Cambiemos ganó desde las contradicciones secundarias (estilo de gobierno) y administra escondiendo las contradicciones principales (política económica), lo contrario a la estrategia que supo tener el kirchnerismo, dicen los autores de esta nota. Y se preguntan: ¿El relato K no habrá sido demasiado homogeneizante, sin dejar espacio a otras formas de identificaciones colectivas como la de los trabajadores de la economía popular o de las mujeres?



Coautores: Lautaro Gonzalez, Gregorio Miranda, Laura Pegoraro*

Fotos interior: Archivo

 

Empiezan a caducar los tiempos de evaluación del momento electoral cuando el nuevo gobierno toma medidas a diario y en pocos meses desanda gran parte del camino que costó años construir. Evidentemente es más fácil desarmar diques a los poderes financieros, mediáticos e imperiales que erguirlos. Se entiende en estas semanas lo que significa tener o no tener a los sectores dominantes a favor; se vive la fragilidad de la política cuando no está más institucionalizada. Las fuerzas progresivas de América Latina y en particular en la Argentina aprendieron la necesidad de una política fiscal responsable. Después de los primeros tres meses del nuevo gobierno, aprenderemos la necesidad de modificar más a fondo las reglas.

 

Pero el duelo debería ser corto y los aprendizajes, rápidos. Porque el próximo horizonte ya se perfila en las legislativas de 2017 que definirán las posibilidades de un retorno de las fuerzas reformistas de la Argentina.

 

La centralidad de las contradicciones secundarias

 

Una compañera nos enseñó, en la mejor tradición oriental, a estar siempre atento en diferenciar entre contradicciones secundarias y principales. Si cruzamos esta invitación metodológica con la distinción entre conflictos estructurales y expresiones de estos conflictos podemos llegar a tener una posible grilla de análisis de las elecciones y de la forma de gobierno venidero.

 

Efectivamente, toda la campaña de Cambiemos se articuló en torno a contradicciones secundarias, marcando una dialéctica que necesariamente los favorecía. Ejemplo de ello es el rechazo al estilo de gobierno, al uso de las cadenas nacionales, a las formas de la política. Fueron tal vez uno de los núcleos duros del deseo de “cambio”, el significante vacío que aglutinaba una experiencia común: el rechazo a esas formas indeseadas.

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Que la política es también estética lo sabemos pero que toda la política se reduzca a ello trae consigo varios problemas: el principal de ellos, invisilibilizar las contradicciones principales y así favorecer la dominación. Por ejemplo, que haya varios tipos de dólares es la expresión de un problema vinculado a la pugna por el signo de la riqueza, es decir, por cuánto debería valer la moneda nacional en divisa extranjera. Del mismo modo, la inflación es la manifestación de una pugna distributiva de un sector que quiere profundizar su acumulación. Esto no significa que no sean importantes en el día a día de las personas y que no constituyan problemas a resolver. Simplemente no son el centro del conflicto. Las contradicciones principales están en torno a las pugnas de acumulación de poder, de capital o de símbolos. Son aquellas que definen concretamente cómo se establece la jerarquía social, que definen, entre otras, las luchas distributivas (en lo salarial), redistributivas (en lo fiscal), de reconocimiento (en lo jurídico), entre las formas de capital (financiero, industrial).

 

Es notable en este sentido que la gran mayoría de las noticias hicieran tanto énfasis en el fin del cepo cambiario (contradicción secundaria) pero que haya pasado relativamente desapercibido el levantamiento del encaje de capital (contradicción principal) que habilita el regreso de los capitales golondrinas al país. Es la medida que vuelve a hacer de la Argentina un lugar para el negocio financiero especulativo cambiando radicalmente el modo de acumulación, fortaleciendo su tendencia rentística y exponiendo de nuevo al país a las inestabilidades financieras.

 

Cambiemos ganó desde las contradicciones secundarias y gobierna escondiendo las contradicciones principales. Es exactamente lo contrario de la estrategia del kirchnerismo que gobernó explicitando y mostrando las contradicciones principales (no al Alca, medidas antiespeculativas, reconstrucción del conflicto capital-trabajo, confrontación con los medios concentrados), tal vez descuidando la sensibilidad social por las contradicciones secundarias, por estar excesivamente orientado a librar una batalla cultural y la protección de un relato homogeneizante.

 

¿Cuál es sujeto?

 

Este último punto se conecta con otra cuestión que nos parece central para entender los desafíos de cualquier fuerza reformista que busque volver al poder. ¿Cuál es el sujeto interpelado por la política? Los dirigentes de Cambiemos hablan de “vos”, al “vecino”, dicen lo que “piensa la gente”. El kircherismo seguía apelando a la categoría de trabajador, de compañero, de militante. Esto no significa que haya que imitar a esta individualización de la política, pero sí abre a una pregunta por los sujetos colectivos que la fuerzas reformistas pretenden interpelar.

 

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¿Se habrá hecho lo suficiente en reconocer a la pluralidad de formas de trabajo y por ende de los colectivos de trabajadores? ¿Cuál fue el ejercicio de memoria sobre el 2001 y una de sus figuras centrales que fueron los movimientos que lucharon desde y en contra del desempleo? La campaña de los dos modelos no pudo convencer a una juventud que tenía 4 años en esa crisis y que no saben por experiencia propia o mediada lo que fueron los 90. ¿No se habrá despojado la historia de los piqueteros, de las asambleas barriales, de las empresas recuperadas? ¿El Relato no habrá sido demasiado homogeneizante, sin dejar espacio a otras formas de identificaciones colectivas como la de los trabajadores de la economía popular o de las mujeres?

 

En todo caso el ejercicio de reconocer los múltiples sujetos colectivos pareciera necesario si no queremos suicidarnos ideológicamente hablándole al “vecino” y a su vez poniéndole nombre a las contradicciones principales, interpelando a sujetos colectivos concretos.

 

Conflictuar con el conflicto

 

Es notable el lugar de la “confrontación” en la pugna electoral. Uno de los grandes logros de Cambiemos ha sido instalar, a veces con cierta agresividad paradojal, una confrontación a lo confrontativo, estar en contra de los que están en contra, agredir la agresión. En lo retórico permite no tener que definirse, apelar a la “alegría” o a la “felicidad” como modo de ser ofensivo.

 

Oponerse desde lo positivo sin construir enemigos pone a la oposición en la posición de defenderse sin saber muy bien de qué. Una práctica que desconcierta cualquier fuerza política que construye su mística justamente en la confrontación, que ha hecho de ella el cimiento de su hegemonía, que sabe cómo enfrentar las “corporaciones” pero no a los globos. Esta estrategia comunicativa tendrá, es muy probable, una vida corta. Pero cualquier crítica tendrá que enfrentar por un tiempo la retórica justificativa de la “pesada herencia”. Para la dicha del regreso de la confrontación, esta excusa es perenne.

 

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En el discurso de investidura, el presidente dejó muy en claro esta estrategia de patologización del conflicto y su contracara, la naturalización de la represión. Estos elementos articulan el ideario de aquellos que piensan que la política es “resolver los problemas de la gente” y que consideran a la historia terminada. Ya hicieron la experiencia de este viraje los trabajadores de Cresta Roja que vivieron una represión de una violencia irrestricta.

 

Con el tiempo podremos ensamblar el complejo simbólico del Pro, que mezcla elementos tradicionales de la derecha con algunos novedosos aggiornados por la realidad social nacional. Sin embargo, ningún trabajo de oposición puede hacer abstracción de estas formas de pensar y actuar, estas prácticas de gobierno y sus múltiples recepciones.

 

Pensar la oposición

 

Esa nueva posición tiene en la política un nombre: la oposición. Será un aprendizaje nuevo, y requerirá de una inteligencia específica, que no puede ser principista si quiere ser exitosa, pero que tendrá principios claros si quiere ser potente. Resistir cuando haya ataques, negociar cuando haya espacio para avanzar, ir al conflicto siempre y cuando permita acumular.

 

Esto implica algunos elementos que punteamos como agenda posible de una reflexión colectiva. Como decíamos anteriormente, es clave volver a poner las contradicciones principales en el centro de la escena. Implica seguramente una pedagogía nueva que no puede apelar a los riesgos del regreso al pasado sino a las dificultades que se avizoran en el futuro. Sabemos que la financiarización produce desempleo e inestabilidad macroeconómica. Ojalá no tengamos que esperar a la próxima crisis para que haya conciencia sobre eso. Esto requiere convencer, argumentar, pensar modos comunicacionales novedosos y registros que permitan perforar más allá de los propios, de los ya adheridos.

 

Por otra parte pareciera clave seguir articulando espacios sociales múltiples, y a veces contradictorios entre sí. El juego de la representación ganaría en pensar que la lógica amigo enemigo no implica necesariamente homogeneizar a uno u otro. En la comprensión de esta heterogeneidad está, creemos, la posibilidad de representar no desde la unificación o la síntesis sino desde lo común. Y lo común no es ser lo mismo, es querer compartir un destino, una rebelión, un rechazo o un deseo; reconocerse en banderas que son justamente las de las contradicciones principales.

 

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Esta forma de la política implica, en la medida de lo posible, habitar los espacios del estado que son y han sido los de la oposición. Un claro ejemplo es el del Banco Central. Sin dudas, para aquellos que consideramos que el presidente del Banco Central no puede ser independiente del Poder Ejecutivo, nos pareció saludable la renuncia de Alejandro Vanoli (y de paso, esperamos que el gobierno actual recuerde que está en contra de la autonomía del banco) así como es fundamental que algunos directores del BCRA puedan permanecer como ojos y voces de intereses diversos, como ha sucedido en gestiones pasadas.

 

Volver a pensar la representación de lo múltiple en lo partidario y en las instituciones, nombrar y reconocer los sujetos del cambio histórico, repensar las formas del conflicto sin abandonarlo y poner en el centro las contradicciones principales pareciera ser una agenda compleja pero necesaria de una oposición de fuerzas reformistas que pretendan volver a gobernar el destino del país.

 

 *Escuela de Gobierno de la Provincia del Chaco


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