Ensayo

Un fragmento de “Jefes”: los empresarios de Milei


La cena de los 15 millones de dólares

La Fundación Faro es mucho más que el laboratorio de ideas del mileísmo. ¿Qué rol cumplen Agustín Laje y Francisco Caputo? En este fragmento de “Jefes”, Leandro Renou reconstruye cómo empresarios, funcionarios y operadores políticos consolidaron una trama de financiamiento, formación y poder que terminó de sellar la alianza entre La Libertad Avanza y el establishment, que dejó de observar al Gobierno para convertirse en parte del proyecto.

Los encuentros del Yacht fueron la escenificación del financiamiento político del gobierno de Milei y de la Fundación Faro. La organización es el think tank de la batalla cultural del presidente y tiene al frente al ultra Agustín Laje. El socio operativo es Francisco “Pancho” Caputo, el hermano de Santiago, el asesor sin cartera de Milei. Faro tiene una sede en los pisos 2, 3 y 4 del ex edificio del Banco Francés ubicado frente a Plaza de Mayo. En ese lugar hay varias oficinas e instalaciones preparadas para hacer streaming, uno de los fetiches de los libertarios. Para entrar al lugar hay una palabra mágica a pronunciar: “Pancho”.

La Fundación Faro está encabezada por Laje, que según la revista Forbes es “la voz independiente más influyente de la derecha en el mundo hispanohablante”. Su objeto de estudio, o mejor dicho su obsesión, es desarmar las ideas de lo que él considera la izquierda. Buena parte de la retórica “anti” zurdo de Milei sale de la cabeza de Laje. En términos formales, Faro se apoya en tres máximas.

1. “Promover las ideas del liberalismo económico y los valores históricos de la cultura argentina, para contribuir al desarrollo económico y social de nuestra Nación, librando la batalla cultural”.

2. “Argentina debe ser faro del mundo y recuperar la jerarquía mundial a la altura de nuestra identidad y nuestra historia”.

3. “Estamos abocados a formar cuadros políticos, referentes culturales y liderazgos en las distintas esferas de la sociedad para promover el crecimiento y desarrollo de las ideas de la libertad a lo largo y a lo ancho del país; como también a desarrollar programas de formación económica y empresarial, inserción y capitalización de proyectos para jóvenes profesionales y emprendedores”.

Con la articulación con Faro, Milei le aportó al Gobierno un hecho comunicacional institucionalizado, algo que todos sus antecesores tuvieron. El PRO vía la Fundación Pensar y el kirchnerismo con diferentes variantes militantes y de batalla cultural. La más reconocida, Carta Abierta.

Quizás Faro se conecte más con Pensar que con Carta Abierta, por el rol que ambas tuvieron. La organización libertaria se utilizó como un sistema de difusión de las ideas y, a la vez, de recaudación.

De hecho, el sponsor más grande que tiene Faro es una mega cámara empresaria, la más alineada con Milei. Endeavor, que agrupa a Unicornios libertarios como Marcos Galperin, de Mercado Libre, y Martín Migoya, de Globant, sostiene económicamente la organización y creó recientemente un programa para startups, en sociedad con Faro. Todo está blanqueado en su sitio web.

Entre las actividades que hace Faro hay varias “masterclass”. “La macro en la era Milei: el retorno a la libertad”, se llama la que dicta Ramiro Castiñeira, un economista fiel y parte del equipo de asesores del presidente. En su introducción apunta que “Argentina está atravesando un proceso de cambio estructural que busca desmontar el modelo económico estatista instalado desde la década de 1930, y retornar a un sistema basado en la libertad, el protagonismo del sector privado y la inserción en el mundo”. Otra de las clases la dicta María José Romano Boscarini, egresada de la Universidad Di Tella, una rareza para ese polo ultraliberal.

En Faro también trabaja Martín Krause, miembro de la sociedad Mont Pelerín, la organización de libertarios que fundó en 1947 Friedrick Von Hayek, el ídolo austríaco de Milei. Krause, además, es economista del CEMA e integra el Cato Institute, el think tank libertario con sede en Washington, Estados Unidos. “Diferencia entre filosofías políticas y utopías” se llama su clase. En esta masterclass, “el Dr. Martín Krause explora la posibilidad de una sociedad sin Estado desde una mirada filosófica y libertaria. A partir del concepto de utopía, se analizan los fundamentos del orden político: libertad, justicia, autoridad y poder. Lejos de la fantasía, se plantea un horizonte normativo que desafía el statu quo. Una invitación a repensar el rol del Estado y a imaginar formas de convivencia más libres. Ideal para quienes buscan cuestionar lo establecido y abrir nuevos debates”.

En Chile, Axel Kaiser, socio de Laje en la Argentina, es director de la Fundación Progreso, hermana de Faro y fundada en 2012. Kaiser es un abogado chileno-alemán que viene de una familia ultraconservadora con hermanos volcados a la política partidaria de la derecha. Como pasa en la fundación libertaria argentina, la hermana chilena también se financia con fondos empresarios.

El factótum de la “Faro” chilena es el empresario Nicolás Cirilo Ibáñez Scott, quien además ejerce de presidente. Ávido cultor de la política, es muy fanático del dictador Augusto Pinochet. Fue dueño de la cadena de supermercados Líder, hasta que en 2009 la estadounidense Walmart le compró el negocio. Desde ese momento, quedó como director de Walmart Chile.

Los medios trasandinos reportaron años atrás una anécdota particular. Relatan que apareció una placa de Pinochet en la sucursal de Walmart en la localidad de Quilicura. En medio de ese bronce, donde figuraba el rostro del dictador, se podía leer la frase: “Augusto Pinochet Ugarte, Patriota Soldado y Estadista Visionario”. La situación generó un escándalo tal que la estadounidense Walmart decidió removerla, porque la había puesto el empresario en 1999 y nunca la había quitado.

El mismo Kaiser se expresó como defensor del dictador chileno. Hace un tiempo dijo que “la defensa a la Constitución de Pinochet es la máxima prioridad de todo líder político, intelectual y empresarial chileno que aspira, por su propio bien, el de sus hijos y el de sus compatriotas, a proyectar hacia el futuro el éxito de las pasadas décadas”. Axel Kaiser, el que infiltró el Ministerio de Hacienda argentino con ideas libertarias, tiene un hermano igual o más ultra, que se dedica a la política en Chile. Johannes Kaiser fue, en 2025, candidato presidencial por el Partido Nacional Libertario.

El acto de presentación de su candidatura tuvo varias curiosidades. Una de ellas, que el himno chileno se cantó con la tercera estrofa, que fue quitada por la Concertación en el regreso a la democracia por referirse al ejército y los “valientes soldados”. Las apelaciones del hermano de Kaiser a los dictadores no se quedan sólo en Pinochet. Un último dato de color que pinta a los Kaiser: en el programa televisivo Contracara, contó la anécdota de que en el colegio alemán, cuando era chico, Johannes regalaba calcomanías nazis. “Mi papá me decía vos estás loco”, se sinceró. Y concluyó: “Yo le decía que en las películas los alemanes eran nazis, yo soy alemán, tendría que ser nazi”.

Kaiser escribió muchos libros sobre lo que entiende como las maldades de la izquierda. Uno de ellos se llama Parásitos mentales: siete ideas progresistas que infectan nuestro pensamiento. En 2025, el chileno mantuvo varias reuniones en el Ministerio de Hacienda argentino para presentar ese libro y bajar línea ideológica.

Los ceos que convivieron en la era Macri no terminan de entender cómo funcionarios como Luis Caputo, Pablo Quirno o Federico Sturzenegger se adaptaron a un esquema de poder con un discurso más agresivo y confrontativo.

La batalla cultural de Milei no sólo logró instalar conceptos en la sociedad, sino también transformar a cuadros políticos conservadores clásicos en militantes más radicalizados de las ideas de la libertad.

La consagración

Hubo muchas cenas y almuerzos de recaudación de Faro en el Yacht Club, pero al inicio el clima era otro. En los primeros encuentros, los empresarios invitados se escondían, evitaban los flashes y medían su cercanía con Milei. Temían quedar demasiado expuestos a un estilo político y a un think tank ideológico que todavía generaban desconfianza.

Ese clima cambió en 2025, cuando Milei consolidó su poder parlamentario tras un triunfo contundente en las legislativas. El punto de inflexión fue el 15 de diciembre de ese año, en la llamada cena de los 15 millones de dólares: ese fue el monto que se recaudó para el partido y la causa de la batalla cultural. “¿Por qué, durante décadas, hemos impulsado una ideología política que suponía que el Estado debía estar por encima de las empresas?”, abrió Agustín Laje ante más de 500 invitados, en su mayoría empresarios. Lo aplaudieron sin reservas. Ya nadie se escondía.

El establishment había dejado atrás la incomodidad inicial. Empezaba a percibir un ciclo largo de Milei, favorecido por la debilidad de la oposición, en especial del peronismo, con Cristina Kirchner fuera de juego. Aquella noche selló el cierre de filas entre el poder económico y el Gobierno: pocas veces se había visto una convocatoria tan masiva y tan explícita. Lo que antes eran ceos esquivando cámaras se transformó en militancia abierta.

El aporte también cambió de escala. Se pagaron hasta 250 mil dólares por mesa —40 mil por cubierto— y, aunque hubo regateo, la mayoría aceptó las condiciones. La recaudación en dólares, una obsesión constante del entorno de Milei, volvió a quedar en evidencia.

La escena tuvo su propia liturgia. Los invitados comenzaron en el deck del Yacht, en una tarde distendida, pero la cena no empezó hasta después del discurso de Milei, que habló durante una hora y media. Los Neuss oficiaron de anfitriones, mientras que Francisco Caputo organizó las mesas, mezclando empresarios y funcionarios. La logística estuvo a cargo de Mariana Galante, con el objetivo explícito de reforzar la pertenencia de los ceos al proyecto libertario.

Entre los funcionarios se dejaron ver Luis Petri, Martín Menem, Sandra Pettovello y Manuel Adorni. Milei, fiel a su estilo, convirtió la intervención en un show: habló de sostener la batalla cultural contra el “oscurantismo de izquierda” y llevó el clima a un punto de euforia cuando afirmó que “se terminó la masacre populista”.

En el salón, colmado, la lista de asistentes reflejaba el nuevo alineamiento. Estaban los Eurnekian, Horacio Marín, Alejandro Simón, Martín Cabrales y Manuel Santos Uribelarrea, entre otros. También empresarios ligados a nuevas operaciones energéticas, como los socios de Inverlat, y figuras tradicionales como Mauricio Filiberti. Se sumaron nombres del mundo financiero, industrial y comercial: Juan Nápoli, Martín Rappallini, Luis Galli, Rubén Cherñajovsky y Francisco De Narváez.

La escena tuvo incluso proyección regional. Axel Kaiser celebraba el triunfo de José Antonio Kast en Chile y se movía como una figura central entre los empresarios argentinos. Uno de los más curiosos era el ex presidente de River Rodolfo Donofrio, quien asistió acompañado por su pareja, Zulemita Menem, un apellido simbólico y anhelado para muchos de los presentes. La sensación compartida era la de un momento histórico: proyectos políticos alineados a ambos lados de la cordillera.

Aquella noche terminó de cristalizar un proceso que llevaba meses. El poder económico ya no observaba: participaba. Y lo hacía a cara descubierta.