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Viernes 22 de Junio de 2012

Viaje espeluznante al sur del río Ohio

En Nashville los pobres odian a Obama por comunista. En Lawrenceburg, al norte del río Ohio, un Wal Mart vende armas de color rosa para las damas. Al sur, en Petersburg, los creacionistas juran que el universo fue creado por Dios hace 6 mil años y que los dinosaurios convivieron con los hombres. En Louisville, los marginales viven viajando en los ómnibus o duermen en ciudades carpas. Segunda parte de la gran crónica del sur de Estados Unidos, por la escritora Mariana Enríquez.

 

Pascua en Lawrenceburg: dinosaurios y hombres
En un casino de Lawrenceburg, una pequeña localidad en el límite de tres estados –Ohio, Indiana y Kentucky- los ancianos pasan la noche frente a las maquinitas, a veces enganchados con un cable de la ficha que introducen en la ranura, así no tienen que cargar de monedas y el juego les resulta más cómodo: parecen viejos cyborgs, medio dormidos, escuchando lejanamente al pésimo imitador de Elvis que canta sobre el escenario –o al pésimo imitador de Rod Stewart. Lawrenceburg es parte del rust belt, del cinturón industrial de los Estados Unidos, aunque en estos años lo que realmente dinamiza la economía de la pequeña ciudad es el fastuoso casino flotante sobre el río Ohio. Vinimos en una única y breve excursión al Norte para visitar a Brian, amigo, escritor, dueño de una granja -que heredó de su abuela.
Brian fue huésped en mi casa de Buenos Aires hace tres años, cuando visitó Argentina, y está feliz de recibirnos, a mi compañero y a mi. Se siente un poco aislado en Lawrenceburg pero, al mismo tiempo, la granja y el pueblo dormilón son el retiro ideal para un escritor: Brian vive solo y está terminando su segunda novela. En el pueblo saben que es escritor pero posiblemente lo conocen mucho más porque hizo campaña por Barack Obama, con gran dedicación. ¿Logró convencer a alguien? No está seguro. Los demócratas de Lawrencenburg son bastantes, pero todos querían a Hillary.
Con su auto -por fin podemos movernos normalmente, sin desesperar por un transporte público o llamar a taxis y esperarlos por veinte o treinta minutos- nos lleva a ver el Wal-Mart, donde se venden armas de todo tamaño y color –hay escopetas rosadas, para chicas- además de, claro, munición. Nos lleva a Cincinatti, una de las ciudades más importantes del estado de Ohio, al mirador del hotel Hilton, desde donde se puede ver esta ciudad modesta y hermosa.
-En el sur, cuando les contábamos‘nos vamos para Cincinatti’ se reían. Decían: 'que tengan suerte’. ¡Pero esta ciudad es genial!
Masticamos una Goetta, la salchicha alemana traída a la ciudad por los inmigrantes a fines del siglo XIX.
-Bueno -dice Brian-. Ustedes sabrán que entre el norte y sur suele haber malentendidos y roces. 
Cincinatti es la ciudad donde Harriet Beecher Stowe escribió La cabaña del tío Tom basándose en las historias que le contaban los esclavos escapados del sur, sobre todo de Kentucky, el estado del otro lado del río que practicaba la esclavitud. Ohio, claro, no permitía la esclavitud. Y esta ciudad, por su condición limítrofe, fue un centro de actividad de abolicionistas -y también de cazadores de esclavos.

Brian nos pasea por el centro de la ciudad y nos cuenta que, hace unos años, tenía miedo de pasar por ahí; se trata de una parte del barrio Over-The-Rhine, en algún momento considerado de los más peligrosos del país, tanto que sus calles fueron usadas en la película Traffic para rodar las escenas de casas de crack y venta de drogas y adicción --tanto cumplía el barrio su aspecto de estereotipo de crimen urbano. Pero en los últimos años llovieron sobre el antiguo barrio de inmigrantes alemanes, de gran belleza arquitectónica, millones de dólares de inversión inmobiliaria. Y ahora hay galerías de arte y restaurantes y boutiques de diseñadores indie por todos lados. También se está renovando Washington Park, el parque céntrico que solía ser refugio de dealers y clientes. Hay gente que sigue teniendo miedo de ir a comer allí por la noche, pero es una minoría: el lento ingreso en la gentrificación de Over-The-Rhine es obvio.
Hay otras áreas de Cincinatti que impresionan por su riqueza actual y por su aún más impactante lujo pasado. Clifton, por ejemplo, alguna vez hogar de apenas siete (¡siete!) mansiones de los millonarios más importantes de la ciudad. Muchas de esas casas fueron demolidas; pero se mantiene en pie el tremendo castillo neogótico Scarlet Oaks, alguna vez propiedad del barón del acero George K. Schoenberger, hoy un geriátrico; todavía se pueden visitar sus magníficas, enormes, oscuras salas victorianas, con diseños de murciélagos y lechuzas; lejos, se escuchan los quejidos de los ancianos ya dementes. El castillo fue, antes, un instituto psiquiátrico. Los enfermeros, dicen, evitan esas salas preservadas, con sus muebles millonarios. Muy cerca está el cementerio Spring Grove, un jardín magnífico con su deslumbrante Arboretum de más de 1.200 especies de árboles, sus rosados cerezos en flor, su pasmoso rosedal, su bosque propio.
La vida aquí, en lo alto de esta colina de Ohio, fue estupenda para los pocos que la disfrutaron.
Nuestro amigo y su bendito auto también nos llevan a los pueblos que parecen inmóviles al borde del río Ohio, en el estado Indiana. Pueblos que se llaman Aurora, Madison, Patriot; todos recuerdan las vidas pequeñas y desesperadas de Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson y la melancolía de los cuentos de Ray Bradbury, que pasó su infancia por aquí cerca. Mujeres guías de casas victorianas -hay muchas en la zona--que esperan a los escasos visitantes sentadas en la puerta. Extrañas mujeres devotas de estas mansiones -como Hillforest, de estilo renacimiento italiano, en la localidad de Aurora, 3.000 habitantes- que suelen juntarse a tomar el té y usar vestidos de época -de aquella época. Cines que están en peligro de cierre como el Ohio Theatre de Madison, fundado en 1938, que necesita 150.000 dólares para su renovación digital y está buscando socios en el pueblo para poder sacar un crédito y alquilar el equipo necesario antes de 2013, cuando ya sólo habrá películas digitales. Madison es un pueblo hermoso, quieto, dorado, otoñal.
Pero Brian sostiene que hay un lugar que nos gustará mucho más, en el sentido perverso del gusto. Que él nos lleva pero no nos acompaña porque “no quiere darle dinero a esa gente”. Habla del Creation Museum, el Museo del Creacionismo, ubicado en Petersburg, Kentucky. Decidimos dejar la excursión para la Pascua, que se avecina.

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