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Martes 24 de Julio de 2012

Bellessi: crónica en el campo de la poesía

Madrugadas frías, cuentos de aparecidos, el blanco de la luz mala. En su último libro, Zavalla con Z, la escritora Diana Bellessi condensa con las mejores herramientas de la no ficción recuerdos de infancia en esa localidad santafesina. Con fotos sacadas por ella, la autora rearma el camino que la llevó a vivir en poesía.

Fotos: Photomonteleone/Alejandra López

Nunca, ni en sus versos, ni en sus ensayos ni en sus relatos, Diana Bellessi se ha desentendido de su origen, ese que en “Zavalla, con Z”, el último libro de la poeta, se deja ver con total claridad. Ese origen está en aquellas madrugadas heladas en las que los hombres se levantaban para ordeñar y las mujeres a prepararles el café, los bifes, los huevos, en grandes cocinas a leña. Está en las guitarreadas, en los cuentos de aparecidos y en el blanco de la luz mala; en esas estrellas fugaces que eran los peones golondrinas, que después de visitar la chacrita familiar y dejar la alegría de sus coplas jamás volvían. Y en los libros del peronismo que quemaron los oligarcas de Zavalla está ese origen, en “La razón de mi vida” rescatada de ese fuego, en el amor al Che. Está en una madre que le muestra a la hija qué es la primavera al señalarle las flores de un paraíso y un árbol lleno de jilgueros. Está en la casa a oscuras, en la esperanza del Banco Hipotecario y en el odio por la ley Raggio que llevó al padre campesino a la ciudad, que lo proletarizó, que le infundió su crisis cuando lo condenó a la vida urbana. La historia que se cuenta en “Zavalla, con Z” no es sólo la de los primeros años de Diana Bellessi, es también la del pasaje del llano al asfalto del pueblo, el pasaje de la vida campesina a la cultura letrada, de la vivencia a su reconstrucción a través de la palabra, que siempre llega después, para nombrar lo que no está. Para Diana Bellessi, el origen ha sido, es, la flecha impulsora de su escritura y por eso, al hablar de las personas de su infancia, en uno de los primeros tramos del libro dice: “Me regalaron el inmenso mundo de la copla y del relato folclórico también, mezclado con los cuentos que venían de la cocina y de los establos de la vieja Italia (…) A la pobreza le gusta juntarse entre sí, como a la riqueza. Y es a estas voces, y a la visión melancólica del campo, a quienes les debo la herencia del lenguaje”.

Entre este relato, con el que la poeta se dispone a recorrer esta porción de su vida en
Zavalla, y ciertos poemas suyos (como los de Mate cocido, un libro de 2002 donde recopiló historias propias o de gente cercana) parecen existir similitudes: ambos contienen una serie de estampas sencillas y anecdóticas que muestran la construcción de la subjetividad propia a través del destino compartido con otros. Un destino común que se despliega en escenas simples que Bellessi expresa con su característica intensidad y que algunas veces resultan incluso descarnadas para quienes, por vivir en la ciudad, hemos perdido nuestra relación directa con la naturaleza. Ejemplo de esto es el impresionante gran festín de la faena, aquella matanza de animales que los reunía a todos: “Primero el alarido de los chanchos cuando eran degollados como Cristos en la Cruz –escribe Bellessi a las pocas páginas de comenzar su relato–. Manaba la sangre hacia los fuentones y los baldes de zinc y las fogatas ardían a un costado de la casa con enormes cacerolas donde hervían el agua para pelarlos y había esa alegría de trabajar todos juntos el día entero, abriendo primero los chanchos y recogiendo las vísceras, algunas de las cuales se comían, junto con la sangre saltada en sartenes sobre la fogata al almuerzo del primer mediodía”. Si bien, para narrar la historia de sus años vividos en Zavalla –una localidad santafesina de 5.500 habitantes que queda a 187 kilómetros de la capital de la provincia–, la autora parte de experiencias familiares o grupales, a medida que avanza también va delineando paso a paso su camino individual, su acercamiento a las letras, su disidencia estética o ideológica con aquella sociedad, las particularidades que fueron alejándola definitivamente de ese pueblo con el que, en un momento álgido de su juventud, llegó a mantener una relación conflictiva. Hacia el final del libro, dice: “Mis padres se ponían locos ante cualquier comentario adverso, y cuántos habrá habido sobre su hija adolescente que amaba todas las diferencias (…) fumaba, era amiga íntima de un muchacho claramente gay, leía demasiados libros y le gustaba la ropa extraña, se decía de izquierda y adoraba el rocanrol. Para colmo escribía aquellos versos secretos (…) Se alzaban las persianas para verme pasar, lo hicieron hasta hace unos pocos años cuando empecé a ponerme vieja y a salir en la tele y en los diarios por la aparición de algún libro”.
Las fotos que ilustran “Zavalla, con Z” fueron sacadas por Diana. Su única pretensión,
según explicó en una entrevista, fue la de ilustrar con imágenes de calles, plazas, rostros,
bares, el espacio abstracto de la narración. En ella, a lo largo de 66 páginas, lo que se
despliega parece tocado por un haz que vuelve a esta escritura radiante y vivaz: brillan
los detalles de un pasado, las felices y gozosas impresiones de una memoria infantil y
adolescente que no se borra así nomás.

Ficha:
“Zavalla, con Z”.
Diana Bellessi
Editorial Municipal de Rosario, Buenos Aires, 2012.
Páginas: 66.

 

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Universidad Nacional de San Martín
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