¿Por qué Batman no mata a su enemigo por excelencia, el Guasón? Desde distintas posiciones filosóficas, Valentín Muro y Giancarlo Sandoval analizan las decisiones del murciélago, un “hombre bueno” aristotélico. Adelanto de "Filosofia y cultura popular: literatura, series, cine y música desde una mirada académica”, publicado por la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.



A pesar de la multiplicidad de formas en que se representó a Batman en los últimos setenta y cinco años -tanto en los cómics como en televisión o cine- algunas características se mantienen esenciales. Bruce Wayne, joven estadounidense heredero de una fortuna a raíz del asesinato de sus padres cuando era un niño, realiza durante el día actos de filantropía y dirige su compañía. Por las noches, lucha incansablemente contra el crimen en su ciudad en venganza por la muerte de sus padres y las víctimas de la delincuencia, arriesgando su vida para proteger a su ciudad. Su entrenamiento es incesante y ha perfeccionado su mente y cuerpo hasta prácticamente alcanzar el límite de lo que es humanamente posible. Se priva de todo lujo a excepción de su mayordomo, Alfred Pennyworth, quien lo ha cuidado desde el asesinato de sus padres y procura mantenerlo cuerdo y saludable.

 

¿Qué lleva a que Batman llegue hasta tales extremos? ¿Es lo que hace bueno, o justo, o virtuoso? ¿Por qué Batman no mata, a pesar de que ese asesinato pudiera salvar más vidas en el futuro? ¿Por qué Batman no mata a su enemigo por excelencia, Joker?

 

El presente capítulo tratará de abordar a Batman, tanto en su versión fílmica como la versión presente en los comics. Al hacerlo, analizará las distintas posiciones filosóficas bajo las que el murciélago puede ser categorizado. Mediante un diálogo con el vasto material que conforma la imagen de Batman, llegamos a la conclusión de que Batman puede ser categorizado como un “hombre bueno” aristotélico, portador de una ética emancipatoria.

 

Cuando se trata de representaciones cinematográficas, es la trilogía de Christopher Nolan la que nos provee de los ejemplos más marcados en los que Batman, o Bruce Wayne, tiene que enfrentarse a dilemas éticos que ponen a prueba su código moral y lo fortalecen.

 

Nolan en su trilogía se esfuerza por romper con ciertas convenciones acostumbradas en las películas de superhéroes. En Batman Begins (Nolan, 2005), vemos a Bruce Wayne transitar desde su infancia hasta el momento donde viste el traje de hombre murciélago y se convierte en Batman. El tono de la película es oscuro, ligeramente más alineado con el de el Batman de las novelas gráficas de los 80 como The Killing Joke o The Dark Knight Returns. Intentando seguir a las novelas, estas procuran hacer preguntas incómodas.

 

Batman, tanto en cómics como en series televisivas — con la notable excepción de la serie de los años 60 con Adam West y la reciente serie animada Batman: The Brave and the Bold — , tiende a ser un héroe torturado. En sus caracterizaciones más icónicas se refleja un conflicto personal interno que lo diferencia de superhéroes con similares dilemas de responsabilidad, como es el caso de Spiderman. Batman solo actúa. Se ciñe a un estricto código moral y siempre tiene un plan (con sus respectivos planes b, c y d de respaldo) y un objetivo. No deja nada librado al azar. Es a partir de este meticuloso cuidado detrás de sus acciones que se encuentra el conflicto.

 

Hemos de tener en cuenta que en su núcleo se encuentran características que atraviesa todas sus representaciones. Es un núcleo increíblemente conflicto y humano. Demasiado humano.

 

Por ejemplo, en Batman Begins Ras Al Ghul quiere que Bruce Wayne asesine a alguien como castigo por sus crímenes. Pero Bruce se rehúsa: esto lo pondría al mismo nivel que ellos. Optar por una opción que agrava el crimen con otro crimen sería inaceptable. ¿Quién tiene, después de todo, potestad de tomar el lugar de juez, jurado y ejecutor?

batman_02_der

Este estricto código moral al que adhiere Batman le impide quitar la vida a otra persona. A excepción de sus primerísimas apariciones, Batman aborrece las armas de fuego y se rehusa a utilizarlas. Tal es la carga simbólica que tienen — después de todo con una asesinaron a sus padres — que la representación del retiro obligado de nuestro héroe en Batman Beyond, serie animada que transcurre en el futuro, muestra a un envejecido Batman atinando a sostener una pistola como último recurso para defenderse. Paso seguido, jura nunca más volver a hacerlo y cuelga su traje.

Batman considera que matar lo pondría al mismo nivel que los criminales a quienes ha jurado combatir. Sin embargo, contemplando el bien mayor, Batman debe equilibrar su código moral personal con el número de vidas que podría salvar de tan solo matar a algunos villanos.

 

En Batman Begins, Nolan introduce un primer giro en la perspectiva moral de Batman al mostrar a un resentido joven Bruce planeando asesinar a la persona que mató a sus padres para luego verse repugnado por sus propias intenciones. Giros como este cimientan el conflicto interno del joven Bruce. En esta primera situación es ubicado frente a la figura del mal, el mafioso que mandó a matar a sus padres, en lo que Nietzsche llama una posición moral reactiva (Nietzsche, 1989).

 

Las posiciones morales de Nietzsche, en específico, se oponen a dos posturas: la de John Stuart Mill, padre del utilitarismo, y las de G.W.F. Hegel. Siguiendo la lectura de Gilles Deleuze, que opone a Nietzsche y Hegel, podemos afirmar que, mientras Hegel esboza una posición de “tesis, antítesis y síntesis”, característico de su sistemática, la posición de Nietzsche dibuja una figura de maestro-esclavo en un marco moral que halla una isomorfía en las relaciones entre lo activo y lo reactivo.

 

Una posición moral activa es la que hace; una posición moral reactiva es la queno. La posición del maestro es la que afirma y crea, la posición del esclavo es la que niega y destruye. Estas posiciones son problematizadas por Deleuze enNietzsche y la filosofía (1986) donde caracteriza al mundo como algo empujado por fuerzas que llevan a la creación de valores (Deleuze, 2000).

Bruce, en un inicio, pasa de estar en una posición notablemente reactiva — como aquel al que le han hecho algo, como el afectado por fuerzas más allá de él — a verse a sí mismo como una fuerza activa. Este tipo de pujas hacen a Batman un héroe notoriamente humano, que constantemente está en conflicto entre fuerzas, entre distintas (dis)posiciones.

 

El plan del joven Bruce es matar a Carmine Falcone, lider mafioso, pero no llega a hacerlo. Bruce queda impotente frente a la figura activa del criminal que controla a la ciudad desde sus márgenes. Portador de una posición reactiva, Bruce se ve incapaz. Esta es la posición del esclavo. La posición reactiva genera una conciencia contestataria que actúa en función de una fuerza mayor. Si la fuerza activa hace algo, la fuerza reactiva funciona en relación a esta y no bajo su propia voluntad. La reactividad nunca crea, destruye. La posición del mafioso es una posición que se enmarca dentro de la creación, la dominación y el control. Gotham es un significante que apoya esta hipótesis, en tanto constituye la razón por la que Bruce vuelve. La ciudad ha sido dominada, subyugada por una fuerza de creación y organización criminal; una que no ve oposición ni siquiera en los principales aparatos legales del lugar.

 

En nuestro siguiente hito conflictivo de la trilogía de Nolan, el momento de decisión frente a Ras Al Ghul, la escena es diseñada explícitamente como una confrontación ética donde el joven Bruce, tras haber sido entrenado por laLeague of Shadows, liderada por Ras Al Ghul, debe dar el siguiente paso y consumarse como un miembro más. Concretamente, se espera que asesine a un delincuente. Si bien el credo a partir del cual fue entrenado tiene un fin con el que él coincide (acabar con la injusticia), son los medios a los que se opone por principio. Asimismo, dependerá de nuestras nociones de ‘bien’ o ‘justicia’ la agenda que promovamos para defenderlas. El fuego no se aniquila con fuego, así que decide optar por no matar al criminal y completar el giro, con la consecuente adopción de la posición activa, con una explosión que termina con el centro de operaciones de la League of Shadows y con Ras Al Ghul puesto en el filo entre la vida y la muerte. De algún modo, esto es destruir para crear.

 

Si bien habíamos precisado que la diferencia entre lo activo y lo reactivo es que uno crea y el otro destruye, es esta “corazonada ética” la que cambia la propulsión de la fuerza reactiva por una activa. Bruce Wayne pudo haber dejado morir a Ras Al Ghul en el acto, pero no lo hizo. Su código es no matar.

 

Pero si hay un personaje al que Batman podría haberle convenido matar hace mucho tiempo, un personaje que encarna todo lo que Batman no es, es el Joker.

 

El Príncipe Payaso del Crimen es un espantoso asesino sin igual que en reiteradas ocasiones atacó (e incluso asesinó) a personas cercanas a Batman, además de incontables miles de habitantes de Gotham. Por supuesto que en cada oportunidad Batman lo atrapa y lo devuelve a Arkham Asylum, donde a través de la “puerta giratoria” rápidamente vuelve a las calles a instaurar el caos. Batman sabe que el Joker va a escapar y que inevitablemente volverá a asesinar a no ser que él logre prevenirlo, algo que no siempre sucede.

 

batman_03_col

 

Sería trivial quebrar el cuello del Joker o dejar que este muera en alguna de las múltiples situaciones fatales en las que se ha visto envuelto. Sin embargo, Batman jamás ha optado por darle un final definitivo a su peor enemigo. Es a primera vista difícil de entender por qué si contemplamos la enorme cantidad de vidas que podrían salvarse. Es en una escena de la trama de Hush que Batman está ridículamente cerca de matarlo cuando es interrumpido por el Comisionado Gordon. Batman le pregunta: “¿Cuantas más vidas vamos a dejar que arruine?” y Gordon le responde: “No me importa. No dejaré que arruine la tuya” (Batman #614, junio 2003, incluído en Hush Volume Two, 2003). Una primer reacción a la reticencia de Batman ante el asesinato podría ser que él está siendo en cierto modo egoísta, permitiendo que su ‘código moral’ entorpezca el bien mayor (evitar muertes).

 

El razonamiento detrás de la propuesta de asesinar al Joker por parte de Batman es bastante simple: si Batman matara al Joker evitaría todas las muertes que este último pudiera ocasionar en el futuro. Este razonamiento es típico del utilitarismo, un sistema ético consecuencialista que nos exige maximizar la felicidad total o bienestar resultante de las consecuencias de nuestros actos. Salvar muchas vidas al costo de una sola podría representar un aumento neto del bienestar o la utilidad.

 

Pero los superhéroes en general no son utilitaristas. A pesar de que pueden luchar por la felicidad y el bienestar, hay ciertas cosas que procurarán no hacer para obtenerlas. Tal como los policías en la vida real, los superhéroes procurarán no poner en peligro vidas inocentes para atrapar al villano, incluso cuando hacerlo podría prevenir que el villano mate más gente en el futuro. La mayoría de los superhéroes no matarán incluso cuando eso pudiera salvar otras vidas. Por supuesto que criminales como el Joker saben esto y lo aprovechan a su favor, tomando rehenes en cada oportunidad que encuentran.

 

El utilitarista se pregunta por qué esta resistencia a matar en tales instancias. Incluso, esta pregunta le fue formulada a Batman en muchas ocasiones, siendo quizás la más forma emotiva aquella que usó Jason Todd, el segundo Robin, fallecido en manos del Joker y luego revivido sin que Batman lo supiera como parte de la trama de Under the Hood:

Bruce, te perdono por no salvarme. Pero por qué…. ¿Por qué, por el amor de Dios, sigue vivo?… Dejando de lado lo que ha hecho. Ciega y estúpidamente, ignorando el cementerio entero que él ha llenado, los miles de personas que ha hecho sufrir… La amiga a quien ha dejado minusválida… Pensé… Pensé que matándome a mí — que yo sería la última persona a quien le dejarías lastimar.
— Batman #650 (abril de 2006)

Como dijimos más arriba, Batman suele responder que si él alguna vez mata, sería tan malo como los criminales a quienes combate, o que estaría cruzando una línea de la que no podría volver.

Hay otra postura ética que no se enfoca en las consecuencias de los actos, sino en las reglas que los gobiernan. Esta es la escuela ética deontológica, que propone vivir de acuerdo a un conjunto de reglas o actuar de acuerdo al deber sin importar las consecuencias, simplemente porque este deber es más importante. Se le llama deontológica a partir de la palabra griega deon,“deber” y su más famoso representante fue Immanuel Kant (1724–1804) que sostuvo que los deberes más importantes debían ser universales y categóricos (esto es, que no aceptan excepción).

 

Supongamos que Batman es capturado por el Joker y este quiere saber dónde está Robin. Batman no podría decir nada, o debería evitar la pregunta, porque no podría mentirle al Joker para engañarlo, en tanto eso violaría el deber de no decir mentiras.

 

Para la ética deontológica, se juzga la moralidad de un acto en base a características intrínsecas al acto mismo, dejando de lado las consecuencias que podría tener ese acto. Los fines nunca justifican los medios, sino que los medios deben ser justificables por mérito propio. Por lo tanto, el hecho de que matar podría prevenir futuras muertes es irrelevante, el único factor relevante es que matar está mal. Aunque, de todos modos, incluso para el deontologista más estricto, hay excepciones como por ejemplo matar en defensa propia.

 

En tanto Batman no mata al Joker de acuerdo a su máxima de no matar, su deber, ¿podemos considerarlo kantiano? De ser así, tendríamos que encontrar a su sistema ético consistente con el resto de sus acciones, aparte del hecho de rehusarse a quebrar el cuello del Joker. El mecanismo de evaluación que utiliza el sistema deontológico es el de universalizar nuestras acciones. Si nuestras reglas no se aplican a todos, de forma “universal”, entonces debemos abandonarlas. En el caso de no matar, podemos preguntarnos: ¿qué pasaría si todos siguieran esta regla? Y claramente la respuesta sería satisfactoria. El problema de ver a Batman como kantiano es que no matar no es lo único que Batman hace.

 

Desde la primer aparición de Robin en 1940, Batman ha contado con varios adolescentes cómplices en la lucha contra el crimen. El primero de ellos, Dick Grayson, fue rescatado de un circo luego de la trágica muerte de sus padres. El siguiente Robin, Jason Todd, fue rescatado de la calle luego de que intentara robar los neumáticos del Batimóvil. ¿Cuál es la regla que Batman está siguiendo aquí? ¿“Si ves a un huérfano robando tus llantas, deberías ponerlo en un traje rojo y azul y mandarlo a luchar con supervillanos”?

 

Difícilmente esta máxima sea universalizable, por lo que un deontológico lo consideraría inmoral. Aún puede salvarse el comportamiento de Batman reformulando la máxima como “haz lo que puedas para ayudar a los huérfanos”, que se acerca a la máxima kantiana de ayudar a los demás. Sin embargo, deberíamos conceder entonces que “ayudar a los huérfanos” implica vestirlos con un disfraz y mandarlos a luchar contra lunáticos. Podemos plantearla entonces como “ayudar a los huérfanos mientras evitamos que se expongan al peligro”, y en ese caso Batman estaría fallando como deontologista.

 

¿Puede el Batman utilitarista justificar su adopción de niños para convertirlos en luchadores contra el crimen como él? Si pensamos en las consecuencias de ese acto, Batman puede justificarse indicando que poner a Robin en peligro promueve el bien general de Gotham. Si entrenar más Robins le hace más bien a los ciudadanos que el costo que supone, entonces el Batman utilitarista lo encontraría justificado. Sin embargo, parecería ser que el sacrificio de estos adolescentes cómplices es un precio demasiado alto a pagar, incluso en aquellos casos en que significase el mayor bien para la mayoría.

 

Los utilitaristas son conocidos por justificar el tratamiento de las personas como medios para obtener el mayor bien para el mayor número de personas. Es por esto que podemos pensar que Batman estaría de acuerdo con que poner a sus jóvenes aprendices en peligro se justifica en virtud de las buenas consecuencias para la sociedad. Pero si sabemos que Batman no sacrificaría una vida para salvar otras (de lo contrario el Joker estaría hace mucho tiempo a dos metros bajo tierra), parecería ser que hace una excepción a esa regla con aquellos a los que entrena. ¿Quizás Batman es pluralista respecto de su sistema ético? Pero esto no hace más que complicar las cosas al obligarnos a definir el criterio a partir del cual optar por una alternativa ética antes que otra. ¿Cuando se trata de matar al Joker es deontologista pero cuando se trata de entrenar a un Robin es utilitarista?

 

Me convertiré en un muerciélago

 

Como tercer camino, aún no explorado, podemos evaluar si Batman en realidad no adhiere a cierta ética de la virtud, como la propuesta por Aristóteles (384 a. e. c. — 322 a. e. c.). La ética de la virtud enfatiza características generales de las personas, llamadas virtudes o excelencias, en vez de juzgar cómo se deberia actuar, como hacen los deontologistas, o las consecuencias de nuestros actos, como hacen los utilitaristas. La ética de la virtud también toma en cuenta las diferencias, como la diferencia de personalidad, los distintos roles que las personas cumplen y las diferencias entre las culturas en las que viven. Mientras que Batman pareciera esforzarse por hacer siempre lo que él cree correcto, también parecería entender que distintos tipos de personas requieren de distintos tipos de actos. Como dice James DiGiovanna en su análisis: ”No todos deberían ser un Batman o un Robin. No todos tienen la personalidad necesaria para ser un superhéroe, y la sociedad requiere diferentes roles para cada uno de nosotros”.

 

De este modo, quizás Robin tiene un papel que jugar que hace del mundo un lugar mejor, y Batman podría estar haciendo de sus Robin mejores personas al convertirlos en sus compañeros. Incluso considerando que no sea universalmente cierto que “los hombres millonarios que se visten como murciélagos debieran convertir a delincuentes menores en herramientas de la justicia” (White y Arp, 2008).

 

Como sostienen filósofos como Alasdair MacIntyre o Martha Nussbaum, los utilitaristas y deontologistas pueden discutir sobre los actos correctos, pero parecen ser incapaces de decir cómo es que alguien llega a tomar las decisiones correctas. Estas teorías por lo general son llamadas de los actos o las reglas, dado que lidian con actos individuales y reglas universales. Con lo que no lidian es con el entrenamiento necesario para llegar a tener la personalidad necesaria para actuar moralmente. Ambas teorías parecen implicar que simplemente con entender cómo funcionan estas teorías éticas alcanza. Pero también está claro que podemos entender que algo esté mal y hacerlo igual, por debilidad de nuestra voluntad, por ejemplo. Cuando Batman toma a Robin bajo su tutela, como dice DiGiovanna, no sólo le explica la ética del superhéroe, sino que lo entrena, enseñándole con el ejemplo y la experiencia el camino del superhéroe.

 

Para MacIntyre (y antes, para Platón), primero nos comportamos moralmente y luego aprendemos sobre la moral. “No le explicamos ética a un niño, simplemente le decimos no” (MacIntyre, 1984). Cuando la gente es más adulta e internalizó estos comportamientos es que pueden entender los motivos abstractos para comportarse moralmente. En ese punto uno puede involucrarse en el pensamiento filosófico sobre el comportamiento ético y hacer el tipo de experimentos mentales que los consecuencialistas y deontologistas ubican al centro de la ética. Esto es, deducir reglas generales y pensar efectivamente sobre las consecuencias.

 

A pesar de proponerse a través de un aprender haciendo, la ética de la virtud también nos exige que definamos el tipo de entrenamiento que haremos, el tipo de personalidad queremos lograr. Para esto también haremos uso de reglas generales, como los consecuencialistas o deontologistas, y nos preguntaremos por el tipo de caracter que queremos formar. Y aunque la ética de la virtud implica entrenamiento, no cualquiera puede recibir el entrenamiento para cualquier rol. Si una persona muestra una tendencia hacia cierta virtud, puede ser entrenada para perfeccionarla, pero de no ser así podría ser imposible hacerlo. Esto pone incluso mayor acento sobre el motivo por el cual Batman adopta a quienes luego serán sus Robin: ve en ellos este conjunto de virtudes que de perfeccionarse les permiten ocupar el rol de aliados en la lucha contra el crimen.

 

Lo que parece quedar claro respecto del sistema ético que sigue Batman, es que es un deontologista mediocre, un utilitarista bastante decente y sin duda, un adherente a cierto tipo de ética de la virtud en nombre de la justicia.

 

“There´s no hope in Crime Alley!”

 

En tanto representante de la justicia, las preocupaciones de Batman se exteriorizan en Gotham. Esta es un paralelo de los conflictos interiores del joven Wayne y una manera de enfrentarlos. El poder normativo del Estado, decaído como está en Gotham, es tanto la fuente de la desesperanza inicial de Bruce (momento del asesinato de sus padres), como la representación de lo que su código moral no es: blanco y negro.

 

Conviene pensar en el Estado como institución para poder delimitar la posición de Batman como sujeto emancipatorio, portador de una ética variable que se opone a la posición dicotómica a priori de los deontologistas. La posición de Batman en relación al Estado siempre ha sido una de conflicto. Nuestro hombre murciélago favorito siempre ha estado ubicado en los márgenes institucionales. Sin embargo, estas instituciones contienen fallas dentro de sus estructuras. El Estado, portador de una lógica rigurosamente normativa, suele tener una visión deontológica.

Como previamente hemos mencionado, Batman podría ser considerado un deontólogo, si no fuera por las múltiples instancias en las que se le puede considerar un utilitarista (o adherente a una ética de la virtud).

 

Sin embargo, hemos de cuestionar la postura kantiana respecto de las instituciones. El filósofo alemán, defensor de la Ilustración, tiene entre sus escritos el famoso “sapere aude” (ten el valor de pensar por ti mismo). Pero esta frase implícitamente nos lleva al pensar todos lo mismo -siguiendo la moral kantiana universal y a que sigamos a las instituciones y que le demos espacio a la religión.

batman_04_caja

Hemos de poner a Batman contra Kant debido a que Batman no sólo se opone en algunas instancias a la moral kantiana, sino que también se opone a su proyecto de la Ilustración. Las instituciones, en tanto ineficientes, llevan a una especie de caos formalizado que Batman no puede tolerar. De la misma manera en que el Estado le falló al no prevenir que sus padres fueran asesinados, el Estado le falla a Gotham gracias a un sistema que está enteramente oxidado. La maleabilidad moral no tiene lugar en Gotham y es precisamente lo que Batman encarna

Batman no puede adoptar una posición ética estricta debido a que esta está en completa complicidad con los derechos humanos, como remarca Alain Badiou (Badiou, 2001). Las prácticas en las que las personas se involucran, son miles y múltiples. Una ética normativa y regulatoria que, en realidad, no se transforma ha de molestar a los ciudadanos debido a que promueve una falsa Ilustración. La ética de Batman es una ética emancipatoria porque está directamente ligada al campo de batalla moral que se libra en las calles, algo que los aparatos estatales no pueden ver debido a su posición como ojos de Dios (Foucault, 2012).

 

Pensemos en los padres muertos de Bruce como pilares de lo bueno, de lo justo, de lo irremediablemente no adaptable. Mueren y Batman se vuelve lo no-institucional, lo humano y transformable. Fácilmente podría haber caído en el salvajismo, pero no lo hace, la complejidad de Batman radica en su adopción de paradigmas institucionales o estatales para ver más allá de estos no mediante una óptica anti-institucional, sino una para-institucional (humana) que lo hace mucho más complejo que el hombre despojado de leyes o poder estatal. Él es su propio gobierno.

Esta clase de Ilustración “Do It Yourself”, una Ilustración por mano propia, es la que nos dificulta la idea de que Batman se enmarque dentro de una posición filosófica. Batman es post-kantiano en tanto no se suscribe a una narrativa institucional. Él evalúa por su cuenta, ¿por qué no deberíamos hacerlo nosotros?

 

Ser Batman

 

¿Por qué nos gusta tanto Batman a pesar de que sus acciones como justiciero son ciertamente ilegales y en muchos casos incluso moralmente cuestionables? ¿Por qué vemos bajo una buena luz sus acciones pero nos espantamos cuando se hace “justicia por mano propia”? La mayor parte del tiempo damos por sentado que Batman actúa de acuerdo al “bien” y no toma mucho esfuerzo llegar a la ingenua conclusión de que en efecto el “bien” o lo correcto es definido por lo que él hace. Le concedemos entonces plena confianza en que sea lo que sea que resuelva, será lo justo. Llevando este razonamiento a sus últimas consecuencias, no cuesta ver a Batman como el “buen hombre” aristotélico.

 

De acuerdo a la ética de la virtud aristotélica, las personas son en principio virtuosas. Y una persona es virtuosa cuando tiende a hacer lo correcto, siendo un acto correcto, virtuoso, sólo si es el tipo de acto que realizaría una persona virtuosa, el buen hombre. De reconocer a Batman como “buen hombre” podemos ahorrarnos gran parte de los problemas que nos suscitaban los otros sistemas éticos, pero bien se nos podría acusar de caer en una circularidad. Al mismo tiempo, esta tendencia a actuar de forma correcta correspondiente al buen hombre podría no resultar útil cuando dos o más virtudes entran en conflicto. Por ejemplo, la compasión y la justicia podrían colisionar cuando se trata de un criminal arrepentido (y sabemos que Batman no es particularmente compasivo cuando se trata de este tipo de casos).

 

Volviendo al asunto de la justicia DIY, la justicia por mano propia, el motivo por el cual cae plenamente en la ilegalidad es que lo justo para cada uno bien puede ser muy diferente y necesitamos de un tercero, una “persona jurídica” como la policía, que imparta justicia a partir de valores acordados previamente. Este tercero es el Estado, o más precisamente, el órgano del Estado con el monopolio de la fuerza. Según Hobbes (2003), sin Estado habría una guerra de todos contra todos porque todos los hombres tienen derecho a todo (al no haber ley, no hay justicia ni injusticia) pero por tener derecho a todo también hay temores (como no hay leyes cualquiera puede arrebatar lo que desee, incluso la vida). La venganza entonces es aceptada porque también estoy en todo mi “derecho”. Es por esto que se necesita una figura fuerte, el Estado, que garantice la paz y que sea más temida que lo que te podría hacer el prójimo. En ausencia de un Estado eficaz, todos pretenden cumplir ese papel. Pero si todos cumplen el papel de justiciero, se necesita algo (o alguien) que diga qué es justo. Sin Estado, no hay justicia ni injusticia. Se acepta a Batman porque reencarna al Estado ineficaz. Es una figura más fuerte que cualquier ciudadano. Es el tercero que se necesita para que dirima en las disputas y que ponga la paz que no hay. La figura de Batman nos convierte en lobos domesticados.

 

Es por esto que en general las movilizaciones populares son reactivas y generan mayormente rechazo, porque al hacer justicia por mano propia no dan garantías de que sus acciones vayan a coincidir con lo que está bien. En dichos casos se funciona en relación a otra voluntad y no por iniciativa propia. Pensemos en por qué Batman hace lo que hace, ¿vemos sed de venganza en algún momento? A veces, tal vez, pero la vemos canalizada. La fuerza moral que lo motiva es mayormente positiva, a pesar de lo que le haya pasado.

 

¿Cuáles son, entonces, los supuestos que sostenemos al confiar en Batman? ¿Por qué un aristócrata multimillonario que se disfraza de murciélago para actuar como justiciero se comporta bajo una moral aceptable mientras que una turba enfurecida no?

 

Quizás podamos salvar una vez más a Batman como hombre bueno no a partir de su tendencia por hacer cosas buenas, sino a partir de entender a la virtud definida en términos de amar lo que es bueno y odiar lo que es malo. En el caso de Batman, el asunto es ligeramente complicado. Por ejemplo, Batman odia a los criminales y ama verlos sufrir, y esto podría sugerir que él es vicioso. ¿Pero es realmente vicioso o quizás su odio es virtuoso?

 

Las actitudes negativas y las emociones como el odio, el disgusto o el desprecio son maneras moralmente correctas de responder a los delitos, y por lo tanto son virtuosos. Es por esto que algunos filósofos como Stephen Kershnar argumentan que el odio de Batman hacia los criminales es la única actitud apropiada hacia tales personas y que esto lo hace virtuoso (White y Arp, 2008).

Y este odio de Batman, sigue Kershnar, hace del mundo un lugar mejor incluso cuando hacen su vida mucho peor. Su dolor y aislamiento no se comparan con las muertes y la destrucción que hubieran resultado si Batman no hubiera detenido los planes de sus enemigos. Batman no detiene al Joker en cada oportunidad, pero cuando lo hace, salva muchísimas vidas, más allá del efecto en su bienestar.

 

Ahora, ¿podría Batman elegir no odiar? Según Kershnar no es obvio que pudiera hacerlo y da como ejemplos la insistencia del joven Bruce porque todos los criminales fueran atrapados en las historias que le contaban antes de dormir, o incluso menciona al murciélago gigante que le inspira “ferocidad y odio” al atacarlo cuando Bruce cae en un pozo en el jardín de la mansión Wayne. Para Kershnar, Batman no controla su odio, y por eso no puede ser responsable de él. Esto nos permite hacer la distinción entre el asunto de si Batman es virtuoso y el asunto de si Batman es responsable de aquello que lo hace virtuoso, su odio del mal.

 

Queda aún por explorar si en el caso de Batman, y en general, una vida exitosa requiere de un balance entre este amor por lo bueno y odio de lo malo. Con su obsesivo enfoque en la lucha contra el crimen (y su estilo de vida ridículamente reclusivo), en el caso de Batman su vida puede que esté por demás limitada por la prevalencia de odio, sin mucho lugar para las cosas que nos hacen felices, como los amigos, la familia o los hobbies.

 

En la búsqueda de un balance ideal entre el bien y el mal, entre el amor y el odio, o incluso, entre la seriedad y la risa. ¿Qué es lo que sucede con la rivalidad entre Batman y Joker? Quizá la pregunta de por qué Batman no acaba con el Joker yace en algo increíblemente simple: en parte, el Joker es su contracara. Es aquello que le da sentido a su propia misión. Quizá sea este el que, finalmente, esté en función a él. No es difícil imaginarnos al propio Joker pensando acerca de los filósofos que intentan encontrarle sentido al comportamiento de Batman, repitiendo con insistencia la cuestión que quedó en el aire: ¿Por qué tan serio?

 


¿Te gustó la nota?

Suscribite al boletín de Anfibia

AUTORES

LECTURAS RELACIONADAS