Aclaración: Fugas. El plan perfecto no existe fue producida como una mini serie de audio. Si tenés la posibilidad, te recomendamos que la escuches con auriculares. La transcripción solo sirve como referencia. Escuchá también el episodio 1, 2 y 3.

Sebastián Ortega: A las nueve de la noche los guardias hacen el último conteo. Unos minutos después la orden circula como un murmullo por todo el penal y el operativo se pone en marcha.

Jesús Arguiñarena: Se da la orden de que nos juntemos todos, se abren todas las paredes, nos juntamos en las primeras celdas.

SO: En silencio los 111 presos van pasando de una celda a la otra. Uno a uno van entrando al túnel

Jesús Arguiñarena: El túnel estaba planificado de manera tal que se salía en la sala de estar de la vecina de enfrente. No podía salir a la calle porque te veían.

SO: Del otro lado los esperaban sus compañeros.

Carlos Martel: Te agarraban de los brazos y te sacaban como escupida en plancha.

SO: Una vez afuera del túnel se sacan la ropa sucia y cada uno recibe una bolsa con plata, armas y documentos falsos. Ese día, sin disparar un solo tiro, 105 presos políticos del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y otros seis presos comunes escapan del penal de Punta Carretas. Casi cinco décadas después sigue siendo la fuga más grande de la historia.

S.O: Desde el momento en que una persona cae presa tiene un solo objetivo: escapar. Pero solo algunas lo logran. Anfibia Podcast en coproducción con Lunfa presenta Fugas. En este episodio: Los 111. 

S.O: Un policía entró al bar y se puso nervioso. Acodado en uno de los rincones de la barra descubrió a uno de los prófugos más buscados del país. José Mujica, más conocido como el Pepe, era uno de los integrantes más  antiguos del MLN, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Esa noche de marzo de 1970 en el bar La Vía de Montevideo tomaba una grapa junto a dos compañeros con los que planificaban un robo millonario. El policía llamó a sus colegas. Cuando llegaron los refuerzos, Mujica ayudó a sus compañeros a escapar. Él no alcanzó a hacerlo. El policía que lo encañonó se puso nervioso y se le escapó un tiro. 

Pepe Mujica fue trasladado al Hospital Militar donde pasó tres meses internado. De ahí lo mandaron al penal del barrio Punta Carretas, una mole de cemento gris rodeada por las lujosas torres de departamentos de una de las zonas más exclusivas de Montevideo. Ahí, Pepe Mujica se encontró con muchos de los compañeros que habían caído antes que él. 

Las cárceles uruguayas habían comenzado a poblarse de presos políticos entre fines de los ‘60 y principios de los ‘70. Ya hacía varias décadas que el país había dejado de ser la Suiza de Latinoamérica para parecerse cada vez más a sus vecinos de la región: un país en el que los ricos eran cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. 

El presidente Jorge Pacheco Areco había congelado los salarios, declaró el estado de emergencia, revocó las garantías constitucionales y prohibió a partidos políticos opositores. La lucha contra las organizaciones armadas incluía detenciones ilegales y torturas.

Pepe Mujica: La utilización de ciertas acciones armadas ilegales nosotros las utilizábamos como una herramienta de finalidad política. 

S.O: Así lo explicaba Pepe Mujica para un documental alemán.

Pepe Mujica: El objetivo inicial no es la destrucción de un eventual enemigo, sino que el objetivo primordial es despertar la conciencia nacional. Por eso las acciones tienen que ser simpáticas, tienen que ser entendibles, tienene que no ser cruentas. Más que una guerrilla somos un movimiento en su origen de políticos con armas.

S.O: Los tupamaros respondieron a la violencia del Estado con más acciones armadas: robos a bancos y financieras y secuestros a empresarios y diplomáticos extranjeros. En ese contexto de ajuste y represión el MLN creció exponencialmente. Para 1970 tenían más de cinco mil miembros, sus propios hospitales, fábricas de armas y de documentos falsos.

Hacia fines de ese año la conducción del movimiento y otros 150 tupamaros ocupaban las celdas de Punta Carretas. 

Jesús Arguiñarena: Mi nombre es Jesus María Arguiñarena, en todos los sitios me conocen como “El Vasco”, por el apellido y además porque soy nacido en las montañas de Navarra.

S.O: El Vasco Arguiñarena llegó con su familia a Uruguay cuando tenía dos años. Se instalaron en el interior del país. 

Jesús Arguiñarena: Yo me vine a Montevideo, a la casa de un tío mío, a estudiar; empecé a hacer la carrera de arquitectura y ahí me fui vinculando y terminé vinculado en el MLN.0

S.O: A principios de agosto de 1970 lo detuvieron y lo mandaron a Punta Carretas. Tenía 22 años.

Jesús Arguiñarena: De las primeras cosas que piensa un preso cuando entra en una cárcel es “¿cómo puedo hacer para irme?”

S.O: Para los presos comunes la fuga era una obsesión. Para los tupamaros, era una necesidad. Desde un primer momento se descartó la idea de una ocupación armada del penal: querían que fuera una acción sin violencia, que despertara la admiración del pueblo uruguayo.

S.O: Los presos crearon la Comisión A, que sería responsable de estudiar los posibles planes de fuga. Analizaron todo tipo de propuestas: incluso llegaron a pensar en la posibilidad de aterrizar un helicóptero en medio del patio durante un partido de fútbol.

Jesús Arguiñarena: Creo que fue por diciembre del año ‘70, principios de diciembre, se pensó desde fuera una fuga haciendo un túnel desde las cloacas a un sector del penal de Punta Carretas donde funcionaba el hospital.

S.O: Los Tupamaros venían estudiando la red cloacal de Montevideo desde 1965. Por eso sabían que debajo de una de las calles que bordeaba el penal bajaba un caño que desembocaba en la gran cloaca que corría paralelo a la rambla. El hospital, una construcción techada en uno de los extremos del predio, era el único lugar del penal que no se veía desde los puestos de vigilancia.

Jesús Arguiñarena: El plan era hacer el túnel hasta el sótano y los presos que estaban arriba, que eso daba a un patio donde teníamos el recreo todos los días, y bueno, una parte de los presos como que se amotinaban, se metian dentro del hospital y se iban.

S.O: A ese plan lo llamaron El Gallo. 

El grupo externo que trabajaba en la fuga ya tenía todo listo para comenzar la excavación. Pero el 5 de febrero una fuerte lluvia cayó sobre Montevideo y el agua desbordó las cloacas.

Jesús Arguiñarena: Aparecieron en la rambla las bolsas con las herramientas. La policía se dio cuenta de que eso podía pasar y al poco tiempo nos retiraron de ese patio de recreo.

S.O: El mismo día que la policía descubrió el plan de fuga, los Tupamaros empezaron a planificar otro.

Los presos políticos tenían prohibido salir al patio. Solo podían salir de las celdas para ir a un pasillo o a la escuela. Como los grandes caños cloacales estaban vigilados por la policía pensaron hacer un túnel desde una casa que estaba cerca del  penal y que unos años antes había funcionado como sede de un comando del MLN.

La idea era cavar un túnel de 40 metros desde la casa hasta el colector cloacal, avanzar unos trescientos metros por abajo y cavar otros 120 metros hasta desembocar en la escuela. Este plan tenía una desventaja: solo permitía que escapara un pequeño grupo de presos. Lo llamaron El Mangangá.

En simultáneo, la Comisión A empezó a desarrollar otro plan de fuga. La idea la aportó un preso común. Un viejo ladrón de oficio, conocedor de múltiples maneras de entrar en una casa, se acercó a uno de los integrantes de la Comisión A y le explicó una técnica para abrir boquetes en las paredes de las celdas: si fabricaban un taladro podían aflojar la mezcla. Una vez que sacaran el primer ladrillo sería más fácil sacar los demás.

S.O: El celdario era un bloque de cuatro pisos construído en la mitad de las cuatro hectáreas y media que ocupaba el penal. La escalera y los puestos de observación dividían el edificio en dos alas. 

En total eran 384 celdas de unos cuatro metros de largo por dos de ancho. En ese espacio entraban una cama simple y una cucheta, una mesa de cemento, el lavatorio y en el rincón el inodoro.

Los tupamaros probaron la técnica del boquete en una de las celdas y funcionó. Entonces, a uno de ellos se le ocurrió una idea casi inverosímil. Podían agujerear las paredes y pisos de todas las celdas y convertir el ala izquierda del penal en un único espacio común. Si lograban que el túnel desembocara en la planta baja podrían escapar todos por ahí.

Jesús Arguiñarena: Había que cortar en la pared en un rectángulo donde pasase una persona, un rectángulo de aproximadamente de 40 x 60. Hicimos algunas herramientas para eso. 

S.O: Con el taladro que habían fabricado lograban hacer un pequeño agujero de lado a lado de la pared.

Jesús Arguiñarena: Lo tapaba con un poco de yeso y no hacia nada. Una semana después a través de ese agujero se pasaba un trenzado de alambre y uno de cada lado como quien serrucha una madera con aquellos serruchos viejos que se trabajan entre dos, solo que no te veías con el otro porque había una pared de entremedio.

S.O: Cortaban alrededor de unas argollas en las paredes de las que décadas atrás los presos enganchaban sus camastros. Las argollas les servían de agarre para sacar y poner las tapas cuando quisieran. A esos huecos en las paredes los llamaban heladeras. Mientras trabajaban en las celdas el grupo a cargo de la limpieza baldeaba los pasillos para evitar que los guardias los vieran. También debían asegurarse que no los escucharan.

Jesús Arguiñarena: El ruido de perforar una pared es un ruido muy particular que sobretodo los presos comunes sabían muy bien de qué se trataba. 

S.O: Los presos comunes solían agujerear las paredes para esconder plata, armas y otros objetos personales. 

Jesús Arguiñarena: La percepción de esos ruidos era señal de que estábamos haciendo algo y si era mucho ruido estábamos haciendo algo muy grande. Había que tratar de evitarlo. 

S.O: El trabajo en el penal avanzaba a paso a firme. Afuera, la cosa venía más lenta.

Jesús Arguiñarena: Construir un túnel de 120 metros de largo no era sencillo. Había que hacerlo no demasiado rápido porque había que sacarle la tierra a un colector de 60cm que no siempre tenía el agua arrastre como para llevársela, que si era mucha tierra podían aparecer vestigios en algún lado y de nuevo darse cuenta. 

S.O: Si seguían cavando a ese ritmo el túnel demoraría más de ocho meses. El plan terminó de derrumbarse el 30 de julio del 71. Esa madrugada 38 presas tupamaras  escaparon de la cárcel de Cabildo por un túnel conectado a las cloacas. Fue la mayor fuga de mujeres de la historia.

La operación obligó a los tupamaros a suspender el Mangangá. Sabían que después de la fuga del Cabildo la policía reforzaría el control en las cloacas de Montevideo. La huída por la escuela había quedado totalmente descartada.

S.O: Después de muchas discusiones los líderes del MLN aprobaron el plan definitivo, el más ambicioso de todos los que se habían discutido hasta ese momento. Decidieron abrir los huecos para conectar por todas las celdas del ala izquierda y escapar por un túnel desde la planta baja. Ese túnel lo cavarían los mismos presos desde adentro hacia afuera. 

Nadie recuerda con exactitud quién propuso el nombre del plan que pasaría a la historia: EL ABUSO.

Carlos Martel: En ese momento creo que éramos 170, 180 presos políticos y la salida no era para todos.

S.O: Este es Carlos Martel. Más conocido como Pochilo. Había trabajado como apoyo externo en los dos planes frustrados, El Gallo y El Mangangá. En marzo del ‘71 cayó preso y se reencontró con sus compañeros en Punta Carretas. 

Carlos Martel: Un día nos pide trille, a caminar le decíamos trillar, el Pepe y nos dice que hay una chance, textual, de salida. Que si estábamos de acuerdo, estábamos en la lista. Por supuesto. Por supuesto que dijimos que sí.

S.O: La lista se había armado en base al peso político de los presos y los delitos de los que estaban acusados.

Carlos Martel: Yo peso político, ninguno. Yo tenía unos seis o siete cargos en contra, el principal era rapiña. Ya con rapiña se los convidaba para salir.

S.O: Antes de empezar el túnel tuvieron que sortear varios obstáculos. 

Jesús Arguiñarena: En la planta baja no teníamos ningún preso político, consideraban que éramos peligrosos y entonces no nos pusieron en la planta baja porque podíamos hacer un túnel. Se contactó a un par de presos comunes que estuvieron afines con toda esta movida

S.O: En la primera celda de la planta baja había dos presos. Uno era Arión Zalazar. 

Carlos Martel: Con la característica de Arión que era un tipo que estaba mal de la cabeza. Él decía que era de otro planeta y si le preguntabas de donde te decía “soy la unidad.. tanto”.

Jesús Arguiñarena: Estaba loco. Estaba realmente muy trastornado. Al punto que se te paraba a decir “me están llegando las órdenes de la orden dorada”. Pero era un loco lindo y dentro de eso él no podía recibir luz porque le trastornaba su contacto con la Orden Dorada entonces la ventana tenía que estar siempre tapada con una cortina.

S.O: La celda de Arión era la más húmeda y oscura de todas. La única en la que los guardias no podían ver hacia adentro. Era el lugar perfecto para comenzar el túnel.  

Todas las semanas, sobre todo los días de lluvia, los guardias hacían requisas sorpresa. Buscaban dinero, armas blancas y alcohol. En las celdas de los los presos políticos también buscaban periódicos y papeles con información para entregar a los servicios de inteligencia.

Había un guardia al que los presos llamaban Luquini, por el amor que le tenía a las lucas, los billetes de mil. Era uno de los  tantos guardias que redondeaban su sueldo vendiendo comida, alcohol o diarios adentro del  penal.

Carlos Martel: Ganaban mal, también, ¿no? Ganaban muy mal.

Jesús Arguiñarena: Les das una plata, complementan el sueldo pero nos dan buena comida y nos dejan vivir. 

S.O: Los tupamaros sabían que las autoridades les exigían a los guardias que cada tanto secuestraran material para los servicios de inteligencia. Entonces llegaron a un acuerdo.

Jesús Arguiñarena: Podemos llegar a un acuerdo haciendo algo ordenado. Un día requisan 7 celdas. En lugar de una por día, 7 en un día. Y la hacemos ordenada. Empezamos de la punta, seguimos a la siguiente y las siguientes…

S.O: A cambio, los presos políticos les garantizaban que de tanto en tanto le iban a dejar que secuestrara las revistas que él mismo les vendía. La tarde del 10 de agosto la guardia suspendió el recreo y requisó doce celdas de la segunda planchada, donde estaban los presos políticos. Al día siguiente los tupamaros agujerearon el piso que daba a la celda de la planta baja, levantaron las baldosas y empezaron el túnel.

Jesús Arguiñarena: El primer pozo se hizo más o menos de 2.80, 3 metros vertical. Uno excavaba la tierra y el otro recogía en bolsas y se iba para arriba. 

S.O: Al principio, el Vasco Arguiñarena estaba en el equipo de apoyo.

Jesús Arguiñarena: Entonces con ese equipo hacíamos esas escaleras, hicimos las bolsas también con sábanas para poner la tierra y poder subirla por el hueco vertical.

S.O: El responsable de la planificación del túnel era Lucas Mansilla, uno de los integrantes de la conducción del MLN.

Jesús Arguiñarena: La cosa es que a Mansilla le dieron la libertad y ahí me propusieron a mi. Como estudiante de arquitectura y que necesitaban una mirada un poco técnica.

S.O: Uno de los principales problemas era qué hacer con la tierra que sacaban. 

Jesús Arguiñarena: Son como 30, 40 metros cúbicos de tierra esponjada que se duplica. Son 80 metros cúbicos. Son 8 camiones de tierra.

Carlos Martel: Hubo un momento, una idea, de que dijeron: “no, no, la tiras por el biorse”. El biorse es el water, le decíamos el biorsi. La tirás por el biorsi, echás agua y la tierra se va. No, se tapó. (Risas). No fue eficaz. Se tapó.  

S.O: Alguien propuso una solución. Empezaron a compactar la tierra embolsada en las sábanas para esconderla abajo de las camas. Después tendían la cama y dejaban la colcha colgando para que no las vieran.

Jesús Arguiñarena: Se iban pasando las bolsas de tierras a distintas celdas y se iba guardando ahí. En un caso incluso a uno se le ocurrió hacer una pila de bolsas encima del inodoro que era en un rinconcito. Como hacían muchos los presos comunes, que suelen poner un barrote con una cortina tapando el inodoro, para cagar en forma íntima. Si había puesto una cortina, detrás de la cortina había una pila de bolsas de tierra.

S.O: Después de cavar los tres metros hacia abajo empezaron el túnel horizontal. Trabajaban en equipos de dos o tres excavadores en cuatro turnos de casi seis horas. 

Jesús Arguiñarena: El régimen de trabajo durante toda la construcción del túnel fue del entorno de las 23 horas diarias. Perdíamos una hora al día porque dejábamos medía hora en la mañana y media hora en la noche que era cuando la guardia contaba a los presos. Entonces en esa hora teníamos que estar todos presentes.

S.O: Con jaboneras, pilas de radio y lamparitas fabricaron linternas. También instalaron un fuelle que les llevaba oxígeno hasta el fondo del túnel. Apenas avanzaban 18 o 19 centímetros por día. 

Jesús Arguiñarena: 23 hs de trabajo para hacer 19cm de túnel. Ese fue en el momento que pensábamos que no llegábamos. 

S.O: Pero después de varios días picando rocas apareció de nuevo la tierra.  A medida que avanzaba el túnel se hacía más difícil respirar. Una mañana uno de los excavadores clavó la barreta y en vez de tierra sacó arena. Acababan de cruzarse con el túnel que 40 años antes había construído un grupo de anarquistas argentinos para escapar del mismo penal. 

Carlos Martel: Estaba rellenado con arena pero la arena había bajado. Tenía un semicírculo y entraba aire creo que del mar. Espectacular. Y ahí Marenales puso un cartel que decía “aquí se cruzan dos generaciones”.

S.O: Afuera un comando se encargó de estudiar la zona. Analizaron viejos planos de la cárcel y fotografías aéreas del barrio. Las mujeres, vestidas con faldas largas, caminaban por la calle con hilos atados en los tobillos para medir las distancias. Otras se vistieron de enfermeras y recorrieron la cuadra frente al penal haciendo una supuesta “encuesta de salud”. Querían conocer las rutinas del barrio y saber quién vivía en cada casa. 

Jesús Arguiñarena: El túnel estaba planificado de manera tal que se salía en la sala de estar de la vecina de enfrente. No podía salir a la calle porque te veían. 

S.O: El comando de afuera también se encargó de conseguir vehículos, armas, ropa, documentos falsos y lugares para alojar a los fugados. La fecha elegida fue la madrugada el 5 de septiembre de 1971.

Carlos Martel: Y empezaron a pasar los minutos y las horas y llegó la noticia de que se trancó la salida porque el compañero que tenía una misión con la motoneta tuvo un problema y se suspendió. 

Uno de los integrantes del comando externo había tenido un accidente de tránsito. Sus compañeros perdieron el contacto y creyeron que lo había detenido la policía. En el bolsillo tenía las planillas con el plan de trasbordo de los fugados. Toda la fuga estaba en riesgo. Igual había que rearmar los circuitos de trasbordo: eso les llevaría al menos 24 horas más.

Jesús Arguiñarena: El último día se hicieron los últimos retoques y se siguió escarbando hasta arriba, hasta llegar a las seis de la tarde que se interrumpió el trabajo. Se llegó a lo que se suponía era a un metro por debajo del piso de la casa.

S.O: Unos minutos después, tres jóvenes golpearon la puerta de la casa frente al penal. “Quedese tranquilo. Somos tupamaros y venimos a tomar esta casa y la del fondo”, le dijeron a la persona que los atendió. Al mismo tiempo, a la vuelta, una compañera del MLN que se había fugado hacía poco tocó el timbre de la casa de su tío, un escribano de apellido Curi. Otros dos compañeros iban con ella. 

El hombre creyó que su sobrina había ido a pedir ayuda para entregarse. Cuando estuvieron adentro, los militantes le explicaron que la casa estaba tomada. La familia se quedó en una habitación y los tupamaros empezaron a prepararse para recibir a los fugados. 

Jesús Arguiñarena: Después que pasa el control de las 9 de la noche se da la orden de que nos juntemos todos, se abren todas las paredes, nos juntamos en las primeras celdas.

Carlos Martel: Todas las celdas estaban comunicadas por un agujero a la altura del piso pero en los pisos frazadas, para reptar sobre ellos sin hacer ruido y cortinas en las puertas.

S.O: Mientras los presos se juntaban en las primeras celdas, un grupo de excavadores bajó al túnel para terminar la salida hacia la casa de enfrente. 

Jesús Arguiñarena: Y bueno, baja un equipo a trabajar para hacer el último metro. Las 9, las 10, las 11, las 12…

S.O: Seguían sacando tierra y no llegaban al piso de la casa. No sabían que el living estaba elevado. 

Jesús Arguiñarena: No era 1m eran 2m. Los compañeros que estaban arriba que habían tomado la casa al anochecer, también empezaron a escuchar con estetoscopios a ver donde sentían ruidos y empezaron a hacer agujeros de arriba para abajo. 

S.O: Ya eran las dos de la madrugada. Llevaban casi cinco horas de retraso.

Jesús Arguiñarena: Se terminaron juntando dos pozos verticales uno de abajo para arriba otro de arriba para abajo que no coincidían exactamente en la vertical pero bastante bien.

S.O: Primero salieron las vacas sagradas: los dirigentes más importantes del MLN. Entre ellos estaban el Bebe Sendic y Pepe Mujica. De a poco empezaron a salir los demás. El Vasco Arguiñarena y otros dos excavadores se quedaron últimos. Eran los que mejor conocían el túnel.

Jesús Arguiñarena: Al final nosotros resolvimos quedarnos en nuestra celda, se fueron los dirigentes, pasó todo el otro malón de la celda que teníamos al lado.

S.O: Cuando ya habían pasado todos llegó el turno del Vasco y los otros dos excavadores.

Jesús Arguiñarena: Bajamos a la celda de planta baja nos miramos los tres “y bueno vamonos, ¿quien se va?”. Salgo yo, Colacho atrás y Alberto fue el último en salir.

S.O: Una fila de 105 presos políticos y seis presos comunes se arrastraba por el túnel. Cuando llegaban al final, los presos se paraban, alzaban los brazos y los compañeros de arriba los levantaban.

Carlos Martel: Te agarraban de los brazos y te sacaban como escupida en plancha.

Jesús Arguiñarena: La consigna era “dame la mano”, relativamente baja pero imperativa. Dame una mano, dame la otra. Hasta que llegó un compañero que teníamos que era manco. “Dame la mano, dame la otra”. “No tengo”. “Dame la otra”. “No tengo”. Y bueno, no tenía (risas).

Jesús Argañarena: Yo me acuerdo que lo primero eso si tengo el recuerdo clarito, que asome la cabeza puse la rodilla en el piso y mire por la ventana para afuera. Ahí está el metro que no sabíamos, vi el desnivel inmediatamente.

S.O: Los recién fugados se sacaban la ropa sucia y la tiraban en una pila. A través de un agujero en la pared pasaron al patio de una casa vecina.

Jesús Argañarena: Era una casa que estaba vacía, estaba en venta, no había nadie. 

S.O: Atravesaron el patio de la casa deshabitada y por otro agujero en la pared se metieron en el living de la casa del escribano.

Carlos Martel: Una mesa de madera enorme, de super lujo, y ahí nos dan una bolsita con un arma, dotación de repuesto y plata. Me tocó un Smith & Wesson muy lindo (risas), nuevito.

Jesús Argañarena: Cuando llegue yo ya había 100 tipos dentro de esa casa. Estaban en el garaje ya las combis, la Volkswagen, los dirigentes estaban dentro.

S.O: Los líderes del MLN se fueron en la Combi. 

Jesús Argañarena: Y en ese momento se abre la puerta de calle y el compañero a los gritos. “¡A los camiones corriendo vamos!”.

S.O: Los más de 100 fugados que quedaban en la casa se dividieron en dos camiones. 

Raúl Gallinares: Camiones comunes, con toldos.

S.O: Este es Raúl Gallinares, alias “Lalo”. Estaba al volante de uno de los dos vehículos. Debía recorrer diferentes puntos acordados de antemano donde cada grupo de fugados debía hacer el trasbordo.

Raúl Gallinares: Llego a los lugares que me habían dado… nada. El otro, nada. Me dio mucha bronca, se pueden imaginar. Me encontré desarmado totalmente.

Carlos Martel: Porque la demora había sido tan grande que los contactos se fueron. 

Vasco Arguiñarena: Y el Lalo tuvo que tomar su decisión sobre qué hacer con los 50 recién fugados. 

Raúl Gallinares: No podemos estar perdiendo tiempo, las horas iba… estaba amaneciendo ya. Me los llevo para casa. Los llevo para casa.

S.O: Unos minutos después estacionó el camión frente a su casa.

Vasco Arguiñarena: En determinado momento se abrió la lona dijo “bueno bajen todos, caminen en fila, no hablen no hagan mucho ruido porque hay vecinos”. Y bueno, fuimos todos para la casa.

Raúl Gallinares: Ya a esa altura estaba amaneciendo, serían calculo que las seis más o menos.

Vasco Arguiñarena: Después al otro día vehículos fueron de Montevideo a buscarnos y nos trajeron en grupos para Montevideo. Vimos en el puente policías pidiendo documentos a los vehículos que salían de Montevideo. Nosotros entrábamos.

S.O: A partir de ese día 105 presos políticos y seis presos comunes pasaron a la clandestinidad. 

Cuarenta y ocho años después, la fuga de Punta Carretas sigue siendo la más grande de la historia.

Raúl Gallinares: Fue una acción sumamente simpática porque la aplaudió todo el mundo y salió limpita.

Carlos Martel: La mejor experiencia que he vivido yo, sí, sí sin duda. Tuve el honor de participar. Claro, acá no se trata de honores, se trata de hacer la revolución pero dentro de las cosas que me tocó vivir y de las que puedo contar, es la mas linda que viví.

S.O: El Vasco Arguiñarena fue detenido al año siguiente y pasó 11 años preso. En diciembre de 1985 el gobierno militar lo subió en un avión y lo expulsó del país. Con el tiempo volvió a Uruguay y hoy da clases en la Facultad de Arquitectura.

Pochilo Martel volvió a caer preso en agosto del 72. Recién 13 años más tarde, con el regreso de la democracia, recuperó la libertad.

Poco tiempo después de la fuga a Lalo Gallinares le allanaron la casa. Alcanzó a escapar gracias a un vecino que le avisó que venía la policía. Al año siguiente lo detuvieron y lo trasladaron al penal de Libertad, donde pasó trece años preso.

Pepe Mujica cayó unos meses después de la fuga. En el ‘72 volvió a escaparse de Punta Carretas con otros 14 tupamaros. Ese mismo año lo detuvieron por tercera vez. Fue uno de los nueves rehenes de la dictadura cívico militar. Pasó doce años encerrado en calabozos completamente aislado. En 2010 se convirtió en presidente de Uruguay.

S.O: Fugas es una coproducción original de Anfibia Podcast y Lunfa. Narración: Sebastián Ortega. Investigación y guión: Emilia Erbetta y Sebastián Ortega. Grabación, mezcla y diseño de sonido: Mariano Pagella, Román Frontini y Nicolás Sosa. Música de apertura: Nicolás Pagella. Producción General: Tomás Pérez Vizzón.

Producción General: Tomás Pérez Vizzón.
Host: Sebastián Ortega.
Investigación y guión: Emilia Erbetta y Sebastián Ortega.
Grabación, mezcla y diseño de sonido: Mariano Pagella, Román Frontini y Nicolás Sosa.
Música principal: Nicolás Pagella.
Arte: Sebastián Angresano.