El acto de Arsenal tuvo la eficacia política que le faltó al kirchnerismo en su etapa final de gobierno. Cristina no le habló a los convencidos: buscó desbordar y llegar al tercio bonaerense que no está definido ni por ella ni por Cambiemos. Bajó la épica para ampliar su base electoral. Ahora, dice Alejandro Grimson, se abren preguntas: ¿Se trata de una estrategia sustentable o solo para un acto?¿Quiénes hablarán durante la campaña y qué dirán? ¿Los dirigentes de la Unidad Ciudadana están consustanciados con ese giro de Cristina? ¿Cómo se arman las listas?



¿Es posible analizar el acto de Cristina en Arsenal más allá de las pasiones de cada uno? Una de las degradaciones del análisis político consiste en su devenir en “operación”. O en criollo: opereta. Si amás a Cristina, siempre escribís una loa, haga lo que haga. Incluso si pensás que esa acción la llevará a la derrota. Y si odiás a Cristina, siempre escribís lo mismo: la condena moral y política, incluso cuando acierta. Pero Cristina, como todo dirigente político, puede ser analizada por la eficacia de sus acciones. Aciertos o errores para sus propios objetivos. Incluyendo a aquellos que enloquecen de una y otra forma con ella. Charly García legó una frase, recordó en estos días María Esperanza Casullo, que parece dedicada a Cristina: “Te amo, te odio, dame más”.

 

Ahora bien, en términos de eficacia, Cristina no es tanto ni tan poco. Hoy es la líder opositora con mayor peso electoral, pero que en este mismo momento le resultaría muy difícil romper su techo electoral para ganar una elección presidencial. A los anticristinistas recalcitrantes, que la han jubilado como expresión de deseos, les cuesta un poco salir del anuncio de “la muerte del peronismo”. A diferencia de ese tipo de análisis, hay que decir que los “techos” electorales son cambiantes, dinámicos. Deberían revisar encuestas y observar cómo se movió en el tiempo el techo de Mauricio Macri en 2015. Justamente fue por considerar ese techo inamovible que desde el anterior oficialismo se fogoneó esa candidatura con la que era más sencillo polarizar. Porque, se subestimó, jamás podría ganar. Y se quedó con todo por cuatro años.

 

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El acto de Arsenal fue eficaz, pero sobre todo mostró un potencial político que abre preguntas. Se lo criticó por duranbarbismo en la puesta en escena. Pero lo cierto es que una de las ineficacias políticas más claras de Cristina fue que después del 54% de 2011 le habló cada vez más a su tropa propia, a sus votantes, a la militancia. En Arsenal, en lugar de hablarle a los convencidos, buscó desbordar y hablarle a ese tercio que no está definido ni por ella ni por Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires.

 

Los presentes querían cantar contra el gobierno, por Cristina Senadora y Cristina Presidente. Y ella no quería eso. Porque no quería hablarle a los presentes, quería hablarle a los ausentes. No quería replicar el patio de las palmeras. Dejó atrás el tono melancólico (“hoy no puedo llorar”), no mencionó a Néstor, no narró su propio gobierno. Habló de presente y de futuro. El pasado es Cambiemos quería decir. Habló para la televisión.

 

Es cierto que retomó aspectos de su discurso de campaña presidencial de 2011. Antes del 54% Cristina le hablaba a todos los argentinos o a las grandes mayorías. No sólo a quienes pensaban como ella. Y en Arsenal también. Esa estrategia se expresó en sus palabras, en la colección de historias de vida y ese escenario tan peculiar: bajo, para estar cerca de la gente, para no hablar “desde arriba”; chico, para casi mezclarse con la concurrencia. No hubo duranbarbismo. Más bien, Cambiemos nunca dejará de hacer estudios sociológicos para hacer política y por eso sintonizó con algo de la época. “Escuchar”, “timbrear”, “acortar distancias”.

 

Y Arsenal mostró un interés en sintonizar, fina o gruesamente, con la misma época. Sí, bajó el tono épico, quizás porque sabe, quizás estudió, quizás le explicaron, quizás leyó, que con el tono épico garantiza ese tercio aproximado, en el doble sentido de “garantizar”: ni más ni menos. Pero quiere más, es una dirigente política, quiere la mitad más uno. Iván Shargrodsky lo sintetizó así: bajó la épica para ampliar su base electoral.

 

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Esa fue su estrategia. Combinada con una movilización contundente. Que nadie puede replicar. Frente a eso, los cuestionamientos sobre por qué no dio le internas al randazzismo quedan bastante relegadas en la coyuntura inmediata. Porque encumbra una nueva épica, la de las mujeres y hombres de a pie, que desplazan al dirigente político. Excepto a ella.

 

En relación a esa gente de a pie, puede analizarse la composición de historias y rostros que subieron al escenario. Algunas presencias fueron muy significativas. Debe ser una de las pocas líderes políticas que se atreve a reivindicar a inmigrantes bolivianos contra los xenófobos. Y con su creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, subir a becarios del CONICET. Pero más allá de que nunca es posible “subir” a todos, deben señalarse la ausencia de trabajadores sindicalizados (camioneros, mecánicos, textiles) o trabajadores de la economía popular. Habrá que ver si intenta y puede ampliar las heterogeneidades de esa fotografía.

 

Y justamente allí donde vemos las preguntas, desafíos y hasta paradojas de esta estrategia. ¿Es sustentable después de este acto? ¿Cómo se arman las listas de una “Unión Ciudadana”? ¿Arsenal fue una anécdota que quedará rápidamente en el olvido? ¿O es parte de un giro más profundo y persistente?

 

Cristina no quiso mostrar a los protagonistas de su gestión de gobierno, sino a las víctimas de las políticas macristas. Eso recoge  algo de la “antipolítica” y lo resignifica. En Arsenal no estaban las banderas de cada uno de los sectores que confluye en esa “Unión”. ¿Pero cómo se hace una campaña electoral? ¿Quién habla? ¿Los que hablarán están consustanciados con ese giro? ¿O tratarán de olvidarlo como una anécdota trivial? ¿Cómo se arman las listas? Un dato: desde Comodoro Py en 2016 hasta la entrevista reciente en C5N ella pide no hablar de “traidores”, pero mucho caso no le hacen.

 

Por eso, una pregunta es sobre la eficacia de Arsenal y otra pregunta es sobre la posibilidad de darle sustentabilidad en el tiempo a ese giro, a esa nueva estrategia. El “frente ciudadano”, la “unión ciudadana”, ¿es un nombre nuevo para presentar mejor el mismo proyecto? ¿O es un cambio que implica modificaciones en todos los niveles?

 

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El escenario de Arsenal mostró otro aspecto: Cristina y su relación directa con mujeres y hombres de “carne y hueso”. Directa significa no “mediada”. Generalmente, entre un líder y esas personas hay dirigentes intermedios. Sociales, deportivos, gremiales, partidarios, religiosos. Intermedios, expresión de todas las formas de militancia y de la gestión. Si la relación directa se mantiene, ¿a dónde irán los dirigentes intermedios? ¿Todos para una?

 

No hay política sin dirigentes intermedios. Ni partido, ni frente, ni movimiento. Por eso, hay diversidades, jerarquías. Y también diferencias. Por eso, se busca la “unidad”. Seamos redundantes: la unidad une lo que no está unido. Porque no todo es lo mismo. Toda innovación estratégica tiene potencialidades y riesgos. Y sus eficacias reales y potenciales deben ser analizadas en corto y también en el mediano plazo.

 

El otro problema del mediano plazo deriva de que ese tercio de “indecisos” o avenida del medio a la que Cristina quiere dirigirse tienen una gran cantidad de preguntas para hacerle. Diferentes respuestas tendrán obviamente distintas eficacias. Pero lo que es seguro es que si no hay respuestas claras sobre temas que “le importan a la gente” (que no sólo tienen que ver con el gobierno de Macri, sino también con el gobierno anterior), el techo electoral actual se hará muy difícil de erosionar.  Para sintonizar de modo eficaz, el diálogo, las preguntas y respuestas son indispensables. Y sobre todo, el registro de que esas preguntas existen.


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