Le pregunté a mi agente de Gemini: ¿Sueña Javier Milei con hijos humanos? Me contestó a la supervelocidad artificial con la información disponible: “En términos de descendencia humana, el presidente no tiene hijos y ha expresado públicamente en diversas entrevistas que no forma parte de sus proyectos ni prioridades vitales, posicionando a sus perros como su principal núcleo de afecto familiar”.
Respeto su decisión y hasta puedo llegar a empatizar si ha tenido problemas de fertilidad o no ha encontrado cómplices para la misión de la reproducción. La calle está dura en asuntos del corazón y el desencuentro gobierna en la era de la hiperconexión. Pero mientras para algunas personas se trata de una elección individual, en Argentina hay un fenómeno social que atender: más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales. Sueñan los argentinos y las argentinas con hijos humanos que no pueden tener.
Esta afirmación se desprende de la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas desarrollada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) junto a Voices!. “Deseos reproductivos en encrucijada” titularon este informe que es revelador. Aporta evidencias, datos y respuestas al tema epocal recurrente, aquí y en el mundo: la baja de la tasa de natalidad.
“La maternidad será deseada o no será”, se dijo por aquí y por allá en el ciclo efervescente de 2018 y 2020, que brilla lejano y nostálgico en la opacidad del presente. Parece que con el deseo no alcanza, la maternidad y la paternidad no están siendo aún con deseo. Existen brechas a la hora de desear.
Más de la mitad de la población joven no logra concretar el tamaño de familia ideal por limitaciones materiales. Sueñan con hijos que no pueden tener.
Hoy, cuatro de cada diez jóvenes no pueden dejar la casa familiar, emanciparse: no pueden tener desde un rincón de intimidad para el sexo casual hasta construir un proyecto de vida propio. Cuatro de cada diez criaturas tuvo problemas para tener acceso a ropa o calzado. Cada vez más bebés nacen con sífilis congénita y con abstinencia. Y sí, cada vez nacen menos bebés. Una secuencia lógica.
Esto debería ser un tema de conversación pública y política: la búsqueda de la plenitud afectiva, los proyectos de expansión del amor de nuestra sociedad no pueden concretarse y eso es un problema para la vida democrática. Hannah Arendt ya lo advirtió en Los orígenes del totalitarismo: la soledad es mucho más que un sentimiento individual, es un problema político moderno que persiste.
Más allá del contexto actual, en nuestro país la baja de la tasa de natalidad se trata de un fenómeno transversal a todo el territorio nacional que es parte de la transición demográfica global de los últimos 70 años. Es necesario hablar más de esto desde una perspectiva de derechos humanos y también feminista.
Si no ocupamos un lugar en la conversación sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes le subirán constantemente el volúmen hasta saturar e impedir la conversación. Seguirán diciendo en un tono que es catastrófico. Hablando de “invierno demográfico”, de “colapso” y hasta de fin de la humanidad. Y, en la búsqueda de explicaciones, apuntando especialmente a las mujeres y al feminismo, las tecnologías y las políticas de derechos sexuales y (no) reproductivos.
La natalidad cayó un 35% en la última década. La caída del embarazo adolescente explica gran parte del descenso, por la eficiencia de políticas públicas como el Plan ENIA.
Sumado al histórico mandato de la maternidad, se ejerce una especie de presión moral, patriótica y hasta económica sobre nosotras y otra vez somos chivo expiatorio de una respuesta fácil a un fenómeno complejísimo y multicausal. Si hasta hace poco el feminismo fue chivo expiatorio del fracaso electoral del peronismo, ahora funciona como víctima propiciatoria del fracaso económico libertario.
Ponganse de acuerdo: si el mercado se regula solo, entonces ¿por qué el futuro del sistema previsional recae sobre las personas con capacidad de gestar?
"Estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes. Hoy Argentina no llega a una tasa de natalidad que permita la reposición. La pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos está costando caro en términos de crecimiento", dijo este jueves el presidente en el Council of the Americas 2026.
Es llamativo que eligiera la secuencia “pasión por asesinar” apenas un día después de que la Fiscalía de Bolivia imputara formalmente al consultor argentino Fernando Cerimedo. El arquitecto de la narrativa del ecosistema digital libertario está acusado de tentativa de femicidio: se lo investiga como autor intelectual del intento de asesinato a su expareja, la abogada Nadia Beller, quien sobrevivió a la balacera estando embarazada.
Si no conversamos sobre el tema, serán los voceros de la reacción conservadora quienes lo hagan, saturando con su tono catastrófico, hablando de “invierno demográfico”, “colapso”, "fin de la humanidad". Apuntando al feminismo y las tecnologías.
Los dichos del presidente se desarman muy fácilmente poniendo hechos y datos en una línea del tiempo. La introducción de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo como explicación a la caída libre de los nacimientos es una falacia argumentativa. En Argentina, según las cifras del Ministerio de Salud de la Nación, la natalidad empieza su derrumbe a partir de 2014. El aborto es legal recién seis años después, en 2020. Es cierto: la cantidad de nacimientos cayó un 35% en la última década. Pero el 90% de esa caída se produjo antes de la interrupción voluntaria del embarazo. Además, si miramos el mundo, hay países en los que el aborto está prohibido o altamente restringido y la tasa de natalidad también baja: como Polonia, El Salvador o Nicaragua.
Más datos: también está en retracción, al menos en nuestro país, la cantidad de personas que buscan adoptar. En 2018 había 4.580 solicitantes para adopción. En algunos casos, se trataba de una familia monoparental (una sola mamá o un solo papá), y en la mayoría eran dos los solicitantes que, juntos, presentaban su legajo ante la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos de la República Argentina (DNRUA). Para fines de 2023 esas inscripciones habían caído a menos de la mitad, según estadísticas de ese organismo oficial. Se registraron 1.732 familias solicitantes, lo cual se traduce en una caída del 62% en un período de 5 años.
La caída del embarazo adolescente explica una gran parte del descenso. Hay menos maternidades forzadas. A nivel nacional las políticas públicas que pusieron el foco en la información, el acceso a los anticonceptivos y la prevención de los embarazos no intencionales, como el Plan nacional de Erradicación del Embarazo No Intencional en la Adolescencia, ENIA, en el que confluían los esfuerzos de salud y educación logró la reducción a la mitad de los embarazos adolescentes. Implementado por el gobierno de Mauricio Macri, continuó con la gestión de Alberto Fernández pero fue desmantelado cuando Javier Milei asumió la presidencia. Desde 2018, se registra el mayor descenso de la tasa de fecundidad en la adolescencia de los últimos 46 años. De acuerdo al último censo, el porcentaje de madres adolescentes -entre 15 y 19 años- tuvo una reducción muy pronunciada respecto de los resultados del censo anterior: pasó de 13,1% en 2010 a 6,4%. Esto es más jóvenes, tanto mujeres como varones, que pueden continuar con sus estudios y definir trayectorias laborales con mayor autonomía.
La encuesta de UNFPA y Voices! llega a la conclusión que el deseo de tener hijos e hijas sigue vigente en la sociedad argentina, pero se enfrenta a una brecha entre aquello que se anhela y lo que efectivamente puede concretarse. El costo de crianza, la falta de ingresos estables y el acceso a la vivienda explican el 62% de las personas encuestadas que dijeron tener menos hijos e hijas de los deseados. Entonces no son los pañuelitos verdes.
La Canasta de Crianza de la primera infancia, la niñez y la adolescencia, elaborada mensualmente por la Dirección Nacional de Estadísticas de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), es el parámetro oficial para dimensionar el costo integral de manutención y cuidado de la población de hasta 12 años inclusive. Para el período de julio de 2026, los valores oficiales de la canasta oscilaron entre los $545.683 y los $697.268 mensuales por hijo, situando el mayor nivel de gasto en el tramo de niñas y niños escolarizados de 6 a 12 años.
Las organizaciones feministas llaman a un Acuerdo Nacional por los Cuidados. Puede sonar utópico, pero es un modo de proyectar el futuro.
Hace algunas semanas la organización internacional Political Network for Values -Red Política por los Valores (PNFV) hizo distintas actividades en la Facultad de Derecho y en la legislatura con participación funcionarios nacionales y del gobierno porteño. Se trata del lobby para rechazar la Educación Sexual Integral y el aborto legal. A esto se suma la adhesión de la Argentina al Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia, otra alianza internacional provida impulsada desde 2020 que niega el derecho a interrumpir un embarazo.
Mientras el ecosistema de la ultraderecha sigue siendo el ataque a consensos, acuerdos y conquistas, las organizaciones feministas por estos días hacen un llamamiento a un acuerdo nacional por los cuidados. Puede sonar demasiado utópico en este contexto. Pero más allá de las fantasías de la ciencia ficción capitalista de los tecnomillonarios, realmente el único movimiento político que está proyectando el futuro es el feminismo. Hablar de cuidados hoy es hablar de cómo queremos vivir en los próximos años: criar y acompañar los bebés que ya existen, junto con el acelerado envejecimiento poblacional. Es hablar de tiempo libre, trabajo, salud y vida en comunidad.
Para sostener la vida hoy cada vez más familias deben resolver con su tiempo, trabajo y esfuerzo necesidades que deberían formar parte de un sistema de protección social. Se destruyeron 48 de 50 políticas de cuidado en la era Milei. Aparecen rebusques que hasta monetizan el tiempo de cuidados como las cajeras online. Cuidar es más que nunca una responsabilidad privada en condiciones aún más frágiles, cuando debería ser una prioridad pública.
La baja de la tasa de natalidad tiene que ser una oportunidad para abrir múltiples conversaciones como esta desde un enfoque sensible y empático, especialmente con aquellas personas que quieren procrear pero no encuentran con quién, pero también con otras múltiples crisis que atraviesa la humanidad hoy, ambiental, desde las guerras en curso, la crisis educativa o la crisis de la soledad, que ya es considerada una epidemia silenciosa, la crisis de la presencialidad y la crisis del emparejamiento.
Queremos que sueñen los argentinos y argentinas con hijos humanos y que puedan verlos nacer antes de que la reproducción con seres digitales sea una realidad.
