El dinero en el mundo político ¿es legítimo? ¿Para quiénes? ¿Por qué? Toda competencia regular entre partidos necesita de la monetización de sus actividades. El dinero ayuda a organizar las maquinarias partidarias. La paradoja es que la presencia creciente de fondos en la política no puede despegarse del registro de la impugnación. ¿Es factible domesticar o disciplinar el “dinero político”?, se pregunta Ariel Wilkis, decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES).



Una perspectiva más distante de la coyuntura que quema permitiría considerar que la democratización y la monetización de la vida política son dos procesos conectados. La competencia regular entre partidos políticos es una palanca de la necesidad de mayor cantidad de dinero para movilizar y organizar la participación política.  La paradoja es que la presencia creciente de dinero en la política -una condición para que los regímenes democráticos se desplieguen- no puede despegarse del registro de la impugnación.

 

Cada denuncia mediática y judicial es un acto de un drama político y monetario más largo. Las acusaciones de enriquecimiento, corrupción, malversación, clientelismo, “aportantes truchos” y ahora de anotaciones de coimas en cuadernos Gloria son circunstancias puntuales. Ellas ocultan lo más relevante que la sociedad debería dejar en claro para sí misma, sino quiere seguir irreflexivamente el ritmo de las denuncias (incluso cuando estas son generadas por aquellos con quienes compartimos sensibilidades políticas).

 

El dinero en el mundo político, ¿es legítimo? ¿Para quiénes? ¿Por qué? ¿Cómo? Estas preguntas se vuelven más acuciantes cuando el debate público tolera poco algunas de sus posibles respuestas. En un estudio que hicimos en el IDAES-UNSAM detectamos que al grupo que más se le impugna el nivel de sus ingresos es a los políticos (por arriba de los empresarios). Entre otras lecturas posibles de este dato quisiera resaltar la siguiente: esta impugnación refleja la incomodidad para legitimar el dinero en el mundo de la política. Y es una incomodidad que se da por igual en hombres y mujeres, ricos y pobres, adultos y viejos, personas con estudios y sin estudios.

 

Max Weber fue un lúcido pensador sobre el dinero en la vida política. Me animaría a decir que su sociología del dinero es un capítulo muy importante de su sociología política. Toda competencia regular entre partidos necesita de la monetización de sus actividades. El dinero ayuda a organizar las maquinarias partidarias. Sin embargo, esta tesis tuvo poca resonancia en las ciencias sociales argentinas. La generación de intelectuales que se aglutinó alrededor del concepto de transición a la democracia no consideró lo suficiente este aspecto de los regímenes democráticos dado el peso que le otorgaban al análisis de las cuestiones institucionales y a cierta concepción basada en la autonomía de la política.

 

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La ciencia política le ha prestado mucha más atención al dinero en la vida política. Desde su agenda de temas se observa la cuestión monetaria a través del financiamiento de los partidos políticos, la corrupción y también el clientelismo. Al mirar más en detalle esta literatura se encuentra una narrativa sobre el dinero siempre igual a sí mismo: el dinero se muestra sólo a través de su cara instrumental. Esta cara puede asumir tres facetas. El dinero se presenta como un medio para: a) organizar a los partidos políticos; b) lograr apoyos electorales por parte de los ciudadanos; c) suscitar beneficios por fuera de la ley. En muchas ocasiones esta narrativa instrumental sirve para afianzar la idea de que el dinero en la política es algo sospechado. Los politólogos han creado ciertos conceptos que funcionan a través de esta idea. Un caso paradigmático es el concepto de “accountability” de Guillermo O’Donnell. La “rendición de cuentas” que este concepto promueve asume que el dinero es peligroso sino no se lo controla. La ciencia política propone dispositivos institucionales que domestiquen al dinero político, y así disipar sus amenazas para la democracia. Las preguntas asoman con otros ropajes ¿El dinero político puede ser disciplinado? ¿Cómo funciona el dinero democrático?  

 

La sociología y la antropología han provisto, al menos, dos importantes evidencias para contribuir a la discusión sobre el dinero en la política. En primer lugar, cualquier debate debe asumir que las condiciones de la vida democrática dependen de la existencia de recursos monetarios que permitan la existencia de personas que se dedican de manera más o menos regular a la actividad política. La circulación de dinero en los lazos políticos es más una regularidad sociológica que una anomalía que debería ser penada o moralmente condenada. En segundo lugar, su existencia garantiza la organización, pero también algo menos evidente, más imperceptible, que gracias a las importantes investigaciones antropológicas podemos tomar en cuenta: el dinero en la política prueba las lealtades y apoyos que se tienen seguidores y lideres. A través suyo las personas se pelean, pero también se alían, se enfrentan y cooperan, se declaran enemistades prolongadas y también apoyos irrestrictos. Muchas cosas produce el dinero en la vida política.

 

El desajuste entre la ilegitimidad del dinero político y su necesidad para la organización política genera condiciones óptimas para movilizar al público tras todo tipo de denuncia ayer, hoy y mañana. Estas reacciones no van acompañadas de una mayor reflexividad sobre las causas que las producen.

 

Un debate realista implicaría reconocer la cara menos visible del dinero. Bajo una perspectiva de la sospecha, la productividad del dinero político queda oculta. El dinero no es externo a los lazos políticos, sino que ellos se ponen a prueba a través suyo. Permite darles expresión numérica a los compromisos políticos, hace factible que un valor monetario torne más preciso las acciones de las personas y su reconocimiento como virtudes o como defectos políticos.

 

Tomar en cuenta sin rodeos que el orden democrático depende del dinero en la vida política podría animar un debate todavía pendiente.  Más allá del curso de toda causa judicial que debe llevarse adelante para esclarecer todas las denuncias, el punto de partida de este debate es reconocer que sin dinero no hay política, ni mucho menos política democrática.

 

El Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la UNSAM reúne a sociólogos, antropólogos, historiadores y economistas que investigan y dictan clases de grado y de posgrado a casi 2000 estudiantes. Nació hace 20 años como una propuesta de un espacio innovador en la formación de posgrado; dos décadas después es uno de los institutos de relevancia en el campo académico argentino, con enorme vitalidad y vanguardismo. El IDAES ha acompañado a Anfibia desde su nacimiento, estando ambos proyectos hermanados por una misma concepción de la universidad pública, del rol de los debates políticos-intelectuales y de la exploración de nuevas formas de pensar y de contar la sociedad argentina. Anfibia acompaña al IDAES en la celebración de sus 20 años invitando a sus profesores e investigadores a ser autores de 20 notas que se publicarán durante el 2018 para reflexionar sobre las controversias y dilemas de una sociedad heterogénea, desigual y altamente politizada.


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