Gritos. Aullidos. Desesperación. Llantos. ¿Los Beatles? ¿Madonna? No. Entró en escena una chica de dieciséis años, sonriente al extremo. Dentadura blanquísima, gestualidad exasperada (y exasperante). ¿Quién es? Se llama Martina Stoessel, pero la conocemos como “Violetta”, la protagonista del nuevo producto internacional de Disney, en alianza con Polka y algunas productoras más pequeñas.

En los últimos años hemos presenciado, como espectadores, como padres, acompañantes y detractores, muchos booms vinculados con este tipo de programas. De “Chiquititas” a “Violetta” el género televisivo se estabilizó junto con la producción y comercialización de todo lo que pueda venderse en el mercado. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que las industrias de producción de celebridades para el segmento preadolescente funcionan como relojes suizos: todo parece demostrar una maquinaria perfecta de venta y posicionamiento de ese producto. A continuación, presentaré algunas pistas para entender este “mapa del éxito”.

 

Violetta cerró su temporada infernal de 2013 con setenta y siete Gran Rex en dos meses. ¿Cómo hizo para superar los récords de venta de Sandro, Rolling Stones o Casi Ángeles? ¿Se trata de un fenómeno o del éxito de turno? Carolina Duek, doctora en Ciencias Sociales, trabajó durante los últimos diez años en las relaciones de los chicos con el juego y los medios. En este ensayo, propone algunas pistas para poder desarmar el “mapa del éxito”. Cómo entender un género televisivo que, desde Chiquititas, se produce en serie y genera millones de pesos.

 

I. La estabilización del género.

Es una de las primeras pistas que identificamos para entender el nivel de venta de entradas para el teatro, de libros, productos asociados y de la ropa que se muestra en el programa. La previsibilidad y la repetición de fórmulas probadas se convierten, en los espectadores, en familiaridad. Y todo lo familiar tiende a ser percibido como amigable, cercano y sencillo. No hay que hacer grandes esfuerzos de comprensión para entender qué pasa en cada uno de los episodios de la serie ni tampoco preocuparse si no se ven cinco capítulos seguidos. El género incluye canciones, coreografías, amores, desamores, padres ausentes o fallecidos y, fundamentalmente, se basa en la amistad como valor fundamental para el desarrollo de la vida. También podemos encontrar dos grupos muy diferentes de “amigos” que suelen ser “archirivales”. La identificación de las invariantes es tan evidente que la familiaridad como característica positiva podría explicar la repetición (llegando casi hasta el plagio) de las mismas fórmulas una y otra vez.

 

II. La protagonista.

Esta chica, a quien llaman “Vilu”, es un producto desde todo punto de vista. Sabemos (porque lo mencionan en uno de sus “Diarios íntimos”) que la elección de Martina Stoessel como protagonista de esta serie ocurrió dos años antes de que se presentase el programa. De hecho, no se la conocía como actriz sino que se fue formando como tal mientras la preparaban para ser Violetta. Hija de un histórico productor de Marcelo Tinelli, esta nueva estrella televisiva fue formada durante años para cumplir un rol, ocupar un lugar y servir de modelo para muchas niñas y niños que la siguen por televisión, Twitter, Facebook y por la página oficial de Disney Latino. “Violetta” es, también, un producto multimedial. En la página oficial vemos los ensayos, el detrás de cámara y todos los videos de los capítulos. Preguntarse por las particularidades de la protagonista es identificar la serie en la que se inscribe: “Chiquititas”, “Floricienta”, “Rebelde Way”, “High School Musical”, “Nini” (más allá de las acusaciones de plagio), “Patito feo” y “Casi ángeles” parecen ser algunos de sus antecedentes y, a la vez, la condición misma de su existencia.

 

El personaje que interpreta Martina Stoessel está, claramente, asesorado hasta sus mínimas expresiones. Fue notorio que en la entrega de los premios “Martín Fierro”, en una entrevista en el ingreso al Teatro Colón, la protagonista, tan expresiva como siempre, no pudo resolver tres preguntas no guionadas. Se reía nerviosamente y no podía construir una frase completa. Ahora bien, en entrevistas más previsibles suele mostrarse desenvuelta, casi como si supiera lo que le van a preguntar de antemano. El “carisma” que mencionan los medios de comunicación para explicar el autodenominado “fenómeno Violetta” pareciera desaparecer cuando Martina debe poner el cuerpo y la cabeza para responder y no la mega empresa que sostiene el posicionamiento de “Violetta”, diagramando cada una de sus apariciones.

 

III. Modelos de adolescentes.

Violetta y sus amigos componen un universo plagado de estereotipos: “la rubia malvada”, “la buena [Violetta] que se deja maltratar pero que tiene un corazón de oro”, una madre fallecida, un padre que “parece un duro pero que esconde una sensibilidad sorprendente” (¿sorprendente?) y una madrastra a la vez tonta y mala. A nivel afectivo, la protagonista se encuentra en una encrucijada: dos “amores” la atenazan y ella dice y se contradice, hace y deshace y deja una cierta cantidad de heridos en el camino. Todo lo mencionado ocurre entre celulares y mensajes de texto que organizan las interacciones entre los personajes. Llamadas cortadas (siempre usando celulares; el teléfono “hogareño” ha desaparecido), mensajes no respondidos, una redes sociales y de video propias (podemos sospechar que YouTube no quiso auspiciar el envío y por eso usaron un nombre de fantasía), son los terrenos sobre los que se construye la sociabilidad y la dinámica de la trama en este programa.

Que los celulares y las nuevas tecnologías tengan un rol importante en “Violetta” no es un dato menor aunque tampoco es sorpresivo: la inclusión de consumos y objetos que sus propias audiencias tienen o quisieran tener es una vieja estrategia que se va perfeccionando. Los horizontes de deseo de una época en lo que respecta al consumo pueden verse claramente plasmados en las conductas, vestimenta, elecciones y descartes de las figuras preadolescentes del momento. La construcción de los personajes incluye cientos de publicidades explícitas y encubiertas que perfilan caracteres y formas de desenvolverse en la vida cotidiana. Y esto tampoco es nuevo. Entonces, una vez más, encontramos que en los antecedentes a “Violetta” ya estaban todos los modelos, estereotipos, estrategias y perfiles de personajes que hoy se venden como “novedosos y súper originales”.

La necesidad de presentar productos aparentemente nuevos y superadores de manera sostenida a lo largo del tiempo es la clave del capitalismo. Son los mecanismos que se utilizan para invisibilizar los programas del pasado (que no pueden hacerse visibles por su intensa similitud con los vigentes) de modo tal que lo que vemos parezca, realmente, producto de la invención casi epifánica de uno o más sujetos que crean, idean y escriben cada uno de los episodios.

 

IV. El (no) lugar de la escuela.

En una época en la que los cuestionamientos de los medios a la escuela y la constante representación de todo lo que en ella ocurre como “aburrido”, nos encontrarnos con un grupo de preadolescentes que van a un studio (pronúnciese en inglés) a formarse como futuros artistas. Entonces, si bien se menciona una escuela a la que se supone que concurren todos, las interacciones y el núcleo del programa ocurren en el studio, un lugar extracurricular en donde pareciera definirse el futuro de todos los que allí asisten. Este desplazamiento de un espacio educativo obligatorio a uno extracurricular podría ser la mezcla exacta de los realities de música (desde las “Bandana” hasta “Soñando por cantar”) y “Rebelde Way”, “Glee” y “High school musical”: espacios en donde se cumplen los sueños con una dimensión instructivo/educativa pero con reglas que trascienden las históricas de la escuela. La aspiración a formarse y a ser exitosos organiza la trama. El éxito vendría de la mano de la consagración mediática y (supuestamente) artística y es por ello que todos practican coreografías, bailan, cantan, ensayan, se pelean y el círculo vuelve a empezar una y otra vez de manera idéntica.

Un espectador del programa me dijo que le gustaba mucho y que veía todos los días el programa pero que “hacen mucho bullying”. Este maltrato se identifica con las “enemigas” de Violetta, que le hacen “la vida imposible” (otra recurrencia del género) mientras ella, estoica, trata de entender, comprender y no “caer” en los mismos actos que sus enemigos. Violetta es buena, ni siquiera una rubia enfáticamente mala (y bastante sobreactuada) la corre de ese lugar. La protagonista dice que cantando y bailando es feliz y todo eso lo hace con una risa exasperante por su exageración: todo en “Violetta” parece estar sobregirado y sobreactuado. Incluso Diego Ramos, el padre de la protagonista (memorable en su personaje de “Los exitosos Pells”), está en el límite de una parodia de las telenovelas latinoamericanas.

 

V. El talento.

“Mi talento me hace ser quien soy/ Y esa euforia nace en mi interior /Cuando me llega el tiempo de cantar / Ya no hay quien me pare/ ¡Quiero disfrutar!” (“Euforia”). El talento como algo biológico: te define quién sos. Y, a la vez, se identifica a la euforia con ese momento de disfrute. Vestida como una adulta, segura de su futuro, Violetta canta, baila y se mueve. Su discurso (lo que dice en los guiones y lo que canta) confirma y reconfirma lo que ella es y lo que el futuro le depara: una carrera plena de éxitos. En una entrevista reciente en la revista “Hola”, Martina Stoessel responde las preguntas del mismo modo que lo haría Violetta: sueña con formar una familia, con casarse para toda la vida, con ser feliz, con estar cerca de los padres que son su modelo de pareja. Dejó la escuela (esto es altamente funcional a los rasgos que aparecen en el programa) y, como deportistas y bailarines, sigue cursando por Internet. Sus amigas la “bancan” y acompañan (igual que en la serie) pero cuando salen a bailar, Martina/Violetta se vuelve a la casa porque tiene que cuidar su trabajo (sic).

“La fama me hizo crecer de golpe” dice Martina/Violetta. Habría que preguntarse qué es la fama y qué es crecer para ella. De todos modos, tampoco es que nos importe tanto lo que a ella le ha significado el pasaje de una ignota “hija de” a ser la cara mundial de Disney. Lo que sí nos importa es identificar los mecanismos a través de los cuales los productos para preadolescentes (y esto no significa que sean seguidos solo por ellos) son construidos de manera estandarizada. Y esa estandarización nos corre de pensar a “Violetta” como un “fenómeno”. Tal vez debiéramos invertir la consideración: con toda la maquinaria a su disposición, si este programa no hubiera sido exitoso, la industria televisiva y mediática mundial hubiera comenzado a tocar su fin. Como eso no ocurrió ni pareciera posible que ocurriera en el futuro cercano, “Violetta” es sencillamente, un producto más en una serie. Ni más ni menos: uno más.


¿Te gustó la nota?

Suscribite al boletín de Anfibia

AUTORES

LECTURAS RELACIONADAS