Cómo se vivió en la calle la votación por la Ley IVE en el Senado. Y por qué la movilización feminista no logró incidir esta vez en el Congreso pero igual celebra la magia de haber instalado la perspectiva de género en la agenda política.



Pañuelazo. Así se expresó la derrota del lado verde. Esta vez el festejo cayó de la vereda de enfrente. Cerca de las 3 am, después de conocerse el resultado de la votación, los celestes agitaron banderas patrias, tiraron petardos y cantaron la rima que los acompañó toda la tarde: borombombón, sí a la vida, aborto no. Los que no cantaban recibían las bofetadas del frío en las mejillas con el rostro crístico del que sufre y sonríe.

 

Algunos dicen que el rechazo a la Ley IVE perjudica al gobierno de Macri. Otros, que es una oportunidad perfecta para sacarla el año que viene, en plena contienda electoral. Lo literal es que se perdió la oportunidad de crear la política de salud pública que permite evitar muertes de mujeres por abortos clandestinos y de seguir habitando un país avanzado y al día con la ampliación de derechos.

 

Pasada la medianoche, en el recinto comenzaron a cerrarse las exposiciones. En la calle, del lado verde la tormenta hermanaba. Los paraguas se colectivizaban y daban refugio a quienes asistimos al debate en el asfalto. La lluvia no daba tregua, caía implacable, en diagonal. Ahí seguimos, amotinadxs abajo de los techos. “Aborto legal en el hospital.” El canto se hacía más sonoro para enfatizar el rechazo a lo que se decía en el Congreso. El viento forzaba al abrazo entre las frazadas.

 

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Cuando habló Cristina Fernández se hizo silencio. “No fue mi hija la que cambió mi punto de vista, fueron las miles de pibas que se volcaron a las calles.” Muchas aplaudieron como si fuera una verdadera referenta feminista. La revolución de las hijas, de las nietas, de las abuelas. También la nuestra. Con los puños en alto el “va a ser ley” se repitió como mantra para escapar a la crónica de una derrota anticipada.

 

Una pantalla gigante transmitía lo que pasaba en el Senado. Cada vez que la cámara enfocaba a Gabriela Michetti, de este lado un puntero láser color verde le serpenteaba en la cara. Cuando el 38-31 se clavó en las retinas se escuchó un grito aislado: “¡asesinos!”, y rápido se armó “como a los nazis les va a pasar”.

 

Desde el escenario, integrantes de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito reforzaron su análisis: que el Senado no escuchó a la ciudadanía pero que nosotras ya ganamos. Pidieron calma para desconcentrar. Hubo abrazos y hubo furia convertida en lucha con sabor a futuro. El futuro no llegó pero está llegando. Ya llega. Y como dijo el Indio Pichetto, no les pertenece. Hacia el final, las motos policiales cazaron a algunxs que quedaban en la zona del Congreso. También tiraron gas pimienta. Como informó el Ministerio Público de la Defensa CABA, ocho personas quedaron detenidas imputadas por resistencia a la autoridad. 

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La zona del Congreso de la Nación estuva dividida como el 13J.

 

Durante el día, la vigilia se batalló contra una sensación de final, incluso sabiendo que éste es, sin duda, un principio. Fue difícil pisar el territorio de la derrota. Para las que luchamos por el aborto legal, seguro y gratuito, la cuenta regresiva empezó mucho antes. Llevamos días sin dormir: nervios, cálculos, especulaciones, cabildeo. Hace años que se pelea por esta Ley.

 

- La cosa está áspera-, dijo un cronista acreditado el Congreso para entrevistar a lxs senadorxs que iban llegando-. Hoy no se aprueba. Volvemos a foja cero.

 

La calle estaba mojada. En las rejas de los edificios flameaban cintas verdes. Hasta las estatuas amanecieron aborteras.

 

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A las 9 llegaron los micros de Córdoba al lado celeste. De a poco se fue juntando más gente. Sonaba una música melódica. Por encima de la grabación, los cantitos de lxs celestes apelaban a Macri, le pedían “por la vida, señor presidente”. Hacia el mediodía el clima mejoró, y la cantidad de gente iba en aumento. Los ponchos colorados de lxs salteñxs coparon el espacio. La convocatoria celeste fue así, incluyó toda la liturgia criolla, patriota y nacionalista: mate, poncho y guitarreada. No estuvieron ahí las mujeres pobres que la senadora Larraburu, como tantas otras personas, dicen que no abortan. Hubo gente organizada, congregaciones lideradas por sacerdotes con hábito talar. Más varones que mujeres marcharon para que nuestros derechos no se amplíen.

 

De pronto pasó, como un estandarte, el feto gigante de cartapesta sobrevolando cabezas. De fondo se escuchó el himno nacional, entonado desde el escenario. “Hay un diseño original para el hombre y la mujer, el resto son propuestas de muerte. Nosotros optamos por la vida”, dijo un señor con campera de fieltro. En el campo celeste también se valora el gesto genuino de salir a la calle a defender una verdad propia frente a lo que se percibe como la amenaza de un consenso.

 

El armado de los antiderechos salió del espiral de silencio que los tenía a la defensiva y se dotó de un discurso, referentes, símbolos y lemas en no más de dos meses.

 

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Si de un lado hubo bebitos en serie y sin gestualidad, del lado verde hubo mujeres deseantes, que ríen, que lloran, bailan cada cual a su ritmo, luchan. Muchas somos madres por elección. Hay profesionales, estudiantes, adolescentes, ricas y pobres, tortas, travas, cis, militantes. En el campo verde ayer también se vio esa mezcla, mucho más abarcativa que la militancia feminista. Como el primer Ni Una Menos, la causa del derecho al aborto imantó a mujeres de diversa extracción y procedencia, atravesó a todas.

 

La diferencia está en el deseo.

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El campo verde estaba mejor parapetado para la lucha simbólica pero lxs antiderechos lograron emparejar rápido. Existe un mérito ahí que no se puede soslayar. Luego que Diputados diera media sanción a la Ley IVE y que la palabra “aborto” dejara de ser un tabú, oponerse a la legalización parecía algo vergonzoso. Pero los antiderechos lograron romper esa tendencia.

 

En ese sentido, durante el debate en la Cámara baja se vivió un clima más “militante”, con exposiciones más inclusivas y expositores de un perfil amplio: técnicos pero también con discursos que iban desde la emotividad a la reflexión política y la militancia de los derechos. En las comisiones de Senadores se respiró un aire limitado, menos festivo. Después del triunfo de la media sanción, lxs antiderechos se vieron obligadxs a salir del repliegue y fortalecerse. En los últimos dos meses la calle se dotó de pañuelos celestes, y se despertó un mayor nivel de polarización, de brutalidad y violencia hacia lxs defensores de la legalización.

 

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“Mis enemigos me van a asustar cuando comiencen a tener razón”, canta el Indio Solari en Strangerdanger. Pero nuestros versus, en esta madrugada, no la tuvieron. Hoy en la Argentina van a seguir muriendo mujeres. La grieta sigue siendo la misma: es aborto clandestino o legal. Las pibas estuvieron defendiendo su derecho al goce, al deseo, contra la moral y el dogma. Para que las dos vidas, y las tres, mil vidas no se vayan por los sucuchos de la indignidad. La grieta tuvo en el medio un enorme despliegue policial. Camiones hidrantes se estacionaron a media tarde por 9 de julio y Diagonal.

 

El miedo que se palpitó por una potencial represión, también tuvo que ver con disciplinar los cuerpos de mujeres que elegimos ir a ponerlo para defender nuestros derechos. El esparcimiento del miedo no es azaroso ni aislado, no es un paréntesis inentendible sino una decisión política que pretende volver a encerrarnos en nuestras casas, en ese espacio privado que supimos volver político. “Espero que los defensores del aborto respeten la decisión del Senado y que no haya incidentes”, dijo el periodista Feinmann la mañana del 8A en un tono que pretendía ser autoprofético.

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A las 10 de la mañana la línea B del subte ya estaba copada de verde. Y desde la Avenida Corrientes se fueron tiñendo las calles hacia el Congreso. Purpurina, pañuelos, vinchas y unicornios. Chipá y mandarinas y bizcochuelo verde “con misoprostol”. Humo de marihuana y rondas. Las calles se inundaron de pibas, de las más chiquitas, de mochilas que plantan un abismo generacional con los dinosaurios que hablan en el recinto. Un grupo bordaba en vivo un pañuelo gigante. “A las medias aborteras, a las medias”, gritaba un vendedor. A la venta de pañuelos verdes se sumaron los celestes, con el símbolo que parece un ocho con un rulo adentro, y el naranja de Iglesia y estado asunto separado.

 

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Las pantallas gigantes que se elevaron sobre las esquinas cosecharon aplausos o abucheos según qué discurso se proyectara. El hall del Hotel Bauen, en Corrientes y Callao, estuvo repleto. Por la puerta grande entró Agustín Rossi y las mesas verdes se alborotaron. Una piba de rulitos y párpados pintados lo increpó: “¡Qué pasó, Chivo, en tu gobierno presentamos seis veces el proyecto!”. Rossi la manda a callarse la boca. Repudio general. El Chivo es un presidenciable, fue al primer Ni Una Menos con el pañuelo verde y ayer también lo llevó puesto. Avanzamos mucho, pero todavía falta.

 

Ya lo dijo la referente estudantil Ofelia Fernández:

 

-Es ahora: súbanse a la ola o vean cómo los aplasta.

 

Juntas y a la izquierda, con peluquitas verdes y la música de me vuelve loco tu forma de ser bailaron algunas de las pibas que si no sale la Ley seguirán condenadas al último círculo del infierno penal: abortar como pobres y criminales, como dijo el senador Pedro Gustavino. Cuando los movileros de TV las cruzaban por la calle trataban de sacarles letra sobre el rumoreado “quilombo que se iba armar” si no salía la ley. Pero en cambio todas respondieron -alineadas con la postura de la Campaña y referentas como Diana Maffía y Dora Barrancos-: “Si no sale hoy, vamos a seguir luchando”.

 

Del lado celeste hubo gente que llegaba tanto de la zona norte de la ciudad como del norte del país. Un puntero se acercó a dos mujeres que juntaban firmas para lanzar el Partido Por la Vida. Les ofreció sanguchitos. No, no, dijo una, estoy en ayunas. Yo también, agregó la otra. Ayunaron como ofrenda, contaron, para que no saliera la ley. Desde el escenario sonaba un sapucay y un par de compases pegadizos de chamamé. En seguida el animador convocó a un baile coreografiado al ritmo del oh, oh, moviendo los brazos. Uniformes. Abundó el camuflado, las camperas militares y las banderas. Un hombre declaró ante un micrófono: “Nos vamos a encargar de que se haga memoria, de que todo el mundo se acuerde de los políticos que votaron a favor y que desaparezcan”. 

 

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Cerca de las 5 de la tarde se levantó la tormenta. Alguna gente empezó a refugiarse en cafés y pizzerías. Otra recién llegaba. En los días anteriores a la vigilia hubo una apuesta fuerte a que lxs senadorxs indecisxs se dieran vuelta a favor del sí en función de la presión en la calle. Para el debate en diputados fuimos un millón, esta vez la consigna de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito convocaba a 2 millones de personas.

 

El mundo se tiñó de verde en apoyo al movimiento feminista local. El NY Times le dijo chau a la percha.  ¿Pero cuándo funciona la presión en la calle? Pareciera que la masiva movilización del 13 J incidió en la aprobación de la media sanción. Y así lo cree Mónica Macha, una de las autoras del proyecto de IVE. “La experiencia que tuvimos en Diputados es que la presencia en la calle fue lo que definió el triunfo. La movilización puede mover montañas porque tiene que ver con la puesta en acto de una definición política. Más allá del debate, este es un proceso que se ha desencadenado, y en la medida en que seamos muchas y nuestros cantos se escuchen adentro del Senado, algún efecto va a tener, no puede ser indiferente.”

 

Sin embargo en diciembre, el gobierno logró aprobar la Reforma Previsional con un nivel altísimo de conflictividad en la calle. Por eso, más allá de la movilización, habría que analizar las negociaciones que se ponen en juego en el ámbito del Congreso.

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Desde la mañana, Macri trató el tema como a un River-Boca.

 

¿Por qué se supo desde un principio que la Cámara alta era más compleja de atravesar en un tema como el aborto? El Senado siempre se tilda de elitista y conservador. En especial cuando se trata de las provincias del NOA y el NEA. EAMEO lo puso claro en un meme: NOA es NO AL ABORTO. Quizás no se trate de provincias conservadoras per se, o de un pueblo retrógrado. Eso sería caer en estigmatizaciones simplistas. De hecho, de los 3 senadores de la Ciudad de Buenos Aires, 2 votaron en contra.

 

Lo que sí es un dato es que el norte argentino convive con desigualdades sociales y económicas muy amplias y con una élite gobernante que hace un esfuerzo permanente por mantener el status quo, y a la que es muy difícil penetrar. ¿Quiénes llegan entonces a ser clase dirigente en esas provincias? Existe ahí un esquema de desigualdad que se traslada institucional y políticamente a partir de élites que conservan el poder. ¿Qué capacidad tiene por lo tanto la disidencia de ser representada en la Cámara de Senadores?

 

La transversalidad que trazó el apoyo al proyecto de Ley en las distintas representaciones políticas da cuenta de un reclamo que supera la contingencia de los armados y las disputas parlamentarias, y refleja la potencia del Feminismo como un movimiento amplio, diverso, complejo. Es la magia de la construcción política, del arribo a consensos sin resignar convicciones.

 

A nivel partidario, la agenda en materia de género fue algo que irrumpió de abajo hacia arriba en los últimos años, desde el estallido de Ni Una Menos en 2015. En tiempos de neoliberalismo, la construcción transversal y horizontal en pos de la conquista de derechos, es un triunfo. En tres años, pasamos de la emotividad y la furia de la denuncia de la violencia machista más extrema, los femicidios, a organizarnos masivamente por el aborto legal, seguro y gratuito, a cuestionar mandatos y a negarnos al disciplinamientos de nuestros cuerpos.

 

Hoy la legalización del aborto ganó subjetivamente. El salto cultural es irrefutable, porque hay una conciencia de las libertades y los derechos que ya no tiene vuelta atrás.

 


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