? Conteste mientras hojea ansiosamente un ejemplar de Playgirl: “¡Oh, oh, oh… ya lo creo que sí!”. Coma ajo y cocine brócoli. Deje de usar desodorante y repita doscientas veces por día: “¡Me cacho en Diez!”.

 

¿Que su problema es que él se muestra repugnante y que yo pretendo ahora que la repugnante sea usted? Bueno, le voy a dar un truco que ni Mata Hari. Cómprese el libro de Irene Gruss El mundo incompleto, copie el poema titulado “Rara, como encendida”, fírmelo usted y envíelo para su publicación a Diario de Poesía. Él morirá de celos; Irene Gruss le hará un juicio. Alégrense ambas. Las mujeres que salen a la esfera pública son las más deseadas. 


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