La despolitización del dinero, el miedo a la inestabilidad, el apoyo de un sector de la sociedad endeudada y la afirmación de que no hay alternativa son los elementos que construyeron la narrativa de la necesidad de estabilización monetaria. Y ahora con el FMI como vocero externo de las restricciones internas. ¿Hay improvisación o todo es parte de un guión en el que el yaguareté, como símbolo de una moneda en crisis, puede devorarse a sí mismo?



¿Qué tienen que ver un yaguareté, Domingo Cavallo y el “único camino” hacia el FMI de Mauricio Macri? Un billete nuevo de 500 pesos, un libro de un ex-ministro de economía y el presidente afirmando que el endeudamiento con el organismo internacional es la “única opción” no son exabruptos de una macroeconomía desenfrenada. No son imágenes y palabras desesperadas por resolver las contradicciones entre aumento de las tarifas y disminución de la inflación, entre garantizar el apoyo de la clase media y la disminución del poder adquisitivo, entre un sobre-endeudamiento externo y una falta de crédito. Todas estas situaciones expresan el guión de una política de estabilización monetaria. No son el script preciso pensado toma por toma. Son el guión abierto a una cadena de improvisaciones deseadas. Tampoco significa que este gobierno tenga un control absoluto del desarrollo de los hechos. Digamos simplemente que la crisis del dólar no es algo impensado, imprevisto. Pero empecemos por el principio.

 

Un cambio sin crisis

 

Cuando asume el gobierno de Cambiemos se enfrenta a un gran desafío histórico: instalar un orden económico neo-liberal sin la justificación de una crisis económica. Después de la crisis financiera mundial del 2008 y de algunas incoherencias en nuestro régimen de acumulación la economía argentina requería de algunas modificaciones. Pero no estaba en crisis. Y he ahí la gran paradoja. Las crisis siempre fueron la base material y el orden de justificación de las grandes transformaciones, de los cambios de modos de desarrollo en la Argentina. Solo para tomar algunos ejemplos, la hiperinflación de 1989 generó una demanda social a favor de la “estabilidad” que desembocó en la convertibilidad del 1991. La crisis del 2001 engendra una lucha social por la “dignidad” que habilita el regreso de un estado de protección social. Las elecciones del 2016 no producen un afecto común suficientemente fuerte para ser la base de una transformación radical.

 

La victoria electoral de Cambiemos en 2015 no se asienta en una crisis. La manifestación social de la voluntad de un “cambio”, de un deseo colectivo por algo “nuevo” no conecta significativamente con la implementación de un modelo neo-liberal. La “esperanza” ha sido el modo de resolver este contra-sentido entre la degradación de las condiciones económicas propias a medidas restrictivas y la pulsión por lo novedoso.

 

Si bien Cambiemos tiene una maquinaria comunicacional eficaz hace agua a la hora de gobernar la experiencia del sujeto neo-liberalizado. La realidad no es pura construcción mediática, no es puro lenguaje: sigue teniendo un anclaje material. Perder dinero se siente en el cuerpo, no solamente en la mente o en el bolsillo. Ahí es cuando la gente (tal vez el pueblo, veremos) no quiere esperar más. En esos momentos es cuando se activa la lógica represora, justamente sobre los cuerpos, para disciplinarlos. Un devenir clásico de los regímenes neo-liberales. En diciembre de 2017 el gobierno palpó los límites políticos del gatillo, cuando las clases medias frente a la reforma previsional, marcharon al Congreso de la Nación, sin temor por la represión violenta.

 

Y ahora entramos en la nueva etapa del proceso neo-liberal actual. Después de la “esperanza”, después de la “mano dura”, viene el momento del “único camino”: llegó la hora del disciplinamiento monetario.

 

Cuatro ingredientes para una sola opción

 

Suena a receta, pero intentémoslo. Primero hagan lo posible para que no haya apego a la moneda. Cambien su simbología, reemplacen próceres por animales, pongan una cromática juvenil, utilizable en un Monopoly ecologista (desgraciadamente el uso de animales en los billetes no expresa un sistema de valor anclado en la jerarquización moral de la naturaleza). Citen a “Alicia en el país de las maravillas” en los primeros meses del gobierno, como hizo Federico Sturzenegger: “Para que lo imposible sea posible hay que animarse a pensar que es posible”, y agregue; “aunque la visión estratégica que tenemos es la eliminación del efectivo (…) decidimos emitir una emisión de una nueva familia de billete”[1]. El Yaguareté, la Ballena, el Guanaco, el Hornero, la Taruca se vuelven los partícipes involuntarios de una cruzada en contra de la dimensión política del dinero invocando la “generosidad de la naturaleza de la argentina”, despreciando el pasado político, pero sobre todo el conflicto. No es una singularidad argentina. La India ya sacó el efectivo en nombre de la lucha contra la corrupción, pero finalmente realizando la gran fantasía monetarista: la neutralidad del dinero. Sin efectivo no hay dinero concreto. Sin dinero concreto no circula materialmente los símbolos políticos del dinero. Sin símbolos políticos el dinero todo es más neutro. Con la neutralidad, el dinero es pura unidad de cuenta, se disuelve como medio de pago que realiza sociedad en cada intercambio. Es una pura operación matemática, ya no un elemento de la soberanía. El sueño absoluto de una economía sin política, de la automaticidad del mercado.

 

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Segundo ingrediente. Generen una situación de crisis de aumento del dólar, de preferencia provocada por “un déficit fiscal heredado del gobierno anterior” (un paréntesis alcanza para desmentir este argumento), “salarios demasiados altos” (por culpa de un sindicalismo que no acepta el cambio, aunque convengamos que un sector lo aceptó bastante) y de un empresariado nacional que no acompaña lo suficiente las transformaciones. Insisten en ser “malos capitalistas”. Sobre esta triada anti-Estado, anti-trabajadores, y anti-burguesía nacional hagan aparecer a Cavallo desde su lugar de saber. Que niegue haber asesorado al gobierno (para que todos piensen que sí lo hizo). Con la humildad de un novelista de historias del corazón, Cavallo afirma “solo escribir libros”[2], mientras pronuncia la frase “el 2001 puede llegar a venir si siguen con una política de endeudamiento exagerada (…) y si no cierran el déficit fiscal”. Pánico a bordo. Por derecha y por izquierda llueven las críticas, se hacen eco de la “inestabilidad”, generan un ambiente de crisis (¿deseado?).

 

Se me olvidaba un detalle. Previamente, tienen que haber propiciado un endeudamiento masivo[3] por crédito de consumo e hipotecario UVA que garanticen una demanda generalizada entre distintas clases sociales para que no haya más inflación por temor de tener una deuda personal impagable.

 

Finalmente, un presidente puede pronunciar un discurso en el que dice que “el único camino posible” es el que el gobierno emprendió avalado por una sobreactuación de una situación de crisis que no parece tal.

 

Despolitización del dinero, miedo a la inestabilidad, apoyo de facto de un sector de la sociedad endeudada y construcción de ausencia de alternativa son los elementos que se requieren para decir que hay que tener una política de estabilización monetaria. Hasta ahora ha sido usado en América latina para frenar hiperinflaciones, como con el plan Real en Brasil de los noventa o la convertibilidad Argentina de 1991. Pero siempre tuvieron otra funcionalidad: limitar el poder de los trabajadores, condicionar la acumulación de los empresarios hacia la renta financiera. Tal vez sea por eso que en medio de la suba del dólar, el gobierno vuelva a lanzar al ruedo parlamentario la reforma laboral. Las finanzas son unas de las armas del dominio de la moneda sobre el trabajo y sobre el capital productivo. El Fondo Monetario Internacional oficiará de vocero externo de las restricciones internas.

 

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Como tragedia y como farsa

 

La interpretación que proponemos es claramente una hipótesis. No significa que en los próximos meses vuelva una convertibilidad tal cuál como la conocimos en los años ‘90. Si bien las políticas parecen similares, el neo-liberalismo tiene su dinámica y actúa en su tiempo. De hecho, el propio Cavallo fue el defensor paradojal de devolverle a una moneda nacional su valor en su anclaje con el dólar. Había una idea de trama institucional restrictiva que terminó produciendo una crisis total[4].

 

El yaguareté parece orientarse en esta dirección (de la crisis), pero por otro camino.

 

Ahora, bastaron dos años y medio de un nuevo gobierno para construir una sociedad atrapada a nivel nacional, y en el plano personal, por las relaciones de endeudamiento. Con un discurso y una reflexión sobre las instituciones casi inexistentes: economía sin efectivo, radicalización de la renta financiera, desregulación de la economía, sometimiento a las reglas del crédito condicionado del FMI, voluntad de desconstruir las mediaciones sociales (sindicalistas y empresariales) desde un individualismo “entusiasmado”. El devenir pareciera estar más del lado de la debilidad institucional que de una nueva trama institucional neo-liberal. Si así fuera, las opciones de dolarización pueden ganar terreno por la vía formal o por la vía de los hechos.

 

Suponemos que el gobierno recibirá los apoyos externos. Los resultados de las derechas latinoamericanos son frágiles y sin brillo. El colapso argentino tendría un efecto temible para el establishment continental. Sin embargo, el voluntarismo no alcanza para prolongar mucho tiempo el “camino único”. El mismo desata lógicas sociales que se revierten sobre sus creadores: el miedo a la crisis mientras avanza inexorablemente la crisis en su camino. El yaguareté, en su animalidad devoradora, sigue sus huellas que encuentra por delante para comerse a sí mismo. Sabe de su destino de papel muerto, de billete sin valor, pero insiste en que su salvación está en su desaparición. Sí, tiene todas las apariencias de una farsa. Una lástima que tantas vidas tengan que perecer en la necedad de las monedas imposibles.

 

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=BaSorBeYl7c Conferencia de presentación del nuevo Billete de 500 pesos.

[2] https://www.youtube.com/watch?v=MMFJYs3KXWY Entrevista de Domingo Cavallo en “A dos voces”, TN, 5 de mayo 2018

[3] 42,1% del total de préstamos otorgados fueron créditos UVA cuyos principales tomadores tienen entre 35 y 45 años. Más allá de la cantidad de deudas personales, las deudas tienen impacto en todo el hogar ya que las deudas financiarizan el conjunto de la familia. Ver Wilkis, Ariel y Roig, Alexandre (2015), El laberinto de la moneda y las finanzas, Biblos, Buenos Aires.

[4] Roig, Alexandre, (2017). La moneda imposible. La convertibilidad argentina de 1991. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.


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