El presidente Macri ante empresarios de la Alianza del Pacífico anunció que la Argentina relanzará el Mercosur, y que el bloque regional convergerá hacia esa otra unión de países latinoamericanos. El especialista Javier Pérez Ibánez analiza ambos tipos de integración, explica qué significa este cambio en el frente externo y ante el contexto mundial actual y opina sobre la viabilidad política del proyecto.



El día 30 de junio de 2016, pasado unos minutos del mediodía, el presidente argentino Mauricio Macri comenzó su discurso en la III Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico remarcado lo que él entendía como una gran falencia hasta el momento. El locutor no mencionó al presentarlo sus ansías de bailarín demostradas al final de sus actos partidarios y hasta en el balcón de la casa de gobierno al asumir en diciembre. El ahora devenido presidente lanzó una frase que marcó el horizonte de lo que sería su política exterior, un giro/una voltereta como si estuviera en un escenario. Fue cuando dijo:

 “En esta nueva etapa hemos relanzado el Mercosur, porque queremos un Mercosur del siglo XXI, pero que claramente tenga una visión de convergencia con la Alianza del Pacifico”

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¿Pero qué son estas dos agrupaciones de países y por qué es necesario convergerlas?(*)

 

El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) se constituyó en 1991 con la firma del tratado de Asunción. Originariamente integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con posterioridad se incorporaron Venezuela (2006) y Bolivia (2015), éste último país se encuentra todavía en tratativas para ser miembro pleno. Su objetivo principal fue, y es, propiciar un espacio común para las oportunidades comerciales y de inversiones fomentando la integración de las economías de cada país. Su PBI unificado, de 3.356 mil millones de dólares, representa el 56% del PBI Latinoamericano y su población el 35%. En el año 2013 exportó 426.3 mil millones de dólares e importó 390.6 mil millones de dólares. Esto arrojó un saldo positivo de 35.7 mil millones de dólares. En términos de PBI y población el MERCOSUR es más grande que AP.

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La Alianza del Pacifico (AP) nació en 2011 por iniciativa de Chile, Colombia, Perú y México. Su objetivos fue y es, la construcción de un área de libre circulación de bienes, servicios, capitales y economía. El PBI de la AP en su conjunto es de 2.127 mil millones de dólares, lo que equivale al 35% de Latinoamérica y en ella viven 215.6 millones de personas. En el año 2013, exportó 558.2 mil millones de dólares e importó 563.6 mil millones de dólares. Esto implica que, en el mismo año, los flujos comerciales de la AP fueron mayores que los de MERCOSUR, pero que al mismo tiempo el saldo entre importaciones y exportaciones fue negativo en 5.4 mil millones de dólares para la primera.

 

Juntas ambas agrupaciones representan el 81% de la población latinoamericana, el 91% del PBI, el 88% de las exportaciones de bienes, el 82% de las importaciones, el 91% de la IED (Inversiones Extranjeras Directas) y el 100% de la Salida de IED.

 

Lo expresado en el párrafo anterior es el sustento desde donde se paran las voces a favor de la integración. La posibilidad de un mercado interno ampliado que dinamice las distintas producciones locales, la complementariedad de recursos naturales como de industrias instaladas o la posibilidad de concertar acciones que permitan fortalecer las negociaciones económicas de la región frente al mundo son algunos de los muchos argumentos integracionistas. Ahora bien, aquí subyace una pregunta, ¿qué tipo de integración se busca? Aportemos más datos en este sentido:

De la descripción hecha más arriba se desprende que las exportaciones que tienen como origen los países de la AP representan la mitad de las exportaciones totales de América Latina mientras que las del Mercosur apenas llegan al 38%. Pero si se mira el comercio entre los países que componen cada alianza, el panorama es distinto.

 

En el año 2013, los productos con origen en el Mercosur que tuvieron como destino otro país de esta alianza representaron el 14% de las exportaciones totales de este agrupamiento al resto del mundo. Mientras en la AP solo representaron el 4%. Esta diferencia no solo se expresa cuantitativamente, sino también cualitativamente. Del cien por ciento de las empresas que exportan desde el Mercosur, un 56% tienen como destino otro país del Mercosur; mientras que un 20,25% tiene como destino Estados Unidos, un 28,5% la Unión Europea y un 8,2%, China. El mismo análisis para la AP muestra resultados diferentes. Del cien por ciento de las empresas de la alianza, en promedio, solamente un 27,5% lo hizo a otro país de la AP; mientras que el 41,8% lo hizo a Estados Unidos; un 21,4%, a la Unión Europea y un 5,9%, a China. A su vez, el intercambio intra-alianza del Mercosur posee un mayor componente industrial que el de AP, aportando a la diversificación de productos exportados. De esta manera, tenemos dos formas distintas, en cuanto a lo comercial, de integración regional. ¿A qué se debe esta diferencia?

 

La diferencia sustancial reside en “el cómo” ligarse a las demás economías del mundo. Todos los países que componen la Alianza del Pacifico tienen tratados de libre comercio firmados con los Estados Unidos y también  tratados con la UE y China. Por su parte, ninguno de los países del Mercosur posee este tipo de acuerdos y los esfuerzos que se han hecho por establecer un acuerdo con la UE se estancaron en el tiempo. Podríamos decir, entonces, que existen a grandes rasgos dos versiones de cómo relacionar a América Latina con el resto del mundo; una versión más estatista-proteccionista, no sin contradicción y diferencias hacia adentro, liderada por los países de Mercosur y otra más ligada libre mercado representada en la Alianza del Pacifico.

 

Esta diferencia alcanza su máxima expresión en la postura frente a los llamados “mega acuerdos”.  Estos son negociaciones comerciales de vasto alcance con varias características que las diferencian de la mayoría de los acuerdos actualmente existentes. La principal novedad es la vasta cantidad de países involucrados y su gran peso económico. Sus objetivos es la creación de grandes espacios económicos integrado (asiático, europeo, tras atlántico, tras pacifico, etc) que puedan  favorecer los intercambios entre los países miembros.

 

Chile, México y Perú son parte activa en una de estas negociaciones, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Por su parte Colombia ya solicito su incorporación y se encuentra a la espera de una respuesta. El TPP, por su sigla en inglés, agrupa a Perú, Australia, Brunei, Canadá, Chile, EE.UU., Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam. El objetivo es la creación de una plataforma de integración económica en la región del Asia-Pacífico.  Podríamos decir que es un acuerdo de libre comercio multilateral, de alcance regional, cuyo objetivo es liberalizar el comercio entre estos países. ¿Cuál sería el impacto del TPP en América Latina?

 

Sobre este tema existen muchísimo análisis elaborados. La mayoría de  estos son de carácter hipotéticos dado el absoluto hermetismo en el que se llevan adelante las negociaciones. Pero un primer  piso  sobre el  cual hay consenso es que el impacto será desigual para quienes estén en incluidos en el acuerdo y quiénes no.

 

Para los países miembros de AP representará una mayor competencia para colocar sus productos en los mercados en los que actualmente se tenga un TLC (como Estados Unidos), dado que tendrá que competir con nuevos países que accederán a los mismos beneficios a partir del TPP.

 

Para los países de MERCOSUR el impacto por el lado de las exportaciones es menor dado que sus principales socios comerciales no están involucrados en TPP, como el caso de China. Esto quiere decir que ante una eventual efectivización del TPP sus exportaciones no tendrían que competir con nuevos productores con mejores beneficios comerciales. Ahora bien, el problema de los mega acuerdos para estos países reside en las importaciones. El MERCOSUR, en especial Argentina y Brasil, poseen un cierto nivel desarrollo industrial, que si bien es heterogéneo y en muchos casos incipientes le permite producir productos que de otra manera debería importar. De aquí el problema que representaría adherir al TPP. Propiciar el libre intercambio con economías más desarrolladas seria letal para esta industria debido a que no podría competir con los productos importados de países con mayor productividad.

 

Entonces, ¿lo expresado por Mauricio Macri en la III Cumbre Empresarial de la Alianza de el Pacífico da cuenta de la voluntad política de acercar Argentina al TPP? Efectivamente sí. Por lo expuesto hasta ahora acercarse a la Alianza del Pacifico, como quedo expresado en la declaración del presidente argentino, implica en lo concreto acercarse al TPP con los peligros que esto tendría para la economía argentina. ¿Pero qué es lo que impide el acercamiento de Argentina a la AP?

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Mencionaremos dos cosas. Primero, estamos en un contexto internacional de transición, en el cual los acuerdos a largo plazo se vuelven difíciles de proyectar y ningún país está dispuesto a ceder beneficios ante la situación de inestabilidad económica que reina luego de la crisis de 2008. Si el cambio de gobierno en Brasil, luego del impeachment a Dilma Rousseff, y la desaceleración económica de China darían el marco de posibilidad para que Argentina realice este viraje en su política exterior; el BREXIT y la potencial presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, abiertamente opuesto al TPP y a favor del proteccionismo, dan cuenta de que se podría estar realizando un viraje al vacío. De este problema ya tomo nota Enrique Peña Nieto, presidente mejicano, en su intento de relanzar a la Alianza del Pacifico frente un TPP que pierde fuerzas.

 

Segundo, la inserción internacional de un país no solo depende de la voluntad política de los gobiernos sino de los intereses económicos de los actores que están en su territorio. Resulta entonces importante preguntarse  por qué posición tomarán los principales actores económicos argentinos. En este sentido, la posición aperturista del sector agrario/agroindustrial quedó representando en la queja de Luis Miguel Etchevehere (SRA) a sus pares europeos por querer excluir a los productos primarios de un posible acuerdo comercial Mercosur-UE. De esto también tomó nota Mauricio Macri y, en persona, le reclamó a Angela Merkel por las trabas en el capítulo agrícola de estas negociaciones. Por el lado industrial sería esperable, por los posibles perjuicios a este sector que hemos descripto, encontrar una reticencia a la apertura comercial. Pero bien, con un proceso de extranjerización en las cúpulas empresariales que se profundizó en los últimos años, y una apuesta fuerte por las cadenas globales de valor (CGV), que fragmentan geográficamente la producción, no queda claro hacia dónde presionará este sector. Por el momento, Adrián Kaufmann, de la Unión Industrial Argentina (UIA) se contenta con la simplificación del proceso de importaciones, pero advierte sobre la necesidad de seguir protegiendo ciertos sectores de una indiscriminada apertura y de la suba de tarifas, en especial a las PYMES.

 

Luego de todo este análisis es esperable que las declaraciones de Macri queden simplemente como un guiño a la geopolítica estadounidense en la región luego de la visita de Obama en marzo de este año.  Pero con tanto movimiento en el frente externo será importante no perder el paso de los virajes de la política exterior del nuevo presidente argentino.

 

[1] Los datos aportados en este apartado corresponden a: La Alianza del Pacífico y el MERCOSUR. Hacia la convergencia en la diversidad. CEPAL. 2014. Santiago de Chile.


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