En CABA aumentó un 30% la cantidad de mujeres que piden la ligadura de trompas como método anticonceptivo. Un derecho que, luego de 10 años de estar garantizado por ley, aún encuentra obstáculos de la corporación médica que debe garantizar su acceso. La marea feminista que dentro y fuera del sistema de salud defiende las maternidades deseadas y el aborto legal también defiende a quienes eligen no ser madres. Luciana Mantero cuenta esas historias.



A Magalí Santi (28) su ginecólogo de toda la vida la miró con el ceño fruncido y la retó:

 

- ¿Cómo se te ocurre?

 

Magalí fue a pedirle al médico que le ligara las trompas de Falopio. El médico le dijo por qué no se lo haría: porque ella era muy joven y quizás el día de mañana se iba a arrepentir. Ella fue a ver a otro médico, y a otro más. “Me quiero ligar”, pedía. “De ninguna manera”, le respondían. Decidida, volvió al que más confianza le había inspirado. Llevó la Ley 26.130 en la mano: por ser mayor de edad sólo era necesario dar su consentimiento, dice la norma. Recién ahí el ginecólogo accedió, y la derivó a un cuarto especialista. Su prepaga cubrió los gastos de la intervención y Magalí, que trabaja en un banco, cumplió con el deseo que venía incubando y analizando desde hacía años.

 

A Mariana (30), que es estudiante y empleada de casas particulares, en tres hospitales distintos le rechazaron su pedido de ligarse las trompas. Le ganaron por cansancio, dejó el tema en suspenso.

 

Susana, que es docente, está a punto de lograrlo. Incluso con 42 años y una cobertura médica privada le costó encontrar un ginecólogo que respetara su decisión. “Siempre soñé casarme de blanco, pero nunca con tener hijos. Cuando ovulaba entraba en pánico, no disfrutaba de mis relaciones sexuales. Tuve un novio que era infértil: al enterarme estaba chocha. Después, salí con un hombre que ya tenía hijos, le pedía que se pusiera un preservativo y me decía: ‘¿Qué problema hay? Si viene, viene´. Y yo pensaba: ‘¡Qué problema hay para vos!´. No me ligué antes porque mi familia me hacía dudar. Pero no todas las mujeres queremos ser madres”, sostiene.

 

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“Entre 2016 y 2017, la cantidad de ligadura de trompas aumentó un 30%, algo que no pasó con ninguna otra práctica anticonceptiva”, dice Viviana Mazur, del equipo de la Coordinación de Salud Sexual, Sida e ITS de CABA. Para Manzur, el salto tiene que ver con la presión del movimiento de mujeres por mejorar el acceso a sus derechos, y también con el trabajo de los equipos de salud en la difusión de esos derechos, la detección de obstáculos y la promoción de los espacios de consejerías.

 

Como muchos temas vinculados a la salud sexual y no reproductiva de las mujeres, la ligadura de trompas está rodeada de prejuicios que dificultan llegar a este método anticonceptivo quirúrgico. Anécdotas y leyendas que prueban la objeción médica hay muchas. Antes de la sanción de la ley en 2006, algunos médicos les pedían a las pacientes autorización judicial para practicarles la intervención. En el Pirovano, como la mujer no tenía hijos, cuentan que se convocó a un comité de ética en el que citaron hasta a un cura. Lo mismo pasaba con las vasectomías; todavía hoy algunos urólogos piden a sus pacientes certificado de salud mental.

 

Las barreras se profundizan sobre todo para las mujeres que no tienen hijos, las que la piden lejos del período de la cesárea o parto y las más jóvenes. Es más fácil “ligarse” cuando recién parieron, y también si la historia clínica incluye patologías cardíacas, renales, oftalmológicas o diabéticas graves. La ciencia también está empezando a considerar este método como una forma de prevenir el cáncer de ovario.

 

“Fue necesario crear una ley específica, como no tenemos para ninguna otra práctica anticonceptiva, para obligar al sistema de salud a respetar el derecho de las mujeres a elegir si quieren tener hijos o dejar de ser fértiles -continúa Viviana Mazur, que también es formadora de docentes en la ESI (Educación Sexual Integral) y médica del Cesac 7 de Lugano-. Esto entraña una gran profundidad, establece quién decide respecto del cuerpo o de la paternidad de las personas.”

 

Mazur y su equipo aplica la estrategia AIPE, Anticoncepción Post Evento Obstétrico: “Mientras las mujeres reciben los cuidados durante el embarazo también reciben consejería en anticoncepción; así pueden optar por el método inmediatamente después del parto”.

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Vanina (38) sí eligió la maternidad. Es docente y tiene dos hijos que nacieron prematuros luego embarazos complicados. Hace un tiempo se hizo un aborto con pastillas que fue lento y le requirió muchos controles posteriores. Por eso decidió no correr el riesgo de pasar por esa situación otra vez. Fue a una clínica de Palermo donde se sintió contenida, le dieron un turno y una orden médica para hacerse los exámenes prequirúrgicos. Todo marchó sin inconvenientes, y el mismo día de la intervención volvió a su casa en colectivo.

 

María Laura (41) decidió hacerse la ligadura el 31 de octubre de 2017, cuando nació su único bebé, en el Hospital Piñero. Se lo sugirió su obstetra, por cuestiones de salud. María Laura es empleada de casas particulares y trabaja en un comedor comunitario en la villa 20 de Lugano. “Cuando veo a otras mujeres con tantos hijos agradezco haber tomado la decisión”, piensa.  

 

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La Ligadura Tubaria es un método anticonceptivo quirúrgico. Consiste en el cierre completo de las trompas de Falopio para impedir la unión del óvulo con el espermatozoide. Se puede hacer a través de una laparoscopía y por vía vaginal. Es prácticamente irreversible. Existe una técnica para recuperar la fertilidad pero no se practica en hospitales ni tiene cobertura médica. La alternativa más segura para las arrepentidas es un tratamiento de reproducción de alta complejidad (los óvulos son aspirados, se fecundan en el laboratorio con los espermatozoides y luego los embriones son transferidos al útero).

 

Muchísimas mujeres acceden a la información sobre la posibilidad de hacerse una ligadura de trompas durante su embarazo. Las que se deciden antes del parto o inmediatamente después, cuando aún están internadas, suelen tener cada vez menos obstáculos -ni la Defensoría del Pueblo de CABA ni la de la Nación recibieron quejas en los últimos años-. Sin embargo, las barreras aún persisten y están asociadas a la mirada natalista de parte de la comunidad científica pero también a la ignorancia. Mabel Bianco, consultora de Naciones Unidas y presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer, sostiene que a doce años de la Ley “hay menos obstáculos pero aún la resistencia existe. A muchos profesionales les pesa el desconocimiento de la legislación actualizada y sus ideologías pronatales”.

 

Minimizar la importancia o la urgencia de que una mujer acceda a este método implica desconocer que la que no recibe una anticoncepción adecuada y vuelve a quedar embarazada puede correr riesgo de vida en abortos clandestinos o por complicaciones durante la gestación. “Lo que se pone en discusión -retoma Manzur- es que el cuerpo femenino está para reproducirse. Y si en ese acto se les va la vida, se les va la vida.”

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Una de cada cuatro mujeres que tienen un bebé en la maternidad Sardá, inmediatamente después se ligan las trompas. En el Argerich la cifra es más impactante: una de cada tres.

 

Es una decisión compleja.

 

En el hospital de La Boca está Noelia Nicolás esperando que nazcan sus gemelas en las próximas horas, y aunque tiene decidido ligarse las trompas durante la cesárea a veces cuando lo piensa se siente “como una perra, menos mujer”.

 

En una de las camas del Hospital Piñero -otro de los que más nacimientos registra en CABA- está Juana (34) amamantando a su cuarta hija. Vive en Lugano pero nació en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Hace 12 años llegó al país siguiendo a su marido, que había conseguido un trabajo como carpintero naval. Es la cuarta de diez hermanos. Desde que tuvo a su segunda hija por cesárea en el hospital le ofrecieron ligarse las trompas y ella aceptó, cuenta, porque volver a embarazarse es peligroso para su salud. Antes de volver a parir se dijeron con su marido: “¿Te operás vos o me opero yo?”. Como ella tenía programado el nacimiento, la decisión, dice, fue directa.

 

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“Antes de que se sancionara la Ley, los médicos hacían ligadura de trompas pero no las registraban como tales o lo hacían como apendicitis o extracción de quiste de ovario”, cuenta Silvia Oizerovich, titular de la Dirección de Salud Sexual y Procreación Responsable del ministerio de Salud de Nación, una de las pioneras en el tema.

 

En 2007, a un año de aprobada la norma, la Defensoría de CABA relevó su cumplimiento en cuatro hospitales. La mayoría de los agentes de salud conocía su letra pero se resistía a aplicarla sin una razón médica que la fundamente, es decir, les parecía insuficiente que las mujeres pudieran decidir por sí mismas sobre su fertilidad. Entre 2010 y 2012, un estudio hecho por CoNDeRS (Consorcio Nacional de Derechos Reproductivos y Sexuales) y otro por el Conicet junto al Instituto Gino Germani en el gran Buenos Aires y el gran Mendoza, denunciaban “restricciones extralegales explícitas” para las ligaduras y vasectomías en el sistema público y privado. Los investigadores constataron “manejos de poder en el consultorio médico que limitan o impiden la decisión autónoma”. Entre los obstáculos, subrayaron casos de centros sanitarios que establecían una edad mínima y una cantidad determinada de hijos para que una mujer pudiera acceder a una ligadura. En Tucumán, algunos médicos se negaban a operar a mujeres que tuvieran menos de siete hijos. En Córdoba les pedían un informe psicológico. En Entre Ríos un médico le exigió a una paciente que cursaba su noveno mes de embarazo un pago de $2.400 por la cesárea y la ligadura. La mujer no consiguió el dinero, volvió a quedar embarazada de mellizos y en 2010, después del parto, murió por complicaciones cardíacas.

 

“Muchas mujeres venían a la Maternidad Carlotto rebotadas de otros lugares porque no habían tenido hijos o porque eran muy jóvenes, y se veía el prejuzgamiento del sistema de salud que desconfía de su decisión”, afirma Patricia Rosemberg, ex directora de esa maternidad de Moreno, actual miembro del equipo de Salud Sexual y Reproductiva del partido de San Martín. “Falta vinculación del Ministerio de Salud con la Ley de Salud Sexual y Reproductiva; con el Ministerio de Educación y con la Ley de Educación Sexual Integral; con el de Planificación Estratégica y Modernización y otros estamentos que deberían trabajar para que la información llegue a la población”, agrega Cecilia Zerbo, también ex directora de la Maternidad Carlotto.

 

El que juzga no es sólo el sistema de salud. “Nunca tuve deseos especiales de tener hijos, pero sí mucha presión de mi entorno. Me tildaron de homosexual, de egoísta, de pensar sólo en gastar mi plata en mí… ¡Egoísta con un hijo que no existe! -dice Magalí Santi, que terminó apelando al humor para revisar su decisión-. “Me dijeron: ´¡Ay, pero uno tenés que tener!´,  ‘Si, bueno -comenzó a responder-, ¡también tengo que tener un vestido de Las Oreiro!´. Igual, desde que me ligué me miran con otros ojos. Es como si tuvieras la bandera de: ‘Tomé una decisión´, y nadie más te jode.“


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