DARLE LA ESPALDA AL SOL

caetano cumple 80

Activá el sonido

Hacia fines de 1968 un tipo de rulos a lo Hendrix se presenta en el Festival Internacional de la Canción (FIC) junto a Os Mutantes en San Pablo: Caetano Veloso, un ícono de resistencia, la luz al final del túnel para una Brasil en dictadura.

Mientras canta que “está prohibido prohibir”, el público  -mayormente joven- lo abuchea primero, se pone de espaldas después. Darle la espalda al sol, canta Lisandro Aristimuño.

Caetano tiene 25 años y también es parte de esa juventud dividida.

Caetano no quiere ser menos y retruca: deja de cantar, les grita, les sigue el juego y también les da la espalda. Desde la bronca, pero también desde la rebeldía. Todo sale en vivo por TV Globo.

“¿Esta es la juventud que dice que quiere tomar el poder? Ustedes no entienden absolutamente nada. Ustedes no van a vencer. ¿Qué juventud es esta?”

Caetano los provoca.

En medio de los gritos llama a su amigo Gilberto Gil para que suba al escenario. Ahora los espectadores revolean tomates, vasos, huevos. Un pedazo de madera lo impacta en el tobillo y lo deja sangrando.

El show termina cuando salen corriendo por la puerta trasera del teatro.

Flecha

Eran los años del Tropicalismo, un movimiento cultural y de resistencia, una revolución representada por Caetano y otros artistas populares brasileños. Pero fue mucho más que eso, algo difícil de definir incluso para sus propios hacedores.

La reacción de Caetano -a quien siempre le sobran las palabras- fue una risa genuina devenida sonrisa y después un silencio que no fue incómodo, sino todo lo contrario.

Caetano se encuentra con el goce en el misterio del tropicalismo.

Caetano había compuesto “É prohibido prohibir'' días antes, en tiempo récord y a pedido de su amigo y productor discográfico Guilherme Araújo para que participara de ese show televisivo que fue el FIC.

Araújo, figura importante para el tropicalismo, consideraba que nadie que pretendiera el éxito podía prescindir de la televisión. Ni políticos, ni deportistas, ni cantantes estaban exentos de mostrarse frente a un público masivo.

Ni bien surgió, desde el periodismo hasta la juventud universitaria se opusieron al tropicalismo. Hablaban de alienación musical norteamericana porque, entre otras cosas, introdujeron guitarras eléctricas en la Música Popular Brasileña. Llegaron a acusarlos de entreguistas.

Toda esta repercusión no fue gratis para Caetano. Porque afuera de ese escenario paulista, los albores del gobierno de facto de Costa e Silva se convertían de a poco en estructura necesaria para una de las dictaduras más largas de América Latina.

Una madrugada, semanas después de ese episodio, a Caetano lo detuvieron en su casa de San Pablo y lo llevaron en una camioneta hasta Río de Janeiro. Allí estuvo detenido varias semanas.

Una noche unos oficiales lo cambiaron, lo sacaron de su celda y lo llevaron por unas calles desiertas a punta de pistola. Cuando frenaron, Caetano esperó el disparo. Pero lo hicieron entrar por una puerta. Adentro, un hombre con unas tijeras, listo para cortarle el pelo.

Después de varios episodios con la dictadura, Caetano se exilió en Londres junto a Gil entre el '69 y el '72. Hasta el día de hoy, a sus 80 años, nunca dejó de componer, de tocar y de sacar discos.