En esta nueva entrega del especial Lectura Mundi-Revista Review, que se propone pensar y discutir el género, Martín Caparrós plantea que la crónica debe olvidarse de lo que tradicionalmente se llama “interés del público”. “Periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber”; en ese espacio, se revalida la crónica, dice.



Quizá la definición de la crónica que más me gusta es una que no he escuchado todavía: un texto periodístico que se ocupa de lo que no es noticia.

 

Sabemos lo que es una noticia: las escuelas se encargan de remacharnos ese saber en cada clase. “La noticia es el relato de un acontecimiento de actualidad que suscita el interés del público. El periodista tiene la responsabilidad de relatar con la mayor objetividad y veracidad posible cómo se han producido esos acontecimientos o hechos”, dice un manual –que habla todavía, entre otras cosas, de objetividad. Y, peor: que se escuda detrás de ese telón infame, el público. “Que suscita el interés del público”: cualquiera que haya perdido el tiempo mirando cuáles son las noticias más leídas de las webs de la mayoría de los grandes diarios sabe que el interés del público tiene que ver con chismes y famosos y dietas y exotismos y algún crimen. Una, al azar, reciente, de un diario prestigioso, gallardete y pendón del Reino de España:

 

- Así son las actrices porno sin maquillaje.

- Enterrada 9 años rodeada de hormigón y cuatro camiones de tierra.

- Los diez chicos malos más sexys de Hollywood.

- Las diez mujeres más poderosas y sexys del fútbol.

- Científicos cambian desde el presente lo ocurrido en el pasado.

- Las 10 bodas más caras de la historia.

 

Esto es, visiblemente, lo que despierta el interés del público. Y muchos editores caen en la tentación de escudarse en ese interés para producir materiales cada vez peores. A imagen y semejanza de la “democracia encuestadora”, en la que los partidos políticos ya no tienen programas y proyectos que los identifiquen sino que oscilan y vacilan al ritmo de las supuestas demandas del público consumidor auscultadas a través de encuestas perfectamente dirigidas, el “periodismo encuestador”, dispuesto a lo que haga falta para vender un poco más, gana terreno. Los editores siempre tuvieron la ansiedad de satisfacer a su público; nunca tuvieron, como ahora, tantas técnicas para determinar qué quiere.

 

Basura, muchas veces, gentileza del famoso círculo: te doy basura, te entreno en la lectura de basura, te acostumbro a la basura, me pides más basura, te la doy.

 

Por eso parece claro que habría que hacer periodismo contra la demanda más primaria del público: contra el público. Que periodismo no sólo es contar las cosas que algunos no quieren que se sepan. Que periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber.

 

Porque creen que no les interesa. Porque no se pusieron a pensar en ellas. Porque nadie se las contó bien.

 

Es la opción de la crónica. 


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