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Viernes 27 de Julio de 2012

Osmiza: banquete orgánico entre Italia y Eslovenia

En la frontera de Italia y Eslovenia, grupos de campesinos, crían cerdos y los convierten en embutidos, siembran uvas y preparan vinos. Todo casero, natural, sin aditivos. Desde hace dos siglos, una vez por año, se hace la “Osmiza”. Una rama de hiedra indica que la casa está abierta. Los viajeros pueden entrar y sentarse en los patios como si fueran propios. Comen y toman como si al amanecer viniera el fin del mundo.

Viven en pueblos pequeños con nombres como Monrupino, Duino, Aurisina o Dolina, en la provincia de Trieste, sobre las colinas del Carso y a metros de la frontera entre Italia y Eslovenia. Durante siete meses crían cerdos para carnearlos en diciembre y enero y preparar embutidos. En los meses fríos también hacen quesos. En otoño se dedican a la vendimia: cosechan uvas que ellos mismos siembran y fabrican vinos fuertes. Después tienen tres o cuatro semanas para comer y tomar todo. En los patios de las casas, lugareños y turistas se entregan al placer de un buen jamón y un vino blanco frío.

Emprendimientos familiares, que se trasmiten de generación en generación, dedicados a la producción de chacinados, quesos caseros y vinos. Sin conservantes. Todo natural. La osmiza: una tradición que nació en el Imperio Austro-Húngaro, cuando el emperador concedía licencias a los agricultores para que durante 8 días pudieran vender su producción sin pagar impuestos.

Una rama de hiedra colgando hacia abajo es el indicador de que tras la puerta de esa casa antigua italianos y viajeros, obreros e intelectuales, se dan un banquete de embutidos regado con vino mientras hablan de la vida. Arrancan antes del mediodía. Terminan Dios sabe cuándo.

Anfibia
Universidad Nacional de San Martín