Crónica

De Walter Benjamin a TikTok


Una excursión a los farmeadores de aura

En varias plazas del país, chicos y adolescentes se juntan a competir por algo que no se puede tocar ni calcular fácilmente: el aura. La consigna —la jerga, los movimientos— viene, como muchas otras cosas, de TikTok. La idea de medirlo en una batalla en la Plaza Grigera de Lomas de Zamora nació como nacen las mejores ideas: "en joda", cuenta una de sus organizadoras. Juan Stanisci estuvo ahí y registró el fenómeno: habló con ellas, con los participantes y presenció los cruces. Atravesado por lo que escribió Walter Benjamin hace noventa años sobre el aura, hizo esta crónica para tratar de entender, más o menos, en qué andan los pibes.

En la Plaza Grigera, en Lomas de Zamora, la primavera asoma el hocico. El sol dejó la hibernación y se decidió a laburar después de tres meses tapado de nubes. Como alentados por Billy Bond, los vecinos salen al sol. Buscan unos rayitos, como queriendo suplir la vitamina D que, dicen, se agotó en las farmacias. En la plaza hay una feria de emprendedores que emprenden contra la voluntad de una economía decadente, hay juegos para infancias con mamis y papis que tratan de agotar las energías de sus criaturas antes de volver a casa y hay un caminito cubierto por una glorieta. La glorieta, milagro de la física, aguanta el peso de unos cincuenta adolescentes que le dan la espalda a la plaza y a los juegos con los papis, las mamis y las criaturas. Miran, en cambio, a la cancha de básquet con un solo aro. Tienen la vista privilegiada de los plateistas, porque alrededor de la cancha hay un círculo imperfecto de varios cientos de personas que vino a buscar la última moda, el rocanrol de la generación Z, los floggers de las postpandemia. Rodeando la cancha de básquet, niñas, niños, madres, padres, otakus, hinchas de Los Andes, pibes vestidos con ropa de pibas y pibas con cruces pintadas en la cara, observan a dos personas. Esperan que de alguno de ellos brote esa cosa rara llamada aura.

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—Lo bueno de esto es que la gente está empezando a salir, que se juntan. Que salen y eso. Después de una época muy dura, la del coronavirus, donde los chicos no salían... que salgan ahora está buenísimo.

La idea apareció como las mejores ideas: en joda. En estos tiempos de hibridación entre lo digital y lo tangible, las jodas cobran vida propia.

La frase podría ser el análisis de un sociólogo en un stream, pero no. La dice una de las tres organizadoras de la batalla de farmear aura en Lomas. Tienen quince y dieciséis años. Sus usuarios de Instagram te hacen dudar si son de este planeta: Lissufuerabasadda, _Sleepyblunt y Vhh4a. No tienen solo nombres de personaje de Mad Max, las ropas también van por ahí. No entenderlas solo significa una cosa: andá a hacerte un chequeo médico. 

La idea apareció como las mejores ideas: en joda. Vieron por las redes que las batallas se estaban viralizando por las plazas de Argentina y pensaron lo obvio: “¿Por qué no hacemos una acá?”. En estos tiempos de hibridación entre lo digital y lo tangible, las jodas cobran vida propia. Terminator llora y lo que pasa en las redes sale a la calle. El flyer salió de su círculo, se llenó de likes, comentarios y reposteos. La invitación también parece venida de otro planeta: del planeta IA de donde viene el poster con la promo de la fiambrería, los horarios de la profe de yoga y una batalla para farmear aura. El desafío era simple. ¿Tenés aura? Demostralo y hace historia. Los premios, tentadores: un pancho para el primer puesto, un chupetín para el segundo y un caramelo para el tercero.

Cuando las batallas terminan, una de las organizadoras se acerca al centro del ring, se para entre los competidores, los toma de las manos y levanta la del ganador. Como en el boxeo, pero sin tocarse ni hablarse. Solo haciendo movimientos que solo ellos parecen comprender.

—Determinamos quién ganó por la presencia y por los aplausos de la gente. Vimos que muchos se copiaban entre ellos y eso es como... estás copiando el aura. Y el aura tiene que nacer.

Para las tres organizadoras, cuando la repetición aparece, el aura se aleja. Pero, un momento: esto ya lo leímos. Hace noventa años, en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el crítico alemán Walter Benjamin llegó a una conclusión similar sobre las copias artísticas. “Podría afirmarse que en la era de la reproducción técnica de la obra de arte, lo que se atrofia es aura”, escribió. Para él, aura es “la manifestación última de una lejanía, por cercana que pueda estar”. En la distancia emana el aura, así como para la escritora Rebecca Solnitt en la lejanía habita el anhelo que nos da vida. Bejamin no conoció TikTok ni la inteligencia artificial ni Lomas de Zamora y difícilmente las organizadoras de la batalla hayan estudiado El libro de los pasajes. Pero todos ellos coinciden en algo que contradice a la época: en la repetición el aura estalla y se rompe. 

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Brazos flexionados, codos pegados a las costillas y palmas levantadas. Cuando una mano sube, la otra baja, como una balanza. Con la cabeza levantada, mira hacia donde está su oponente. Repite el movimiento y sonríe. Ahora es el turno del otro. Levanta la mano y se lleva el índice de la mano derecha a la punta del maxilar. Inclina levemente la cabeza hacia su hombro izquierdo mientras el dedo baja lentamente hasta la mandíbula. Cuando llega a la boca, retira unos centímetros el índice, lo centra entre sus labios y hace un movimiento hacia atrás y hacia adelante. El significado es universal: silencio, callate la boca. Cada gesto es acompañado por el grito del público. Un círculo que reúne a cientos de personas. Gritan ooooooh. Gritan uuuuuh. Aplauden.

A ese primer movimiento le llaman six seven. Seis siete en criollo. Hay quienes dicen que viene de una canción del rapero Skrilla, otros explican que su origen está en el video de un basquetbolista de la NBA. En la plaza de Lomas, esta pregunta, como muchas otras, tiene una respuesta simple —que viene acompañada de esa cara que te hace sentir que hiciste la pregunta más boluda de todas, esa que solo los adolescentes pueden poner—: de TikTok. TikTok farmea aura. O, al menos, de ahí vienen la mayoría de los movimientos que hacen en las batallas.

No sé si Dios será digital, pero es interesante ver como se cruza lo que ocurre en las pantallas con lo que pasa en las calles. Como si “Tlon Uqbar Orbis Tertius” hubiera cobrado una deriva inesperada. Farmear viene del inglés to farm, algo así como cosechar, un término propio de los videojuegos como el Age of empires. Sí, el que jugaba Manuel Adorni antes de mandarse a construir casas con cascadas de un discutible criterio estético. El origen de la palabra aura es más complejo. Para la Real Academia Española tiene cuatro significados: 

1. Viento suave y apetecible. 

2. Hálito, aliento, soplo. 

3. Favor, aplauso, aceptación general. 

4. Halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que dan diversas interpretaciones.

Para las organizadoras de la batalla la respuesta es otra: 

—Farmear aura es presencia, actitud. Es alguien que impone, que impone mucho poder. 

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Iván Alejo Paz es de Villa Albertina y se considera el campeón de farmear aura de la jornada. Tiene un punto: de todos los que pasaron a lo largo de la tarde, es el que más levantó a la gente. El pico de su pedo fue cuando, después de hacer flexiones de brazo aplaudiendo luego de cada estiramiento, se acercó a su mochila, metió la mano como quien va a extraer un arma, una bomba o una rosa, esperó, siguió esperando y sacó un Minion. Después de la batalla le pregunto si fue su primera vez farmeando aura. 

—Se hace ya desde nacimiento. Yo vengo intentando destacar en la sociedad desde siempre. Esto de llamar la atención para mí no es desde hace poco, yo desde chiquito quiero llamar la atención y esto es una muy buena oportunidad —me dice. 

Iván Alejo también tiene un nombre a lo Mad Max en sus redes: Nae Plug. Habla, como buen adolescente, como si tuviera la eternidad por delante. Del cuello le cuelgan dos rosarios: uno corto, por debajo de la garganta; el otro largo, hasta la boca del estómago. 

—Bueno, no sé. Es que ahora por Agus Fortnite está de moda. Además me queda fachero —me contesta cuando le consulto si es religioso.

Conocido en sus redes como @agusfortnite2008, es un músico de dieciocho años que hace una mezcla de trap, hip hop y electrónica. Su estética cruza la psicodelia con la religión. Hace un mes sacó Perdiendo rasgos adolescentes, uno de los comentarios en Youtube dice: “así se sintieron mis abuelos cuando Spinetta sacó Artaud”. En 2022, en una entrevista en Página/12, le preguntaron por qué se llamaba así y respondió: “Porque me llamo Agustín, y me gusta mucho el Fortnite. Vi que nadie se llamaba así, y decidí hacerlo. Y el 2008 fue porque me parecía un buen año, una gran época para los floggers y emos”. 

Iván Alejo Paz o Nae Plug también quiere ser trapero. Como Benjamin y las organizadoras de la batalla, entiende el aura relacionada con la autenticidad. 

—Vengo practicando esto desde hace una semana, sabiendo lo que voy a hacer. Quise meterle un poco de originalidad y no ver lo que hacían los otros participantes. Farmear aura es ser uno mismo, demostrar cómo sos. Yo creo que es eso.

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Hace unos minutos, alguien disfrazado de caja cruzó por el espacio en el que un niño y una niña descubrían qué se siente ser observados por muchas personas a la vez. No fue la única batalla entre menores de diez años, ahí el aura se traduce en ternura y risa fácil, aun cuando caen en la cuenta de lo que están haciendo y se los come la vergüenza. Te invito a farmear timidez, no faltes. Cuando pasan niños, el chupetín es para ambos.

La persona disfrazada de caja aparece en la siguiente batalla. Se le ven las piernas y los brazos, de la cintura para arriba es un rectángulo de cartón amarillo. “Bob Esponja, Bob Esponja”, le gritan los pibes que están subidos a la glorieta. La persona disfrazada de caja intenta negar con las manos, pero nadie le da bola. Parece Bob Esponja pero no es Bob Esponja. Es lo que vemos: una caja de color amarillo rabioso con una cara, demasiado chica, pegada en el medio. Es una cara de esos primeros memes que se viralizaron hace no sé cuántos años. Esos dibujos de pocos trazos que intentaban representar expresiones exageradamente deformes, muy usadas en la primera hora de las redes sociales. En la batalla, la caja está perdiendo. En un intento de gesto heroico, la persona que hay debajo intenta sacarse el disfraz para buscar su aura con mayor comodidad. Aparece una adolescente vestida con un saco negro. Al mismo tiempo que tira la caja, se da vuelta para pedir algo entre el público. Alguien le acerca una boina estilo mafioso gitano de Birmingham. Pero es tarde, pasó el tiempo y no hizo ningún movimiento. Se quedó sin tiempo y sin aura.

Desde la gente salta un enmascarado. Tiene sobre la cara una de esas máscaras hiperrealistas que, bien puestas y con una capucha, pueden lograr que tu tía te confunda con Brad Pitt o con Leandro Paredes. En este caso el efecto no es tan realista, a menos que estemos ante un resucitado: la máscara es de Diego Armando Maradona. De la glorieta baja el “Diegoo, Diegoo”. Sí, viejo maradoniano, se puede quedar tranquilo, las nuevas generaciones conocen a D10S. El Diego no va a batallar solo. Por primera vez en la tarde, la disputa se hace en parejas. Dos contra dos. Poder de los gemelos fantásticos, actívese: en forma de cubeta de agua, en forma de trapo de piso. El aura solo es real cuando es compartido, podría decir el protagonista de Into the wild. El aura es colectivo, coincide El Eternauta. Los competidores hacen los mismos movimientos pero ahora subidos uno arriba del otro o tratando de coordinar las manos entre sí. No parece fácil. No hay una pareja ganadora por unanimidad. Las organizadoras eligen a los ganadores. ¿Qué pasa si eligen a uno distinto al favorito del público? 

—Elegimos a un ganador y como que a la gente no le gustó. Pero los otros, tipo, habían dicho muchas cosas. Tipo cosas que no daban. Le dijeron que tenía papada y eso son cosas que no. Farmear aura es algo para divertirse y para atacar a la gente la verdad que no.

El aura no opina de cuerpos ajenos.

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A la siguiente batalla nadie le presta atención. Porque de la glorieta empieza a bajar una invocación. Alguien la vio, entre el público, en primera fila. Los dos pibes siguen tratando de farmear algo pero no consiguen que nadie les dé bola. Uno tiene el pelo como un flogger y la camiseta de Paraguay. Puede resultar extraño, pero hoy el peinado flogger es un estilo retro. Los de la glorieta gritan, piden, imploran. Corean: abueeeeela, abueeeeela. En primera fila una señora rubia, de pelo corto, con un pequeño rosario en el pecho y buzo de la selección, observa con atención. Primero no responde al llamado. Después dice que no, que de ninguna manera. Entonces el público comprende que tiene una tarea: que esa tarde, en esa plaza, la señora farmee aura. Sale la melodía de Pet Shop Boys a la cancha y con ella cantan, como durante el Mundial en Qatar: abuela lalala lala.

La batalla a la que nadie presta atención termina sin que nadie se entere. Ahora la señora responde a los gritos de la tribuna. Levanta la palma de la mano izquierda, cierra el puño de la derecha y golpea una contra la otra. Paguen. Lo que ofrece la otra parte son más gritos: abueeela, abueeela. Y otra vez la melodía de Pet Shop Boys. La señora sigue firme y hace el mismo gesto. Así no hay negociación posible. Entonces alguien sale de entre la gente y se acerca corriendo. Enlas manos lleva algo que podría ser un pájaro herido o una flor exótica. Lo que tiene es un rejunte de billetes mal acomodados. Los pibes de la glorieta hicieron una vaquita para convencer a la señora. Pero ella dice que no. Ahora está en un problema. Se acerca otra persona con más billetes, se los ve naranjas como los de mil. El mundo sigue dándole la razón a Darín en 9 reinas: lo que faltan son financistas. La señora parece no tener escapatoria. 

Al centro de la escena salta otro enmascarado. Le cuesta hacerse ver, porque toda la energía, todo el aura, está puesto en convencer a la señora. Hasta que todos juntos ven la máscara del retador: es Cristina. Dos días antes de que se cumplan cuatro años de la noche en la que le gatillaron y la bala no salió, su cara aparece entre adolescentes que farmean aura. A la tribuna le encanta esa aparición. Y más todavía si el enfrentamiento es entre Cristina y la señora que todavía se niega a participar. Ya no tiene mucho margen, ella lo sabe y ellos también. Los gritos se vuelven más fuertes. Y dice que sí. Y el estruendo hace pensar que acaba de llegar Messi con Dibu Martínez. 

A la señora le explican de qué va la cosa y ella dice que sí, que claro. Tres, dos, uno, a farmear aura. Arranca la señora que abre las piernas, bien estiradas, como haciendo un puente, deja caer el torso, con las manos toca el piso y espera. Gritos y aplausos. Es el turno de Cristina. Se acerca el índice a la boca —a la boca de la máscara— y lo aleja. Repite la acción. Ooooh, grita la gente. La señora cruza el brazo derecho por sobre su pecho como si quisiera señalar algo que está por encima de su hombro. Con la mano horizontal, cruza de punta a punta su cuello. Y el público enloquece. Cristina se acerca y recorre toda su mandíbula con el índice. No es suficiente. La señora se le acerca. Quedan cara a cara. Se lleva el dedo a los labios como diciendo que se calle, que vuelva otro día. Pero Cristina, con la máscara desacomodada, no se rinde. Alguien se acerca a separar, porque según las reglas no se pueden tocar. La señora vuelve a su posición original, con las piernas abiertas, bien estiradas. El público enloquece. La batalla termina. Una de las chicas organizadoras pasa al frente y les da las manos a ambos. Otras dos chicas corren y dan saltos alrededor de la señora, como si estuvieran en el ballet de Alicia en el país de las maravillas. La chica jurado espera unos segundos, pero sabe lo que quieren todos. Agarra la muñeca de la señora y la levanta. Ahora se abrazan con Cristina y el delirio es total. 

La señora se llama Nora Quiroga, tiene sesenta y seis años. Dice que terminó en la plaza por una casualidad. Fue a hacer una denuncia a la comisaria porque le robaron los documentos pero no se la quisieron tomar. En cambio, la mandaron a tomar sol a la plaza. Ahí se encontró con los pibes que se habían juntado a farmear aura. Un vecino ya le había contado que había chicos que se estaban juntando para eso y, un poco en joda, le dijo que por qué no iba. Dice que le gusta hacerse rogar, que por eso hacía el gesto de pedir plata cuando le gritaban. “Igual yo no agarré la plata. Me gusta hacerme rogar”, aclara por las dudas. Es jubilada, pero —oh, sorpresa— sigue trabajando. Vende bijouterie, hace natación, boxeo y estudia idiomas.

—Hago de todo. Cuando tenía treinta me sentía una vieja chota; ahora que tengo sesenta y seis me siento re joven.

Nora tiene los ojos claros y habla sin quejarse. Se ríe de los policías que estaban tomando mate y le dijeron que el sistema estaba caído. Se ríe de la ovación que le dieron en las dos batallas en las que participó, la segunda junto a Iván Alejo Paz, Nae Plug. Todo terminó cuando un grupo empezó a saltar con ella al grito de abuela lalala lala. Terminaron un montón saltando con Nora por toda la cancha de básquet. Después los pibes y las pibas se acercaron a pedirle fotos o autógrafos. Ella, chocha. 

—Mirá, no es soberbia pero estoy acostumbrada a ser el centro de atención. Según unas canciones que me dedican tengo actitud. Pero no, es lindo, es lindo. Me parece que es algo que viene de arriba ¿Entendés? Es algo que me manda Dios del cielo, porque he sufrido mucho en mi vida. Estuve veinticinco años tirada en una cama. No, no te pongas triste. Por un problema afectivo. Pero estoy bien ahora y disfruto de la vida. Tengo que recuperar todo lo que perdí y mi meta es vivir hasta los ciento cinco años por lo menos.

Walter Benjamin no conoció a Nora, si lo hubiera hecho afirmaría, como yo, que tiene aura.