El que busque analogías entre la filosofía jedi de Stars Wars y disciplinas espirituales encontrará algunas relaciones con el cristianismo, la cábala, el taoísmo, el hinduismo. Pero sobre todo guiños budistas: el mandala del piso del Templo Jedi, la posición de loto que elige Yoda para sentarse, sus enseñanzas, la costumbre de ser ermitaño. Silvana Moreno y una guía para recorrer la saga de George Lucas en clave espiritual.



La gente de las grandes ciudades, así, en general, vive enojada. Enojadísima. Pero sepan que eso hace mal. A lo físico, a lo psíquico y a lo energético, tanto en la dimensión individual como en la colectiva. Los que se enojan seguido -también así, en general-, lo hacen en principio porque las cosas no son como quisieran. Dicen que buscan la paz, pero no registran que así están yendo para el otro lado. Para el lado oscuro.

 

Para sentirse en paz, primero habrá que calmarse.

 

Para evitar la medicación, nada como la meditación.

 

Jesús, Buda, Lao-Tsé -y pueden agregar aquí el maestro espiritual de su devoción- no solían enojarse. Pero, ya que corre 2017, año del 40° aniversario de la saga cinematográfica de “Star Wars”, qué mejor que aprovechar las efemérides y tomar como ejemplo de paz a los maestros jedi, personajes de esa nueva mitología pop fundada por George Lucas. A fin de año, además, se estrenará en todo el planeta el episodio VIII (“Los últimos jedis”). Y, en la Argentina, ya llegó a las librerías “El camino del Jedi”, ensayo enfocado en la mitología y espiritualidad en “Star Wars”, editado por Urano para su sello Indicios, donde -junto con Federico Andrade- dedicamos el capítulo VI a trazar paralelos entre las técnicas de meditación jedis y budistas, más una guía para iniciarse en el tema.

 

Primero, lo primero: “El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva al enojo. El enojo lleva al odio. El odio lleva al sufrimiento”, le advirtió el gran maestro Yoda al pequeño Anakin Skywalker en el episodio I, “La amenaza fantasma”. Anakin era un niño poderoso, luminoso, pero… había sido esclavo toda su vida y acababa de alejarse de su madre para siempre, camino a entrenarse para caballero jedi. Subido a este tren, no pudo/ no quiso/ no supo cómo hacerle caso a Yoda, y todos sus miedos lo convirtieron en el oscuro destino de Darth Vader, el malo más malo, pero también el más atormentado y el más digno de compasión: el malvado más amado de la galaxia.

 

Pero, cuidado, no hay excusas para volverse loco. “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, decretó Buda y siguen repitiendo los budistas. Paren de sufrir.

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El que busque analogías entre la filosofía jedi presente en la saga y otras disciplinas espirituales encontrará relaciones directas con el cristianismo, la cábala, el taoísmo, el hinduismo y más. Sin embargo, en “Star Wars” abundan sobre todo los guiños budistas: el mandala del piso del Templo Jedi, la posición de loto que elige Yoda para sentarse, sus enseñanzas, la costumbre de ser ermitaño. George Lucas se reconoce budista.

 

En “Siddartha” -la novela de Herman Hesse que transcurre en la India del siglo V-, el futuro Buda hechiza a un asceta gruñón, suerte de líder espiritual que se resiste a ser abandonado por el joven discípulo. Como por arte de magia, el anciano malhumorado se transforma en un viejito bonachón que lo despide colmándolo de bendiciones. En tanto, en una galaxia muy, muy lejana, los jedis tienen el mismo poder: en una escena del episodio IV, “Una nueva esperanza”, Obi-Wan Kenobi hechiza disimuladamente a un peligroso escuadrón de asalto.

 

-Déjenme ver su identificación -pide el líder de escuadrón.

 

-No necesitan ver su identificación- responde Obi-Wan, tranquilamente y mirándolo fijo a los ojos.

 

 

-No tenemos que ver su identificación- comunica el soldado a sus compañeros.

 

Con calma y concentración, los caballeros jedis consiguen todo lo que necesitan. Pero este es un recurso, nomás.

La clave está en silenciar la mente. “Tanto en el sendero del dharma como en el camino del jedi se le da gran importancia a la sabiduría -o entendimiento- y a la compasión -o amor- como formas de liberarse del lado oscuro y alcanzar la verdad o iluminación. Pero son caminos que hay que transitar livianos, para lo que habrá que dejar mucho de lado: emociones, apegos materiales. Todo lo que vaya a traer problemas”, se lee en “El camino del Jedi”.

 

La guía básica para desapegarse se encuentra en las Cuatro nobles verdades budistas.

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En “Una nueva esperanza”, el dorado droide C-3PO cruza un desierto arenoso y rezonga: “Parece que nacimos para sufrir, es nuestro destino”. Sin querer queriendo, está anunciando la primera de las Cuatro nobles verdades: la vida es sufrimiento. Al menos, para quien no acepte la imperfección, la vacuidad, la impermanencia.  

 

Siguen las otras tres nobles verdades, tal como se enumeran en “El camino del Jedi”: “La causa del sufrimiento se encuentra en el deseo, que parte de una falsa idea del ego, de un yo separado del resto del universo. Desde los conflictos internacionales hasta las desdichas más íntimas, todos los problemas nacen ahí.

 

“La tercera noble verdad indica que el sufrimiento terminará sólo cuando desaparezca el deseo. Esa libertad total, lejos de toda atadura, ansiedad, odio y apegos varios, nos hará tomar conciencia del verdadero mundo en que habitamos y nos conducirá a experimentar el Nirvana. Lo mejor será ser feliz así, sin esperar a que todo sea como uno quiere (es probable que nunca pase).

 

“Por último, la cuarta noble verdad señala que para liberarse del sufrimiento habrá que transitar por las enseñanzas del noble óctuple sendero. Y ese camino tiene mucho que ver con lo que el gran maestro Yoda va enseñándole al joven aprendiz Luke Skywalker. También llamado sendero del medio, a través del óctuple sendero Buda anima a alejarse de los extremos (no vivir dominado por los sentidos, pero tampoco volverse un asceta) y respetar ocho pautas morales básicas.

 

-Recta visión o comprensión. Entender las cuatro nobles verdades y la naturaleza de la existencia.

 

-Recto pensamiento. Abrir el corazón, liberarse del deseo y de pensamientos e intenciones negativos.

 

-Rectas palabras. Decir la verdad, usar palabras amables, saber escuchar.

 

-Recta acción. Para derrotar el mal, las acciones deben ser buenas y generosas.

 

-Recta ocupación. Elegir un trabajo, un medio de vida útil y que no perjudique a otros: que no tenga que ver con derramamiento de sangre, venta de armas, esclavitud o trata de personas.

 

-Recto esfuerzo. Autoconocimiento y autodisciplina, pero disfrutando, sin exigirse ni de más ni de menos.

 

-Recta conciencia o atención. Evitar excesos y vicios como la pereza, la malevolencia, la duda y la preocupación.

 

-Recta concentración. Meditar, instalarse en el momento presente”.

 

Por su lado, la Orden Jedi sigue su antiquísimo Código Jedi.

 

 

“No existe la emoción; existe la paz.

 

No existe la ignorancia; existe el conocimiento.

 

No existe la pasión; existe la serenidad.

 

No existe el caos; existe la armonía.

 

No existe la muerte; existe la Fuerza.”

 

La Fuerza, sí. “La Fuerza es lo que le da al Jedi su poder. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes. Nos rodea, nos penetra y mantiene unida la galaxia”, es la explicación que da el caballero jedi Obi-Wan Kenobi.

 

Y la meditación jedi es, básicamente, conectar con la Fuerza. O llámese Dios, para los cristianos; Creador, para los cabalistas; Chi para los taoístas; Brahman para los hinduistas; campo unificado para los cientificistas…

 

Como sea, se trata de recordar que uno es parte del todo, que el todo está en uno.

 

Los jedis, tal como los budistas, entienden que tomar conciencia del momento presente es el camino hacia la plenitud, la iluminación, o bien para conectar con la Fuerza. Para eso, lo primero será silenciar la mente, desapegarse de cualquier distracción.

 

 

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“Difícil de refrenar, mudable es la mente, amiga de vagar a su antojo. Por tanto, bueno es dominarla. Una mente dominada trae felicidad”, dice Buda en el Canon Pali, libro sagrado del budismo theravada. La frase de Buda suena como si fuera de Yoda, que enseña a los iniciados a “usar la Fuerza despejando la mente”.

 

Tanto Buda como Yoda nos mandan a meditar. Sin embargo, hay variantes, incluso dentro del budismo.

 

Una forma de meditación, en movimiento, consiste en permanecer alerta a todo lo que se haga, vivir el momento presente. Parece fácil, pero la verdad es que la mayoría suele estar presente sólo físicamente, mientras sus mentes sobrevuelan el pasado o el futuro, lo que trae disconformidad. Los budistas recomiendan llevar esta concentración a todo lo que se haga, desde un trámite vía home banking hasta ver una puesta de sol en la playa.

 

Anclados en el presente, es posible ahorrarse lo que Buda llamó impurezas de la mente: la codicia, el deseo, la maldad, la cólera, la malevolencia, la hipocresía, la denigración, los celos, el engaño, la astucia, la obstinación, la impetuosidad, la presunción, la arrogancia, la suficiencia y la negligencia.

 

En la saga de “Star Wars” abundan los consejos para permanecer en el ahora: “No te centres en tus ansiedades, Obi-Wan, mantén tu concentración aquí y ahora, donde corresponde”, le advierte el maestro Qui-Gon Jinn a su aprendiz en días de “La amenaza fantasma”. Y una cosa lleva a la otra, en este caso a las palabras de Buda sobre sus seguidores: “No se arrepienten del pasado ni cavilan sobre el futuro, sino que viven en el presente. Por lo tanto, están radiantes. Al cavilar sobre el futuro y arrepintiéndose del pasado, los tontos se secan cual junco cortado”.

 

Buda también nos dejó la meditación vipassana: a partir de la observación atenta de la propia respiración, se trata de llegar a la verdad más profunda.

 

En plan más jedi, Yoda medita para encontrar respuestas. Qui-Gon Jinn, para calmar sus miedos y pensamientos oscuros. Y hasta Darth Vader cuenta con varias cámaras de meditación, acondicionadas para que pueda permanecer sin casco ni máscara. La meditación beneficia a todos los jedis en sus habilidades sensoriales como telekinesis, telepatía y detección de señales de vida, indicadores de que están realmente conectados con la Fuerza.

 

Conectar con la Fuerza es también cederle el control.

 

¿Y ustedes? ¿Quieren conectar verdaderamente con la Fuerza?

 

Si es sí, sigan leyendo.

 

“Sin tantas expectativas (¡de eso se trata el budismo!), el hecho es que, con dos meditaciones diarias de entre 5 y 10 minutos, tras un tiempo sostenido de práctica, esta actividad generará tranquilos momentos de felicidad, favorecerá el descanso, la concentración y el rendimiento en las tareas cotidianas”, se se explica en “El camino del Jedi”.

 

Para empezar, habrá que elegir dónde ubicarse (desde el piso hasta un puf rígido como el de Yoda, pero jamás en la cama, porque nos puede ganar el sueño), en un entorno tranquilo. Siempre con la espalda muy recta y en una postura cómoda como para durar varios minutos sin problemas. Con las piernas cruzadas en loto o medio loto, como Yoda; de rodillas, como Qui-Gon Jinn, o incluso sentando en una silla, como lord Vader. Que, aunque por un largo tiempo se enfrentó a sus ex compañeros jedis, conservó la práctica meditativa.

 

Sigue el libro: “Aquí, una práctica perfecta para iniciarse, tomada de la tradición consciente del budismo, partiendo de la respiración y la concentración para fijarse en el presente.

 

-En postura de loto o medio loto, con las manos descansando cómodamente en la falda, los ojos entrecerrados y con la vista dirigida hacia abajo, en dirección a la punta de la nariz, un metro por delante.

 

-Habrá que concentrarse en la respiración, inspirando y expirando siempre por la nariz, lentamente, sin intentar controlarla, pero observando todos sus movimientos.

 

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-Manteniendo la atención en el aire que entra y sale, relajados pero concentrados, no frustrarse cuando la mente empiece a divagar; con paciencia, dejar pasar los pensamientos como si fueran nubes en el cielo, sin aferrarse a ellos, y volver a enfocarse”.

 

Así, mientras el aire entra y sale, en segundo plano desfilarán sentimientos, pensamientos, recuerdos, deseos, sensaciones físicas, el entorno… Todo pasará de largo y desaparecerá, porque nada es permanente.

 

Según enseña “The Jedi Path”, un manual para los estudiantes de la Fuerza, del estadounidense Daniel Wallace, los iniciados en la Orden Jedi deben meditar cinco veces al día como mínimo, y se les recomienda aprovechar cualquier tiempo muerto, como por ejemplo los minutos entre una clase y otra. Esa conexión con la Fuerza, por más breve que sea, rejuvenecerá el cuerpo y afilará la mente.

 


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