De familia peronista, C茅sar Milani construy贸 una carrera de 40 a帽os en el ej茅rcito siempre entre la lealtad y la subordinaci贸n total con sus jefes. A pesar de las denuncias sobre su actuaci贸n durante la 煤ltima dictadura, Cristina Fern谩ndez de Kirchner lo nombr贸 jefe de la fuerza al mismo tiempo que entraba en crisis el sistema de inteligencia. Renunci贸 a su puesto en 2015 y, desde entonces, suma cinco causas judiciales por delitos de lesa humanidad, espionaje y enriquecimiento il铆cito. Una investigaci贸n de Luciana Bertoia reconstruye los momentos claves de la vida del general que supo acumular informaci贸n, pol铆tica y territorio como pocos militares desde el regreso de la democracia.



鈥淐orrecto, respetuoso y subordinado鈥. As铆 evaluaban a C茅sar Santos Gerardo del Coraz贸n de Jes煤s Milani sus superiores en 1984, poco m谩s de un a帽o despu茅s de que el militar llegara al Batall贸n 601, el cuerpo de inteligencia del ej茅rcito. 鈥淢uy subordinado鈥, lo elogiaba otro evaluador dentro de la misma especialidad. En el legajo que lleva su nombre completo, escrito a mano, tambi茅n se puede leer: 鈥渆ntusiasta鈥.

 

La estima de sus superiores baj贸 cuando en diciembre de 1988 se neg贸 a sofocar el levantamiento de Villa Martelli, el bautismo de fuego del que era considerado el l铆der moral del movimiento carapintada, el coronel Mohamed Al铆 Seineld铆n. A C茅sar Milani le correspondieron ocho d铆as de arresto. En una calificaci贸n del per铆odo anterior, sus superiores ya hab铆an advertido en su legajo: 鈥淓n momentos de crisis debe ser m谩s reflexivo a fin de no dejarse llevar por impulsos sentimentales, m谩s cuando estos atentan contra la disciplina鈥.

 

Cuando lleg贸 a capit谩n, lo destacaron por 鈥渟us virtudes morales y profesionales, su gran iniciativa, profunda lealtad, correcci贸n y esp铆ritu de trabajo鈥. Lo definieron, tambi茅n, como un 鈥渧alioso colaborador de su jefe de divisi贸n y ejemplo de sus subalternos鈥.

 

Lo que sigui贸 en los a帽os 鈥90 fue una carrera mete贸rica, que combin贸 puestos pol铆ticos con cargos operacionales. En 2001, sorte贸 su primer ascenso ante la C谩mara de Senadores para convertirse en Coronel. En 2007, logr贸 subir a General de Brigada y, al a帽o siguiente, se convirti贸 en el Director General de Inteligencia del Ej茅rcito. La 煤ltima instancia que pas贸 sin mayores alborotos fue la de 2010, cuando alcanz贸 el grado de General de Divisi贸n, aunque sectores de la Uni贸n C铆vica Radical (UCR) lo vincularon a los alzamientos contra el expresidente Ra煤l Alfons铆n.

 

En enero de 2011, se convirti贸 en el n煤mero dos del ej茅rcito, conservando el manejo del 谩rea de inteligencia. 脡l, que alguna vez dijo que de joven, cuando cursaba el Colegio Militar, hab铆a sufrido rechazos y postergaciones, estaba a un paso de llegar a la c煤spide de su carrera. Lo que no sab铆a era lo que le esperaba despu茅s de alcanzar la c煤spide.

 

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Su ascenso a la jefatura del ej茅rcito termin贸 corriendo el velo de su pasado durante los a帽os en que acumul贸 poder dentro de la estructura militar. La justicia se tom贸 su tiempo: empez贸 a investigarlo un a帽o y medio despu茅s de su pase a retiro (junio de 2015). En cuesti贸n de meses, Milani fue denunciado, procesado y detenido por cinco causas. Fue procesado por la desaparici贸n del conscripto Alberto Agapito Ledo, ocurrida en 1976 en Tucum谩n. En La Rioja, el juez Daniel Herrera Piedrabuena lo indag贸 y orden贸 su detenci贸n por haber participado en los secuestros de Ver贸nica Matta y de Pedro y Alfredo Olivera, que lo hab铆a denunciado en 1979, en pleno terrorismo de Estado. En Capital Federal, Daniel Rafecas lo proces贸 por enriquecimiento il铆cito. Su colega Luis Rodr铆guez lo investiga por haber llevado al ej茅rcito a trabajar en la villa de La Carbonilla en La Paternal. Y tras un testimonio del ex esp铆a de los servicios de inteligencia Antonio 鈥淛aime鈥 Stiuso, el juez Claudio Bonadio atiza una causa por espionaje ilegal durante su jefatura al mando del ej茅rcito.

 

Poco menos de un mes despu茅s de ordenar su detenci贸n en la c谩rcel de La Rioja, el juez Herrera Piedrabuena volvi贸 el 15 de marzo a indagar a Milani. Lo hizo a pedido de la fiscal Virginia Miguel Carmona, quien lo imput贸 por asociaci贸n il铆cita. La defensa del exjefe del Ej茅rcito solicit贸 su traslado a Buenos Aires. Su abogado, Gustavo Feldman, pidi贸 que lo sacaran de esa 鈥渕azmorra medieval鈥, el mismo centro de detenci贸n en donde entre 1976 y 1977 estuvieron encerrados Ver贸nica Matta y los Olivera. Otra abogada de Milani, Mariana Barbitta, insiste en que las condiciones de encierro fueron bastante alarmantes. 鈥淪e trata de una c谩rcel provincial, llena de personas condenadas y en el caso de mi cliente no hay dictada una prisi贸n preventiva鈥, dijo.

 

Mientras todav铆a debe decidir si lo procesa por los secuestros en La Rioja 鈥揷omo ya ocurri贸 con el caso Ledo en Tucum谩n- Herrera Piedrabuena descart贸, en una primera instancia, enviarlo a Campo de Mayo, la unidad favorita de los represores que fue rehabilitada durante el gobierno de Mauricio Macri. El destino del hombre que supo reunir informaci贸n, pol铆tica y territorio es otro: el pabell贸n de lesa humanidad de la c谩rcel de Ezeiza.

***

En la casa de los Milani se respiraba peronismo y cuando pasaba el patrullero no se respiraba.

 

La casa, que hab铆a sido construida gracias a la Fundaci贸n Eva Per贸n, ten铆a un garage al lado. Ah铆 se juntaban, despu茅s del golpe del 鈥55, don C茅sar Milani con un grupo de muchachos. 鈥淓l general, el general鈥, escuchaba Milani hijo.

 

Cada noche de reuni贸n, un 鈥渃ampana鈥 se apostaba afuera del garage. Cuando ve铆a que un patrullero se acercaba, avisaba y no quedaba ni una luz encendida. Ni un murmullo. Nadie respiraba. 鈥淢e acuerdo. Yo era muy chiquito鈥, cont贸 Milani en un reportaje de 2013 que le concedi贸 a la dirigente de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini.

 

鈥斅縋or qu茅 te hiciste militar?

鈥擯orque vengo de una familia muy peronista.

 

Tambi茅n dijo que el uniforme lo atra铆a. Ten铆a entre once y doce a帽os cuando espiaba a un vecino que pasaba vestido de uniforme para ir al liceo militar.

 

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Don C茅sar fue casi un pr贸cer en Cosqu铆n. Cuando muri贸, lo velaron en la municipalidad. Bautizaron ese edificio con su nombre. Uno de sus hijos, Rodolfo, estudi贸 derecho y se qued贸 en Cosqu铆n, donde amas贸 una reputaci贸n de operador pol铆tico. El otro hijo, el mayor, C茅sar, se fue a los trece a帽os del Valle de Punilla. Poco m谩s de 60 kil贸metros, separaban la casa familiar del Liceo General Paz de la Ciudad de C贸rdoba. Cuando termin贸, quiso ingresar en la carrera militar. Fracas贸. Un a帽o en la carrera de Arquitectura lo rescat贸 del tedio y al a帽o siguiente volvi贸 a la carga.

 

Con 21 a帽os reci茅n cumplidos, egresado como subteniente del Colegio Militar de la Naci贸n en Palomar, lo destinaron a La Rioja. Lleg贸 a la provincia poco m谩s de un mes antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Durante ese a帽o, fue y volvi贸 de La Rioja a Tucum谩n. En marzo de 1977, estaba en su lugar de destino cuando testigos lo vieron dirigir un operativo.

 

鈥淢e voy a llevar a su padre detenido鈥, le dijo a Alfredo Olivera el militar jovencito que comandaba el operativo en su casa de la calle Italia en La Rioja capital. Los cinco hermanos estaban parados en el porche de la casa con la poca ropa que usaban para dormir. Nidia, que ten铆a catorce a帽os, se re铆a de los nervios. 鈥淢ir谩 la tarada 茅sa que se r铆e鈥, le coment贸 el militar jovencito a otro camarada. 鈥淵a va a llorar鈥.

***

Cuando su hijo termin贸 cuarto a帽o en el colegio t茅cnico, Pedro Ad谩n Olivera pidi贸 que lo designaran en la municipalidad de La Rioja. Hac铆a casi 30 a帽os que trabajaba en el mismo lugar. Era el primero en llegar: abr铆a el edificio y preparaba las fichas para que el resto de los trabajadores marcaran la entrada. 鈥溍塺amos pobres y necesit谩bamos la plata鈥, cuenta por tel茅fono Alfredo, su hijo, desde su casa de La Rioja m谩s de 40 a帽os despu茅s.

 

En la madrugada del 12 de marzo de 1977, una patota al mando de un oficial joven irrumpi贸 en la casa. Todos dorm铆an. 鈥淟o llevamos por averiguaci贸n de antecedentes鈥, le adelant贸 el militar de pelo rubio. No dijo ad贸nde.

 

Pedro era enfermo card铆aco y necesitaba tomar los remedios. Alfredo se acerc贸 a hablarle al m茅dico militar de apellido Molin茅. 鈥淨u茅dese tranquilo. Si hace falta, lo voy a atender鈥, le dijo. No esperaron. Juntaron los remedios y los llevaron hasta el IRS. Ten铆a que estar ah铆. Pasaban las horas y Pedro no aparec铆a. Al d铆a siguiente, un primo acompa帽贸 a Alfredo hasta la sede del Batall贸n 141 de Ingenieros. Les contestaron que Pedro estaba bien, pero que no sab铆an d贸nde estaba.

 

Cargando incertidumbre, Alfredo fue a trabajar en la ma帽ana del lunes 14 de marzo de 1977, dos d铆as despu茅s del secuestro de su padre, cuando dos suboficiales del ej茅rcito se presentaron en la Direcci贸n de Obras de Ingenier铆a de la municipalidad, donde trabajaba como dibujante t茅cnico. Le dijeron que los acompa帽ara y lo subieron a un patrullero de la polic铆a provincial. Lo trasladaron directamente al IRS, donde empez贸 a recibir palizas que se repitieron a lo largo de los d铆as. 鈥淏ajen al otro鈥, escuch贸 y pens贸 que se trataba de su padre.

 

A Olivera padre lo dejaron tirado ese mismo d铆a en la vereda de su casa, sobre la calle Italia. Ten铆a una hemiplej铆a que le imped铆a mover la parte derecha de su cuerpo. A su esposa le dijeron que ya no pod铆a atenderse con su m茅dico de cabecera, Carlos Santander, y que ten铆a que jubilarse de la municipalidad. Ten铆a 32 a帽os de servicio y tuvo que pedir una jubilaci贸n por invalidez.

***

Ver贸nica Matta estaba en el 煤ltimo a帽o del secundario cuando una noche de julio de 1976 su padre entr贸 a la habitaci贸n y le dijo que hab铆an venido a buscarla. El padre, Camilo Orlando Matta, era un abogado reconocido en La Rioja con v铆nculos con las autoridades militares. La madre, Ligia Da Costa Oliveira, era jueza. La chica prepar贸 un bolsito y sali贸. Vio que el padre conversaba con un militar jovencito. 鈥淐arilindo鈥, lo recuerda hoy.

 

Desde 1975, Ver贸nica era dirigente estudiantil en La Rioja. Participaba de un grupo integrado por profesores y estudiantes. Alberto Ledo, un poco mayor que ella, tambi茅n era de la partida, al igual que su hermana Elena Beatriz. La mano se puso pesada para fines de ese a帽o y decidieron que ya no iban a juntarse.

 

La llevaron al Instituto de Rehabilitaci贸n Social (IRS), el pomposo nombre que le dieron a la c谩rcel de La Rioja. La metieron en un calabozo dentro del 谩rea de presos pol铆ticos. Ese sector estaba en manos de la gendarmer铆a. Un guardia se acerc贸 y le dijo que tambi茅n estaba detenida su hermana. Lo que sigui贸 fue el horror. Un horror prolongado en el tiempo.

 

A Ver贸nica la hicieron presenciar interrogatorios. Tambi茅n la interrogaron a ella con los ojos vendados. Los interrogatorios se hac铆an en un galp贸n del IRS al que los detenidos y las detenidas hab铆an bautizado como el 鈥淟una Park鈥. En alg煤n momento, la venda cedi贸 y vio al militar jovencito y carilindo que conversaba con su padre el d铆a que la fueron a buscar.

 

Para septiembre de 1976, Ver贸nica se qued贸 sola. La hermana fue trasladada a la c谩rcel de Devoto y a ella, al tiempo, la vinieron a buscar y la tiraron dentro de un cami贸n. El trayecto fue breve. La hab铆an llevado al despacho del entonces juez Roberto Catal谩n. El juez y el secretario de apellido Armatti le hicieron firmar una declaraci贸n que hab铆a hecho en el IRS, que oficiaba como engranaje fundamental en el circuito represivo de La Rioja. El padre estaba all铆, pidiendo su sobreseimiento. Desde su designaci贸n al frente del 煤nico juzgado federal de La Rioja, Catal谩n supo tejer buenas relaciones con los militares que comandaban la represi贸n, convalidando declaraciones tomadas bajo tortura y no investigando cuando detenidos o familiares se acercaban a su despacho para denunciar secuestros o torturas.

 

A Ver贸nica Matta la llevaron hasta Buenos Aires en un avi贸n. Del avi贸n, al penal de Devoto. Durante los dos a帽os que estuvo presa en Buenos Aires, recuerda que recibi贸 la visita del juez Catal谩n. Cuando le dieron la libertad condicional, volvi贸 a La Rioja. 鈥淯na nueva oportunidad porque sos joven鈥, le dijo el coronel Osvaldo H茅ctor P茅rez Battaglia, que comandaba el 谩rea 314 y, como tal, la represi贸n en La Rioja.

 

En los 鈥80, unas compa帽eras le mandaron un mensaje para que fuera a declarar a La Rioja. No quiso saber nada.

 

Toda esta historia anestesiada en su memoria volvi贸 como un latigazo cuando la entonces presidenta Cristina Fern谩ndez de Kirchner design贸 a un militar de cabello rubio para liderar el Ej茅rcito. No tuvo dudas: era el mismo carilindo que hab铆a dirigido el operativo en el que la secuestraron.

***

Las teclas de la m谩quina de escribir sonaban con fuerza mientras las nuevas voces interrogaban a Alfredo Olivera. No eran las mismas que en los primeros d铆as se mezclaban con sus propios gritos de dolor. Esta vez le anunciaban que iban a quitarle la venda, que deber铆a firmar la declaraci贸n si no quer铆a ser fusilado. Pidi贸 leer el papel, pero se lo negaron. Al levantarle la venda, vio una pared rojiza. No ten铆a dudas de que estaba en el IRS. Al d铆a siguiente ir铆a al despacho del juez Catal谩n, le anunciaron.

 

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Al lado suyo, en el patrullero de la polic铆a riojana se sent贸 el militar joven que se hab铆a llevado a su padre. Con el juez se cruz贸 en el pasillo de los tribunales. Le indic贸 en qu茅 sala iba a interrogarlo. El oficial no esper贸 afuera. Se sent贸 a su lado como en el patrullero y comenz贸 a increparlo.

 

鈥擠ec铆 que sos del ERP.

鈥斅縌u茅 es el ERP?

鈥擵amos, eh, el brazo armado del PRT. A vos te cortamos la carrera de guerrillero.

 

El juez no entr贸 a la sala. Fue el secretario el que le ley贸 la declaraci贸n arrancada entre tormentos. Olivera dec铆a que no y se levantaba la botamanga del pantal贸n para mostrarle las heridas.

 

鈥擡scriba que me torturaron, por favor 鈥攍e pidi贸 Olivera hijo al secretario. Armatti le dijo que si lo hac铆a iba a ser peor para 茅l. Dej贸 de prestarle atenci贸n mientras escrib铆a y conversaba con el joven oficial.

鈥擬ilani. 驴Qu茅 ascendencia tiene el apellido? 鈥攑regunt贸 el secretario al joven oficial. 鈥淢ilani鈥, recuerda hoy Alfredo que se dijo a s铆 mismo. Guard贸 ese apellido y esa cara en su memoria.

***

La 煤ltima vez que Graciela Ledo vio a Alberto, su hermano menor, fue a finales de 1975. Un a帽o antes hab铆a conseguido un puesto como maestra en La Matanza. Abandon贸 La Rioja cuando el clima se puso espeso. Por aquella 茅poca, su nombre y el de su hermano aparecieron publicados en el diario El Sol, vinculado a la Triple A: los 鈥渁cusaban鈥 de formar parte del grupo que lideraba el sacerdote irland茅s Antonio Gil, cercano al obispo tercermundista Enrique Angelelli.

 

La vocaci贸n docente de Graciela hab铆a nacido temprano gracias a su actividad pastoral. Era maestra de catequesis para los chicos del Barrio Ferroviario en La Rioja. Uno de sus alumnos hab铆a sido Alfredo Olivera, que ten铆a la misma edad que su hermano Alberto. Los dos hab铆an nacido en julio de 1955.

 

A Alberto le gustaba la historia. Cuando termin贸 el bachillerato, arranc贸 la licenciatura, mientras segu铆a participando de grupos de discusi贸n pol铆tica. 鈥淓s lindo el trabajo de ser docente鈥, le confi贸 Alberto a Graciela. 鈥淵o voy a decir seguro de trabajar en la docencia鈥.

 

El 1 de febrero de 1976, Alberto tuvo que incorporarse al servicio militar obligatorio en el batall贸n de ingenieros de construcci贸n 141. Ese mismo d铆a, tambi茅n, lleg贸 al batall贸n un subteniente de cabello claro.

***

C茅sar Milani hab铆a nacido el 30 de noviembre de 1954 en Cosqu铆n. Era un muchacho rubio de familia peronista. No le fue sencillo, cont贸 alguna vez, crecer en las fuerzas armadas: le tocaron tiempos en que solo los hijos de militares pod铆an hacer carrera. 鈥淵o tambi茅n lo sufr铆 un poco鈥, le confes贸 en 2013 a Hebe de Bonafini. Pero siempre supo abrirse paso. Quienes lo conocieron en los 煤ltimos a帽os recuerdan su voracidad por acumular espacios y poder, su omnipresencia y su capacidad para mostrarse como un militar capaz de usar el lenguaje de la pol铆tica.

 

Milani cruz贸 las puertas del Colegio Militar de la Naci贸n el 21 de febrero de 1973, semanas antes de que H茅ctor C谩mpora ganara las elecciones que posibilitar铆an el regreso de Per贸n al poder. Sali贸 del Palomar el 4 de diciembre de 1975, con Per贸n ya muerto y con el gobierno de Mar铆a Estela Mart铆nez de Per贸n agonizando.

 

Su primer destino como subteniente fue en La Rioja. El 20 de mayo de 1976 sali贸 en comisi贸n con un grupo de soldados y conscriptos para Tucum谩n. Ten铆an una misi贸n clara: cooperar con el Operativo Independencia. Alberto Ledo iba con 茅l.

 

鈥淢uy subordinado鈥, lo elogiaban por escrito sus superiores en los comienzos de su carrera militar.

***

La 煤ltima carta que Marcela Brizuela de Ledo recibi贸 de su hijo estaba fechada el 14 de junio de 1976. Desde que hab铆a llegado a Monteros, Tucum谩n, Alberto escrib铆a todas las semanas. El 2 de julio cumpl铆a los 21 a帽os. Marcela, que en ese momento trabajaba como empleada, esper贸 hasta el domingo 4 y viaj贸 a Tucum谩n. Al llegar, le dijeron que Ledo no estaba.

 

鈥斅縌u茅 pas贸?

鈥擠esert贸.

 

Se desesper贸. Reci茅n el 6 de julio de 1977 Marcela logr贸 una respuesta de las autoridades: el rechazo al habeas corpus que hab铆a presentado. El juez Catal谩n se ocup贸 de hacerlo. En el escrito dec铆a que las autoridades militares le hab铆an dado de baja el 22 de junio de 1976 y que el 17 de junio se hab铆a fugado del vivac.

 

Graciela, hermana de Alberto, esperaba noticias desde Buenos Aires. Sus padres viajaron a la Capital Federal, recorrieron los organismos de Derechos Humanos, presentaron denuncias, buscaron informaci贸n. Ella los acompa帽aba. Marcela aguard贸 con esperanzas la llegada de la Comisi贸n Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la Argentina en 1979.

 

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Ni la CIDH ni las instituciones locales pudieron darle respuestas por d茅cadas. En 2007, se inici贸 una causa por la desaparici贸n de su hijo que no mostraba avances hasta que en 2013 un militar cuyo nombre no conoc铆an fue propuesto para encabezar el ej茅rcito.

 

En septiembre de 2013, un conscripto que fue movilizado con Alberto Ledo a Tucum谩n se present贸 ante la justicia. Dijo que estaban reunidos en un fog贸n escuchando a Alberto tocar la guitarra cuando el sargento de guardia se acerc贸 y le dijo a Ledo que ten铆a que acompa帽arlo hasta San Miguel de Tucum谩n, a unos 55 kil贸metros del campamento. Al d铆a siguiente, el sargento 鈥搎ue ten铆a pelo oscuro y bigotes鈥 retir贸 las pertenencias del conscripto que la noche anterior hab铆a salido con 茅l. De Ledo no supo nada m谩s. 鈥淵a era historia鈥, declar贸.

***

Milani volvi贸 a C贸rdoba para casarse. A los 24 a帽os, contrajo matrimonio con su novia de la misma edad en la capital de la provincia. Fue el 27 de abril de 1979 y con su hermano menor, Rodolfo, como testigo. Ese d铆a Zafira Ana Mar铆a del Carmen Waite se convirti贸 en su esposa y, m谩s tarde, en la madre de sus cuatro hijos.

 

El militar, que ya hab铆a dejado La Rioja, prestaba servicio en la provincia de Corrientes. En septiembre de ese a帽o 鈥搄usto cuando la CIDH visitaba la Argentina para comprobar la veracidad de las denuncias por violaciones a los derechos humanos- Milani recibi贸 una notificaci贸n del juez Catal谩n. Deb铆a presentarse para responder a una denuncia de un muchacho que hab铆a sido detenido en La Rioja y al tiempo trasladado a la Unidad 9 de La Plata.

 

Alfredo Olivera recibi贸 a Catal谩n el 29 de junio de 1979 en la c谩rcel platense. S贸lo el exjuez sabe porqu茅, pero desde hac铆a un tiempo revisaba lo actuado por su propio juzgado. Esa revisi贸n inclu铆a visitar en las c谩rceles 鈥揺n general de Buenos Aires- a detenidos que hab铆an pasado por su juzgado durante los primeros tiempos de la dictadura. Olivera, que todav铆a no hab铆a cumplido los 24 a帽os, record贸 el apellido del oficial que lo hab铆a trasladado desde el IRS hasta el tribunal: 鈥淢ilani鈥, lo nombr贸.

 

El teniente no lo neg贸 ante el juez en su declaraci贸n del 28 de septiembre de 1979. 鈥淓n algunas oportunidades se ocup贸 de la custodia de los detenidos desde el establecimiento carcelario de La Rioja hasta la sede del juzgado鈥, escribi贸 Catal谩n.

 

驴Por qu茅 lo ten铆a tan presente Olivera? Casi 40 a帽os despu茅s, se lo sigue preguntando. 鈥淓n la noche que se lo llevaron a mi padre, no hab铆a expresado el odio que yo vi cuando me llev贸 al juzgado. Ah铆 vi un odio acentuado. 驴A este tipo qu茅 le hice yo?鈥

***

El 26 de junio de 2013, la entonces presidenta Cristina Fern谩ndez de Kirchner anunci贸 la renovaci贸n de la c煤pula militar. Milani hab铆a llegado a la jefatura del ej茅rcito. El militar hab铆a sabido convertirse en un hombre de confianza durante la gesti贸n de Nilda Garr茅 al frente del Ministerio de Defensa. Sigui贸 escalando posiciones cuando Arturo Puricelli estaba al mando de la cartera y lleg贸 a la jefatura cuando Agust铆n Rossi pas贸 de la C谩mara de Diputados a Defensa. 鈥淎tend铆a mil frentes鈥, cuentan quienes se lo cruzaban a diario en el Edificio Libertador.

 

En el ministerio gan贸 fama por su omnipresencia y por la audacia para opinar de cualquier tema, aun de los que no manejaba. Tambi茅n por reclamar cada vez mayor presupuesto para s铆 mismo y para sus subordinados. Le interesaba edificar su propio poder. Para la soci贸loga Paula Canelo, el caso de Milani podr铆a caracterizarse por su inter茅s en la construcci贸n de un liderazgo de tipo personalista frente a la tropa y por mostrarse como un subordinado frente a los jefes civiles. 鈥淭oma el discurso de las autoridades y lo hace propio鈥, explica la investigadora del CONICET.

Como lo describ铆an sus calificadores: muy subordinado.

***

Alfredo Olivera y Graciela Ledo volvieron a encontrarse en el a帽o 鈥84, cuando la maestra pidi贸 el traslado para volver a La Rioja. Por ese entonces, Marcela Ledo, Pocha de Toledo y Juana Minu茅 empezaban a marchar los jueves a la nochecita en la Plaza 25 de Mayo para reclamar por sus hijos.

Olivera hab铆a estado en La Plata hasta el 14 de octubre de 1981, cuando finalmente lo liberaron. Sin dudarlo, volvi贸 a La Rioja. Las cosas no fueron f谩ciles. En la municipalidad, ya no ten铆a trabajo. Por un tiempo, trabaj贸 en una f谩brica que hac铆a cuadernos. Se fue cuando quer铆an que echara personal. Desde el 鈥84, trabaja en la Caja de Jubilaciones. Ese mismo a帽o declar贸 ante la Comisi贸n Provincial de Derechos Humanos, de la cual era uno de los dos secretarios actuantes. Relat贸 el secuestro en La Rioja, el paso por el juzgado de Catal谩n y el traslado a La Plata. No se olvid贸 del nombre que se hab铆a jurado recordar: Milani.

 

Desde el 鈥84, Alfredo y Graciela fueron familia sin saber que hab铆a algo m谩s que los un铆a. Lo descubrieron a mediados de 2013, cuando la entonces presidenta orden贸 renovar la c煤pula militar.

 

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鈥斅縎ab茅s, Alfredo, que me dijeron que el tal Milani estuvo vinculado a la desaparici贸n de Alberto?

鈥擜 ese Milani yo lo denunci茅.

 

En una habitaci贸n de un hotel de la Ciudad de Buenos Aires, donde se hospeda mientras su madre se hace estudios, Graciela Ledo todav铆a recuerda con precisi贸n esa tarde. Dice que al escuchar a Olivera abri贸 los ojos y corri贸 hasta la computadora y busc贸 una foto del militar que hab铆a sido designado en el invierno de 2013 para ocupar la jefatura del Ej茅rcito.

 

Era el oficial joven y rubi贸n que Alfredo recordaba.

***

鈥淪i tan preocupado est谩 Milani por el da帽o que pueda sufrir la presidente, podr铆a servirle de fusible en vez de usarla como paraguas鈥, escribi贸 Horacio Verbitsky en P谩gina/12 el 21 de julio de 2013. Un d铆a despu茅s, los integrantes del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentaron una impugnaci贸n contra el ascenso de Milani, cuyo pliego iba a ser tratado ese mismo d铆a en el Senado. La sesi贸n qued贸 suspendida. Afuera del Congreso, se concentraron militantes del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (MVJ), integrado por la Asociaci贸n de Ex Detenidos- Desaparecidos (AEDD) y por partidos de izquierda, que tambi茅n rechazaban la promoci贸n.

 

Verbitsky hab铆a conversado con Cristina Fern谩ndez para advertirle sobre el riesgo de ascender a un militar denunciado por su accionar durante el terrorismo de Estado. La charla no fue amena. El gobierno se decidi贸 a seguir adelante pese a que organismos hist贸ricos y con trato fluido con la Casa Rosada 鈥揷omo el CELS o Familiares鈥 ya hab铆an manifestado sus objeciones.

 

鈥淵o creo que la discusi贸n de fondo del caso Milani tiene que ver con que deber铆a ser el Estado el que realizara una especie de clearing entre todas sus instituciones para poder tener informaci贸n propia, y no poner en una situaci贸n inc贸moda o descansar en organizaciones de la sociedad civil鈥, dice Gast贸n Chillier, director ejecutivo del CELS a m谩s de tres a帽os del nombramiento de Milani.

 

En su presentaci贸n de julio de 2013, el organismo presidido por Verbitsky hac铆a menci贸n a las denuncias de Olivera y al acta de deserci贸n que figuraba en una causa que tramitaba ante el juez Daniel Bejas por la desaparici贸n del conscripto Ledo. Milani hab铆a oficiado como sumariante del acta que declaraba desertor a Ledo por 贸rdenes del capit谩n Esteban Sanguinetti, quien ser铆a procesado por el caso Ledo en agosto de ese a帽o.

 

鈥淣osotros siempre dijimos que el hecho de tener denuncias, m谩s aun serias como en este caso, era suficiente para poner en cuesti贸n su idoneidad para teniente general y jefe del Ej茅rcito鈥, agrega Chillier.

 

Desde el retorno democr谩tico, el CELS busc贸 la depuraci贸n de las fuerzas armadas que hab铆an sido actores centrales de la persecuci贸n, la tortura, el exterminio y la desaparici贸n durante la 煤ltima dictadura. A partir de la reforma constitucional de 1994, se estableci贸 la inhabilitaci贸n para ocupar cargos p煤blicos por parte de aquellos que hubiesen atentado contra el orden constitucional. Hab铆an pasado pocos a帽os de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, de los indultos, y ese art铆culo de la Constituci贸n se volvi贸 para el movimiento de derechos humanos una alternativa frente a la falta de justicia.

 

En 1993, el gobierno de Carlos Menem promovi贸 el ascenso de Antonio Pern铆as y Juan Carlos Rol贸n, dos represores de la Escuela de Mec谩nica de la Armada (ESMA). El caso fue un esc谩ndalo y a partir de all铆, la Comisi贸n de Acuerdos del Senado empez贸 a requerir los informes del CELS y de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) antes de evaluar los antecedentes de los candidatos para ser promovidos dentro de la estructura de las fuerzas armadas.

 

Durante el kirchnerismo, el Ministerio de Defensa tambi茅n le ped铆a al CELS que chequeara la lista de los postulantes antes de girarla al Congreso. Se buscaba en la informaci贸n producida por las v铆ctimas, sus familiares y los organismos de derechos humanos; en las causas que tramitaban en el pa铆s y en el exterior; en informaci贸n fidedigna aparecida en los medios de comunicaci贸n, y luego se daba una respuesta. Era un mecanismo aceitado y basado en la confianza en los organismos de derechos humanos.

 

Con Milani, algo de ese camino recorrido se torci贸.

 

Al d铆a siguiente de la impugnaci贸n del CELS y de otros organismos, la presidenta anunci贸 que ordenar铆a a los senadores del bloque oficialista postergar el tratamiento del pliego de Milani hasta fin de a帽o para evitar que cayera dentro de la carrera electoral de ese a帽o. 鈥淣o voy a aceptar ning煤n linchamiento medi谩tico鈥, dijo.

***

El ascenso de Milani coincidi贸 con una etapa de crisis del sistema de inteligencia que termin贸 de detonar con la denuncia 鈥搚 muerte- del fiscal Alberto Nisman contra CFK por haber firmado el memor谩ndum de entendimiento con Ir谩n.

 

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El 18 de diciembre de 2013, pese a las impugnaciones del CELS y de otros organismos, el senador Miguel Pichetto orden贸 a la bancada del Frente para la Victoria (FpV) aprobar el pliego. Cuatro d铆as despu茅s, el juez Juli谩n Ercolini -a pedido del fiscal Federico Delgado鈥 allan贸 el edificio Libertador para intentar comprobar si Milani espiaba al entonces senador radical Gerardo Morales, hoy gobernador de Jujuy. 鈥淣o dieron mucho los peritajes鈥, dijo una fuente de Comodoro Py que sigue de cerca el caso. A pesar de los peritajes sin resultados, esa causa fue acumulada con otra que tramita ante el juez Claudio Bonadio.

 

En julio de 2016, la C谩mara Nacional en lo Criminal y Correccional Federal de la Ciudad de Buenos Aires desempolv贸 una denuncia presentada contra Milani por la 鈥渁cci贸n social鈥 del ej茅rcito en la villa de La Carbonilla, en el barrio de La Paternal.

 

En la entrevista con Hebe de Bonafini, Milani se entusiasmaba con la participaci贸n del ej茅rcito en el mejoramiento de las villas.

 

鈥擧ay una idea que yo tengo 鈥 le dijo Hebe a Milani 鈥斅縉o podr铆a ser que el ej茅rcito, con las fuerzas o con lo que sea, urbanice las villas? Porque las villas son un desastre.

鈥擯odr铆a ser.

鈥擟allejuelas, cosas complejas. Yo me acuerdo que, en Villa Palito, hab铆a un compa帽ero que me dijo un d铆a: 鈥淗ebe, voy a urbanizar Villa Palito鈥. Le dije: 鈥淰os sos loco. No vas a poder鈥. Eran todas calles. Hizo una cosa preciosa, con tiempo. Ustedes, que tienen todas las m谩quinas, todos los ingenieros, tienen la plata o lo que sea, y la gente para hacerlo, agarren. 鈥溌緾u谩l villa? Vamos a urbanizarla鈥.

鈥擮jal谩 鈥攔espondi贸, Milani, movi茅ndose hacia delante en la silla鈥. Vos sab茅s que no depende de m铆. Si me dejaran鈥 Si me dicen: 鈥淭e damos una villa, cualquier villa. Ten茅s ah铆 para trabajar鈥. 驴Urbanizarla? Ser铆a espectacular.

 

Para funcionarios que trabajaron con Milani en el Ministerio de Defensa, 茅l no s贸lo estaba pensando en una nueva funci贸n para las fuerzas armadas, sino en una forma de sumar poder, conquistando territorio.

***

En diciembre de 2013, Milani contest贸 a un cuestionario del CELS sobre su actividad en los a帽os del terrorismo de Estado. Neg贸 haber participado en detenciones ilegales y haber o铆do que el batall贸n de ingenieros pod铆a haber funcionado como un centro clandestino de detenci贸n. Neg贸 tambi茅n haber escuchado c贸mo los presos pol铆ticos llamaban a las salas de torturas del IRS.

 

鈥淟uego de recuperada la democracia 鈥揺scribi贸 el militar鈥 a muchos j贸venes militares que estuvimos lejos de la represi贸n ilegal nos cost贸 creer y comprender que lo que se dec铆a sobre nuestros superiores, sobre lo que hab铆an organizado y ejecutado a nuestras espaldas, era terriblemente cierto鈥.

 

Al borde del negacionismo. As铆 califica Chillier, del CELS, a la carta escrita por Milani.

***

En el tercer piso de Comodoro Py no hubo sobresaltos el 26 de octubre de 2016 cuando el juez Daniel Rafecas indag贸 a Milani. El general hab铆a renunciado al ej茅rcito el 23 de junio del a帽o anterior. Lo hab铆a convocado para que explicara c贸mo hab铆a comprado una mansi贸n en el barrio La Horqueta de San Isidro.

 

La explicaci贸n del militar: un d铆a tomaba un caf茅 en el s茅ptimo piso del Edificio Libertador con un amigo que trabajaba en la seguridad del Banco Naci贸n. Milani le cont贸 que estaba pensando en mudarse a la zona norte y el amigo le ofreci贸 un pr茅stamo 200 mil d贸lares. 驴Qui茅n era el amigo? Eduardo Enrique Barreiro, un ex integrante del Batall贸n 601 de City Bell que luego fue detenido por el juez federal de La Plata Ernesto Kreplak, acusado de estar involucrado en el homicidio de una pareja y el secuestro de tres chicos.

 

Despu茅s de declarar ante Rafecas, Milani se cruz贸 con las c谩maras y micr贸fonos de los canales de noticias y perdi贸 la calma. 鈥淧reg煤ntenle a (H茅ctor) Magnetto, el amigo de (Jorge Rafael) Videla por Ledo鈥, dijo, irritado. No era el primero en acusar al Grupo Clar铆n de estar detr谩s de su desgracia. 鈥淰ieron en el General Milani a un hombre que habl贸 del proyecto nacional鈥, protestaba.

 

Desde su salida de la jefatura del ej茅rcito, poco se supo del d铆a a d铆a de Milani. Se hablaba de su sociedad comercial en una pancher铆a con el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno y se lo escuchaba, de vez en cuando, en alguna entrevista radial.

 

鈥淓sta causa es una operaci贸n medi谩tica y pol铆tica en mi contra por haber levantado al Ej茅rcito鈥, dec铆a Milani. Tambi茅n acusaba al otrora hombre fuerte de la Secretar铆a de Inteligencia (SI) Antonio 鈥淛aime鈥 Stiuso.

 

En diciembre de 2016, Rafecas lo proces贸 por enriquecimiento il铆cito. Fue su primer rev茅s judicial serio.

***

Olivera no se animaba ni a imaginar que un d铆a Milani pod铆a terminar preso. Preso en el mismo lugar donde estuvo 茅l, el IRS, y desde donde lo traslad贸 hasta el juzgado de Catal谩n, tambi茅n condenado a doce a帽os de prisi贸n en la llamada megacausa de La Rioja.

 

Graciela Ledo hab铆a estado junto a su madre esperando cruzarse a Milani el 14 de febrero cuando lo indag贸 el juez Fernando Povi帽a en Tucum谩n por la desaparici贸n de su hermano. No lo vio. El viernes 17, en La Rioja, en donde viven, se quedaron afuera junto a otros militantes esperando novedades mientras el juez Daniel Herrera Piedrabuena lo indagaba por los secuestros de los Olivera y el de Ver贸nica Matta. Se abrazaron al enterarse que iba a quedar preso. Por primera vez, en 40 a帽os, volv铆an a so帽ar con el b谩lsamo de la justicia. 鈥淭iene que salir el procesamiento en la causa de mi hermano鈥, se esperanz贸 Graciela.

 

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Povi帽a fue designado en noviembre para reemplazar a su colega Bejas al frente de la instrucci贸n de la causa por la desaparici贸n de Ledo. En diciembre de 2014, el fiscal Carlos Brito hab铆a pedido a Bejas que indagara a Milani. El juez dilat贸 esa medida todo lo posible. En diciembre del a帽o pasado, Povi帽a decidi贸 convocar al ex jefe del ej茅rcito. El 14 de febrero lo tuvo frente a 茅l por casi tres horas, pese a que el militar retirado se neg贸 a responder a sus preguntas. Lo proces贸 el 3 de marzo por falsedad ideol贸gica y encubrimiento. 鈥淗ay falsedad ideol贸gica porque Ledo fue desaparecido y no desertado, y se procur贸 encubrir el crimen del cual fue v铆ctima鈥, explic贸 el magistrado por tel茅fono, horas despu茅s de haber firmado el segundo procesamiento de Milani.

Hubo un documento fundamental para procesarlo: el acta de deserci贸n que el entonces subteniente Milani labr贸 el 29 de junio de 1976 en Famaill谩 por orden del jefe de la compa帽铆a, Esteban Sanguinetti.

***

Virginia Miguel Carmona lleg贸 a La Rioja como fiscal despu茅s de participar en el juicio por La Perla de C贸rdoba, un proceso que se extendi贸 durante casi cuatro a帽os. Le toc贸 a ella despu茅s de la intervenci贸n de otros cuatro fiscales 鈥搎ue se inhibieron o que buscaron separar al general de la investigaci贸n鈥 sentarse frente a Milani en la ma帽ana del 17 de febrero. Carmona pidi贸 que se le ampl铆e la imputaci贸n, por lo que el ex militar volver谩 a ser indagado por el juez Herrera Piedrabuena.

 

鈥淢谩s all谩 de los vaivenes pol铆ticos, es claro que se puede seguir avanzando en las causas por violaciones a los derechos humanos鈥, dijo la fiscal. 鈥淎c谩 lo importante es que sea una pol铆tica de Estado. En este caso, hay muchas cosas para seguir analizando todav铆a鈥.

***

Viviana Reinoso se recibi贸 de abogada en 1987, en C贸rdoba, y volvi贸 a La Rioja. Al igual que Graciela Ledo y Alfredo Olivera, no tard贸 en sumarse al grupo de apoyo a las Madres de esa provincia. Hoy es una de las abogadas que lleva los casos de Olivera y Matta.

 

El 17 de febrero lleg贸 temprano al tribunal. Subi贸 hasta el primer piso y se encontr贸 a Milani sentado en el hall. El militar hablaba por celular. Caminaba unos pasos, volv铆a a sentarse. A las 10 horas lo hicieron entrar al despacho del juez Herrera Piedrabuena, a quien 茅l hab铆a visitado en 2013 para ponerse a disposici贸n.

 

鈥淓stuvimos a帽os dando vueltas en una calesita. Milani present贸 un recurso tras otro y la instrucci贸n se par贸鈥, protest贸 Reinoso. 鈥淟as pruebas no han variado en absoluto鈥.

 

Al rato, lleg贸 Olivera con sus hermanas. Un subcomisario se acerc贸 al grupo y les dijo que no pod铆an seguir en ese hall. Esperaron en una sala contigua. Cuando recibieron un mensaje desde el interior del despacho, se abrazaron y lloraron.

 

Adentro, Milani se jactaba: 鈥淧or fin puedo escuchar mi imputaci贸n. Por fin puedo estar frente al juez鈥.

 

Afuera, Olivera agradec铆a a su buena memoria.


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