El caso "Florencia Peña/Poliamor" dejó de ser de Florencia Peña y tuvo efecto contagio. Del programa de Tinelli saltó a sobremesas, chats, charlas de pareja y confesiones con la almohada. Es que el poliamor tienta; es que el poliamor asusta. Por qué nos interpela de este modo la chance de tejer otro tipo de vínculos. Y cuánto tiene que ver este revuelo con la ciudadanía sexo-afectiva promovida por los movimientos feministas y LGBT.



Los analistas que hacen encuestas políticas en épocas preelectorales avisan: nunca creas en los resultados. Dicen que esos resultados mienten tanto como las pesquisas que intentan desnudar hábitos sexuales. Lo escuché en un podcast de Revista Piauí que hablaba de la coyuntura brasileña. La fuente explicaba que en este tipo de sondeos, la mayoría de los entrevistados se muestran progres, a favor de candidatos nobles y humanistas. Pero que luego, en la intimidad del cuarto oscuro, hay que ver quién gana las elecciones, qué laberintos caprichosos toma el deseo, quién provoca, quién conviene, quién se vuelve irresistible pese a las razones alojadas en la biblioteca y en la ideología. Cada cual ejerce el derecho a decidir dónde poner el voto, el cuerpo y el corazón.

 

El caso “Florencia Peña/Poliamor” saltó de la pantalla de Tinelli a tuiter, y de ahí a las sobremesas, a los chats, a las charlas de pareja y a las confesiones con la almohada. Interpeló subjetividades. 

 

Es que el poliamor tienta: desafía al mandato de la monogamia y a la policía de la familia tipo. Da por hecho el consentimiento y el respeto a los acuerdos. Su punto de partida es aceptar que se puede amar y/o desear a dos o más personas a la vez. Teje una nueva realidad sexopolítica. El poliamor asusta: esta irrupción hace ruido, sacude, cuestiona. ¿Es una cuestión moral o cultural? ¿Y los celos? ¿Blanqueo el mercado negro del placer? ¿Si me gusta, soy superadx u oscurx? ¿Cómo se lo cuento a mi abuela?

 

—Mi guapo, mi guapito, que no eres mío -canta Bebe-. Pero contigo quiero hacer mi nido.

 

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Esta forma de vincularse tiene sus variantes y parientes cercanos: amor libre, pareja abierta, anarquismo queer… Tiene un libro en común: Ética Promiscua. Algunos pactos incluyen lista única de amantes; otros, cortes de boleta. También hay que bancarse el balotaje. Y se acepta el voto en blanco, ya que las personas asexuales también pueden jugar el juego. Igual que las solteras. Una ensalada. Variaciones sobre el amor y el deseo. Para más detalles, el glosario de la web de la comunidad del amor libre. Las constelaciones son complejas, y sus militantes explican: “Si fuera solo calentura, sería más fácil”.

 

La fantasía morbosa desde el mundo paki-monógamo es que viven en estado de orgía permanente. “¡Sabemos que flashean con eso! -avisa Deb Barreiro, activista-. Pero es al contrario, nosotres jodemos tipo acá nadie coge. Al sexo es una actividad más. Está presente, no es tabú pero no se le da tanto poder. Lo importante de coger es el consentimiento.”

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Tener una pareja estable es un trabajo full time. ¿Adherir al poliamor será como hacer horas extras no pagas o como irse de vacaciones?

 

#Poliamor también fue trending topic en la mesa chica de nuestra redacción. La confesión de Peña le puso #Pimienta al habitual almuerzo que compartimos los equipos de Cosecha Roja y Anfibia, que trabajamos pegados. Hubo votos a favor, en contra, no sabe no contesta, abstenciones. “Demasiado me cuesta vivir con uno.” “No tendría tiempo.” “Peor es mentirse.” “Te exige más reglas.” “Me buscaría otra novia pero a la que le guste el futbol.” “Es machista, la excusa perfecta para el engañador serial.”

 

Una de las periodistas reprodujo un audio que acababa de entrarle al WhatsApp:

 

—Prima, desasname. ¿El feminismo banca el poliamor? Que cada uno haga lo que quiera. ¿Por qué habría que debatirlo? ¿No es más fácil ser soltero? No entiendo la lógica. Me parece una contradicción en términos de cuál es la idea de libertad. ¡Necesito una lección de género! Si para ser progre tengo que decir que estoy a favor, dame argumentos. Che, me la están volando. Hay que incorporar tantas cosas a la vida que ya no me da el cerebro.

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Hace unos meses amanecíamos deletreando m-i-s-o-p-r-o-s-t-o-l. Hoy nos vamos a acostar pensando en el poliamor.

 

Gracias Ni Una Menos.

 

Gracias feminismos por arrancarles las florcitas al empapelado del amor romántico, por reírse de la utopía del abrazo, por vomitar la media naranja, por devolvernos nuestros cuerpos con sus poros, curvas y orificios. Voilà al pánico de parecer “una mala tía”, como diría Virginia Despentes, de vivir “con el radar sexual encendido”, como diría Milena Busquets, y de asumir “que no podía seguir respirando en la monogamia impuesta, no podía estar solo en un formato”, como diría Gabriela Wiener.

 

Las mujeres deseantes toman la palabra. También la de un amor más libre.

 

“El 2015 marcó un antes y un después para toda la sociedad. Beba les habla a las hijas del Ni Una Menos teniendo en cuenta que ellas parten de otra base, otra forma de vincularse y de un montón de cosas que nosotras, que somos pibas de veinti, no tuvimos”, cuenta Emilia Ruiz De Olano, al frente de la plataforma que nació para hablar esos asuntos de la sexualidad que se googlean a escondidas.

 

El sábado a la tarde Beba subió a su portal la nota Mi chico no es mío, testimonial. Las estadísticas explotaron y hasta la compartió amordel2000, una cuenta de conversaciones entre mllenials y centenialls. “Las películas y series que construyeron mi idea del amor me explicaron lo que tenía que saber sobre gustar de alguien, enamorarme, completar la naranja, tener hijos y ser felices. Yo lo re intenté, mis viejos llevan 32 años casados, When Harry met Sally sigue siendo de mis películas favoritas y lloré un montón de veces mirando el casamiento de Phoebe… Pero a mí no me pasó. No encontré los personajes ni las historias que me enseñaran cómo se hace cuando no somos solamente dos”, escribió Bar Bust en esa nota.

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Poliamor es una palabra con raíces en el griego y el latín: muchos amores, significa. Comenzó a nombrarse en los años 90. Lo acuñó una sacerdotiza, Morning Glory Zell Ravenheart.

 

—¿El desvelo por el poliamor es una cuestión burguesa?

 

—No. La burguesía reforzó la utopía monogámica pero se autorizó el doble rasero moral.

 

—¿El poliamor, entonces, es disidencia sexual?

 

—Hoy la disidencia sexual refiere a otra cosa. El poliamor es una disidencia de las afectividades.

 

Dora Barrancos atiende el teléfono desde su casa. Está recién llegada de Córdoba, donde recibió el Honoris Causa en la UNC. Y Anfibia la llama para hablar… de Florencia Peña en el programa de Tinelli. Sorora, la doctora que agita las banderas del derecho al goce exclama: “Aguante Florencia Peña”.

 

La socióloga e historiadora feminista aborda el tema sexualidades, amor, poder, lealtad y derechos ya desde la forma en la que lo concibieron las pioneras anarquistas argentinas y uruguayas, con Emma Goldman y cía. Desde ese lugar cuenta: “Cuando hablamos de poliamor hablamos de personas que consienten y tienen una vinculación abierta, como la de Sartre y Simone. Una pareja abierta dura mientras cada sujeto aguante la apertura. De todas maneras es un buen ejercicio siempre y cuando la libertad esté garantizada para ambos.”

 

Para Barrancos el revés del amor guarda un oximorón. “Hay algo contradictorio. La gente busca ser monogámica: se empareja y cumple ritos como comprar cosas juntos e incursionar en proyectos que tienen cierto futuro. Hay un desideratum monogámico y al mismo tiempo se quiere escapar de los mandatos del amor romántico. Pero atención: no todas somos gente como una. Hay muchos círculos femeninos. Hay Mafaldas y Susanitas.”

 

—¿Mafalda sería poliamorosa?

 

—Sí. Y están las Susanitas que pueden hacer trampa pero que nadie se entere. Esa concupiscencia me rebela: cuando aceptan el estándar por treta especulativa, cuando el vínculo tiene cascarón pero no entrañas. Cornuda o cornudo es quien no se enteró. En esto soy a la antigua: las que se enteran y se quedan pierden su dignidad. Esto es Simone de Beauvoir básico: hay que salirse de la inmanencia. Nena: jugate. Si se corren lindos riesgos, lo poli es extraordinario. La lealtad con una misma es un programa extraordinario.”

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En Mitomanías de los sexos, Eleonor Faur y Alejandro Grimson narran el caso de tres brasileñas que se casaron. Tres Mafaldas Susanitas. Cuentan que la foto es hermosa: novias de blanco tres, señor de frac cero. Atracción y amor estuvieron a la altura de los pactos charlados. Ellas tuvieron que pedir un recurso de amparo para casarse porque las instituciones que tenemos en América Latina, con su moral judeocristiana, están organizadas para matrimonios de dos.

 

“Que la etiqueta poliamor surja tan fuerte en el debate desde miradas alternativas y progresistas puede ser interesante porque rompe una bandera, un estereotipo. Celebramos este tipo de manifestaciones. Pero la pregunta es hasta qué punto no se constituye en un nuevo mandato. Por eso, entrará en este tipo de relaciones quien lo desee. El recorrido de los movimientos emancipadores como el feminista y el LGTTBI permite expandir libertades y que cada une viva según su sensibilidad, su deseo y por supuesto sus derechos. Si no, queda en una moda, en algo superficial”, advierte Faur.

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En tiempos de educación sentimental según Netflix, los contenidos del streaming no se quedan atrás. ¿Se trata de acompañar la época o de tensar el modo en el que las pantallas muestran sexo? “El poliamor y el intercambio de parejas se ha normalizado en las series -dice Jodi Carrión, escritor, periodista y crítico cultural-. Masters of Sex hizo un gran trabajo en su representación sin ocultar la conflictividad pero asumiendo su existencia extendida. Transparent también fue en esa dirección y aportó a la idea de la genealogía ya que desde siempre incluyó relaciones emocionales y sexuales. Pero sin duda ha sido Sense8 la gran teleserie sobre el poliamor. Hizo del sexo en grupo un espectáculo pero lo que importaba era defender una visión plural y abierta de las relaciones humanas. Las tres series apuntan hacia el pasado, el presente y el futuro; no va a quedar tiempo narrativo en que no sea normal y natural cualquier opción alternativa a la pareja heterosexual”.

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Deb Barreiro es activista del poliamor desde los 21. Hoy tiene 27 años. Desfiló por los medios en la última semana hablando del fin de las geografías y de las fronteras sexoafectivas. Lado B: su Facebook se llenó de hombres curiosos que le pedían amistad. Pero Deb lo sabe: a los Raules ni cabida.

 

Sus amigos le dicen que es Nivel 5 por el tiempo que lleva en este plan. Deb resume: si estás en el poliamor no necesariamente tenés que hacer regalitos porque es el aniversario, ni presentarlo a la familia ni verse todas las semanas. Es tener normas propias. Y es construir algo nuevo: amar sin poseer ni depender. Deconstruír el amor romántico.

 

Cuando pensamos en este acuerdo por ejemplo desde la sobremesa de nuestra redacción nos preguntamos por los celos. Porque una cosa son las promesas de campaña y otra la gobernabilidad. Ese es un tema, sí, pero hacia adentro de la comunidad lo que también se trabaja fuerte es el apego. Controlar el nivel NRE. “Cuando estás enamorade aparecen las expectativas. Lo llamamos NRE por sus siglas en inglés: Energía Nuevas Relaciones. Básicamente es enamorarse pero le damos una mirada biológica, como que lo que te pasa es por una reacción química de tu cuerpo similar a cuando hacés algo nuevo o te dan un regalo. A veces tenemos adicción a ese estado por eso salimos con mucha gente. Yo trato de bajar los decibeles porque cuando estás en NRE si alguna de tus relaciones decide alejarse y vos estabas feliz, en las nubes, es más difícil afrontarlo”, explica.

 

Deb es técnica en recreación, coaching ontológico y experiencia en permacultura, además de autora del blog de Facebook @Deblog.al Hoy tiene varios vínculos de manera estable. Dos de esas relaciones incluyen hijos. “Hay que ser discretos con ese tema porque hay un vacío legal. Los chicos pueden tener problemas en la escuela o incluso ser separados de sus padres si trasciende. Esto también es parte de la deconstrucción, del cambio social. Así como se avaló el matrimonio igualitario y la adopción homoparental se deberían legitimar las crianzas múltiples.”

 

Deb estará en Nivel 5 de poliamor pero dice que terminó de salir del closet hace unas semanas, cuando se enteró -no sabe cómo- la última persona a la que prefería no contarle. Deb estaba con ella, le contó que más tarde tenía una cena.

 

—¿Con cuál de los seis?- preguntó sonriendo la abuela.

 

 


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