Durante quince días, los escritores australianos Gail Jones y Nicholas Jose brindaron el primer seminario de la cátedra “Literaturas del Sur” de la UNSAM, dirigida por el Nobel J.M. Coetzee. En sus novelas fundacionales, mostraron los autores, nuestro país y la nación oceánica guardan muchas semejanzas a la hora de imaginarse y construirse como comunidades. Entre literaturas, memorias y fronteras Daniela Trabuchi reconstruyó un seminario que buscó trazar puentes entre Australia y Argentina con ojos sureños.  



La nota decía: el 16 de abril se dará comienzo al seminario de “Literatura de Australia” en la Universidad de San Martín. Será dictado por los escritores australianos Gail Jones y Nicholas Jose, y dará inicio a la Cátedra Literatura del Sur, dirigida por el Nobel J.M. Coetzee.  Inmediatamente me anoté; hace poco cursé una Maestría en Artes en la Universidad de Melbourne, Australia, y la experiencia me dejó con muchas cuestiones a reflexionar. Una de ellas fue la falta de literatura latinoamericana en las bibliotecas de los alumnos y de la universidad. Como el programa de la materia Novelas no incluía a ningún autor latinoamericano, quise conseguir en la biblioteca alguna novela de nuestro canon para compartir en clase. Encontré pocos rastros; en el catálogo, por ejemplo había una edición de Rayuela pero no había sido devuelta desde 2002. En Argentina mi experiencia había sido igual: en siete años como estudiante, nunca había tenido un acercamiento académico a la literatura australiana.

 

El seminario, que se plantea como un primer contacto, es el posible esbozo de una respuesta. En la entrada del teatro se van amontonando periodistas, docentes de la facultad y alumnos. Un poco más allá, una mujer de vestido charla con tres hombres de traje. Deben ser ellos. Antes de entrar a la sala, se ofrecen sets de auriculares para escuchar la traducción en simultáneo del inglés al español. El teatro está lleno, la gente se acomoda, saca su papel y lápiz.

Primero habla el rector de la UNSAM, Carlos Ruta: “La literatura tiene que ayudar a ponernos en contacto con otros mundos por lejanos o desconocidos que sean”, dice. Es el disparador para entrar en el seminario, para investigar un programa lleno de nombres nuevos y una temática que llama la atención por sus posibles similitudes con la historia de la literatura argentina. 

 

Como director de la cátedra Literaturas del Sur, el escritor John Coetzee da cuenta de sus objetivos: “Una de las cosas que espero que logremos en este curso es dar reconocimiento a la literatura del Sur sobre el Sur, una literatura que ignora la mirada del Norte y ve al Sur como un hogar y no como un lugar que uno visita por un breve tiempo. Espero que podamos comenzar a verlo a través de ojos australes, en vez de verlo a través de ojos norteños, como el Otro Norte”. Está muy claro: el desafío del seminario es plantear una serie de relaciones por fuera del pensamiento hegemónico europeo y norteamericano. Es una invitación a aprender sobre a una historia y una literatura vecina, a vernos en relación a ella y a generar una posible nueva mirada sobre nuestra propia literatura. Un ida y vuelta, un contrapunto entre la literatura de Australia y la de Argentina donde se buscará identificar en qué consiste mirar desde el Sur. 

 

¿Qué es lo que define al Sur? Coetzee ofrece dos posibles criterios: uno proviene de la economía política contemporánea y posiciona al Sur, el territorio de la opresión y la explotación, en contra del Norte, el territorio del capital global. En este paradigma, que reemplaza al paradigma Primer Mundo-Segundo Mundo-Tercer Mundo, África y América del Sur pertenecen al Sur, no así Australia. Un segundo criterio viene desde el imaginario y tiene que ver con una idea mítica del Sur. El Sur visto desde el Norte es lo exótico, lo desconocido, el otro.

 

Luego de disculparse por no poder dar las clases en español, Coetzee finaliza: “Déjenme agregar una cosa: nuestros oídos están abiertos. Estamos aquí para enseñar, pero también estamos aquí para aprender”.

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En la primera sesión del programa, titulada La poesía del Sur, el profesor Nicholas Jose pide que los alumnos se presenten y digan qué representa el Sur para ellos. En el grupo hay investigadores, docentes, historiadores y comunicadores, algunos alumnos de la UNSAM, otros de varias universidades de Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Las ideas sobre el Sur también son diversas: es lo lejano, la maternidad, el frío, es montañoso, es la Patagonia, es el fin del mundo. 

 

Tanto Argentina como Australia son países ligados históricamente a una idea de tierra del Sur, remota y aislada. Una de las primeras cuestiones que se plantean es en torno a relaciones geográficas: ¿Respecto a qué lugar otro se considera remoto? Para responder se parte de la idea de las relaciones centro-periferia; el Sur del planeta está en las antípodas del centro, cuna de la sociedad moderna globalizada.

 

En la pantalla se proyectan varios mapas del mundo, incluido uno de 1627 en el que Australia está marcado como Terra Australis incognita. Cuando los ingleses llegaron al continente, lo declararon terra nullius, expresión del derecho romano que se usaba para describir un territorio que nunca ha sido sujeto a ningún tipo de soberanía. La soberanía sobre esos territorios se conseguía mediante la simple ocupación. En ese entonces, Australia tenía una población indígena de más de 350,000 personas, la mayoría perteneciente a comunidades nómadas. La religiosidad de las tribus se basaba en la tierra y cada característica del paisaje llevaba un significado para ellos. Esto suponía unos vínculos muy estrechos entre las personas y el lugar que habitaban, del que se sentían parte y protectores.

 

Nicholas Jose muestra el diario de viaje de Joseph Banks, explorador y botánico inglés que llegó con Cook a Australia en 1770. Fue encargado de la primera recolección de flora y fauna australiana, describiendo muchas especies nuevas para la ciencia del Norte. Los aborígenes fueron catalogados como parte de la fauna australiana ya que, según él, sus comunidades no compartían ninguna característica distinguible con la sociedad británica. Esta primera mirada peyorativa sobre lo desconocido, sobre lo que no se puede adaptar a los propios parámetros, marcó de manera trascendente la relación Norte-Sur.

 

En aquel momento Inglaterra se interesó en Australia por considerarla una posible solución al problema de superpoblación penal en Gran Bretaña. Poco después, a finales del siglo XVIII, se fundó la primera colonia penal en Botany Bay bajo la ley británica y comenzó el transporte de convictos. Australia se ligó a la idea del infierno, el último lugar del mundo donde se quisiera estar.  Al concepto de remoto se le sumó la imagen lugar indeseado y estas ideas fueron plasmadas en la literatura de la época. Se leyó en clase una serie de poemas acerca de convictos enviados a Botany Bay, entre ellos Old Botany Bay (Vieja Bahia) de Mary Gilmore:

 

            (…)

Soy el preso

enviado al infierno

para hacer del desierto

un aljibe vivo;

 

Yo aguanté el calor,

quemé la huella—

surcada y sangrienta

sobre mi espalda.

 

Yo partí la piedra;

yo hice caer al árbol:

¡la nación fue–

por mí solamente! (…)

 

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La segunda clase, dictada por la escritora Gail Jones, trata sobre literatura indígena australiana. En la pantalla se proyectan algunas obras de arte aborigen de mucha minuciosidad. El artista es Paddy Japaljarri Stewart. A través de las pinturas, se van relatando cosmologías indígenas como que la tierra es sagrada, igual que la Pacha Mama. En las comunidades indígenas australianas hay, aun hoy, rigurosos protocolos de acceso al conocimiento. Al momento de la llegada de los ingleses, convivían en el continente muchas naciones y había más de seiscientos grupos de idiomas. El significado de todos los elementos sagrados de la isla era absolutamente desconocido para los recién llegados y las tribus no tenían ninguna forma de gobierno reconocible por los europeos. La proclamación de terra nullius implicó que los aborigenes australianos no pudieran vender, comprar o asignar tierras sin permiso de la corona británica. Ellos, que pertenecían a esas tierras, fueron echados por los invasores, que para llegar a comprender aquel mundo debieron importar su sistema de conocimiento y creencias desde el Norte.  Esta violencia epistemológica de la imposición de la cultura europea recuerda a la evangelización de los indios en América por parte de la corona española.

 

Leemos una poesía de Oodgeroo Noonuccal, autora del primer poemario publicado por un aborigen australiano. Se trata de une elegía titulada We are going (Nos vamos) y habla de la pena de dejar esa tierra sagrada en manos de invasores que desconocen su valor y sus tradiciones. Dice:

 

(…) Somos la aurora callada que hace palidecer la laguna oscura.

Somos los fantasmas de sombra que se arrastran de vuelta cuando se apagan los fuegos del campamento.

Somos la naturaleza y el pasado, todas las viejas maneras de hacer

ahora desaparecidas y desparramadas.

Los matorrales se fueron, la caza y la risa.

El águila se fue, el emú y los canguros se fueron de este lugar.

El anillo de bora se fue.

El baile sagrado se fue.

Y nosotros nos vamos.

 

Para hablar sobre la visión del hombre blanco sobre los indígenas de Australia, Gail Jones se refiere a las palabras del recientemente fallecido Eduardo Galeano en Los nadies:

 

(…) Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.

 

El tercer encuentro se titula Hogar, Ansiedad, Desplazamiento. Gail Jones pide disculpas por el nombre confuso de la sesión y rápido se dispone a explicarlo. Una vez abolido el transporte de convictos y fundada la Federación de Australia, ¿cómo narrar en este nuevo contexto? El trágico desencuentro de dos culturas dejó a la narrativa australiana en un lugar incómodo. La imposición de los modos de vida británicos había generado una sensación de ansiedad y desplazamiento en los nuevos habitantes de Australia. Instalada en el imaginario de lo exótico, los migrantes en ese entonces hablaban de mudarse al fin del mundo. Australia se les presentaba como un lugar de reversos: la inversión de las estaciones y el cisne negro son síntesis de esa diferencia. En la pantalla aparecen fotos de cisnes negros nadando en un paisaje ensoñado. Recuerdo haberlos visto nadando en una laguna de Tasmania. Gail nos dice: “¡Imaginen a esas personas, cuya idea del cisne estaba intrínsecamente ligada al blanco ¡de repente encontrarse con uno negro!”

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Es entonces que se gesta la idea de una cultura de imitación, de segunda mano, respecto del Norte, se plantea en clase cómo afecta la imposición de un lenguaje originalmente ajeno ¿Es uno copia del otro?  ¿Los australianos hablan un inglés incorrecto y los argentinos un español de segunda mano? Los alumnos nos pasamos el micrófono buscando esbozar una respuesta.

 

Gail lo resume: “Australia aparece acechada por su propio pasado de violencia”. La ideología de los invasores era distinta y pronto buscaron sacarle provecho económico a la tierra a través de la minería, otra forma de explotación compartida en el Sur. En este punto, se debate si Argentina y Australia son culturas que necesitan de la memoria; la historia oficial es de los ganadores, de la voz hegemónica y hace falta recuperar el relato de los oprimidos. Se habla de la contramemoria, la resistencia al olvido, de romper la continuidad del mito de la gloria y el efecto del poder del Norte.

 

La Australia postcolonial se constituyó como una economía ganadera al igual que Argentina. Los swagmen, trabajadores itinerantes, paseaban de granja en granja en busca de trabajo. La discusión se centra ahora en las figuras del gaucho y del swagman como figuras de nuestras literaturas, sus parecidos y diferencias. Ambos países armaron su identidad, eligiendo, a conciencia o no, representaciones simbólicas para su cultura. Algunos de los alumnos sostienen que no hay similitudes, otros creen que la elección del gaucho y el swagmen como figuras representativas de una cultura implica una reivindicación de lo rural y de la búsqueda de la utopía.

 

A partir de la Federación, nació en Australia un fuerte sentimiento nacionalista. Los nuevos habitantes anhelaban una nación de hombres blancos y valores europeos. Hubo una fuerte búsqueda de identidad nacional. Benedict Anderson define nación como una comunidad `imaginada´ como inherentemente limitada y soberana. Es imaginada porque aun los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión. ¿Cómo iba a ser esa comunidad imaginada australiana? La misma búsqueda tuvo lugar en Argentina, manifestada en obras como El Facundo o Civilización y Barbarie. En ambos países ha existido una fuerte tradición de regionalismo dentro de la escritura como parte de la creación de ese imaginario; el paisaje, la flora y la fauna local son grandes personajes. La geografía toma protagonismo: en Australia existe una división conceptual y física entre el centro, a menudo considerado en términos místicos, y la periferia, las regiones costeras. Algo similar sucede en la literatura argentina y sus encuentros entre el campo y la ciudad.

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Esto nos llevó a la siguiente sesión, en la que debatimos la Australia asiática. Nicholas Jose está a cargo y abre la clase con una foto de un barco repleto de gente. Debajo se lee boat people. La nación recibió grandes olas inmigratorias europeas tras la fiebre del oro y, mucho más tarde, tras la Segunda Guerra mundial. Pero los mayores movimientos migratorios siempre vinieron desde Asia, especialmente China. En términos históricos, Australia se conecta con las comunidades asiáticas y del Pacífico de manera económica, geopolítica y cultural. Se conoce que los indígenas del norte de Australia participaban en redes de comercio que llegaban hasta China. Nicholas Jose nos muestra mapas de Asia y de Oceanía. Los recorridos marcados a través de las islas del Pacífico son largos y de caminos sinuosos.

 

Este tipo de relaciones han representado un problema para una cultura que debió adoptar los valores del Norte, ¿cómo se inserta en este continente una ola inmigratoria que trae valores culturales diferentes a los que se intenta imitar? Asia es una alternativa cultural a la idea de hombre blanco y católico que traía el Norte. La escritura australiana asiática, como una versión del migrante en Australia y la escritura de traslación, ofrece nuevas y complejas formaciones de identidad y nuevas ideas estéticas. Uno de los compañeros lee en clase un poema de Ouyang Yu, autor Chino que vivió en Australia. Se titula El inmigrante ingrato y, muy abiertamente, se enfrenta con la cultura australiana:

 

(…)

porque hace años promoviste Australia en nuestro país con tanta agresividad

por qué no ser sincero y decir: ¡¡Mierda, no te queremos, asiáticos, PUNTO!!

¿Y sabes lo que yo creo que deberías hacer para hacerme sentir agradecido?

Arráncame mi nacionalidad y mándame de vuelta a China en una repatriación

obligada/como hiciste con tantos de ellos

(…)

 

Antes de que termine la última sesión del seminario, los profesores invitan compartir opiniones sobre los encuentros, a plantear cualquier idea o pregunta que haya quedado pendiente. Entre todos hay algo en común: la sorpresa de haber encontrado en el desierto australiano un espejo del desierto argentino, una tierra extensa y sagrada con una cultura nacida de la mezcla como la nuestra y la posibilidad de debatir nuestra historia y nuestra literatura en relación a la suya ¿Cuales de las coincidencias son casualidad y cuales son consecuencias identificables de una historia de colonización? ¿Qué rasgos de las culturas originarias se han incorporado a la cultura moderna de cada país y por qué? ¿Se mantiene hoy en día una sensación de colonización cultural? Y de ser así, ¿se da de la misma manera y con la misma intensidad en ambos países? Estas cuestiones proponen un nuevo punto de vista: dejar de mirar hacia arriba y mirar para el costado, descentrar la mirada y legitimar lo que se produce desde nuestro lugar.


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