Después de manejar casi 300 kilómetros por la ruta nacional 123, pasamos por Mercedes. Es noviembre de 2025. Volvemos a casa después de participar del 39 encuentro pluri, el de Corrientes. Adentro del auto, escuchamos desde un celular la elección de la próxima sede. Cuando pasamos por el santuario del Gauchito Gil, tocamos bocina. Gauchito, ¡que gane Córdoba para seguir recorriendo el país juntas! Esa noche, cada una ya en su casa, le prende una vela roja para agradecerle.
Hace muchos años que vamos juntas a los encuentros. Somos un grupo de amigas y acróbatas feministas. Para nosotras recorrer los Encuentros, caminarlos, organizarnos es parte de la construcción de todos los días. Es pensar desde nuestros cuerpos, emociones y sentidos, pero también sobre cómo ponerlos en las calles. Fuimos a San Luis, Bariloche, Jujuy, Corrientes. Y ahora estamos volviendo de Córdoba. Este año, estuvo atravesado por la discusión sobre la soberanía, el reclamo de los pueblos originarios, la deuda, la vivienda, el aborto y la ESI, que cumple 20 años. El viaje de regreso pasa volando. Charlamos de los talleres. Quienes fuimos a la actividad Fuegas, imaginando futuros colectivos, coordinada por lxs brigadistas organizadxs de Córdoba, seguimos enganchadas con lo que nos dejó. En esa actividad, primero apareció el relato distópico. Pero un rato después, el futuro empezó a imaginarse más feliz, amoroso y humano cuando en las intervenciones aparecieron la sororidad, el compañerismo, el encontrarnos. “La vida tiene que ver con caminar con otrx”. Quedó resonando esa frase y nos preguntamos: “¿Con quiénes queremos caminar el futuro soñado?”.

Para nosotras, saber que se vienen los Encuentros es una promesa de futuro mejor. Es nuestro ejercicio de imaginación política. Son parte de nuestra agenda feminista de cada año, una agenda de lucha, como el 8M y el 3J. Después de la marcha por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos empezamos a manijear. Nos quedamos tomando una birra, compartiendo lo que nos dejó y siempre de alguna forma u otra, las charlas vuelven a cada encuentro compartido. Los temas de siempre, los nuevos, y el valor de que el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries se sostenga desde hace 40 años, desde aquel primer encuentro en el Teatro San Martín hasta hoy, para siempre.
Después empezamos a organizarnos, unos meses antes, para que todas podamos estar contempladas ya sea por laburos, guita, tiempos. El año pasado éramos diez, pero este año ya sabíamos que contábamos con algunas bajas, así que definimos ir en dos autos y ampliar el grupo para repartir gastos y compartir el espacio con otras compañeras. El alojamiento lo reservamos con mucha anticipación para congelar el precio y poder ir juntando la plata durante el año. Más cerca de la fecha chequeamos el clima e intercambiamos sobre la ropa que íbamos a llevar. Nos pusimos de acuerdo con la comida para cubrir el almuerzo y la cena del primer día. El resto de los días comimos en las calles convencidas que el Encuentro es también una forma de contribuir a las economías familiares, como las tortillas que le compramos a una señora que todos los años viaja desde Jujuy.
En octubre siempre nos pasa lo mismo, pero este año es peor porque llegamos con el cansancio del año en nuestros cuerpos: una de nosotras se bajó a último momento por las exigencias y el ninguneo que conlleva ser trabajadora estatal, otras trabajamos en ciencia y universidades y venimos de varias jornadas de protesta, para algunas es una gran gestión pedirse los días en sus dos o tres trabajos. El amedrentamiento y el disciplinamiento se sienten. Pero aún con todo ese peso, armamos nuestras mochilas y anudamos el pañuelo verde.

Es sábado y ya cerca del mediodía estamos llegando a Córdoba. El último tramo lo hacemos en caravana mientras intentamos adivinar qué otros autos transportan encuentrerxs. Ni bien pasamos el histórico Arco de la entrada de la ciudad, vemos en las calles los primeros grupos de mujeres con pañuelos verdes en sus mochilas. Llegamos al alojamiento y esta vez sentimos no haber estado en el acto de apertura. En la entrada del hotel nos encontramos con compañeras que nos cuentan que vienen desde Río Negro, las reconocemos porque están en grupo con sus bolsos y sus pañuelos. La complicidad de otras nos recibe con sonrisas: “¿De dónde vienen, compas?”. El Encuentro es un espacio para compartir con otrxs de todos los puntos del país.
Dejamos las cosas rápido en la única habitación disponible, porque recién a la tarde nos dan las dos que faltan.
Con mate y el mapa que armó el Pluri en mano, caminamos hasta las escuelas donde se dictan los talleres: este año son más de cien (divididos en 15 ejes). Además hay 300 actividades culturales y ollas populares.
–¡Qué lindo tenerlas acá! -nos grita cada tanto alguna cordobesa, en esta ciudad tan punitivista como militante.
Las coberturas de los medios dirán después que fuimos entre 100 mil y 150 mil. La agenda feminista: aborto, ESI, vejez, discapacidad, defensa de la tierra, tecnología, trabajo, educación, pueblos originarios, salud, derechos humanos, organización sindical.

Cuando terminan los primeros talleres, vamos hacia la Marcha contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios que este año agrega: ¡Basta de lesbicidios! Mientras empezamos a copar la calle, nos contamos los debates que se dieron en las aulas: ¿qué tal estuvo? ¿se desdobló? ¿había mucha gente? Nos compartimos lo que a cada una le quedó resonando, entre risas y cánticos intercambiamos los debates que se armaron. Enseguida aparece la reflexión, la comparación entre lo que pasó en uno o en otro. Una de nosotras fue al taller ¿Cómo habitar las aulas?. Cuenta cómo las vivencias en cada territorio son similares aunque comenta que una compa planteó: “En el interior del interior tenemos otras tristezas”. Cada territorio tiene su particularidad, es cierto. Pero también algo en común: la falta de recursos materiales y humanos para llevar adelante el trabajo cotidiano de ser docentes o trabajadoras en salud.
“Somos lxs tortxs del litoral, y de Barracas no nos vamos a olvidar”. Entre cantos contra el triple lesbicidio —en memoria de Pamela Fabiana Cobbas y Mercedes Roxana Figueroa, que fallecieron tras el ataque, y recordando a Andrea Amarante, la única sobreviviente—, seguimos a las compañeras travestis por las calles de una Córdoba capital colmada de encuentro. Le tomamos una foto a un cartel con la imagen de Norita y levantamos el puño en su honor porque queremos recordarla en las calles.
Seguimos charlando mientras caminamos. A quienes recorrimos la escuela del eje 10 “Derechos y disputas: Salud, Educación, Trabajo, Cultura, Deportes, Ciencia y Técnica” nos asombra que el taller sobre salud mental se sigue desdoblando —hubo 9 comisiones— y tomando los pasillos. El contexto obliga a darle mayor relevancia, deja en evidencia que necesitamos tener espacios para poner en palabras lo que nos pasa. En cada taller apareció la importancia de estar presentes este jueves 15 de octubre en el Congreso Nacional y en otros puntos del país para defender nuestro territorio. Sabemos que la masividad de los cuerpos en las calles genera presión. Ahí está nuestra potencia.
Una de nosotras cuenta que fue al taller de Estrategias para la accesibilidad y defensa del aborto legal, seguro y gratuito. Participaron compañeras de distintas provincias, gran parte de ellas nucleadas en la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, que comparten las diversas realidades que se están viviendo en nuestro país. Desde lugares donde el acceso a la IVE e ILE se viene dificultando por el envalentonamiento de los antiderechos, hasta otros donde hay dificultades para acceder a la medicación y a métodos anticonceptivos. Las compañeras de Santa Fe resaltan la importancia de la producción estatal de misoprostol y la necesidad de defender el presupuesto para esas políticas. Las redes son una estrategia para defender nuestros derechos. Varias compañeras remarcan que el derecho al aborto lo conquistamos primero en las calles, después en el Congreso pero lo seguimos defendiendo en las calles. Una vez más, la potencia de inundar el espacio público con nuestros cuerpos, con nuestros deseos, para defender lo conquistado una y otra vez.
Después de la marcha del sábado y como todos los años cerramos el día en la Festi Torta. Se siente en el cuerpo que está terminando la primera jornada del Encuentro y sin embargo la emoción de estar compartiendo y la energía del festejo colectivo sirve para renovar fuerzas.
Ya pasó la mitad del encuentro. En la calle Caseros, frente al Palacio de Justicia, donde la noche anterior bailamos en el Festi Torta, desplegamos los materiales para el collage colectivo: colocamos en el piso los afiches que sirven de base y los unimos. El gran rectángulo queda armado. Pegamos nosotras la primera imagen en el centro: nuestras piernas teñidas de rosa. El resto de las fotos y frases que seleccionamos y recortamos las ponemos en cajas para que cada unx pueda elegirlas. Llenamos las bandejas plásticas con cola y agua, desparramamos los pinceles y los marcadores.

Lxs encuentrerxs se acercan, rodean las imágenes, las miran, sonríen, dudan, se emocionan. Las eligen, las intervienen, las recortan y las pegan. Algunas enseguida se copan con la propuesta y otras primero preguntan y más tímidamente intervienen. El entramado de imágenes y consignas se teje colectivamente. Una chica elige la foto de Mercedes Sosa, rasga el contorno con las manos, la engruda y la pega al lado de la bandera mapuche, lo que nos recuerda que hoy es el último día de libertad de los pueblos de América. Una adolescente se saca la foto con el cartel marrón de “Argentina no es blanca” y la sube a sus redes. Una mujer selecciona una llama roja, naranja y amarilla y la superpone a “Todo fuego es político”. A la imagen de Norma Pla se le suma “contra el fascismo rebelión feminista”. Unx chiqux con una perrita con pañuelo verde se acerca tímida y pega “en defensa de la salud pública”. Una nena se acerca y nos dice “quiero escribir, pero no tengo linda letra”. “No importa”, le respondemos. Entonces se anima, elige el marcador verde y agrega sobre el afiche “Niñas, no madres”. Nos cuenta que estuvo en uno de los talleres sobre aborto.
La participación es intergeneracional y diversa. Las infancias y juventudes se entusiasman con la idea. Una nena y su mamá se frenan frente a la caja de fotos, ella mira hacia arriba y le pregunta si puede pegar una. Le suelta la mano, se agacha, elige el pañuelo de las madres y lo pega. Un grupo de adolescentes avanza agitando la bandera del orgullo trans. Al llegar, eligen una foto grande, unx de ellxs se arrodilla, da vuelta la hoja y sobre el fondo blanco escribe: “que me guste mi mismo género no te da derecho a tratarme mal”. Se va armando una ronda, las imágenes se superponen sobre los afiches que ya no se divisan. Una señora se suma, queda inmóvil y nos dice que está muy emocionada, saca varias fotos con su celular. Nos cuenta que es docente jubilada, que viajó desde Rosario. Avanza la tarde, los límites propuestos para la intervención se desbordan, se crean diálogos y hay quienes aportan sus propias gráficas de luchas. Algunas vuelven a pasar para ver cómo crece el collage. Una nos dice “lo vamos a replicar”. Cuando ya no quedan imágenes, siguen otras intervenciones. Con ritmo propio, late. Y así narramos nuestras historias, las susurramos de una a otra y se vuelven grito colectivo.
Domingo a la tarde, uno de los momentos más esperados. Sacamos nuevamente el glitter, tomamos las calles y mostramos que nunca nos fuimos.
–Qué cagazo, qué cagazo caminan por la calle las hijas del Cordobazo.

Seguimos siendo marea. Llegamos a Olmos y Maipú, el punto de salida de la marcha, unos minutos más tarde de la convocatoria. Las calles ya están llenas de organizaciones, sindicatos, colectivas feministas que desplegaron sus banderas y personas sueltas que se suman a movilizar. Caminamos varias cuadras buscando dónde marchar, pasamos las pelucas rosas de las Socorristas y nos sumamos a la columna de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Somos miles ocupando las calles y las veredas. Las banderas verdes están por todos lados. Nos llega el sonido de los bombos legüeros que las compañeras hacen sonar al ritmo de los fuegos artificiales.
Desde los balcones se repiten las miradas y saludos cómplices, respondemos cantando “mujer, escucha, únete a la lucha”. El Super Niño nos trajo frío. Pero somos tantas que no se siente. En cada cuadra se siguen sumando más y más personas a la marcha, por momentos hay que apurar el paso para no perdernos. Cada tanto alguna de nosotras se encuentra con alguien, se abrazan, se pierde en la marea para después volver a encontrarnos. Siempre alguna está asomando la cabeza entre la multitud chequeando que estemos todas juntas. En las calles angostas nos apretamos, nos tocamos, estamos atentas a no perdernos, esa marea nos contiene, nos hace sentir la fuerza del movimiento, nos encontramos en miradas cómplices que no conocemos mientras cantamos, gritamos y nos emocionamos.
Empieza a anochecer y notamos que estamos a oscuras en las calles. Miramos hacia arriba y vemos los faroles apagados así que se empiezan a prender los celulares para iluminar la marcha. Alguien grita "Llaryora, Llaryora, prendé las luces". Parece que no quieren que se vea que somos miles copando las calles cordobesas. Lo que no saben es que pueden apagar las luces pero nunca tanto fuego.

Los cantos se contagian. Se escucha el histórico “abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer” y algunos más coyunturales “aborto retroactivo para Milei y todos sus amigos” y “que la deuda externa la pague la casta entera”. Al pasar frente a una bandera que anuncia “Paola libre”, en referencia a Paola Ortiz, la mujer que estuvo presa 13 años, 9 meses y 26 días por una emergencia obstétrica y recuperó su libertad hace apenas un mes, nos miramos emocionadas. La lucha sirve.
Corremos para no desarmar la columna, la adrenalina tapa el cansancio. La marcha termina en la Peña en el Parque Sarmiento. Bailamos, reímos, lloramos, nos abrazamos mientras arriba del escenario las artistas despliegan su magia. La lluvia no nos detiene. “¡Qué momento! a pesar de todo les hicimos el encuentro” nos vamos cantando bajo la lluvia.
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“¿Vuelven del pluri? A mí me tocó trabajar”, nos dice la piba de la estación de servicio mientras nos carga nafta en el auto. Salimos a la ruta, circulan unos mates, se hacen sentir los baches de la autopista 9. Cierto, la motosierra.
Ya es parte del ritual: escuchamos el cierre en vivo desde el celu. La pantalla nos muestra a lxs compas bajo la lluvia. La única sede propuesta para el 40º Encuentro Plurinacional, el de 2027, es CABA. Nos espera un año electoral tras el mandato de Milei. La apuesta es que este movimiento masivo no permita que se retroceda.
“En un tiempo que empuja a la salida individual, sostener eso es en sí mismo un gesto político”, escribió Euge Murillo en Página/12, el único diario que cubre el Encuentro y lo sigue poniendo en tapa.
¿Qué nos hace volver cada año? La potencia de encontrarnos y sabernos marea. Este colectivo abraza, empuja, sostiene y es red. Nos cuestionan, nos acusan de pasarnos tres pueblos, nos responsabilizan del descenso de la tasa de natalidad. Acá estamos, convencidas de que lo colectivo y lo creativo nos va a salvar.
