Ensayo

Los Mundiales del Diez


Una bandera que diga Leo Messi

Desde la caravana que lo despidió en el barrio La Bajada, en Rosario, antes de irse a Barcelona, hasta el adiós después de este epílogo mundialista que no terminó como esperábamos, pero que dejó imágenes imborrables. Seis copas del mundo, 34 partidos, 21 goles, incontables gambetas y un título, el más preciado. Lucas Jiménez, del medio “Lastima a nadie, maestro”, hace un repaso por los mundiales que jugó Lionel Messi con la Selección a través de la discografía de La Renga como banda sonora de ese viaje.

El 17 de septiembre del 2000 la camioneta que transportaba el futuro de los Messi salió por Lavalleja para el lado de 1 de Mayo. El descampado del ex batallón 21 miraba la chata de una familia cargada de valijas. Al doblar hacia la avenida Uriburu ya las cuatro ruedas de los Messi no iban solas. Se armó una caravana de autos detrás en el barrio La Bajada.

“Fue una despedida impresionante, de película, para grabarlo”, contó Leo en una entrevista con el Patón Guzmán en el programa Miro de Atrás. “Mis hermanos eran más grandes y nos conocíamos con todo el barrio, que era chico y la gente iba a despedir a la familia. Mis viejos crecieron ahí, yo tenía a mis abuelos. Es raro irse del barrio.

Los años mundialistas de Leo, con excepción de 2018, coinciden con la publicación de un nuevo disco de La Renga. Un mes antes de la marcha hacia Barcelona, en agosto del 2000, la banda acababa de sacar La esquina del infinito que empieza con el tema “La vida, las mismas calles”, donde Chizzo arranca cantando “hoy me devuelvo al infinito, porque ya no me pertenezco, hoy me devuelvo de donde vengo, para poder continuar”. Cuando abandonó el barrio lo hizo acompañado por “En el Baldío”.

El baldío de los misterios

Que no era argentino, que no tenía barrio. Todo eso y más nos dijeron. Muñecos de traje, maquillados y televisados que solo hablan. No caminan, no cruzan la avenida. Nunca llegaron a la cortada del barrio La Bajada. Las calles que vieron nacer y partir a Messi están rodeadas de campitos y potreros donde el fútbol es un juego gratuito y abierto. La única luz es el sol y el único silbato es el silbido de las madres cuando llega la hora de la comida.

El Leo de Rosario era “un enanito que nos gambeteaba a todos”, me dice un pibe categoría 88 que lo enfrentó cuando jugaba en Grandoli. Se volvieron a encontrar en la despedida de Maxi Rodríguez. Estuvo toda la semana escuchando que lo iban a meter en helicóptero al Coloso. Pero no, entró caminando con los botines en la mano.

“De otro galaxia y de mi barrio”, reproducen los paredones en La Bajada. “Ningún pibe nace chorro”, nos recuerdan para confirmar que tanto en mi barrio como en el tuyo la realidad es la misma. El progreso económico de las clases populares se mide en el cemento de las construcciones domiciliarias. La casa natal de Messi está detenida en el tiempo post 2001. Bien revocada y con persianas nuevas, pero sin pintar. Ahí quedó para recordarnos que Messi es más nuestro que tomar mate en la plaza.

Del lado de afuera de la pieza que custodiaba sus sueños, hay un mural con su imagen sentado en el piso después de ser campeón de América por primera vez, agradeciendo al cielo en un estadio casi vacío. O, quizás, queriéndose comunicar con quienes pusimos toda nuestra energía en pos de su defensa en esta batalla que finalmente ganamos de tanto insistir.

Pisar las calles donde no es Messi sino El Leo, es casi una experiencia religiosa. "Cierro los ojos y lo veo pateando una pelota en la cortada", me dijo un amigo cuando llegamos a la esquina de la casa natal. Hice lo mismo. Apagué la vista y lo vi, juro que lo vi. Pero no gambeteando, sino llorando después de una derrota. “Las garras de un terrible ser, desplumaban a un ángel en el cielo, desde aquí lo vi caer, hacia el baldío de los misterios”.

Truenotierra

Messi llegaba al mundial 2006 ya afianzado como titular en el Barcelona. El equipo dirigido por Rijkaard ganaría la Champions pero Messi estuvo fuera de las canchas el final de la temporada, luego de sufrir una rotura en el bíceps femoral de la pierna derecha en los octavos de final contra el Chelsea. Sin embargo, para junio ya estaba con el alta para jugar el mundial, aunque llegó sin ritmo de partidos. Pekerman convocó a Messi, que usó la camiseta número 19, edad que estaba por cumplir. 

El 24 de junio del 2006, Argentina jugaba por los octavos de final contra México. Messi contra Serbia y Montenegro había metido un gol después de ser el tercer cambio entrando por Maxi Rodríguez y con el equipo ya clasificado había jugado de titular contra Holanda.

Por su cumpleaños y el de Riquelme se hizo un brindis antes del partido con México. Pero la concentración en los octavos de final era tanta que decidieron festejarlo a la noche si ganaban. Cosa que ocurrió agónicamente. Los dos jugadores nacidos el mismo día combinaron su ritmo de juego en función del equipo. Messi condujo con aceleración y encontró el pivoteo justo de Riquelme para que Leo la abra a la izquierda, donde subía sin marca Sorín. Este la cruzó para que Maxi Rodríguez haga de un zurdazo uno de los goles más gritados de la historia contemporánea de la Selección.

Después del partido llegó la hora del festejo, cumpleaños de Messi, Riquelme y del cocinero de la delegación Diego Iacovone. Hubo asado y música con el show en vivo del ex integrante de Los Nocheros, Jorge Rojas, que en un momento abrió el micrófono para que se animen a cantar los jugadores. Por ahí pasó Lionel Scaloni que el 24 de junio del 2006 jugó su único partido en mundiales. La jornada terminó con la Selección Argentina clasificada a cuartos de final, soñando con volver a ser campeones justo a 20 años del Mundial de México. 

Alemania apareció para derrumbar las alegrías. Messi vería la eliminación por penales sentado en el banco de suplentes. “El único jugador que hoy no tiene techo en Argentina es Messi”, diría Diego Maradona en TyC Sports tras la eliminación, haciendo un silencio después de la palabra “Messi”, como quien reconoce la potencia de lo que acaba de decir.

A finales de del 2006, La Renga sacó el disco Truenotierra. Un álbum doble: uno de zapadas instrumentales que sería el trueno y otro de canciones que representa a la tierra. Este arranca con Alemania, “El monstruo que crece” y “El miedo apuesta jugando oscuro. La jaula nueva con vos va a probar”. El corte de difusión fue  “Oscuro diamante”. En 2006 nos invitaba a que “busquemos vida, algún lugar. Al reparo del mundo sin brillo que hoy en el cosmos de la mente se hizo estrella opaca”. Pero también nos dejó una pregunta en forma de ilusión: "¿Quién dio a luz al primer sueño para ir tan lejos?”

Algún rayo

Tras la salida del Coco Basile, agarró el Diego como DT del seleccionado. Una declaración en un programa nocturno de TyC sobre la forma de jugar de Riquelme derivó en la renuncia de Román a la Selección. Tras su salida, la número 10 quedó para Messi. Con el peso de esa camiseta en la espalda, llegó al mundial de Sudáfrica 2010.

El 22 de junio, dos días antes de su cumpleaños, Argentina ya clasificada cerraba su participación en el grupo contra Grecia, allí recibiría, de manos de Maradona, la cinta de capitán por primera vez. Argentina le ganó a Grecia 2 a 0 y la fase de grupos terminó sin goles del Leo. Tres días antes de jugar con México los octavos de final, el 24 de junio del 2010, cumplió 23 años en la concentración argentina en la Universidad de Pretoria. Al llegar a su habitación se encontró con una camiseta con el N°23, no tenía el nombre de Javier Pastore, quien usaba ese número en la Selección, sino la firma de Diego debajo de 8 palabras: «Con todo mi cariño y admiración. Tu DT».

El 3 de Julio, el 4 a 0 de Alemania fue "una trompada de Muhammad Alí", como lo definió Maradona. En noviembre del 2010 La Renga sacó Algún rayo y lo presentó en Rosario. Messi se había ido de Sudáfrica sin goles. Los profetas del odio del periodismo empezaron a jugar su mundial. El disco empieza con “Canibalismo galáctico, degustación universal, saboreando estrellas, las fauces negras andan por aquí”. 

El primer corte de Algún Rayo fue el tema “Poder”. Faltaban cuatro años para otro mundial y ya nos decía que “laten los tambores en tu pecho y el fuego te empieza a abrazar, tu rito apenas toque el cosmos los dioses te lo van a entregar”.

Pesados vestigios

Brasil 2014 es el mundial de nuestra generación. Cada estrofa de “Muchachos representa sectores etarios distintos. El nuestro es “las finales que perdimos, cuántos años las lloré”. En Brasil éramos jóvenes como Messi. Todavía no usaba barba y llegaba a su primer mundial como 10 y capitán del seleccionado argentino. Durante la primera fase entraron todos los goles que se le negaron en Sudáfrica.

Contra Bosnia recibió el pivoteo de Higuaín, hizo chocar 2 rivales y la mandó adentro. Con Irán, empate cerrado, gol en el último minuto. Ante Nigeria, Messi comandante de una defensa que deja huecos y el medio que no contiene. Dos goles más. Octavos de final con Suiza. Vamos al alargue. El mejor momento de Messi en el partido ya había pasado. Palacio recupera una pelota en mitad de cancha y encuentra al 10 en su hábitat. De frente al arco y con opciones de pase hacia adelante. Esquiva una patada criminal. Abre para Di María que de zurda la pone abajo contra un palo. 

Llevó al equipo a las puertas del muro de los lamentos, donde siempre vagaban nuestros sueños. Ahí le cedió la posta a Mascherano. El equipo de los delanteros pasó a ser el de volantes. Un Messi utilitario recuperó pelotas y presionó la salida del rival. Tuvo una contra, quiso gambetear a Courtois, pero le adivinó la intención. Pasamos. Fue uno más en el festejo eterno. Los jugadores y la gente expulsando una descarga acumulada de 24 años sin pasar los cuartos de final. Sabella dirá en conferencia de prensa: “cruzamos el Rubicón, vamos a ver qué pasa”.

Llegaron las semis y los penales con Holanda. Experimentamos los nervios, el miedo y la ilusión que se sienten al apoyar los pies en la final del mundo. Parecía que había llegado nuestro momento. Pero otra vez Alemania. Por tercera vez consecutiva, los teutones hicieron llorar a nuestra bandera humana. Gotze metió el gol que no pudieron los delanteros argentinos. Ocho años después festejará con su hijo de dos años ver campeón al 10 argentino, a quien le pidió una foto en el vestuario.

Luego vinieron más finales perdidas, la renovación trunca, la AFA intervenida, Sampaoli y la selección despedazada por mil partes explotando en Rusia.

La pandemia nos volvió a traer las imágenes televisivas del mundial 2014 para recordarnos que alguna vez fuimos felices. Ahí entendimos que lo que nació en Brasil no fue un equipo. Sino el despertar del pueblo futbolero emocionado y embanderado. La aparición de una generación que vino a darle batalla a la nostalgia y a chapotear en el barro del presente, ese territorio en disputa donde volvemos a intentarlo cada día. La estrella fugaz nos pasó cerca del pecho y siguió de largo.

A fin de año, otro disco de La Renga: Pesados vestigios, empieza con “Corazón fugitivo” y anuncia que “cuando pase la tormenta nada nos detendrá”. Como en el post 2010, se acrecentó la crítica pero comenzó a agruparse una vigilia de resistencia. Cerramos el 2014 con Chizzo y Ricardo Soulé de Vox Dei en “Sabes que” cantando “el mundo no es mejor si no hay una razón para ser valiente. Si mirás a tu alrededor, verás que del dolor se aprende algo siempre”.

Alejado de la red

Como La Scaloneta, el disco Alejado de la red de La Renga salió a la luz en 2022, pero tuvo su génesis entre 2019 y 2020. Varios temas ya habían aparecido como adelantos premonitorios: “Llegó la hora”, “Parece un caso perdido”, “Para que yo pueda ver”, “Flecha en la clave”, “En bicicleta” y “El que me lleva”.

¿Cuántas cosas pusimos a prueba ese mes que duró la montaña rusa de emociones llamada Qatar 2022? Nada podía salir mal si lo veíamos a Messi sonreírle a la pelota como un nene en los entrenamientos. Pero de repente, antes del debut, apareció una foto de su tobillo golpeado. Contra Arabia le faltaban fuerza a sus pases, quedaban cortos por falta de potencia. Entró Acuña y se hizo cargo de los córners, el 10 no podía hacerlo.

Nos fuimos derrotados y con cero puntos de la primera fecha. Pero quedó algo; la confirmación de que en esta travesía el 10 era el líder del grupo. En ese rol de Capitán del Espacio puso la cara para generar confianza y tranquilidad. 

Vino México y nos hizo gritar hasta que los dientes se oculten detrás de la boca con ese bombazo heroico. Fue el envión que necesitábamos para saltar al cielo. La música más maravillosa. La Scaloneta con huevos vaya al frente que te lo pide toda la gente. Una bandera que diga Leo Messi, un par de rocanroles. Somos los mismos de siempre. Uno de los adelantos del disco de La Renga del 2022 describió ese día: “Y el mundo está enloquecido, no ves, parece un caso perdido, ya sé. Y cada vez que respiro, me ves, le estoy diciendo que sigo, de pie, otra vez.”

Contra Polonia apareció el Lionel entrenador armando el 11 que sería póster de taller mecánico. Lioneles conducción y los pibes para la liberación. Vino Australia para recordarnos que el fútbol es un misterio, como la vida.

Llegamos a cuartos de final. Una cita con el Rubicón que nos enseñó a cruzar Alejandro Magno Sabella, a un día del segundo aniversario de su muerte. ¿Habrá pasado por la habitación del Capitán a recordarle que no venimos solo a ganar, sino a vengar a los caídos?

El rival era Países Bajos y Dibu se convirtió en héroe como Chiquito Romero en Brasil. En Argentina era 9 de diciembre, día de la Batalla de Ayacucho, el último gran enfrentamiento de las guerras de independencia hispanoamericanas contra el dominio europeo.

Y llegamos a semifinales. En tierra de sueños parte dos. Nos llevamos puesta al alma croata que llevaba a todos los rivales al alargue. Messi puso en duda la figura de Gvardiol, el defensor croata que venía siendo figura del mundial, y lo sacó a bailar. Figura y capitán, el trofeo de mejor jugador del partido lo devolvió para que se lo den a Julián Álvarez, goleador y artífice del penal del 1-0.

Firmes rumbo al sol del 18 de diciembre. Vamos al Coliseo a prendernos fuego. Y le cantábamos tangos a los mundiales porque nos dijiste que era la última copa. Yo la quise, muchachos, y la quiero. Y jamás la podré olvidar. El día anterior a la final te vimos tan tranquilo tomando mate con De Paul y Chiqui Tapia. Nos fuimos a dormir ya en la madrugada del 18 pensando: ¿y si es la última noche sin ser campeones del mundo?

Y fue la última noche. Ganamos. Sufriendo, bajando y subiendo. Siempre con vos. Lloris le puso las manos a tu bombazo de justicia al final de los 90. Metiste el 3-2 en el alargue que no gritamos porque las lágrimas tenían prioridad. Y Mbappé, macabro guionista que nos llevó a los penales. Fuiste caminando a patear el tuyo con la tranquilidad del artista que conoce el futuro.

Ganamos. Ganaste. Te dejaste caer, tus compañeros te rodearon de abrazos, como si fueran los representantes de esos y esas que vivimos tragando veneno, soñando que todo se equilibra en Qatar.

Solo hace falta un mundo para dar una vuelta

El mundial 2026 parecía ser un agregado, ese spin off que sobra en la serie perfecta. Messi nunca confirmó que lo iba a jugar hasta que apareció en la lista de convocados. Mientras los programas debatían si estaba para ser titular todos los partidos, jugó todos los minutos que el equipo lo necesitó. La Scaloneta arrancó el sueño del bicampeonato agrupada alrededor de Messi. Movemos la pelota para que haga su magia, dijo Enzo Fernández.

Pero, en el alargue con Cabo Verde, gastamos sus energías de 39 años demasiado pronto. Vinieron los partidos cada tres días con poco margen de recuperación. Contra Egipto terminó llorando y tirado para arriba por sus compañeros como en un casamiento. Scaloni no pudo hablar en el campo de juego. En la garganta las lágrimas hacían fila. De 0-2 a 3-2. Final de Octavos. Sale la caravana por la avenida. A partir de ahí, el mundial televisado pasó a ser un evento callejero.

En ese partido hubo un momento bisagra. Cuanto más cansado estaba, más salía a flote su inteligencia. Por el medio le ganaban los duelos y se fue de 7. Memorias de un wing derecho. El final es en donde partí. De ahí revivió al equipo con el centro a la cabeza del Cuti Romero que se había ido de triple 9. Bien sabemos por Messi que los buenos pases te rejuvenecen. Por 10 minutos volvió a tener 19 años. Tiró el centro que derivó en su gol y antes hizo un desborde para un “toma y hacelo” a Lautaro.

Contra Suiza y con Inglaterra volvió a hacer lo mismo. Los mejores 10 minutos de Messi no fueron al principio sino al final de los partidos. El salto en el festejo del gol agónico de Lautaro a Inglaterra después de su centro quirúrgico es una imagen que nos quedará por siempre. Es la bandera del equipo, que se mueve cuando viene el viento que todo empuja. Incluso el final del alargue contra España lo tuvo en la derecha dando pases para lograr el milagro. Se fue llorando de nuevo del estadio de New Jersey donde perdió la final de la Copa América 2016 y dijo “se terminó para mí la selección”. Jugó 10 años más.

El último trabajo discográfico de La Renga no salió en 2026 sino a finales del año pasado, se llama: Sólo hace falta un mundo para dar una vuelta. Es un registro en vivo de la gira europea de la banda y los shows en Madrid, Mallorca y Nápoles. Hacia dónde se fue la copa, recibida por un festejo frío y embolante. Adonde vive Scaloni, quien se fue a digerir el dolor de la final perdida para pensar si sigue como técnico de la Selección. Y de donde viven llegando imágenes de Maradona, en tiempos en los que actualizamos que ganarle a Inglaterra no da estrella pero nos lleva de viaje a la esquina del infinito, porque Malvinas unifica al país.

Pasarán los años y nos encontraremos recordando las historias que vivimos con Messi “En la banquina de algún lado”, como el tema difusión del disco. Porque “todos mordimos algún ripio y no hay cura más buena que este rito”.

Vivimos el Día del amigo más triste porque sabemos que se va nuestro mejor amigo. El que nos confirmó que amamos el fútbol y que cuando no lo juegue más, será un deporte que nos guste un poco menos.

En 2021, unos viejos vecinos lo vieron merodeando el monoblock de Azara y Buenos Aires. Frente al salón de cuarto grado de cuando iba a la Escuela 66 General Las Heras. Bajó a sacarse una foto con su mural en La Bajada, su barrio rosarino. Mónica, una de las maestras que tuvo en la primaria lo recordó haciendo lo que hizo con nosotros todos estos años: “Era el que corría adelante con la pelota y detrás lo seguían todos los otros chicos”.