Esta vez fue GameStop; antes, el vaciamiento del estadio donde hablaría Trump, la primavera árabe y las apariciones de Anonymous. Un “crowd de redditors” con reglas propias, sin líderes a la vista, con gran capacidad de autoorganización, fans de las fintech, de las redes sociales y de la lógica del meme se configura como marca de época. Verónica Robert y Leandro Godón analizan el caso que puso en vilo a Wall Street y argumentan por qué el impacto de este tipo de acciones a futuro serán inevitables y quizás irreversibles.



La foto de Keith Gill es extraña para un perfil del Wall Street Journal: un joven de pelo largo, sostenido por una gruesa vincha roja, con muñequeras en combinación. A pesar de estar en un escritorio con dos monitores, su mirada apunta hacia algún lugar más allá. Parece un personaje de Wes Anderson interpretado por Luke Wilson. Está sentado en un sillón gamer, rodeado de las herramientas del youtuber: micrófono, cámara y aro de iluminación. Al lado del teclado, una calculadora y un mazo de cartas Uno, juego famoso por su carta “Cambio de sentido”, a menudo usada en los memes para indicar un acto de justicia kármica. Gill, conocido como Roaring Kitty en YouTube y como DeepFuckingValue en el subforo de Reddit r/wallstreetbets, convirtió una inversión inicial de 50.000 dólares en acciones de GameStop en una pequeña fortuna que hoy ronda los 46 millones dólares.

 

Desde hace unos días estamos presenciando el último acto, todavía de final incierto, de un juego de la soga en torno a la acción de GameStop (GME). Por un lado, una multitud de inversores amateur que impulsan la suba; del otro, los hegde funds (fondos de inversión) que apostaron contra la compañía y ahora deben cubrir esas apuestas. Los primeros van ganando: el precio de la acción subió 1.900% en lo que va del año, y produjo pérdidas de unos 20.000 millones de dólares (y contando) a los fondos.

 

Un breve resumen, que inevitablemente deja de lado algunos detalles interesantes, sería:

 

1. GameStop es una cadena de tiendas de videojuegos con más de 5000 locales. Su modelo de negocios es anticuado ante el avance de la distribución digital y fue duramente golpeado por la pandemia.

 

2. Una maniobra habitual frente a empresas que cotizan en bolsa y se perciben camino a la quiebra es apostar a que el precio de la acción continuará cayendo. Esto es lo que se conoce como short positions. Consiste básicamente en “alquilar” acciones de la compañía y venderlas inmediatamente, para recomprarlas y devolverlas después de cierto plazo. Si en ese plazo el precio bajó, el fondo embolsa la diferencia; si subió, debe asumir la pérdida. Al contrario de las más tradicionales apuestas al alza, en las apuestas a la baja esta pérdida puede ser muy superior a la inversión. En el caso particular de GameStop, las apuestas a la baja eran muy fuertes, la short positions alcanzaban al 140% de las acciones en el mercado, es decir, cada acción estaba alquilada más de una vez con el objetivo de multiplicar las ganancias.

 

3. Un short squeeze es un evento donde el precio de la acción sube, los fondos con posiciones cortas deben recomprarlas, pero no hay suficientes acciones para comprar en el mercado. Entonces un círculo vicioso dispara el precio de la acción a niveles estratosféricos para cubrirse paradójicamente de las apuestas a la baja. Esto pasó, por ejemplo, con las acciones de Volkswagen en 2008.

 

4. La situación particular de GameStop comenzó a viralizarse en r/wallstreetbets y miles de pequeños inversores apostaron a GME para tratar de desencadenar el short squeeze. La mayoría de estas inversiones fueron realizadas a través de nuevas plataformas fintech (tecnología financiera) para el comercio minorista de títulos, acciones y criptomonedas, como Robinhood o Webull.

 

5. La subida de GME entró en una espiral que llegó a 440 dólares, un precio que (y en esto están de acuerdo todos los actores) ya no tiene ninguna relación con la empresa en sí sino con el combate entre estos enemigos asimétricos.

 

6. En medio del rally alcista aparecieron maniobras de diferente tipo para evitarlo como las restricciones de traders minoristas a la compra de acciones de GameStop y de otras empresas sobre las que habría dinámica similares (como AMC) justificadas en los crecientes costos de transacción en un contexto de elevada incertidumbre, pero consistentes con contener la suba de precio motorizada por el segmento minorista. Esto ha dado lugar a pedidos de investigación contra manipulación de mercado encabezada por la legisladora demócrata Alexandria Ocasio-Cortez y una acción colectiva contra las plataformas.

 

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Las narrativas sobre los hechos pueden ordenarse en un eje con dos polos: por un lado, la épica de Main Street, de los ciudadanos que por primera vez les ganan en su propio juego a los financistas profesionales. En el otro extremo, el establishment de Wall Street que describe con terror al “aluvión zoológico” de trolls con capacidad de desestabilizar el mercado financiero.

 

El punto en común de ambas visiones es la novedad potente en el modo de accionar de los redditors: la idea de una masa autoorganizada que, sin líderes evidentes, es capaz de coordinar una acción colectiva. Una novedad hoy en el mercado financiero, pero una realidad diaria desde hace años, desde pequeñas acciones como arruinar la asistencia a un acto de Trump hasta organizar movimientos tan diferentes como la Primavera Árabe, Anonymous o QAnon. 

 

La lógica del meme es fundamental para entender cómo se coordinó un ejército de miles de pequeños inversores. El caso GameStop se dio a partir de una rarísima alineación de planetas, que probablemente no se vuelva a repetir: la posición extremadamente expuesta de los fondos de inversión, la viralización de la obstinada confianza de un redditor, que la acción en cuestión sea la de una empresa cercana a los redditors. Estos elementos contribuyeron a dar forma a la noción del short squeeze, la promesa de un evento en que los autodenominados “autistas” de r/wallstreetbets pueden ganar dinero, salvar a GameStop y fundir un hedge fund, todo a la vez. 

 

En estos días de locura en r/wallstreetbets conviven una repetición incesante de la directiva de no vender las acciones de GME (en la jerga memificada del subreddit, tener “manos de diamante” para que el precio de la acción “llegue a la luna” y poder así obtener ganancias o “patitas de pollo”) con sesudos análisis de la situación, teorías conspirativas y posteos emocionales sobre las experiencias dolorosas del 2008 y acciones caritativas hechas con las ganancias.

 

Esta gesta épica no está, sin embargo, exenta de racionalidad. Por el contrario, las decisiones están fundadas en argumentaciones y valoraciones sobre los modelos de negocios reales de las empresas. Por ejemplo, en un video de julio del 2020, Gill argumentaba que las acciones de GME estaban excesivamente baratas, dado que la empresa tenía una buena situación financiera, un sector grande del mercado de retail de videojuegos y la potencialidad de pivotar hacia el e-commerce. También notaba que la abundancia de posiciones cortas hacía parecer posible un teórico short squeeze, pero que, más allá que esto sucediera, había buenas probabilidades de que la acción de GameStop subiera en los próximos meses por una mejora en el rendimiento de la empresa. Esta misma perspectiva parece haber sido la que impulsó a Ryan Cohen, que había hecho una fortuna al vender su start-up Chewy, a comprar el 12% de las acciones de Gamestop y a ocupar tres asientos en el board de la empresa. Es probable que el desembarco de Cohen, que corroboraba en los hechos el análisis optimista de Gill, haya sido el detonante del rally alcista.

 

En las condiciones correctas, la masa de pequeños inversores puede comportarse con la fuerza y fineza de los fondos más sofisticados de Wall Street.

 

Detrás de las interpretaciones sobre los hechos de la semana pasada se encolumnan nuevas demandas regulatorias. Resulta curioso ver a periodistas financieros del establishment y a directivos de fondos de inversión clamar por mayor regulación en el mercado minorista, cuando la cantinela habitual es que el Estado dé más lugar a las fuerzas del mercado. El relato de Wall Street es de pequeños inversores irracionales que deben ser protegidos de su propia estupidez. “Dumb money” les dicen, y reclaman medidas, para que como monos con navajas no se hagan daño a sí mismos. Burry, el financista que ganó millones apostando a corto en la crisis de 2008 (famoso por la película The Big Short), en un tweet señala la necesidad de implicancias regulatorias del caso, del que dice que “no es natural, que es una locura y que es peligroso” y le reclama a la SEC (Secuirities and Exchange Comision) regulaciones frente al nuevo fenómeno. Webull planeta la necesidad de controlar las conductas en manada, caracterizadas como gestos irracionales que conducen a la inestabilidad financiera. Por ejemplo, si en una corrida bancaria todos retiran sus depósitos en un mismo momento, el banco no podrá dar respuesta, pero las regulaciones atienden no solo a las conductas en manada sino especialmente a las condiciones que las generan.

 

Por otro lado, los redditors, parafraseando a Keynes, dicen “we can remain retarded longer than you can stay solvent” (podemos ser estúpidos más tiempo del que ustedes pueden ser solventes), que es una forma de decir: sabemos lo que hacemos. Como hemos tratado de mostrar en esta nota, la conducta de los Redditors no carece de racionalidad. Por el contrario, como dice J. Kregel, es una jugada sofisticada dentro de las reglas del mercado: aplicaron una toma de Jiu Jitsu a los fondos de inversión sacando provecho de la fuerza del oponente. Al mismo tiempo, asumir un acuerdo para manipular el mercado a través de una serie de memes es al menos heroico. Y por otro lado, no están basadas en un miedo irracional, como ahorristas que sacan sus depósitos, sino en una acción consciente de las que conocen tanto sus potenciales beneficios como sus riesgos inmanentes, que están dispuestos a asumir y cuya realización sólo los afecta individualmente.

 

Más allá de las narrativas subsiste la pregunta sobre qué regulaciones son necesarias para evitar fuentes de inestabilidad financiera de este tipo. Pedir regular al mercado minorista es como atacar las llamas en vez de la fuente del incendio. Aquí es donde se vuelve evidente que las condiciones para el short squeeze sufrido por los hedge funds fue generada por ellos mismos. La magnitud de las posiciones en corto es lo que marca la inconsistencia de precios bajos con una situación económico-financiera no tan mala. Esta señal es tomada por algunos (Gil y Cohen) y apropiada y amplificada por la comunidad. La amplificación puede parecer caótica o descontrolada, pero sin acciones desmedidas de actores institucionales no habría lugar para estas respuestas. Por lo tanto, las regulaciones deberían apuntar a transparentar las acciones de los hedge funds y evitar posiciones con potencia de generar fuertes inestabilidades, más que limitar a nuevos actores que entran al mercado.

 

En síntesis, toda esta saga documenta la llegada del crowd a Wall Street. Un crowd, una multitud que trae sus propias reglas, capacidades y escalas de valores y que viene de la mano de las fintech y de las redes sociales. Que trae consigo implicancias a futuro inevitables y que vuelve imprescindible una mayor regulación y transparencia de las instituciones financieras.

 


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