Ensayo

Digitalízame!


Postales random para un paisaje audiovisual electrónico

El espacio/tiempo que propone el Artlab Stage en arteba abre ventanas para pensar qué hace el arte digital en una feria referente de artes plásticas hegemónicas. Fernando Molina divaga a partir de datos, imaginarios y épocas. Escribe sobre cómo es crear con una máquina, de quién es la autoría, cuándo termina la obra. Piensa en internet como jam session, acto sinfónico, rebelión; en la creación como combo entre lo humano, lo artificial y lo masivo; en lo performático como resguardo de la singularidad; en lo canónico como tránsito hacia colaboraciones inesperadas; en la contradicción como recurso creativo. 

La paradoja del “dígito”

Siempre disfruté de algunas contradicciones y juegos semánticos literales. En la palabra “digital” encuentro uno de mis preferidos: su origen remite al término “digitalis” como algo concerniente, relativo y perteneciente a los dedos y a las extremidades de nuestro cuerpo, evolucionadas para crear señales y convertirlas en cifras y códigos numéricos.

Esta palabra viajó en el tiempo y volvió con un giro inesperado y en pulsos binarios. Paradoja mediante, aquel concepto ancestral es ahora la esencia de nuestro presente y futuro.

Cada vez que tocamos una pantalla estamos conectando pasado y presente en una experiencia real. Estamos haciendo, casi, una performance de lo cotidiano.

La creación… ¡siempre la creación!

En ese conectar pasado/presente mediante el “click” o el “touch” sobre una pantalla, en el laberinto de la creación generativa con medios tecnológicos el anhelo del humano se despliega como un mapa de sueños aleatorios.

En el mundo digital, la voluntad creativa se refleja en la programación, en la codificación de deseos en forma de algoritmos. La máquina toma estas instrucciones y las traduce en imágenes, música y narrativas que como artistas solo pudimos imaginar en su punto de partida. El resultado puede devenir en infinitas iteraciones, quizá más de las que podríamos contemplar en el lapso de vida que nos resta. 

Lo que antes era el anhelo de dar vida a visiones intangibles (pensemos en un cuadro de Magritte), hoy puede ser la trascendencia de la obra digital por sobre su autor, cual catedral gótica (pensemos en la obra de Rafik Anadiol interviniendo el archivo del MoMA).

El arte se convierte en espejo fractal. Cada obra refleja un cosmos de posibilidades y revela la paradoja de la autoría. El artista se convierte en demiurgo, da vida a sistemas que crean en un acto de colaboración con las máquinas.

La creación generativa plantea la pregunta: ¿quién es el verdadero artista, el programador o la máquina? Los resultados pueden ser asombrosos e impredecibles, nos llevan a nuevas formas de expresión y de sintaxis artística. 

El proceso es como una Jam Session entre lo analógico y lo digital. Viene a aportar el elemento impensable y, a veces, el “horror vacui” que ni siquiera nos atrevemos a mirar.

Ciudadanos del mundo (no estamos solos)

Ahora imaginemos que esa Jam Session también puede suceder en una escala tan maximalista como lo es la “red de redes”:  el vasto continuum de la Internet transformando la experiencia de la creación digital en un acto sinfónico.

La interconexión digital ha generado un caleidoscopio “democrático” (donde cada uno cree que está en control mientras el caos genera su propio pathos) de producción y difusión artística. Permite que individuos de diversas culturas y contextos participemos activamente en la configuración del panorama creativo mundial. Hace que una multiplicidad de voces creativas florezcan sin restricciones geográficas.

En el laberinto interconectado del arte digital, el Net Art colectivo emerge como una rebelión contra el dogma de la autoría individual. Si bien la semilla inicial de Olia Lialina -artista, teórica, curadora de cine y vídeo experimental- fue fundacional para considerar a la Red y a los Videojuegos como soportes válidos para el arte, colectivos como “Cobra Collective" desdibujan las líneas entre creador y colaborador, destrozan la noción convencional de autor. Siguiendo la estela subversiva, “RTMark” -ciberguerrilleros anticonsumo- desafía las convenciones y crean obras efímeras bajo identidades cambiantes. Y los iconoclastas de “0100101110101101.org" desafían la monotonía del genio solitario, revelan que la sinfonía del Net Art colectivo puede romper las cadenas de la autoría tradicional.

La creación ya no es un acto solitario sino un combo entre lo humano, lo artificial y lo colectivo/masivo donde las fronteras se desdibujan y las identidades se entrelazan.

Caligrafías digitales y voces locales

Como en el resto de las artes “tradicionales”, el carácter subjetivo de los realizadores -más allá de compartir su obra en la web, en festivales o en sus propias redes- está imbuido de diversas improntas que generan un discurso único y particular tanto en la obra como en su performance.

El espacio/tiempo del Artlab Stage en arteba es testigo del fenómeno a nivel local. Me atrevo a hacer una división en lo sensorial, y empezar por algunos performers de obras visuales. Entre el minimalismo geométrico y lo fluído a niveles orgánicos, Anormal convive con la precisa gráfica de Dana Cozzi, diseñadora multimedia y VJ. A esto se le suma la presencia de Vanessa Massa, arquitecta y artista plástica; su oficio se refleja en la policromía y multiplicidad formal presente en su performance. Compartiendo espacio con la delicadeza etérea de Prifma, cuyas visuales tamizadas y escaneadas a través de cristales sintéticos son procesadas en vivo por el dúo de artistas Mecha (MIO) Invernizzi y Laura Fuchs. También está Awe, artista multimedia: su obra visual se entrelaza con lo orgánico, lo biométrico y lo natural a un nivel que se asimila a observar multicoloridas células con un microscopio. En el trabajo de Amarhac, que se expone en galería, vemos una orfebrería delicada articulada de piezas y objetos en una paleta cromática reducida a cada obra. El complemento Auditivo y Sonoro de esta experiencia fenomenológica electrónica esta a cargo de una pluralidad de artistas tales como Ernesto Romeo, músico, docente e investigador, sinónimo de síntesis sonora, multiplicidad tímbrica y expresiva que va de lo análogo a lo digital en caminos de ida y vuelta. Están Vic Bang, creadora expansiva en lo digital y dueña de un sonido y performance propios; Tweety Gonzalez, músico y productor pionero del Midi y del Sampler, tecladista estable de Soda Stereo en la mayoría de sus discos y autor de miles de colaboraciones; Javier Medialdea, cuya profundidad sonora explora límites en el campo de las señales bioeléctricas. La performance DJ, a cargo de Gonzalo Solimano (creador del espacio y plataforma Artlab), Lulú Matheou, Valence, Matt Cianfo y Uji es como un viaje progresivo por una diversidad de instancias sonoras -desde un tecno minimalista de frecuencias exactas y sublows, más una pluralidad de cadencias rítmicas, vinilos y voces, ambient y drones-, y una increíble fusión de músicas nativas en planos figurativos y abstractos.

Un común denominador de estas disciplinas audio/visuales: más allá de la composición de obra existe un factor de dispositivo performático o de autoría de ejecución electrónica o análoga que hace de cada artista una singularidad.

Nuevas extremidades y espacios de tránsito

Intento pensar que la creación electrónica se despliega al estilo de una obra coral donde los distintos dispositivos y espacios entran en escena para tejer una sinfonía caótica de interconexiones. 

Igual que los personajes de una ópera, estas instancias crean sus propias voces y agendas, colisionan y entretejen un telar electrónico.

Artistas e instituciones, festivales y entidades: en esta danza de colaboración los límites entre los actores se desdibujan y se aflojan mutuamente. Como en el caso, también, del Festival Pleamar, creado hace cuatro años por Luciana Aldegani, fotógrafa y artista audiovisual. El evento, que todos los años se manifestaba de forma virtual en redes y cerraba ciclos de forma presencial en el Museo del Mar (Mar del Plata), esta vez es cobijado por Artlab. Incluirá el festejo de su primer lanzamiento, Híbrido, con una selección de artistas audiovisuales cuyas obras serán proyectadas en la galería y durante una tripe jam session en el auditorio.

A veces de forma independiente, otras como producto de una voluntad contestataria, otras por el mero anhelo artístico de generar belleza o reflexión (y porqué no ambas). 

Es nuevo también estar involucrados en muestras ya consagradas como arteba, con décadas de tránsito en las artes plásticas. Pero entrelazar con el tejido establecido y generar diálogos entre lo tradicional y lo nuevo lleva a una colaboración inesperada y abre puertas para explorar límites y para cuestionar los cánones desde una perspectiva íntima. Para aceptar la contradicción como un recurso creativo, transformando el espacio canónico en un terreno fértil para la innovación y la disrupción.