Las cosas que no se dicen en voz alta

Chile

La ceremonia de cambio de mando en principio no es demasiado relevante. Es más bien una ocasión para pensar qué se inicia, qué enfrentamos quienes, por el motivo que fuera, votamos por Boric.

Nos queda interpretar indicios y evitar el delirio profético de la futurología. En este último tiempo, con más fuerza que antes, los acontecimientos nos lanzaron en direcciones insospechadas.

Foto: Fernando Ramírez

Sin ánimo opositor, digo que este gobierno se inicia en un contexto adverso: Enfrentamos los efectos de una guerra que nadie vio venir. Y que en términos concretos significó el encarecimiento del coste de vida, las arcas fiscales vaciadas producto de la pandemia y sin posibilidad de nuevos retiros de fondos de AFP.

En la última parte del gobierno de Piñera estos recursos sirvieron de auxilio.  Pero fueron a parar directo al consumo y al ahorro. Esto explica el aumento de las tasas de interés, sustrato sobre el que hoy se suma el alza del petróleo.

En términos de capital político, el nuevo gobierno tampoco tiene demasiado en el bolsillo. Su base social real es reducida y conformada por sectores medios y juveniles educados. Casi la mitad del país se restó de la participación en las elecciones y hay una ultraderecha “latente” para nada irrelevante en términos electorales, mucho voto de Boric fue un “no Kast”.

Algo más: la coalición de gobierno está compuesta por sectores bastante refractarios entre sí. Tampoco hay que olvidar -aunque la alianza progresista lo quisiera- que Boric carga con lo que para una izquierda más radical es un pecado imperdonable y para los amarillos un valor y garantía de gobernabilidad: su rol en el pacto del 15 de noviembre  de 2019.

Foto: Migrar Photo

De ese pacto surgió la Convención Constitucional y la posibilidad de una nueva Constitución. Fue también el acuerdo de “lo que fuera” para frenar una oleada de violencia política que parecía no tener fin y que ya había agotado la paciencia de las Fuerzas Armadas.

El ejercicio de escribir una nueva Constitución descomprimía el conflicto, pero difería todo a un futuro bastante incierto. Esto ha sido reafirmado por el destemplado ejercicio de la Convención y la crisis económica, sanitaria y ambiental que tenemos ante nuestros ojos.

No poder plantear estas cosas en voz alta amplificado el principal riesgo del gobierno de Boric: Muchas expectativas, poco capital político y económico.

Se opta por el uso efectista y publicitario de la única causa disponible que tiene la potencialidad de trascender lindes políticos y sociales: el feminismo.

Foto: Catalina Juger

Único planteo que en este minuto (y no sabemos por cuánto más) tiene la posibilidad de constituir un mito aglutinador de voluntades, sorelianamente dicho. No es casual: el Partido Comunista de Chile, consistente en su tradición leninista, devino en partido feminista.

Foto: Migrar Photo

El feminismo es una apuesta con una potencialidad transformadora enorme (en dirección de la igualdad, por ejemplo).  ¿Cómo evitar que, políticamente hablando, se lo convierta en un mero recurso? Reducido de este modo, “funciona” en los más básicos códigos del consumo y la competencia, que es el lenguaje de Chile.

Lo sabemos al menos desde Maquiavelo: en política nadie es malo o bueno, mentiroso u honesto.

Boric está obligado a hacer un gobierno. Esto significa que debe permanecer en el poder, ya que decidió ir por su disputa y llegó a él.