En un firulete discursivo, el candidato a senador por Cambiemos en la Provincia relacionó la causa Ni Una Menos con su postura contra el aborto legal. Ingrid Beck le responde con datos y muestra que la ilegalidad por la que deben pasar las mujeres para interrumpir el embarazo es también una forma de violencia.



Titula el diario “El País” en su edición para América latina, con sorpresa: “Un candidato oficialista argentino dice que un aborto ‘también es Ni Una Menos’”. ¿Sorpresa? Para un diario español tal vez sí. Para quienes vivimos en la Argentina y escuchamos hablar y gestionar a Esteban Bullrich, en cambio, no.

 

Nadie más o menos informado puede sorprenderse con las últimas y “polémicas” declaraciones del ex ministro de Educación.

 

Hace poco, en su cuenta de Instagram, deleitó con una foto de un parto en el que se ve una mano de un bebé saliendo de la panza de su madre para sumar su apoyo al Día del Niño por Nacer. El texto: “Démosle la mano al milagro de la vida. Día Mundial del Niño por Nacer”.

 

Ese es Esteban Bullrich.

 

Es el mismo que no oculta sus vínculos con la Iglesia Católica, el que sugirió volver a dictar educación religiosa en escuelas públicas, el responsable de que no se aplique la Ley de Educación Sexual Integral. Es, también, el primer candidato a senador por Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, el distrito en el que la gobernadora María Eugenia Vidal dio marcha atrás con el protocolo de aborto no punible (sin respetar el fallo de la Corte Suprema que respalda los abortos no punibles cuando está en riesgo la vida o la salud de las mujeres y que permite la interrupción legal del embarazo en todos los casos de violencia sexual y cuando el embarazo es inviable) por presiones del arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer.

 

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No hay sorpresa, entonces. Sí, en cambio, ruido. Lo que hizo ruido fue cómo Bullrich logró relacionar la causa Ni Una Menos con su postura contra el aborto legal. Cómo le dio forma a ese firulete discursivo que le permitió concluir que la lucha contra la violencia machista excluye el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito. Y no sólo eso, porque fue más allá: argumentó que el Ni Una Menos es el rechazo al aborto legal.

 

¿Habrá que educar al ex ministro de Educación?

 

Los femicidios, Bullrich, son el último eslabón de la cadena de violencias que sufrimos las mujeres, el irreversible. Hay otro eslabón en esa larga cadena: la violencia contra la libertad reproductiva. De esa violencia, muchas mujeres no vuelven; las más jóvenes, las más vulnerables, a veces no vuelven.

 

Hay datos, Bullrich.

 

Desde hace 25 años, el 15 por ciento de los nacimientos en la Argentina son de madres adolescentes. La situación empeora, en términos de brechas y desigualdades, si en provincias como Chaco, Formosa y Misiones; en esos distritos 1 de cada 4 nacimientos es de madres adolescentes.

 

En la adolescencia, 6 de cada 10 embarazos no son planificados.

 

La maternidad en la adolescencia es más frecuente entre sectores vulnerables y con menor nivel educativo. Casi la mitad de las adolescentes madres están fuera del sistema educativo cuando quedan embarazadas, y 1 de cada 4 madres adolescentes no completó la escuela primaria.

 

¿Qué ilustran estos datos para usted, Bullrich? ¿Será la ausencia del Estado en relación con los derechos reproductivos de las mujeres más vulnerables? Quizás usted se pregunte: ¿Habrían interrumpido sus embarazos estas adolescentes hoy madres? La única respuesta posible es que no pudieron elegir. No decidieron. Usted y gran parte de la dirigencia política argentina no les permitieron decidir.

 

Hay más datos, Bullrich.

 

El aborto inseguro es la primera causa de muerte de mujeres gestantes en la Argentina (el sub-registro dice que son alrededor de 100 al año). Ellas tampoco pudieron elegir.

 

Es cierto, la responsabilidad de estas muertes evitables no es sólo suya, Bullrich. La deuda con las mujeres es de todos los gobiernos democráticos, de (casi) toda la dirigencia política. Los proyectos de interrupción del embarazo duermen el sueño de los injustos en los cajones de las comisiones del Congreso Nacional mientras entre 500 y 600 mil mujeres abortan de manera insegura año tras año, y unas 80.000 son hospitalizadas por las complicaciones de la práctica clandestina.

 

Hace poco más de un año entró al Congreso, por sexta vez consecutiva, el proyecto redactado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Llegó con la firma de más de 40 legisladoras y legisladores de todo el arco político para ser girado a las comisiones correspondientes.

 

Mientras vuelve a hacer el camino que ya hizo en otras cinco ocasiones, otras 100 mujeres morirán por abortar clandestinamente. Mientras repite por sexta vez su burocrático derrotero, por omisión e indiferencia de muchos y por la ferviente militancia en su contra de otros, funcionarias, funcionarios y dirigentes amparan un negocio que mueve millones.

 

Mientras todo eso ocurre, Bullrich, ninguna mujer decidida a interrumpir un embarazo deja de hacerlo porque es ilegal.

 

¿Comprendió, Bullrich?

 

La lucha de Ni Una Menos nació para gritar basta de femicidios y basta de violencia contra las mujeres en todas sus formas. El aborto clandestino, Bullrich, es violencia contra las mujeres.

 

Por las mujeres que no podemos decidir sobre nuestros cuerpos, por todas nosotras, también gritamos Ni Una Menos.


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