pic

INFLACIÓN OLÍMPICA

#SURDELTA

Los Juegos Olímpicos de la Juventud, como todo gran evento internacional, son una oportunidad para mostrar al país organizador como pujante, unido, moderno. Todo lo que este país no es. Los Juegos Olímpicos se desarrollan en una ciudad atravesada por protestas sociales, sumida en una grave crisis económica, en el marco de un modelo que beneficia a grupos económicos concentrados y financieros, tanto locales como globales.

Más allá del esfuerzo y la ilusión de los/as atletas, los Juegos Olímpicos 2018 son una vidriera para exponer una mentira. Son una nueva excusa para que las empresas de siempre sigan facturándole millones al Estado. Quieren ser motivo para que dejemos de ver cómo aumentan día a día los intereses de una deuda externa ilegítima. Ocultan un país con más desocupación, recesión e inflación y con menos igualdad, derechos y posibilidades. Pocos se benefician, muchos nos perjudicamos.

Mientras tanto, la realiad de la mayoría de los/as jóvenes es la precarización laboral, la dificultad para estudiar, la imposibilidad de ver un futuro esperanzador. El Estado se contrae en los derechos que ofrece, se achica y se privatiza, pero se agranda en su costado represivo: los de siempre se preparan para reprimir (más) a los/as que osen no someterse a un modelo indisimulablemente horrible.

En Buenos Aires 2018 se vive mal (y no es un juego).