Crónica

Futuro Imperfecto Vol.3: bitácora en vivo


Todo lo que nos deja el Festival Anfibio

Entre el 12 y el 15 de mayo de 2026, Buenos Aires fue sede de Futuro Imperfecto Vol.3, el festival anfibio. Participaron 43 líderes locales e internacionales en cuatro mesas de diálogo, tres workshops, un podcast en vivo y cuatro performances, con el apoyo de veinte organizaciones aliadas con trayectorias en periodismo, derechos humanos, cultura y formación universitaria. El periodista y escritor Laureano Debat no se perdió ninguna de las actividades: las vivenció con rayos x para luego contarles la experiencia en esta crónica. Memoria de un espacio de diálogo y encuentro referente del cono sur.

Construir lo común desde los vínculos improbables

Si alguien se quiere ir de la sala, no se ofende. Es una IA, maneja fríamente sus emociones. No se altera por nada. La actriz Sol Titiunik se mimetiza con el agente de IA al que le estuvo consultando -en soledad, desesperada- aquellos días, mientras esperaba que los médicos acertaran con un diagnóstico. ¿Por qué se le había alterado la visión? ¿Le estaba pasando algo en el cerebro? ¿Esclerosis múltiple, simple migraña o qué?

La cámara que la filma abre el plano, además del escenario vemos al público, nos convertimos en representados. La cuarta pared se rompe. Lo que muestra la pantalla pone en duda dónde estamos, qué vemos, cómo nuestros sentidos crean esa imagen, en qué parte de su interfaz. “El cerebro vive encerrado en una bóveda húmeda de hueso. Nunca ve las cosas, se las inventa”, interviene el científico/performer David García Guercetti. Continúa: “Inventamos el cine antes de que la neurociencia descubriera que el cerebro también pega fotogramas para dar la ilusión de continuidad. Lo que vemos nunca sucedió, son proyecciones mentales.” Sol cuenta que los síntomas en la visión con los días se calmaron, y que el diagnóstico llegó a tiempo. Su neuritis óptica da pie para seguir hablando de la mente como espacio virtual aún poco explorado por la ciencia. “Está buenísimo saber que hay un agujero negro en la galaxia. Pero ¿mis recuerdos? ¿Dónde están?”, recita David. 

Así transcurrePercepción expandida, uno de las tres presentaciones del Laboratorio de Periodismo Performático (LPP), realizados en el marco del Futuro Imperfecto Vol.3., en la intimidad que genera el auditorio de Finnegans CC. La convocatoria de esta edición es Los fantasmas de la IA, así el Laboratorio dialoga con la agenda del festival anfibio: cómo inciden las artes en la manera de transformar los testimonios para contar historias reales, cómo la tecnología transforma nuestras vidas, de la evidencia científica a la experiencia subjetiva y las variaciones sobre la verdad. Una verdad imperfecta, llena de preguntas, irregularidades e incertezas que podemos (de)construir en entornos colectivos. Percepción expandida sigue: sobre el escenario se proyectan múltiples imágenes que van pervirtiendo, pixelando y deformando a los actores y a su público. Aplausos.  

“Está buenísimo saber que hay un agujero negro en la galaxia. Pero ¿mis recuerdos? ¿Dónde están?” David García Guercetti.

“El cuerpo es el territorio expresivo donde tiene lugar la investigación”, dice la actriz, directora y dramaturga Lorena Vega, madrina del LPP. El cuerpo es texto, lienzo, topos y tantas otras cosas inesperadas que aparecen durante el proceso. Trascender la palabra escrita tiene que ver con el aura, con estar presentes, en comunidad. Una comunidad que conversa, se escucha y se junta para hacer cosas, algo trascendental en esta nueva edición del Festival Anfibio, realizada entre el 12 y el 15 de mayo de 2026 en Buenos Aires. La programación incluye la participación de 43 líderes locales e internacionales, 3 workshops, 4 mesas de diálogo, 1 podcast en vivo, 4 performances y 1 fiesta. 

La idea de comunidad y construcción a través del diálogo colectivo atraviesa toda la agenda: desde la última actividad de la programación, Percepción expandida, hasta el primer workshop. El eje principal de Hacer con otros. Ensayo sobre cultura y formas de producir en común, realizado en la Biblioteca Finnegans y facilitado por Paula Cancela y Bárbara Erzen, gestoras culturales, es ampliar la mirada sobre deseos, vínculos y metodologías para potenciar el trabajo colaborativo más allá de las estructuras jerárquicas convencionales. Construir lo común desde los vínculos improbables.

Lo dirá también Blas Briceño, CEO de Finnegans, en la grabación en vivo del podcast Todo es fake, entrevistado por Tomás Pérez Vizzón: “Hagamos juntos cosas de valor que solos no podemos hacer”. Finnegans abrió su sede en Chacarita en diciembre de 2025 como una empresa de software y con el impulso de apoyar iniciativas híbridas. Una hibridez que parte desde su propio fundador, quien tras recibirse como informático en la UBA se metió en Puán a estudiar Letras. Allí se enamoró de la escritura revolucionaria de James Joyce, de su hipertexto y su lenguaje no lineal. Tanto, que tomó el título de la novela Finnegans Wake para su nuevo proyecto. “El negocio del desarrollo de software es de escritura, mucho más que el periodismo. Y estamos en un escenario en el que escribir software perdió valor relativo”, dice y ubica a la IA en este contexto: “Es un cadete súperman, algo sin criterio propio que genera muchísimo valor pero que no tiene un comportamiento autónomo”.

"La IA es un cadete súperman, genera muchísimo valor pero no tiene un comportamiento autónomo." Blas Briceño.

La biblioteca de Finnegans también acogerá el workshop sobre las Relaciones simbióticas entre sociedad civil y periodismo, con Pablo Baños, gerente de comunicaciones de Avina, y el periodista chileno Juan Cristóbal Peña. La simbiosis emerge como palabra, concepto, herramienta fundamental para definir lo anfibio. Un día antes, en el escenario del Teatro Picadero, Mario Greco, secretario de Cultura, Comunicación y Territorio de la Universidad Nacional de San Martín, recordaba a la maestra fundacional de Anfibia, Rossana Reguillo, a través de una de sus frases: “Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración”. Honrar una tradición y experimentar, la clave del reguillismo según Greco. Desde la pantalla del escenario, la dragona, ese animal poliforme diseñado por Yai Salinas como identidad de Futuro Imperfecto, respira, repta y transita por un suelo marcado por grietas donde todo es posible, donde los ocres se mezclan con colores nuevos, donde las formas se van bifurcando y perfeccionándose en nuevas imperfecciones. La dragona nos clava la mirada, nos interpela para que nos acerquemos a su desierto de texturas múltiples y pongamos nuestra parte. 

¿Renunciar al odio? 

Un duelo, pesado e indigesto, como todo lo irreparable. La muerte de un padre presente, amigo, confidente. Y un poema que Matías, su protagonista, quiere leer enseguida, porque fue escrito para él. Pero sus amigos le dicen que no, que lo guarde para darle clímax a la obra. Un duelo que se transita con pares y que reconstruye la memoria de un padre, lo que dejó en su hijo, todo lo que no sabe Google sobre esa intimidad. Todo lo que tampoco puede reconstruir la IA, por más que lo intente. 

Nuevamente nos envuelve la intimidad del auditorio Finnegans. La máquina de creer, con Tomás Masariche (director, dramaturgo y actor), Matías Rosujovsky (comunicador y artista) y Facundo Díaz (guionista) arranca con un video muy Black Mirror: una app que crea el avatar ultrarrealista de una abuela que nunca envejece y con la que interactúan por décadas sus descendientes. Pero no se puede pasar todo a bits, la IA no alcanza para recuperar al padre. Por eso, el poema, la memoria, los seres humanos escribiendo y recordando: se apagan las luces, la sala queda en silencio y aparece ese texto proyectado. Se inicia una lectura colectiva, comunitaria, cómplice. El clímax, ahora sí.

"Matías dice que a su papá lo mataron para robarle. ¿Que hubiéramos hecho en su lugar? ¿Renunciaríamos al odio?" La máquina de creer, Laboratorio de Periodismo Performático.

En varios pasajes de La máquina de creer, Matías dice que a su papá lo mataron para robarle. Y cada vez que lo dice se detiene y nos mira, como si nos preguntara que hubiéramos hecho en su lugar. ¿Renunciaríamos, también, a nuestro odio? ¿Es, acaso, el odio un derecho? El odio es un tema transversal en varias actividades, desde el workshop Libertades en riesgo: ¿quién gana y quién pierde? Grupos antiderechos y desigualdades en América Latina y el Caribe, con María Eugenia Luarca y Natalia Arenas, hasta la mesa en la que se habla de “los profetas del odio” que son, además, los dueños de las big tech que controlan los grandes centros de datos que sobornan a la política local y consumen ingentes cantidades de agua y de recursos. En Cómo desenmascarar las ecologías del poder. Huellas tecnológicas e impacto ambiental conversan María Teresa Ronderos, directora de CLIP, Biole Weber, analista internacional, Artur Romeu, director regional de Reporteros Sin Fronteras, y la investigadora Verónica Robert moderados por el periodista Mauro Fernández. “O tenemos IA o tenemos agua” pareciera ser la dicotomía, siempre y cuando no nos volvamos anti-tecnológicos porque eso tampoco sirve, es la conclusión consensuada. Y, desde ahí, a nuestra interacción con Chat GTP o Claude y sus respuestas generales, nunca particulares, un mecanismo que si acaba consolidándose habrá demasiada gente aprendiendo verdades estándares y renunciando a la diversidad y la singularidad. Algo tan funcional a los autoritarismos.

 “O tenemos IA o tenemos agua”, es la dicotomía, siempre y cuando no nos volvamos anti-tecnológicos porque eso tampoco sirve.

El tema, que remite inevitablemente a los ataques a la libertad de prensa, es central en la mesa moderada por Silvina Heguy bajo un lema contundente: ¿Por qué defender el periodismo es defender a la democracia? Julia Mengolini, fundadora de Futuröck, blanco de un largo hostigamiento de parte de trolls de la derecha, remarca que la degradación del debate público que vive Argentina pone en peligro no solo la libertad de expresión sino también la libre circulación de información. “Estamos en un momento grotesco. La política se puso más violenta y los términos del debate se están pudriendo cada vez más porque los poderosos de siempre tienen más herramientas para hacerlo”, dice.


Chico Regueira investigó, entre otros grandes temas de corrupción de Brasil, la campaña de desinformación de Bolsonaro financiada por las familias más poderosas de ese país. Cree que el periodismo es la cara más visible de la democracia. Pone un ejemplo: el intento de golpe de Estado al gobierno de Lula, el 8 de enero de 2023, cuando miles y miles de personas intentaron tomar el Palacio del Planalto. Según Regueira, el periodismo fue el que garantizó la democracia, porque lo que empezó como algo silencioso fue transmitido en directo y de manera combativa. “Es imposible mantener la democracia sin periodistas. Y sin periodistas libres”, dice el conductor de TV Globo. Micaela Cuesta, coordinadora del LEDA, retruca la pregunta: “¿Qué tipo de periodismo sería necesario defender para defender a la democracia?”. Y diferencia entre quienes son funcionales a los discursos de odio del gobierno de Milei y quienes tratan de denunciar y evitar que la opinión pública entre en esa dinámica. 

La censura se volvió más sofisticada: se genera la ilusión de libertad de prensa cuando no la hay.

Michael Reed, del centro Guernica 37, trabaja en la defensa de periodistas en México y en Colombia y desde hace años investiga sobre la sociología de la mentira. Para él, el compromiso del periodismo con la verdad se basa en la apertura a diferentes posturas, algo clave para sostener cualquier democracia. Y recalca que las formas de la censura contemporánea se han sofisticado: antes, se ejercía con una intervención directa, ahora, en cambio, “la información circula pero se vuelve irrelevante, no logra impacto. En tiempos de saturación y distracción permanente lo que termina siendo noticia es el escándalo, la pelea y el espectáculo.” Se genera la ilusión de libertad de prensa cuando no la hay. Se construye un mundo ilusorio, diseñado, donde se vuelven cada vez más fundamentales los laboratorios de periodismo performático que funden su base de operaciones en preguntas sobre qué es la realidad. Y cómo la contamos. 

La soberanía afectiva

Una generación que transita entre dos relatos antagónicos sobre cómo relacionarse afectivamente: lo que enseña el feminismo, lo que enseñan las experiencias violentas. Una mujer de 40 años que se separa, el reloj biológico que avanza entre borracheras y sexo exprés. La ansiedad por encontrar pareja. Tener la página en blanco para escribir un propio guión. Pero ¿cómo se escribe el prompt del amor? Esta pregunta guía la performance de la periodista Florencia Alcaraz acompañada por Yuls Dimitri Pinedo como director y dramaturgo, Ian Levi Mendive como psicoanalista y Agostina Innella desde la actuación.

La autoficción se mezcla con investigaciones sobre sesgos de género a la hora de encontrar pareja en las apps de citas, la pregunta de dónde queda nuestra identidad, cómo sabemos lo que queremos en este magma de gente consumiendo a otra gente, que se presentan como si tuviesen etiquetado frontal. El prompt del amor aborda también la relación con lo híbrido: lo artificial y lo humano bajo el concepto de soberanía afectiva.

¿Cómo se escribe el prompt del amor? Las apps de citas se trata de gente consumiendo a otra gente que se presenta como si tuviese etiquetado frontal.

El Laboratorio de Periodismo Performático abreva del teatro documental y el biodrama e implica un trabajo de largo aliento. Esta tercera edición abarcó un proceso de seis meses en los que dramaturgxs, actrices, directores y periodistas acordaron la gesta de una puesta en escena poliédrica. “En el periodismo performático ya no se trata de representar una historia sino de crear una experiencia. Porque lo real dejó de ser un lugar seguro para transformarse en un nodo de interpretaciones”, escribió Sol Dinerstein, coordinadora del LPP, en el libro Periodismo performático. El laboratorio imposible.

Contra el algoritmo, el gran dictador del prompt del amor a la hora de construir afectos simulados y definir el sujeto del hiperconsumo, surge la mesa ¿Cómo sorprender, conquistar y retener a las audiencias? moderada por Galia Moldavsky. La búsqueda: generar ideas para producir conocimiento, deslumbrar y entretener en estos momentos de atención fragmentada y saturación de información. 

Realismo maradoniano: así describe Keka Halvorsen, gerente de contenidos de Netflix para el Cono Sur, la pulsión genuina que alimenta lo que tenemos para contar.

Keka Halvorsen, gerente de contenidos Netflix para el Cono Sur, cuenta que la siguen emocionando las humanidades y los personajes, que son quienes conectan con el espectador. Lo describe con un término inventado,  “realismo maradoniano”, esa pulsión genuina que alimenta lo que uno tiene para contar. Carlos Manuel Juárez, director de la revista Elefante Blanco de Tamaulipas, una de las regiones más violentas de México, hace breaking news pero explica por qué, además, recurre a las artes escénicas para contar historias dolorosas, como la desaparición forzada. Ernesto Picco, Jefe de Redacción de Anfibia, habla de tres niveles para enamorar: captar la atención con un reel publicado en redes sociales, llevar a las audiencias a visitar ese contenido en el portal del medio y luego generar conversación social a partir de esa cobertura. David García Guercetti, químico y músico, cuenta cómo vuelve virales clips de Instagram que hablan, por ejemplo, de las relaciones entre mecánica cuántica y filosofía: "Contra la repetición del algoritmo, la asociación inesperada". 

Los cuerpos del futuro

La pantalla en cuadrícula representa las sensaciones de un cuerpo sometido a la violencia química, transmite con grafismos todo lo que le sucede a los tejidos, las células y los órganos. El performer se mueve bajo las texturas digitales y se desnuda entre loops electrónicos; la simbiosis entre cuerpos materiales y cuerpos digitales es total. La performance Testosterona surge del tedio y del trauma: del tedio, porque Cristian Alarcón ya estaba cansado de recurrir a los mismos recursos para contar lo real; del trauma, porque bloqueó los recuerdos de las inyecciones de testosterona a las que lo sometieron sus padres entre los 6 y los 8 años para masculinizarlo. 

El periodismo performático no es un invento argentino pero podría serlo. Al menos, habría sido muy raro que no sucediera en el país que publicó el primer libro de no ficción de la historia y dentro de una ciudad que cuenta con una de las movidas teatrales más grandes del mundo. Testosterona es su buque insignia, una obra botánica y volcánica, con toda la furia y la calma que emiten los dos mundos de Alarcón: los volcanes del sur de Chile, su tierra natal, y la jardinería, Gilles Clément y su pasión por cultivar flores. Una historia en primera persona que adquiere contexto con la figura de Humboldt y su homosexualidad y con los experimentos de los endocrinólogos nazis, y que se enriquece de una amalgama de recursos escénicos: danza, lectura, imágenes abstractas, tipografías digitales, sonidos dibujados, investigación periodística al servicio de una nueva manera de contar. 

¿Por qué las nuevas formas de hacer y pensar el periodismo incluye el diálogo con la ficción?

“El periodismo performático redefine también nuestra relación con los procesos, nos invita a valorarlos tanto como los resultados”, escribe Cristian en su artículo Periodismo con tentáculos, para el libro Periodismo performático. El laboratorio imposible. “Un organismo vivo que privilegia el latido antes que el terminado del texto”, en palabras de Julián Gorodischer. Es la disposición a experimentar con un lenguaje nuevo. Un gesto de entrega. 

El futuro imperfecto también pasa por trascender el odio, por pensar en estrategias para fortalecer lo colectivo y lo popular. Natalia Arenas, moderadora de la mesas de diálogo Más allá de la crueldad: estrategias para una agenda alternativa, mira la imagen que se transmite en pantalla: represión policial a un cura villero. Pregunta hasta qué punto somos capaces de naturalizar las imágenes como esta, que vemos casi a diario. Alejandro Grimson recupera el postulado de Artaud sobre el teatro de la crueldad: “En un mundo que se smartphonizó, pasamos de las representaciones clásicas modernas a unas de altas intensidades con candidatos simulando perspectivas de semidioses o mecenas”. Denia Arteaga García, de OXFAM América Latina y Caribe, analiza la narrativa de las emociones, donde la que más se ha expandido es el odio. Para Inés Estévez, su trabajo como actriz es fundamental para sublimar estos momentos, su único escape, la posibilidad de construir un mundo dentro de ese escenario que ocupa de manera temporal y en donde solo vale el guión que tiene que representar: “El teatro, contrariamente a la digitalización de nuestro sentir, es lo que está sosteniendo en este país la comunicación entre la gente”. El sociólogo Daniel Schteingart cuenta que trabaja en una tesis complicada: que los argentinos no somos tan infelices como creemos, que transitamos también por eso que se llama “la paradoja latinoamericana de la felicidad”. 

El periodismo como curación del futuro fue el seminario virtual que encabezó Jorge Carrión desde Barcelona. El objetivo era salir de la zona de confort de un típico taller de crónica. Abrió otro campo en el cual las redes sociales agonizan y donde la figura del influencer está tan en crisis como la del periodista. Partiendo de ejemplos como Forensic Architecture, Frankie Pizá, documentales hechos con IA y ejercicios de ficción especulativa y diseños de futuro en clave de ciencia ficción,  propone crear contextos, pensar en otra manera de hacer periodismo en diálogo con la ficción.

En el cierre del festival, la filósofa española Elizabeth Duval conversa con Danila Saiegh. Analiza cómo se sitúa la izquierda en este contexto de crisis climática y avances de la extrema derecha, lo difícil que es integrar una narrativa progresista que hace de la conservación su punto central: conservar el planeta, conservar la democracia. “Muchos jóvenes en España dicen que a ellos la democracia no les importa tanto y que no les importaría un régimen autoritario”. Y esto tiene que ver con que la democracia fue incapaz de garantizarles vivienda, trabajo digno, educación o una expectativa de vida que sí tuvieron otras generaciones. “Se identifica esa falla con la democracia. Y creo que los progresistas podemos acabar siendo los mayores conservadores”.

Duval cuenta que le preocupa que haya mucha gente en muchos lugares del mundo sintiéndose más comprendida, más entendida, más abrazada por una IA que por otro ser humano. Algo que recuerda a lo que sintió Sol Titiunik durante la angustia de la incertidumbre sobre su enfermedad, en Percepción expandida, y que es tema transversal en las nuevas obras del Laboratorio de Periodismo Performático Los fantasmas de la IA

 “Si hay una tarea urgente es ofrecer espacios donde encontrarse con los otros. Proteger eso también es un programa político frente a quienes con una motosierra pretenden cortar todos los lazos”. Elizabeth Duval.

La propia existencia de un festival como Futuro Imperfecto va acorde a la propuesta final de la filósofa española: “Si hay una tarea urgente es ofrecer espacios y comunidad donde encontrarse con los otros, con los demás. Proteger eso también es un programa político frente a quienes con una motosierra pretenden cortar todos esos lazos”. 

Por eso, el final del festival anfibio es una fiesta, un baile, un último encuentro colectivo en Artlab con el DJ Deep Mariano. Sus texturas sintéticas sellan el espíritu del raving que pensó McKenzie Wark y de este futuro imperfecto que se pretendió imaginar durante toda una semana: abandonar una parte del yo, diluirnos durante un momento para formar parte de un flujo colectivo.

Gracias por estar, ¡y nos vemos en 2027! Durante la próxima edición del Festival, celebraremos los 15 años de Anfibia. 🐸