Ensayo

Laboratorio de Periodismo Performático


Un vínculo es un work in progress

La revolución y algo rico para el postre invita a colocar la lente en ese espacio que llamamos “vínculo” entre madres e hijas. Sus autoras y protagonistas recorren el proceso de construcción de una obra en la que apuestan a la conjunción de arte y sociología para ahondar en procesos, intercambios y sensibilidades cotidianas. A partir del lenguaje plástico del Laboratorio de Periodismo Performático, visitan su propia historia y la de otros dúos, entrelazando biodrama y video documental.

La propuesta de Periodismo Performático invita a construir un espacio entre mundos, en este caso, entre disciplinas, busca que esa hibridación se plasme en escena, en cuerpos que performan sus investigaciones, experiencias e inquietudes. Se trata de un modo de producción y circulación de conocimientos que desafía la lógica del texto impreso.

A esta invitación, le sumamos la dimensión del espacio entre nosotras. La decisión fue colocar la lente en ese espacio que llamamos “vínculo”, por más abstracto que suene, porque aún no encontramos otra palabra para nombrarlo. 

El cruce entre sociología y arte se nos presentó como un interrogante. Para nosotras, tanto la sociología como el arte giran en torno a preguntas sobre la experiencia de estar vivxs, punto de encuentro entre biografías e historia. Cada disciplina trajo lo propio a la mesa: la sociología se hizo presente en la incorporación de contexto, historia y cultura; el hecho artístico, en la profundización de lo propio de la experiencia, y en los dispositivos convidados a la escena. No siempre fue evidente cuál de nosotras incorporaba qué elemento. 

El espacio de tutorías a cargo de Lorena Vega y Cristian Alarcón permitió crear un lenguaje común y experimentar con material documental, biográfico -teórico, incluso-, para transformarlo en escenas. El proyecto de periodismo performático invita a un “laboratorio” y eso fue exactamente lo que vivimos: una continua búsqueda experimental, que incluía probar, descartar, afinar y consolidar lo que se perfilaba genuino. Lorena apostó siempre por la potencia escénica de los materiales que surgían, y brindó el marco y la estructura para que ello aflorase; Cristian por la búsqueda de lenguajes -y miradas- innovadores para potenciar lo real. Las semanas previas al estreno, se sumó Juan Pablo Gómez como asesor artístico y produjo un movimiento fluido, certero y orgánico a la vez, para asentar nuestros cuerpos en escena.

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Los dos desafíos principales que enfrentamos al desarrollar La revolución y algo rico para el postre se vincularon a la búsqueda del tono de la obra. Uno: queríamos hacer algo que no tratase sobre la/s maternidad/es, sino sobre el/los vínculo/s madres-hijas. Algo para lo cual no existe palabra. Dos: siendo nosotras mismas hija y madre nos preocupamos por incorporar elementos lo más específicos posible de nuestra propia experiencia, sin por ello hacer una obra totalmente autorreferencial -“yoica”-.

A partir de estas dos premisas elegimos sumar a otras duplas en formato audiovisual, no con la intención de producir un catálogo exhaustivo de las múltiples posibilidades de esta relación, sino para incorporar contrapuntos que dialoguen con nuestra propia experiencia. Nos interesaba pensar estos lazos como una experiencia multifacética, como una coreografía que excede la escena corporal, aunque encarna en ella. ¿Cómo capturar algo del vínculo mediante la cámara? Filmamos a las duplas de madres e hijas en sus casas, a partir de una consigna concreta anticipada antes del rodaje. Ya en acción, no se repetían las escenas; y luego, el uso de la edición fue mínima. Buscamos con paciencia registrar al menos un gesto espontáneo.

Queríamos hacer algo que no tratase sobre la/s maternidad/es, sino sobre el/los vínculo/s madres-hijas. Algo para lo cual no existe palabra.

En la obra, la mirada de las hijas circula en paralelo a la materna, apuesta ineludible para traspasar el adultocentrismo arraigado en nuestra cultura y en nuestro lenguaje. Para hablar de las maternidades hay sustantivos (madre, mamá, mamita, maternidad/es), adjetivos (maternal), verbos (maternar, maternalizar) y conceptos (maternidades; maternalismo, matriarcado, maternalización). En cambio, para hablar de las hijas, no hay verbos, adjetivos, ni conceptos. Sólo hay una palabra y una experiencia innominada.

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La propuesta de Revista Anfibia y Casa Sofía nos permitió abordar un proyecto conjunto sin la necesidad de supeditar nuestras herramientas específicas. Esta dinámica permitió una conversación horizontal. Y practicar esta dinámica fue también parte inesperada de la obra. Usamos la palabra “práctica” porque el material con el que trabajamos fue siempre un material vivo y mutante: el vínculo. Entre nosotras, entre otras y de cada una con la experiencia de ser (o no ser) madre y de ser (inevitablemente) hija. 

Esta misma condición ineludible de lo vivo obligó a La Revolución y Algo Rico para el Postre a transformarse a lo largo del tiempo. 

En 2019 vimos en redes sociales la convocatoria del Laboratorio de Periodismo performático. Estando en dos países distintos, hablamos por whatsapp y, de paso, comentamos: 

-¿Te vas a presentar? 

-No. ¿Vos?

-Tampoco

Pasan los días, volvemos a hablar: 

-¿Y si hacemos algo juntas? 

-¿Qué? ¿Vos y yo? 

(Silencio)

Tercer llamado: 

-¿Y sobre qué te parece que podríamos trabajar? 

Días después, tipeamos en un documento compartido: 

“Somos hija y madre explorando los vínculos entre madres e hijas. Entendemos a este vínculo como núcleo mínimo de la escena familiar, y como espacio de transformación personal y político.” 

El 13 de marzo de 2020 teníamos fecha de estreno. Dos funciones con localidades agotadas. El día anterior, que era un jueves, preparamos la escenografía para trasladar al día siguiente, cocinamos brownies y pepas veganas para compartir después de las funciones; había sol. Esa misma tarde, el gobierno de la Ciudad anunció el cierre de teatros y espacios culturales, una semana después, se inició una cuarentena interminable. 

Pasaron dos años y una Pandemia. La obra retrocedió un casillero para seguir siendo un “work-in-progress”. Cada tanto se nos ocurría alguna idea para la obra y, en medio de nuestras conversaciones cotidianas, lo comentábamos, sin llegar a registrarlo en ningún formato. 

Mientras tanto, vivir en Pandemia trastocó la lógica de la vida cotidiana y sus supuestas certezas. La intensidad del aislamiento hizo estallar el debate público sobre la feminización de los cuidados. Además, se deterioró la economía del país, se detonó una guerra. En el círculo íntimo, algunas amigas tuvieron bebés, otras congelaron óvulos, nuestras protagonistas crecieron, una se casó, otra se jubiló, la mayor de ellas, falleció. Sabíamos que trabajábamos con material vivo, cambiante y cada día se hizo más claro.

Hace dos meses nos volvimos a encontrar, para el estreno. Revisamos los textos, los videos, las escenas. Recuperamos algunos, corregimos otros, descartamos fragmentos, definimos partes nuevas. La obra se recrea. El lenguaje del laboratorio de periodismo performático es tan plástico como el río de Heráclito, como el Tiempo, como la vida misma. ¿De qué otra cosa están hechos los vínculos a los que aludimos?