En tres años hubo 8.075 partos domiciliarios en la Argentina. Lo que da cuenta que la práctica es más común de lo que se piensa. La noticia sobre el juicio a una pareja por la muerte de un bebé al que decidieron tener junto a un río y sin cuidados médicos, volvió a abrir la polémica. El médico Hugo Spinelli describe los pro y contra de las formas de parir. Explica porqué han crecidos las cesáreas, qué cuidados y controles son necesarios, cómo se busca disciplinar a la parturienta y pide que la Justicia también se ocupe de que se respete la ley que garantiza el parto humanizado.



Fotos: Tali Elbert

 

Son pocos si se tiene en cuenta el porcentaje, pero muchos si lo que se mira son los números. Entre el año 2012 y el 2014, el 0,36% de los nacidos vivos en la Argentina fueron paridos en sus casas. En esos tres años, en todo el país, se registraron 8.075 partos domiciliarios sobre un total de 750 mil registrados anualmente. En la primera quincena de mayo una noticia volvió a poner el foco en esa forma de parir y nuevamente se abrió la discusión.

parir_tali_caja_2 

Sucedió cuando una joven embarazada y su pareja, ambos de clase media alta, del interior del país, decidieron tener un parto natural a la orilla del río y alejados de los cuidados médicos. Hasta allí ninguna novedad, se trata de un hecho más común que lo imaginado, no solo en nuestro país sino también en los países centrales, sobre todo en grupos de clase media o alta, que optan por modos de vida más naturales. ¿Cuál fue la noticia? Como consecuencia de la complicación del parto, el niño murió. Hubo intervención policial y un fiscal hizo la denuncia por homicidio culposo.

 

Lo natural y lo racional

 

La modernidad, iniciada en el siglo XV, provocó el desplazamiento de lo natural hacia lo racional. El paso trajo aparejado grandes descubrimientos científicos, pero también la racionalización de la naturaleza con consecuencias que vivimos a diario a nivel global, local, relacional y subjetivo.

 

Las ideas mecánicas que sustentaron la modernidad relegaron las cualidades secundarias de las materias como los olores, sabores, colores y sonidos, así como los vínculos, los afectos y los sentimientos. Ese universo pasó a pertenecer al campo de lo privado, o a lo sumo, de la literatura pero no al campo de “la ciencia”. Lo natural pasó a representar el pasado, lo que había que superar con el progreso y, para ello, había que desarrollar la ciencia. El paradigma inicial fue la máquina y el cuerpo humano quedó asociado a esa idea, alejándose de toda concepción de lo natural. El conocimiento se instrumentalizó y se anularon las subjetividades.

parir_tali_caja_3 

Saberes, profesiones y tecnologías

 

El parto durante siglos se realizó en los hogares, sobre todo en las clases acomodadas que consideraban que, en los hospitales, solo debían tener sus hijos los sectores populares. El parto, en general, se realizaba bajo la protección de las matronas o parteras –no pocas veces asociadas a la brujería–, denominadas posteriormente como obstétricas. El significado de obstétrica es “estar a la espera”, una concepción del tiempo contraria a la modernidad, que asocia al tiempo con la velocidad.

 

Durante el siglo XX cambió la atención del parto con la incorporación de los médicos, que llegaron también al resolver su problema moral de trabajar tan cerca de la sexualidad de la mujer. Avanzaron hasta desplazar casi totalmente a las parteras. Pero no solo hubo un desplazamiento de profesiones, sino también de géneros, ya que los hombres reemplazaron a las mujeres en la atención del parto, lo cual produjo una división del trabajo y las obstétricas quedaron reducidas al rol de asistentes del médico, que pasó a dirigir el parto. Todo esto ocurrió en sintonía con los avances científicos: descubrimiento de los gérmenes, institucionalización de la higiene e instalación de políticas poblacionales que asignaron a la mujer el destino biológico de ser madre. En ese marco tomaron impulso las nuevas especialidades centradas en la idea del binomio madre-hijo (ginecología, obstetricia y puericultura) en clara alianza con la implementación de tecnologías sobre el cuerpo de la mujer. Esas tecnologías –no pocas veces– son las que legitiman, niegan o redefinen las experiencias subjetivas de la mujer.


 

parir_tali_caja_4 

Parto natural versus cesáreas

 

¿Es necesario el cuidado de la embarazada por parte de los trabajadores de la salud? Sí, para monitorear el crecimiento intrauterino y la salud general de la madre (peso, tensión arterial, glucemia, etc.), es decir, se cuida a la madre y al niño/a. Estos cuidados, implementados de manera sistemática, han tenido impactos significativos en la disminución de la mortalidad infantil y la mortalidad materna en el mundo.

 

Sin embargo esto no significa que no existan muertes maternas e infantiles evitables, a pesar de todo el conocimiento científico acumulado, ni que el parto deba ser realizado únicamente en instituciones hospitalarias. El parto en el hogar es una opción válida en un embarazo cuidado y sin problemas de salud detectados en la madre, con la supervisión de una obstétrica y con la posibilidad de ir a un centro asistencial ante cualquier problema.

Las ventajas del parto natural sobre la cesárea en la madre se vinculan con la reducción de la morbilidad y de intervenciones como la anestesia epidural y la episiotomía, y una menor morbilidad (infecciones, hemorragias y laceraciones); y, en el recién nacido, menos prematuridad y bajo peso.

 

¿Cuáles son los riesgos de la cesárea para la madre? Podemos dividirlos en tres momentos. En la propia cesárea: riesgo anestésico, lesión de vísceras (intestino, vejiga) y/o mayor pérdida sanguínea (500 ml parto vs. 1.000 ml. cesárea). En el puerperio: infecciones posquirúrgicas (de herida y/o abdominales), trombosis venosa, retraso del amamantamiento dado que hay que esperar a que la madre se sienta mejor o se recupere de la anestesia y/o del dolor posoperatorio para dar inicio a la lactancia. A largo plazo: posibilidades mayores de endometriosis, placenta previa y/o acretismo placentario en el nuevo embarazo con la posibilidad de terminar en una histerectomía, disminución de la sensibilidad en el Monte de Venus al seccionar filetes nerviosos, eventraciones y/o formación de cicatriz queloidea.

 

¿Cuáles son los riesgos de la cesárea para el recién nacido? Mayor riesgo de morbilidad respiratoria. Si la madre tuvo trabajo de parto previo y por alguna causa se decide la cirugía, el riesgo de morbilidad respiratoria es del 11,2%, pero asciende al 30% si la cesárea fue sin trabajo de parto. Todo esto, obviamente es mayor cuanto menor es la edad gestacional del recién nacido. Hay estudios que reportan una mortalidad 2,4 veces mayor en los nacidos por cesáreas electivas versus los nacidos por parto vaginal, y un riesgo 2 veces mayor de ingresar a terapia intensiva. A esto se suma, en algunos lugares, la separación de la madre y el recién nacido (porque no tienen quien cuide al niño/a en la sala con la madre) lo que provoca una mayor dificultad para iniciar la lactancia, a lo que se puede sumar, en algunos casos, hipoglucemia por fallas en la alimentación (sobre todo si son prematuros tardíos o a término temprano).


 

parir_talie_caja_5  

Tiempo, dinero y cuerpos

 

Hace dos décadas los profesionales cobraban más por una cesárea que por un parto natural, lo que llevaba a realizar más cesáreas que partos naturales por un simple cálculo económico. Hoy en promedio las obras sociales pagan entre $2.000 y $6.000 pesos y en el sector privado, depende mucho de la zona. En la provincia de Buenos Aires, los valores oscilan entre $5.000 y $10.000 pesos, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en general, se cobra más. Si bien los honorarios son los mismos, no llevan el mismo tiempo el parto natural que la cesárea. La duración de un parto normal es, en promedio, de 12 horas (10 a 16 horas), incluyendo el tiempo del trabajo de parto.

 

En cambio, la duración de la cesárea es de 45 a 120 minutos con control posoperatorio y sin necesidad de esperar el trabajo de parto. Un parto humanizado en una clínica de primer nivel, en general, no está cubierto por las prepagas y exige que el beneficiario pague un plus superior a diez veces –o más– que el valor de un parto natural. Un cálculo económico deja en claro que ante igual pago, a menor demanda de tiempo, mayor es la tasa de ganancia. El taylorismo feliz, el cuerpo también es domesticado por el reloj en el taller y así la madre y el recién nacido devienen objetos de la fábrica hospital, eliminando todo resabio artesanal en el trabajo médico y de la importancia de los vínculos.


 

parir_tali_caja_6 

La transformación de intereses económicos en saberes científicos hegemónicos

 

En la actualidad, sorprenden los relatos de mujeres jóvenes que, ante su primer parto, declaran que ya tienen programada la cesárea sin que haya justificación médica para ello. ¡No voy a sufrir ese dolor! es una de las expresiones que se escuchan.

 

El consenso en las cesáreas lleva a que aumenten de manera alarmante y, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los países no más de un 15% sobre el total de los partos, los valores de cesárea son más que preocupantes no solo en Argentina sino en casi todos los países. Datos de la OMS para Argentina correspondientes a los años 2010-2013 dan a nivel de instituciones públicas un 30,6% de cesáreas, pero si tomamos el sector privado esas cifras llegan al 80% y más.

 

¿Por qué se realizan y se han legitimado? Un porcentaje de cesáreas se realizan por indicaciones precisas, pero el exceso de cesáreas responde a la comodidad e interés económico de los profesionales que de esa manera pueden programar el tiempo que le dedican al nacimiento del recién nacido. Asistimos así a la transformación de un hecho natural en un producto de mercado. Todos esos intereses han llevado a que el trabajo de la obstétrica sea desplazado, al punto que, en varias provincias, existe la prohibición de que asistan a la embarazada sin la presencia de un médico.

 

La naturalización del proceso de atención al parto en las instituciones de salud terminó configurando fuerzas sociales que lo cuestionaron. Producto de esas luchas y de profesionales que se atreven a pensar sus prácticas y problematizarlas, se sancionó en Argentina, en 2004, la Ley 25929 de Parto Humanizado, que fue reglamentada en el año 2015. Pero como nuestros países son cementerios legislativos, la sanción de una ley tampoco es sinónimo de resolución del problema.


 

Disciplinar los cuerpos para ordenar la sociedad

 

Retomando el caso de la pareja juzgada, el fiscal del caso aclaró a los medios que no se perseguían a los partos domiciliarios, que no era una cuestión ideológica. “Nadie va a decir que querían matar al hijo cuando justamente lo que pretendían era dar a luz. Estamos diciendo que por una irresponsabilidad se llevó a cabo un parto domiciliario sin ningún tipo de control médico, ni previo, ni durante el parto”, explicó.

 

La jueza remarcó que “los padres tienen derecho a elegir su culto, estilo de vida, alimentación y cuestiones médicas, pero acá estamos hablando de los derechos de un tercero, de un bebé que no tuvo, ni pudo, decidir dónde nacer, ni le brindaron los controles médicos necesarios para resguardar su vida”.

 

Pero en los fundamentos de la condena no se profundiza por qué la pareja decidió alejarse de la institución médica. El cuerpo de la mujer es objeto del disciplinamiento desde épocas remotas. En la Biblia se relata (Génesis 3:16) que a consecuencia del pecado original Dios le señala a Eva: “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti”. 

parir_tali_caja_7 

También Michel Foucault señaló cómo el poder médico y el poder jurídico consiguen, a través de distintos dispositivos, actuar como disciplinadores sociales. El hospital es una institución que administra el poder y uno de sus instrumentos es la violencia obstétrica, en tanto apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud.

 

La consecuencia es un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y una patologización de los procesos naturales, que trae aparejado la pérdida de autonomía y de capacidad de decidir libremente por parte de las mujeres sobre sus cuerpos y su sexualidad que impacta negativamente en su calidad de vida.

 

En la práctica se expresa en la negación de información sobre los procedimientos médicos empleados durante el proceso de parto; las prácticas hospitalarias que humillan e ignoran las necesidades de las mujeres atendidas. En el momento del parto el aislamiento durante la espera; la privación de movimientos; la realización de cesáreas innecesarias y otras intervenciones consideradas de riesgo. Además de la aplicación de rutinas hospitalarias sin ventajas probadas para el bienestar de las mujeres, fetos y de los recién nacidos como la administración de enemas y sedantes; la realización de episiotomías; la posición supina obligatoria para las mujeres en el momento de parto, negando la ley de gravedad; la descalificación de otros saberes no científico que propugnan el parto vertical. También existe una desacreditación de su dolor; surgen las amenazas durante el parto y la violación de derechos sexuales y reproductivos de la mujer, que se minimizan como problemas de calidad en la atención. Todo ello expresa la medicalización de la vida cotidiana y de los cuerpos de las personas.

 

Los que aspiramos a una ciudadanía plena de derechos, esperamos que la justicia también sepa reconocer estos derechos y proteja a quienes deciden tener hijos, haciendo cumplir la Ley 25.929 y no actúe solo en casos de desenlaces fatales de casos de partos domiciliarios; y quienes asistan a las mujeres, tanto en el embarazo como en el parto, respeten esa misma ley.

 

Para que quienes decidan tener hijos puedan elegir libremente dónde hacerlo, teniendo los resguardos señalados para poder disfrutar de una experiencia singular, cuasi mágica, incluso para los trabajadores que intervienen.


¿Te gustó la nota?

Suscribite al boletín de Anfibia

AUTORES

LECTURAS RELACIONADAS