abril 20, 2018

PERIODISMO PERFORMATICO

Revista Anfibia y Casa Sofía se unen para buscar los seis proyectos más innovadores que crucen periodismo y otras disciplinas. Estas son algunas inquietudes que recibimos en [email protected]

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¿Por qué un medio como Anfibia respaldaría la idea “la palabra ya no tiene el poder”?

La palabra dejó de estar en el centro y se volvió parte de una gramática nueva que la incluye. Este proceso tiene su historia. Cuando la noticia llegaba por telégrafo las palabras tenían ruido a metal y la noticia daba la ilusión de contar la verdad. Escribíamos como robots: el hecho sucedió de tal manera, el ministro señaló tal cosa, etc. Nuestros textos parecían escritos por máquinas que simulaban decir la verdad. Luego, el periodismo narrativo destronó esa ilusión de ‘contar’ una noticia como quien cuenta cajas apiladas en un rincón. Nos paramos delante del fogón y dijimos: sabemos una historia y esa historia está viva. Quien la narra y quienes la escuchan tienen un punto de vista, pueden conmoverse, indignarse o reír: reflejarse en ella. Esta potestad de contar historias ya no es nuestra.  Hoy la noticia se genera y se consume en cualquier ámbito, momento y formato. La palabra se socializó y se mezcló con otras maneras de contar. Nuestra era es visual y genera información a un ritmo febril. Lo que antes era ilustración para la palabra -la foto que acompañaba el texto, el video ilustrativo, el diseño- se convirtió en el centro del mensaje.

¿Qué busca el periodismo performático?

No busca una solución. Quiere profundizar ese camino que ya está en marcha, pensar la comunicación como un artefacto mutante y capaz de crear nuevas situaciones. Recurre al arte para encontrar herramientas que le permitan construir esos artefactos innovadores.

¿Es periodismo adornado?

Cuando empezamos a hacer proyectos transmedias, periodistas más antiguos escribían textos largos y decían, ‘tomá, hace tu magia’.  Pensaban que la innovación era eso: un departamento de diseño de la vieja escuela, pero más sofisticado. A esa manera de pensar la bautizamos ‘periodismo con chirimbolos’. Los límites de lo que queremos hacer son amplios, pero hay algo que el periodismo performático no es: ese periodismo con chirimbolos. Tampoco es crear un medio de comunicación que aborde los temas de siempre pero ‘con más onda’. Queremos trabajar en esa frontera entre el periodismo y el arte, entre el relato y la acción. Así como hay un teatro que intenta romper la cuarta pared, podemos pensar un periodismo que rompa la pantalla, que convierta a todo lo que lo rodea en soporte. El periodismo performático vive en lugares insospechados, como la calle. Construye una continuidad entre representación y presentación.

Para aplicar a las becas, ¿es necesario aliarse con otro?

Sí, excepto que seas un superhéroe capaz de hacer todo solx. Podés aliarte con alguien que tenga formación artística pero también son bienvenidxs lxs programadores, por ejemplo.

¿El bebé antiaborto es periodismo performático?

Lo es si se sustenta, por ejemplo, con una investigación sobre el aborto que contemple información, datos, un enfoque, un recorte. Por ejemplo: ¿Cuántas menores de 15 años entraron por complicaciones durante un aborto clandestino en tal hospital en tal período? O también, ¿Quiénes son, en el mismo centro de salud, los médicos objetores de conciencia? Esas serían las preguntas para empezar a pensar. Y en ese mismo proceso nos tenemos que preguntar ¿Cómo presentamos esa información? ¿Qué escenario construyo con esos elementos? Las respuestas van a varias dependiendo de la creatividad y de las disciplinas con las que queramos trabajar. Lo único que no está permitido es pensar las innovaciones como chirimbolos. Aunque nos encanta esa palabra.

¿La historia de mi abuelita puede funcionar para este laboratorio?

Nos encanta, pero para los relatos vinculados con el yo existen muchos espacios. Buscamos abordar temas ligados a la agenda social, política y cultural, temas contemporáneos, de interés público. Tampoco apuntamos a hacer denuncias ni coberturas panfletarias sino a generar conocimiento e impactar en un sector de la población. La historia de la abuela puede estar buenísima, pero para eso están los museos.

¿Qué trabajos contemporáneos son referentes?

El de un grupo de mujeres que aparecen frente al obelisco envueltas en naylon y dicen ‘yo soy la mujer adentro de la bolsa’: ahí hay un germen. Cuando un artista  construye robots que se vuelven más agresivos con la suba del dólar, empieza a generarse un relato nuevo. El de una directora de teatro que entrevista sobre el escenario a protagonistas de la guerra de Malvinas o de una rebelión callejera e indaga en sus recuerdos: ahí hay una forma de narrar la historia que empieza a tener otros pliegues. Cuando las fotos transforman el espacio y a quienes la miran, dejan de ser solo documento y se convierten en otra cosa. Cuando una periodista toma su libro sobre alimentación y agrotóxicos y sobre eso construye una puesta en escena, empieza a habitar otro territorio.

¿Qué tutores acompañarán los proyectos elegidos?

De acuerdo al perfil de cada idea seleccionada convocaremos a artistas consagrados que tengan sensibilidad, experiencia docente y oído para dialogar con lo nuevo.

Los principios de la perfomance dicen: poner el cuerpo, hacer arte efímero. ¿Cómo se traslada esto al periodismo?

En el periodismo performático hay que poner el cuerpo pero esto no significa hacer teatro. Significa, por ejemplo, generar un objeto que circule, hacer una intervención callejera, montar un dispositivo con videos en algún lugar. El resultado debe ser una pieza. Es una tentación para quienes no hacemos periodismo de escritorio y venimos de la investigación, del territorio, del encuentro con otrxs. Y llegamos a este punto: las palabras ya no nos alcanzan para convertir eso en relato. Cuando un cuerpo se pone en movimiento para contar una historia empieza a nacer el periodismo performático. No venimos a vivir para contarla. Vamos a contarla mientras vivimos.

Entonces, ¿qué es el periodismo performático?

Un animal salvaje. Y no queremos domesticarlo: venimos a dejarle un plato de comida en el umbral.

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