Ensayo

Fragmento de “Donde nada se detiene”


De tal palo: César Aira y su madre escritora

La escritora Isabel González Aira podría ser alguno de esos personajes adorables de Manuel Puig de los pueblos chicos de provincia. Podría ser también un invento de su hijo, César Aira, una pieza de su descontrolada obra o, incluso, su verdadera autora. Sonia Budassi viaja tras los rastros de la madre del gran escritor argentino y reconstruye las huellas de uno en la obra del otro.

Podría pensarse a Isabel González Aira como alguno de esos adorables personajes de Manuel Puig que denuncian con crudeza virtudes y defectos de los olvidados pueblos chicos de provincia. Podría pensarse a Isabel González Aira, la mamá del escritor César Aira, como una creación del propio hijo (Aira es Aira es Aira es...). Podría decirse —se ha dicho en pequeños círculos literarios— que la revista de “cultura, humor, opinión y política” La Pringlense no es más que un invento suyo, otra pieza de su descontrolada obra en perpetua regeneración. En distintos reductos literarios, se ha insinuado incluso la provocadora idea contraria: la mamá de Aira sería la verdadera autora de todo lo que firma su hijo. Tantas especulaciones parecen juegos que, en definitiva, alimentan el mito del escritor.

Es el año 2006, Isabel Aira vive en Coronel Pringles. Como lo hizo César hasta que “se fue a estudiar abogacía. El padre insistía con esa carrera, pero a él no le gustaba”, según cuenta ella, que lo acompañó en su decisión de cambiarse a Letras. La madre de Aira es profesora de música y comenzó a escribir de chica. “Las profesoras me decían que escribía muy bien”, confiesa con timidez. Su carrera continuó con colaboraciones en periódicos de Pringles y con la publicación del libro El pensamiento. Como su

hijo, que declaró que novelas como Cumpleaños o Cómo me hice monja son autobiografías, ella sigue este registro: “Es un libro acerca del lugar en que nací”, dice, y acepta que es autobiográfico aunque aclara “algunas cosas no son ciertas”.

Cuando comenzó con La Pringlense, su hijo la alentó: “Me dijo que estaba muy bien. Y se vendió enseguida”, dice. La revista parece cumplir el proyecto de Norma Traversini, el personaje de El volante de Aira, esa bienintencionada misión de reclamar con un volante (una revista) la atención de los vecinos. “Empecé con la revista en 2004. Siempre me gustó sacar lo que tengo adentro. Allí vuelco mis opiniones, sucesos de Pringles. Hay poemas y biografías de personajes de la cultura”.

“Mi pasión es leer, hacer palabras cruzadas y escribir. Mi género favorito es la biografía. Cuando mi hijo era chico, le pedía que me las traiga de la biblioteca. Hasta que un día me dice: mamá, no te puedo traer más porque ya las leíste todas”. Hay tópicos comunes en madre e hijo: en El Tilo, por ejemplo, César menciona un árbol de Pringles con atributos extraordinarios. En La Pringlense, Isabel publica un poema propio dedicado a un árbol. “Acá está lleno de tilos. Sí, el árbol del que habla mi hijo debe ser el mismo.” Si bien confiesa que no lee demasiado lo de César por la tristeza que le genera el hecho de que viva tan lejos, sigue su carrera de cerca. En cierto número, publicó una nota titulada “Un escritor de Pringles”. “Al escritor César Aira le editaron su primera novela. En la presentación, la escritora Syria Polleti dijo: “este escritor es para un lector inteligente y va a tener mucho éxito”. Isabel, que lo acompañó a la presentación, afirma que Polleti tenía razón.

También confiesa que la novela que más le gusta es El Bautismo, “aunque es un libro que no tuvo mucha difusión”.

“A él también le gustaba mucho leer. Venían vende- dores, a los que uno les encargaba libros. Yo le decía que eligiera lo que le gustara. Él era muy chico, tendría once años. Un vendedor me dijo: no lo deje leer eso que pide. Son libros de filosofía, difíciles, no son para un chico de su edad. Pero él siempre elegía eso, libros difíciles. También le gustaba la música. Yo tocaba el piano y él se quedaba escuchándome”.Al preguntarle por su libro favorito, Isabel responde: Cumbres borrascosas. ¿Casualmente? En Madre e hijo, de Aira hijo, puede leerse, cuando el narrador le habla a su madre: “Cuando yo era chico leías siempre Cumbres borrascosas. Vos siempre con Cumbres borrascosas”. Como si los dos fueran personajes, el uno en la obra del otro, además de madre e hijo.