La unidad de la CGT reacomoda el mapa sindical: tres sectores acordaron la conducción, una cuarta línea rechazó cargos pero se queda en la central y otros dos grupos se fueron. Con tantas o más internas que el PJ-FPV, las posiciones frente al gobierno de Cambiemos irán configurando nuevos escenarios. El debate, ahora, pasa por la representatividad. La nueva CGT será la más plural desde el conflicto gobierno-campo en 2008, aunque -como planteó un dirigente sindical de origen radical- un tercio de los trabajadores no estén regularizados, muchos más no participen de la vida sindical y otros estén agrupados en los movimientos sociales.



Foto de portada: Matias Adhemar

Fotos de interior: SUTPA

 

El sindicalismo de la Confederación General del Trabajo (CGT) tiene su ritmo, dinámica, identidad, estrategias e intereses propios. Esta tesis quedó demostrada el 22 de agosto de 2016, en el micro-estadio de Obras Sanitarias de la Ciudad de Buenos Aires, cuando dos asambleas sindicales confirmaron que las tres CGT dieron un paso clave en el proceso de reunificación, de forma autónoma a los restantes factores de poder social. La foto de ayer es la culminación de las negociaciones iniciadas en 2015, antes de la votación a las PASO, cuando la primera línea del sindicalismo cegetista se propuso salir de la situación de fragilidad extrema que emanaba de su fragmentación. La unidad no es total: quedaron tres grupos de gremios afuera: uno cercano a las políticas del gobierno, otro a la izquierda de los que sellaron la unidad y un tercero con posiciones heterogéneas que se fue alejando del kirchnerismo.

 

El triunvirato conductor forma parte de una generación posterior a los que se retiran. Juan Carlos Schimd, Héctor Daer y Carlos Acuña andan por los sesenta y pocos años y son hijos del proceso de internas que vivió la CGT a partir de 1983. El trío comparte la máxima peronista: “si no hay solución política no hay solución gremial”. Dos de ellos, Daer y Acuña, llegaron a la Cámara de Diputados en las listas del Frente Renovador. Schmid se fue alejando del kirchnerismo en 2012 y formó parte del partido creado por Moyano en 2013, un intento fallido del líder camionero por aglutinar a sectores sindicales y tener más incidencia en las legislaturas nacionales y provinciales.

 

El Congreso de unificación es un fotograma más del proceso de diáspora y reestructuración que atraviesa al peronismo. En ocho meses de gobierno de Cambiemos, se han multiplicado las reuniones, congresos, mitines y marchas convocadas o lideradas por los distintos sectores del peronismo y el sindicalismo. El Congreso de Obras Sanitarias concluye una etapa e inaugura otras. “Les vamos a abrir la CGT a todos. Es importante tener una sola voz. Lo ideal es totalmente secundario cuando lo importante es la unidad”, dijo Daer. Sus palabras parecen destinadas a los sectores enrolados en la Corriente Sindical Federal, que lidera el bancario Sergio Palazzo, y el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que no participó de la reunificación. Con las “67 organizaciones” que conduce Venegas la situación es distinta: el gremialista rural impugnó el Congreso ante el Ministerio de Trabajo y hoy está más cerca de armar una CGT paralela.

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La jornada del 22 de agosto se dividió en dos. Primero, el Congreso Extraordinario votó cambiar los artículos del estatuto de la central para permitir que la conducción pueda ser ejercida por un triunvirato, como ya ocurrió con la CGT en 2004. La diferencia es que, esta vez, el triunvirato tendrá mandato por cuatro años. A continuación, sesionó un Congreso Ordinario que eligió, con 1528 sobre 1540 votos de los congresales presentes, a la Lista 1, encabezada por un cuerpo colegiado: Schmid (Dragado y Balizamiento), Daer (Sanidad) y Acuña (Estaciones de Servicios). De los 213 sindicatos confederados, 124 participaron de la asamblea, asegurando porcentaje aproximado de un 72% de los delegados totales.

 

Será la CGT más representativa desde el conflicto de la 125 en 2008, aunque un tercio de los trabajadores no están regularizados y muchos más no participen de la vida sindical. En términos globales, las tres CGT, los trabajadores de casi todas las actividades económicas y los simpatizantes de las vertientes del justicialismo y sus satélites, estarán representados en las 25 secretarías nacionales y 10 vocalías, que se reordenarán si se incorporan los sectores hoy ausentes.

 

Por la CGT Azopardo, el camionero y presidente del Club Independiente, Hugo Moyano, se despidió de la conducción que ejerció desde el 2004, y volverá a su gremio de pertenencia. El petrolero y Senador Nacional, Guillermo Pereyra será el nuevo Secretario de Asuntos Legislativos, dado que es el dirigente con mayor cargo de representación parlamentaria y desarrollo territorial en la cuenca neuquina.

Por su parte, Pablo y Facundo Moyano (Camioneros y Peajes), ocuparán, respectivamente, Gremial y Cultura, e intentarán producir poder y legitimidad propia y capitalizar el carisma familiar heredado del apellido más conocido de la CGT. Abel Frutos (Panaderos), de máxima confianza de Hugo Moyano, manejará las Finanzas y se asegurará que todos los gremios aporten para mantener la estructura. Por la CGT Alsina participarán el estatal Andrés Rodríguez (Adjunto), el metalúrgico “Barba” Gutiérrez (Interior), el constructor Gerardo Martínez (Relaciones Internacionales) y Víctor Santa María (Estadísticas), que tiene el sistema de procesamiento de datos recientemente construido en la UMET con ayuda de Lula. La CGT Azul y Blanca aportará al gastronómico Argentino Geneiro (Capacitación) y Oscar Rojas (Seguridad Social, maestranza), entre otros. Los vocales son mayoritariamente industriales (Textiles, Ceramistas, Calzado, Supervisores Metalmecánicos, entre otros).

 

DISIDENTES POR ADENTRO

 

El peronista Eduardo Berrozpe, Secretario de Prensa e histórico dirigente de Bancarios, hacía señas al escenario donde estaban Moyano, Caló y Barrionuevo. Pedía a gritos la palabra. No para él, sino para su Secretario General, el radical Sergio Palazzo. La figura en ascenso del líder bancario es otra muestra del complejo mapa sindical: el radical recordó al 22 de agosto como una fecha cara al corazón de los peronistas, destacó el poder de movilización de Camioneros, UOM y UOCRA, marcó sus diferencias con el reparto de secretarías, renunció a los cargos que le habían ofrecido a su sector (el más importante era la Secretaría de Finanzas), pidió un paro y se retiró junto a representantes de otros treinta gremios de la Corriente Sindical Federal.

 

Pero el dato más llamativo de su intervención tuvo que ver con la mención a la representatividad de la CGT unificada. Más allá de los gremios que participaron del Congreso, Palazzo contabilizó más de dos millones de monotributistas, un millón y medio de monotributistas sociales, dos millones de desocupados y un tercio de trabajadores en negro. “La mitad de los trabajadores no fue representada en el Congreso”, dijo. Y de inmediato afirmó que esos trabajadores son representados hoy por los movimientos sociales.

 

Este año, sindicalistas cegetistas y dirigentes de los movimientos sociales confluyeron en la calle el 29 de abril. Un grupo más reducido de gremios, entre los que estuvieron los bancarios y otras organizaciones de la CSF, participó de la marcha del 7 de agosto, desde San Cayetano a Plaza de Mayo. El diálogo entre sindicatos y organizaciones sociales como el Movimiento Evita y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) fue confirmada por dirigentes de cuatro gremios que participaron del Congreso unificador y no integran el sector de Palazzo.

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No sería la primera vez que se busquen acuerdos tácticos, tanto en la calle como en los armados políticos. En 2009, por iniciativa de Néstor Kirchner, Hugo Moyano recibió a Luis D’Elía en la CGT. El dirigente social llegó al edificio de la Azopardo acompañado de otros referentes de lo que entonces se llamaba la Central de Movimientos Populares. Al lado de Moyano estaban Julio Piumato, Omar Plaini y Schmid. Aquella vez, D’Elía le pidió perdón al camionero por un episodio de 2001: Moyano había sido silbado en una asamblea piquetera a la que había sido invitado por el propio D’Elía. Al terminar alquel encuentro, Schmid dijo: “Con los movimientos sociales vamos a reforzar la voluntad popular”.

 

DISIDENTES POR AFUERA

 

El objetivo de la unidad de la CGT se cumplió, pero con un número de gremios menor a los esperados por la dirigencia. “El objetivo ahora es sumar a los compañeros del MASA. No están tan lejos, tenemos las mismas preocupaciones. Hay que esperar que cierren un poco las heridas nomás”, dijo un dirigente de uno de los sindicatos que integra el triunvirato conductor.

 

El Movimiento Acción Sindical Argentino (MASA) se creó en junio de 2012 para apoyar el programa de gobierno del FPV-PJ y estaba integrado por la UOM, SMATA, FOETRA, Luz y Fuerza, La Fraternidad, Personal Legislativo, Taxistas, entre otros. Su programa es industrialista, proteccionista y de orientación peronista. A fines de julio, el taxista Omar Viviani había anticipado que no participaría del Congreso unificador. Se lo dijo al Momo Venegas, cuando se cruzaron en un desayuno en la sede de la Asociación del Personal Legislativo. Tanto los unificadores como Venegas tironearon del MASA para sumarlos a sus respectivos bandos.

 

El MASA no participó de la reunificación de la CGT y perdió a la UOM y La Fraternidad de sus filas, aunque sumó a la reconstruida Unión Ferroviaria. Hoy, agosto 2016, su vínculo político más importante es con el sector justicialista de Diego Bossio y ese es su lugar en la interna partidaria.

 

Hasta acá tenemos: tres corrientes sindicales que se “unificaron” en un triunvirato, el sector liderado por el radical bancario Palazzo y el MASA. El poliedro cegetista se completa con las 67 organizaciones nucleadas en torno al Secretario General de UATRE, Gerónimo Venegas.

 

Para Venegas, la campaña electoral de 2003 es la prehistoria. Fue de los pocos sindicatos que jugaron para la fórmula Kirchner-Scioli. Mantuvo una relación cordial con Néstor hasta 2005, cuando en la provincia de Buenos Aires Cristina Fernández enfrentó a Chiche Duhalde. El conflicto con el campo, las 24 horas que pasó encarcelado por orden del exjuez Oyarbide y la creación del RENATEA en reemplazo del RENATRE dinamitaron los últimos acuerdos que los gremios suelen tener con los gobiernos, como los convenios con los ministerios de Trabajo y Salud. Con todas las fichas puestas en la derrota del Frente para la Victoria, Venegas inauguró un monumento de Perón junto a Macri y Moyano. Un mes y medio después, festejaba en el bunker de Cambiemos, abrazado a Rogelio Frigerio, Marcos Peña y Federico Pinedo.

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“Tenemos que elegir un nombre. Si me preguntan, no voy a decir ‘de la CGT del Momo’”, dijo uno de los dirigentes que, a la misma hora que sesionaba el Congreso unificador, compartía un almuerzo con Venegas y otros sindicalistas. Por cantidad de congresales, por afiliados (entre 350 y 400 mil), poderío económico y vínculos políticos de su líder con el gobierno, UATRE es el gremio más fuerte de este sector díscolo. Venegas siempre fue reacio a las cegetés paralelas, por eso busca primero impugnar el Congreso unificador ante el Ministerio de Trabajo y restar legitimidad al triunvirato.

 

INTERPRETACIONES

 

Las interpretaciones políticas y mediáticas posteriores a la unificación abrieron un conjunto de preguntas: si dos de los tres secretarios generales pertenecen al Frente Renovador (Daer y Acuña), ¿la CGT se enrolará bajo el liderazgo de Sergio Massa? Si el gastronómico Luis Barrionuevo criticó con dureza al finalizado gobierno del FPV, ¿la nueva conducción será tolerante con Cambiemos? Si el metalúrgico Antonio Caló expresó el malestar ante la apertura de las fronteras a los productos importados, ¿la CGT se opondrá de forma radical a las políticas de reconversión económica del presidente Macri? Si el bancario Sergio Palazzo pidió un paro de 24 horas para no regalarle la “agenda” al oficialismo, ¿logrará la flamante conducción hacer equilibrio entre los colectivos de trabajadores sindicalizados que quieren oponerse, con aquellos que quieren negociar o acompañar al presidente? Si Daer mencionó que solicitarán una audiencia con el Papa Francisco, por compartir la visión contraria a las injusticias sociales, ¿será el prelado de Roma la figura que contribuya a ordenar una interna peronista que parece encaminarse al laberinto sin salida de otra posible derrota? En la vida social, no todo es solamente lo que se interpreta.

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El nuevo mapa de las relaciones sindicales quedó evidenciado a medida que se acercaban las horas previas el Congreso de Obras Sanitarias. La complejidad de su entramado excede el análisis simple de la incidencia de factores económicos, políticos, religiosos, de género o ideológicos.

 

Si parecen siempre tan distanciados, ¿qué une a todos los sectores de las CGT, dentro y fuera de la nueva conducción? Dos leyes de 1988. Por un lado, la ley 23.551 que garantiza el modelo de libertad sindical y reconoce con plenitud legal a la asociación con mayor cantidad de afiliados y, por otro, la ley 23.660, que permite el esquema de bienestar sindical, centrado en las Obras Sociales gremiales. Ambas leyes marcaron la transición a la legalidad democrática, tras la destrucción legislativa de la dictadura cívico-militar.

 

En los últimos años, la ley 23.551 fue modificada con tres fallos de la Corte Suprema de Justicia, que equipararon a todos los delegados de base electos, y los dotó de la exclusividad para recurrir al derecho legal a huelga. En la práctica, la Corte reconoció la existencia de representantes sindicales múltiples en los lugares de trabajo y les habilitó la “competencia” por la adhesión de los trabajadores, situación que se evidenciaba en la realidad y que en muchos casos tiende a la atomización interna. La única central habilitada por la ley es la CGT, por tener mayor cantidad de afiliados. Sin embargo, la negociación laboral se realiza en el segundo nivel, de las asociaciones profesionales nacionales, donde los gremios de la CTA participan de los acuerdos.

 

ESCENARIOS

 

La reunificación de la CGT permite esbozar algunos escenarios posibles. Si el gobierno de Cambiemos mantiene, como hasta ahora, las negociaciones paritarias, la plena vigencia de los convenios colectivos, el reintegro de los fondos que los trabajadores aportan para las obras sociales de sus gremios, ejecuta el prometido “plan nacional de obra pública”, modifica las escalas del impuesto a las ganancias del salario y repite los encuentros entre los sindicalistas y el jefe del Estado en la Casa Rosada, la conflictividad puede ser moderada o administrable en términos electorales y de poder y legitimidad presidencial. Es decir, si el “ala” que busca una “solución política” logra imponer su tesis en el gabinete, es esperable que la CGT no sea el principal factor de desequilibrio, aunque no acompañe a la administración y realice acciones puntuales en determinadas actividades económicas y en lugares geográficos específicos.

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Por otro lado, la beligerancia sindical se acelerará si el anunciado “reordenamiento y sinceramiento de la economía” se produce con mayor velocidad, si el gobierno sigue diciendo que “los trabajadores ponen palos en la rueda” y flexibiliza aún más las relaciones laborales, los tratados de libre comercio ya subscriptos con países latinoamericanos se amplían a los EEUU, Europa y la Alianza Pacífico, los salarios no se actualizan al nivel de inflación, se amplía la presión impositiva y tarifaria a los trabajadores, y el gobierno le resta jerarquía al vínculo con la CGT y la remite al Ministerio de Trabajo. Si la estrategia de CAMBIEMOS se concentra en “reconvertir a los sectores productivos poco competitivos”, es decir, los que no sean agroindustrias, es esperable que el sindicalismo industrial, históricamente corazón cegetista, se realinee y presione con otros factores de poder para modificar el rumbo de la economía y de la política. En especial con aquellos sectores que adhieren a la modernidad católica antiliberal, que está en estado de ebullición en toda América Latina ante las posibilidades de reformas sociales neoliberales, y a los industriales que no quieren abrir más al mercado latinoamericano. En los primeros años de la década del ochenta, esta misma alianza se intentó exitosamente contra la dictadura militar, pero perdió las elecciones con el Raúl Alfonsín.

 

Un tercer escenario factible está asociado a la interna de los distintos liderazgos peronistas y del FPV en disputa. Ante las derrotas electorales en 1983 y 1999, las acequias que bordean a las redes partidarias se llenaron de agua de deshielo y presionaron por la búsqueda de dirigentes con mayor adaptación al contexto social y electoral. Así desplazaron, a mediados de los ochenta, a la conducción sindical industrial por una ligada a los servicios, y a las agrupaciones sindicales por referentes territoriales. En el balance de la derrota del 2015, los gremialistas confirmaban en “off” que el mundo que había permitido al país duplicar su PBI en pocos años estaba llegando a su fin, y que se necesitaban nuevas alianzas internacionales y nacionales para subsistir en un clima hostil. Entre otras razones, por eso renovaron generacionalmente a su conducción nacional, organizada ahora en torno a dos gremialistas de servicios y uno de transporte. Saber si Sergio Massa, algún joven gobernador o CFK logrará seducir a los trabajadores para que presionen a sus delegados y secretarios y obtener apoyos, es muy difícil de prever, pero se dilucidará en los próximos meses. Tal vez sea la reunificada CGT la que termine condicionando al nuevo liderazgo peronista, dado que ese ha sido su interés desde unas pocas horas después del 17 de octubre de 1945.


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